Los momentos de crisis son la ocasión propicia para que algunos hagan fortuna explotando los miedos, supersticiones, angustias y ansiedades de los que sufren. | José Ignacio Munilla
Por Jochy Herrera
Luego de ser nominado por Benedicto XVI, José Ignacio Munilla asumió en enero de 2010 el cargo de Obispo de Donostia-San Sebastián, capital de la provincia Guipúzcoa de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Munilla es famoso en España no sólo por haber alcanzado la distinción de su nombramiento contando con apenas 48 años de edad, sino por su particular posición política. Entre otras cosas, ha rechazado las más convincentes teorías naturalistas de Darwin, ha catalogado la homosexualidad como un “trastorno neurótico” y ha aconsejado al presidente español José Luis Rodríguez Zapatero “evitar acercarse a comulgar” por su apoyo a la propuesta ley del aborto.
El prelado más joven de España (y quizás el más atrevido) ha sacudido además la diócesis guipuzcana como resultado se su impopularidad y la evidente imposición de su elección; como tal, en un gesto sin precedentes, 85 párrocos vascos han suscrito un documento público en el que muestran “disconformidad con el elegido del Vaticano ya que no se respetó el sentir de nuestra iglesia”. El prestigioso diario El país, en la edición del quince de diciembre 2009 donde se hace eco del hecho, informa que la mayoría del clero de la provincia vive con dolor e inquietud la llegada del nuevo obispo: “La trayectoria pastoral de Munilla está profundamente marcada por la desafección y falta de comunicación con las líneas diocesanas” dicen los curas rebelados.
La fama de José Ignacio Munilla se multiplicó aún más a raíz de sus declaraciones al noticiero Cadena Ser citadas por El Diario Vasco: cuestionado dentro del contexto del terremoto en Haití sobre el porqué Dios permitía esas calamidades, el prelado respondió que “existen males mayores que los que están sufriendo esos pobres inocentes, y deberíamos llorar por nuestra pobre situación espiritual y nuestra concepción materialista de la vida”. Es más que obvia la necesidad de contrastar estas declaraciones con la tragedia humana que una vez más azota el desdichado pueblo haitiano asolado hoy por la muerte y la destrucción, y éstas deben ser interpretadas además en el contexto de la prolongada y compleja historia haitiana.
Haití, primera nación donde se abolió la esclavitud, es un pueblo que ha rechazado adversidades tras adversidades subsistiendo lleno de valor y determinación: colonización, esclavitud, dictaduras, invasiones, golpes de estado, ciclones, engaños y acuerdos internacionales que sólo han servido para que siga siendo bautizado como el más pobre del hemisferio. Este país es un lugar donde la mayoría de los hombres y mujeres cuentan con una esperanza de vida de 52 años; donde la pobreza absoluta afecta el 87% de sus habitantes, y donde las enfermedades y el analfabetismo diezman la niñez que constituye el 40% de la población.
Ante la perplejidad y la protesta pública por su insensible comentario, el obispo Munilla ha indicado que fue expresado en el contexto del sufrimiento de Jesús camino al Calvario narrado en la Biblia. Recordemos el pasaje que en Lucas 23: 27-28 describe cómo a Jesús “le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Y éste, volviéndose a ellas, dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mi; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”. Olvida el flamante prelado que Jesús eligió sacrificarse y sufrir para la redención de los hombres, tal como indica Filipenses 2: 7: “Él escoge el Víacrucis tomando condición de siervo”.
Mas no ha sido tal, sin embargo, el caso del pueblo haitiano, las madres, sus hijos y la mayoría de la población; ellos no han escogido sufrir en nombre de la redención humana. Ellos son precisamente las víctimas que Jesús quiso enaltecer con su propio sacrificio, y las desdichas que el materialismo pudiera desencadenar en nuestras almas jamás podrán compararse con el dolor que las decenas de miles de muertos en este terremoto traerán a sus sobrevivientes.
Según Elena Valenciano, Diputada al Congreso Español y el Parlamento Europeo, las afirmaciones del obispo Munilla no fueron resultado de un torpe error; más bién son una muestra de su desprecio hacia el espantoso sufrimiento de Haití y de la visión de la Jerarquía Católica contemporánea. Por mi parte, me cuestiono si acaso no se incrimina el purpurado cuando afirma en el epígrafe de este texto que “las crisis son propicias para hacer fortuna explotando las angustias y ansiedades de los que sufren”.
La Diputada Valenciano, quien ha catalogado a Munilla de ser un “obispo sin alma”, ya le ha preguntado lo que merodea alrededor de mi conciencia: Tras la muerte, Señor Munilla, ¿dónde van los que no tienen alma? [Jochy Herrera, dominicano. Autor de Extrasístoles (y otros accidentes), miembro de la Mesa directiva de la revista contratiempo, Chicago IL]

eso no merece ningun comentario, todo el tiempo ha sido lo mismo, la iglesia catolica, se ha aprovechado de los ingenuos de los pobre de espiritu , para que, para quedarse con el santo y la limosna, jose ny
Por favor, para mejor lectura, poner las letras color gris oscuro o negro. En web, wl azul se refiere a enlaces y molesta por lo chillón que es.
Gracias!! muy buena revista.
Es de saber que es y ha sido misión de los abortistas y los homosexuales buscar cualquier escusa para desprestigiar a la Iglesia Católica.
Evidentemente en el nombre de a “Libertad” cualquiera de los mil millones de católicos que expresemos lo que pensamos somos “Retrógados” e insensibles.El 40% de la alfabetización de Haití es preoducida por la “Iglesia Católica” hay mas de doce mil parroquias que dan apoyo TODOS LOS DÍAS a este pueblo. Cuando pase de moda el terremoto y como de costumbre haití sea olvidada seguiremos, no se preoocupe, ayudando a los mas de treinta mil (si 30.000) sidósicos terminales. Dios los bendiga.
Esto demuestra la vision de mundo y de iglesia que tiene el Papa, totalmente equivocada y retrograda para los tiempos que vivimos. Elegir a un obispo con poco respaldo de sus colegas, que opina descaradamente acerca del dolor de otros es una muestra de lo irracional que pueden ser estas instituciones en nuestro tiempo