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Luis Alberto Ambroggio: “Escribo para repetirme hasta el olvido y recordarlo en cada verso”

He escrito la mayoría de mis poemas en el escape elemental de los aviones, lejos de los teléfonos, las distracciones, en la soledad celestial del infinito.

Por Leonardo Nin

Si pienso en una palabra que lo defina, pienso en la ubicuidad; en su defecto, en el aire. Es el poeta del constante viajar, es difícil saber en qué lugar de la tierra, en cuál ciudad o poblado; siempre en contacto con la gente, repartiendo la palabra verso a verso. Desde hace tiempo lo venía persiguiendo. Quería robarle unos minutos, aunque fuera en el aeropuerto, detenerlo en el estribo del avión y formularle estas preguntas que llevaba por dentro. Finalmente, aprovechando mientras armaba las maletas para partir de nuevo, conversamos con el poeta cargado de pluralismo, de un largo camino de huellas pisadas en hierro en las burdas coordenadas del tiempo y la memoria. La poesía hecha hombre, el hombre y sus fantasmas en un vestido de utopías. Para qué limitar su grandeza con autobiografías, si su poética del cuerpo habla por sí sola. Nacido en La Argentina, hijo del mundo, criado por las olas, quijote por vocación, maestro de fantasías, padre de necedades. Luis Alberto Ambroggio, el poeta del aire.

¿Cuándo muere el hombre y  nace el poeta?

El poeta nace en la infancia del hombre, cuando ejerce sin prejuicios la rebeldía, la imaginación, el discurso del juego, la capacidad del asombro y de reinventarse a sí mismo. En el poeta, el hombre, el ser humano, (la personalidad como le llamaba T.S. Eliot) ama y muere, se sacrifica en una auto-extinción, para sobrevivir en la humanidad de quien lo resucita a través de su propia vivencia y lectura de los poemas que el poeta ha dado a luz y abandonado porque, como sostiene W. H. Auden, el poema nunca se acaba sólo se abandona.

¿De toda la obra poética de Luis Alberto, cuál o cuales poemas mejor le definen?

—Me resulta muy difícil responder a esta pregunta. El proceso creativo, artístico, es un acto continuo, dinámico, en la acumulación variada de  sentimientos, vivencias, deseos, con intensidades que se expresan con obras  en cierto tiempo y espacio, cuya significación vive independientemente del poeta. En las antologías, como Los tres esposos de la noche, El Cuerpo y la letra y Difficult Beauty se reflejan ciertas predilecciones. El poema “Comunión”(o “Learning English”), ampliamente difundido y estudiado, grita el dualismo de la identidad en un contexto bilingüe,

Vida | para entenderme | tienes que saber español | sentirlo en la sangre de tu alma. Si hablo otro lenguaje | y uso palabras distintas | para expresar los mismos sentimientos | no sé si de hecho | seguiré siendo | la misma persona.

Poema que me brotó visceralmente mucho antes de conocer la pregunta de mi amigo el poeta cubano Heberto Padilla: “Cómo puede seguir uno viviendo con dos lenguas, dos casas, dos nostalgias, dos tentaciones, dos melancolías”. Hay otros poemas paradigmáticos, como “El peso de los cuerpos”, “La celda”, “El poema de los cuerpos” que reflejan un entorno histórico y compromiso socio-político y el deseo de que “hagamos el amor y no la guerra”, como proclamábamos en nuestras marchas contra la guerra de Vietnan cuando llegué a los Estados Unidos. Poemas de amor y desamor, como “Los tres esposos de la noche”, “Hazme vivir”, preocupaciones metapoéticas como en los poemas “Turno con el crítico”, ecológicas como en la “Leyenda de Dryope”, existenciales por el devenir como en “Hotel” o “Preocupaciones de último momento”, “Destino”. En fin, el conjunto de mi obra poética es un cuerpo viviente, polifacético y plurisignificativo, en palabras del escritor costarricense Miguel Fajardo Korea. 

Algún poema al que le tenga temor, ya sea por contenido o porque pudiera ser mal interpretado?

Le temo a todos los poemas porque de lo contrario no valdrían la pena. Por otra parte, la paradoja que vive el poeta se encuadra en que como dice Darío “ser sincero es ser potente” y gozar de la libertad, empuñar la espada de la palabra con valentía, aunque sea detrás de una máscara, de una persona poética, y tocar la intimidad universal. Además, en general el miedo no es un amigo. Me emociono mucho cuando recito “Pagando por el pésame” con los versos:

Mi bala | te mató, niño iraquí, | camino a la escuela, | porque mi soldado | creyó que tus libros, | en su maleta de colores, | eran una bomba. | ….. | No hablo de proezas | de cuervos o de caballos. | Hablo en plural la palabra muerte.| Hablo la eterna vida del silencio.| Hablo del perdón que no se compra.

Hablo de mi bala.

El poemario Por si amanece… cantos de guerra, que la catedrática Moraima de Semprún Donahue ha descrito como “literatura de singular atractivo e intelectualidad”,  refleja la época más agnóstica, “nietzschiana”de mi vida con poemas tales como “La Divina Guerra”, “El Nazareno (Salmo)”, “Conflicto de dudas”, aunque cierra con un toque de felicidad en “El papiro de González”. Mi poemario más atrevido acaso sea el último La desnudez del asombro y cuyo título original, preferido por los editores, hubiese sido “La puta me obligó a hacer el amor” con el poema central “La casa de citas”. Desarrolla temas que tratan de pintar con palabras  lo que conversaba en casa con mi amigo, el escritor chileno Fernando Alegría, en torno a que lo blasfemo, lo irreverente, insultante y hasta lo obsceno, son modos de aclararle al ser humano el espejo donde está su imagen, permitiéndome, al mismo tiempo,  entender y gozar la paradoja de que a veces las cosas y sus nombres no son lo que se ve a simple vista, en un sentido “malvado”, y llegan en un contexto improbable a asombrarme con su contenido feliz y positivo. En fin, pienso que la suerte de la visión poética consiste en que se presta a tantas interpretaciones como lectores, porque cada uno vive a su modo en el poema y todas las interpretaciones en ese sentido son válidas; de manera  que la clasificación de buena o mala  no le incumbe al poeta sino más bien a los críticos en su cuadrilátero.

¿Cuáles son sus poetas favoritos y con cuál se identifica? También: ¿Cuáles son las influencias más significativas en su creación poética?

Cuando joven, me inspiraron las lecturas de los clásicos, Homero, Virgilio, Dante, poetas del Siglo de Oro y escritores franceses (Moliere, Racine). En clases de literatura comencé a escribir junto con poemas de un romanticismo decadente o modernistas de Bécquer y Amado Nervo. Con mi madre leía filosofía o acaso la poesía de Nietzsche. Ella me regaló la primera antología poética, de César Vallejo. Luego, a mediados de los setenta, tuve un encuentro revelador con Jorge Luis Borges en la Universidad de Georgetown, que relato en Poemas desterrados. Además de Borges y César Vallejo, inciden en mi obra las lecturas de Cernuda, Salinas, Aleixandre; y más recientemente, Rafael Alberti, José Hierro, Ángel González y Gonzalo Rojas. Entre los de habla inglesa: Whitman, Edgar Allan Poe, T. S. Elliot, William Carlos Williams. Debo agregar que no existiría como poeta sin ellos y sin poetas como Rubén Darío, Rilke, Kavafis, Pessoa y Octavio Paz. La significancia y significado de un poeta, le pertenece a muchos poetas muertos y vivos, como afirmaron T. S. Eliot, Neruda y muchos otros.

La trascendencia universal de su obra no es un secreto. Si tuviera que definir el momento más difícil de su trayectoria literaria. ¿Cuál sería?

He experimentado momentos difíciles, dentro de mi trayectoria, de diferentes formas: una de ellas las rencillas entre poetas amigos (al estilo de la de Neruda y Rothka) y estar en medio sin posibilidad de reconciliación. Otra, la que generan autobiográficamente las crisis ideológicas, de manera que se sufren los partos, los bloqueos mentales, los cuestionamientos. Por supuesto, los rechazos iniciales a manuscritos ilusos, como el que documenta Rubén Darío en su relato “Mis primeros versos”. La experiencia del dolor que se poetiza, más allá de la catarsis, en una tragedia, en un desamor, en la desesperación e incertidumbre, de la que se alimenta la verdadera literatura, como comentan que   dijo Kafka: “lo que necesitamos son libros que hagan en nosotros el efecto de una desgracia, que nos duelan profundamente como la muerte de una persona a quien hubiésemos amado más que a nosotros mismos, como si fuésemos arrojados a los bosques, lejos de los hombres, como un suicidio; un libro tiene  que ser el hacha para el mar helado que llevamos adentro”. En fin, la frustración vocacional de que el día consta de 24 horas y quisiera escribir con igual facilidad, maestría y reconocimiento, poesías, cuentos, novelas, obras de teatro, ensayos; y acaba llenando cajones de basura o “Recycle Bins”, los deprimentes pero rigurosos compañeros de tarea.

¿Cuál ha sido el mejor momento?

Optimista por temperamento, vivo de mejores momentos. Por eso son muchos y con características diferentes. Por citar algunos: cuando me nombraron miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, cuando la Academia de la Lengua publicó el volumen El cuerpo y la letra. La poética de Luis Alberto Ambroggio, cuando el Instituto y Patrimonio Cultural “Rubén Darío” me homenajeó con el nombramiento de miembro honorífico, cuando la Oficina de Educación y Cultura del Departamento de Estado me eligió como Enviado Cultural, cuando la Embajada Argentina en Washington celebró con un acto en el recinto de la Cancillería mi obra literaria como un “diálogo entre culturas”. Por otra parte, como dije antes, cito mi encuentro revelador con Jorge Luis Borges leyendo, desde su ceguera,  la riqueza de su universo interior, los duendes de sus arquetipos, como documento en un ensayo del poemario Poemas desterrados. También el nacimiento de mi primer hijo me impactó de tal modo que me sacó del letargo poético en que me había estancado e impulsó esa creación que lleva más de 50 años, y la aparición de mi primer hijo literario, tierno e ingenuo, Poemas de amor y vida, presentado en el Club de Prensa de Los Angeles. El estar enamorado, la lectura de César Vallejo, el intercambio con José Saramago, las emociones del 1er. Festival de Granada, el encontrarme con otros poetas en el corazón de sus versos; son ellos/ellas las musas de mis mejores momentos.

¿Qué nos dice el poeta de sus rituales creativos? ¿Tiene un proceso específico, alguna técnica de inspiración?

Frecuento la musa de la lectura. Soy un enamorado del lenguaje y sus caprichos: la fonética, las imágenes, las metáforas. No sé si hay técnicas de inspiración pero sí creo que ayuda a la creación poética (que dicen ser 10% inspiración y 90% transpiración) el observar con el corazón la memoria, la experiencia y el deseo; profundizar la mina cargada del inconsciente; los sueños;  el paisaje de las emociones; investigación; tomar notas, todo desde el interior de uno mismo, a partir de ideas, misterio, asombro, reflexión, influencias, mitologías, con esa urgencia de búsqueda y necesidad de expresar sentimientos humanos, estados de ánimo de la forma más sublime. He escrito la mayoría de mis poemas en el escape elemental de los aviones, lejos de los teléfonos, las distracciones, en la soledad celestial del infinito. Luego lucho con el texto en múltiples versiones y conversiones en el ordenador, generalmente en las mañanas, después que los versos originales se han añejado. Me resulta entretenido descubrirlas a mis poesías, esos niños traviesos y caprichosos | que se extravían por el mundo denso | para hablarles amigablemente a extraños, | cantarles jeroglíficos. | Hoy iluso las buscaba | como si acaso se pudiesen encontrar | y reunirlas de nuevo, | como a una manada de sueños | frescas como cuando recién las había vivido | en sangre de almas envueltas | expulsiones de vida llena. | Las encontré amarillas, cambiadas por el tiempo | que las quiso corroer, deslumbrar | hacerlas sordas, ciegas, | o simplemente viejas; | pero eran ellas, las mismas, | con las vibraciones de ese siempre, | amor o pena | en que me he escrito. | Si cada persona encontrase su poesía; | este mundo no tendría locos.

Por qué y para qué escribe?

Como el poeta habla por lo que escribe, según Juan Gelman, creo haber respondido este planteamiento casi existencial en el poema de El testigo se desnuda:

¿Tiene la poesía en español futuro en el mundo anglosajón o simplemente tiramos el idioma al bote y escribimos en ingles?

Definitivamente tiene futuro. Me apoyo en el sabio y visionario Thomas Jefferson que en 1787 le escribió a su sobrino: “La lengua española. Préstale mucha atención y procura conocerla en detalle. A causa de nuestras relaciones venideras con España y la América hispánica esa lengua llegará a ser una adquisición de mucho provecho. La historia de gran parte de América se ha escrito en ese idioma. Te envío un diccionario”. Jamás aceptaré y repudiaré con toda mi capacidad las actitudes xenofóbicas del ex-representante y candidato presidencial de los EE.UU. Newt Gingrish al decir “Spanish, language of the ghetto” o de Samuel Huntington al hablar de “la amenaza hispana al sueño americano”. A pesar de la atracción comercial de escribir en inglés (el mercado es mucho más grande y pudiente), en mi caso el aferramiento al español, como idioma de mi escritura en los Estados Unidos, es una afirmación orgullosa de mi identidad, cultura y militancia en rescatar nuestra presencia e historia hispana de los Estados Unidos. La poesía escrita en español en los EE.UU., que data del 1571,  precede a la nación. A pesar de que pueda ser una voz sin voto o sin público, lo hago porque pertenezco a la América hispana que vive en los Estados Unidos y apuesto a que la situación va a cambiar porque la ciudadanía estadounidense hispanoparlante está creciendo no sólo demográficamente, sino también como presencia política, económica y cultural. El español sigue siendo el lenguaje que ha despertado la mayor hostilidad en los EEUU. Una hostilidad que se expresa tanto por parte de los que no lo hablan como por parte de los que lo hablan, no sólo por competir con el inglés sino también como vehículo de una identidad cultural antagonizada y por la proclividad a distorsionar y deformar el idioma casi diría de una manera fatal. Pero ese español que valora Pablo Neruda cuando dice: “se nos llevaron el oro y nos dejaron el oro”, es una riqueza que nos une desde Alaska a la Patagonia; un fenómeno singular en el universo. El escribir en español en los EE.UU., o mejor en forma bilingüe, es una responsabilidad que como escritores tenemos para expresar nuestro pueblo hispanoamericano y su historia, cultura e  identidad rica en matices. 

Por último. ¿Algunas palabras especiales a sus lectores?

A veces resulta difícil leer poesía; pero es importante hacerlo y cultivar esa lectura, como el aprecio por las creaciones artísticas en general: música, pintura, teatro. Lo peculiar es que uno regresa una y otra vez a un poema, a un libro de poemas (no así a una novela que una vez leída, se archiva o regala), porque el poema nos invita a imaginar no lo que existe sino lo que debiera existir, desafiando a la razón, como sostiene Huidobro, y hablando el espíritu. Como destaco en mi libro El arte de escribir poemas, la curiosa riqueza de la poesía, del poeta y su lector (porque el poema se completa cuando vive en el lector) consiste en poder dialogar desde la intimidad, encuentros, viajes, vuelos, desarrollándose una mirada y una sensibilidad especial, una capacidad de expresarse con libertad, viviendo con otros, en otros. También consiste en declarar emocionada y artísticamente el asombro; en vivir en el universo, contribuyendo a la renovación continua de la comunidad humana a lo largo del tiempo y el espacio, porque un poema lleno de vida le dará energía a otro poema dentro de cientos de años y en algún  otro lado del planeta.  http://www.luisalbertoambroggio.com/ [Leonardo Nin, narrador dominicano residente en Boston, MA. Autor de Sacrilegios del excomulgado (Imago Mundi, 2008)

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