Genealogía faraónica: ¿poder o divinidad?

Genealogía faraónica: ¿poder o divinidad?

¿Ha cambiado de veras el poder de cara a través de los siglos o se trata nada más de una “alternabilidad” de quienes lo ejercen?; ¿quién es de veras “el poder” en el ejercicio político gubernamental moderno: el dios dinero o el dinero de los dioses?

Por Jochy Herrera

La revista Journal of The American Medical Association, en el número correspondiente a febrero 17, 2010, publicó los resultados de un estudio basado en técnicas genéticas, antropológicas y de tomografía computarizada, sin dudas, único en su género. Gracias a la colaboración entre científicos egipcios, alemanes e italianos se ha logrado completar el árbol genealógico y las causas de muerte de la última generación de faraones correspondientes a la Dinastía XVIII (1550 – 1070 a.C.). Tres reyes de este período de la fascinante historia del antiguo Egipto han sido foco de atención tanto de expertos como del público en general a través de múltiples generaciones: Akenatón, gobernante controversial y culpable de haber transformado la jerarquía político-religiosa; su esposa Nefertiti, única mujer que alcanza poderío real durante este período; y el sucesor Amón – Tut – Anj, Tutankamón, el más joven de los faraones muerto a los 19 años de edad aún sin haber dejado descendencia.

Sobre héroes y tumbas

El estudio en cuestión, Ancestry and Pathology in King Tutankhamun’s Family, está precedido por múltiples lucubraciones y leyendas aparecidas tras el descubrimiento de la tumba de Tutankamón en el Valle de Los Reyes de Tebes, allá por 1922. La riqueza de los artefactos arqueológicos encontrados y la asombrosa preservación de la momia del joven faraón provocaron todo tipo de conjeturas sobre las causas de su muerte, la cosanguinidad de la familia real y la vida de la época. Se habló de “feminización” llegándose incluso a describir un hermafroditismo inexistente; de la “sospechosa” muerte de su desenterrador, el británico Howard Carter a causa de una “maldición faraónica”; del significado de los 130 bastones encontrados junto a Tutankamón y otras tantas tesis u observaciones hoy probadas carentes de fundamento.

Más allá de conocer que Tutankamón padecía de una rara enfermedad -necrosis avascular ósea- y de confirmar que falleció resultado de una infección de paludismo complicada tras una caída; más allá de descubrir múltiples trastornos hereditarios en el clan familiar, con toda probabilidad resultado de la mencionada cosanguinidad, la información que provee este estudio, analizada a simple vista, no representa más que una curiosidad palentológica e histórica para el lector novicio. Pero si lo utilizamos como trampolín, nos adentraríamos en el territorio de la ética científico-histórica y al análisis político-religioso de una importante etapa de la antigüedad, y con suerte, aterrizaríamos en el presente; tiempo donde ética y ciencia, política y religión parecen estar más cerca que nunca, y donde las disputas entre lo secular y las creencias cada vez más competen a los gobiernos contemporáneos y al ciudadano común.

Akenatón, Nefertiti y Tutankamón: poder y divinidad

Neferjepeura Amenhotep – Akenatón, décimo faraón de la Dinastía XVIII, a fin de oponerse al creciente poderío de la hegemónica clase sacerdotal de la época, ideó una reforma religiosa enfocada en el culto monoteísta alrededor de un solo dios, Atón- gran disco solar, donde el faraón era su único profeta e intermediario. De tal forma, los sacerdotes son despojados de sus tierras en la que se conoce como la Revolución amarniana: el regreso de la ortodoxia, la unión entre religión y política a través de Atón, y la subsecuente secularización del Estado y centralización del poder político.

Resulta curioso cómo Nefertiti, esposa oficial de Akenatón y reconocido personaje en el quehacer gubernamental del momento, logra alcanzar tal grado de influencia en la inteligentsia del régimen que fue nombrada coregidora, hecho por el que se llegó a sospechar si “ella era verdaderamente la reina faraona”. A decir por el número de representaciones artísticas de Nefertiti, las cuales duplicaron las de Akenatón, parecería que ella era la conductora de facto de los affairs del Estado. A pesar de estos hechos y de su famosa belleza física haberla convertido en leyenda -“la mujer más hermosa de la historia”- a juicio de muchos, la reina desaparece bruscamente de los recuentos cronológicos en las postrimerías del gobierno de Akenatón probablemente resultado de disputas políticas internas o de la misma naturaleza de su muerte. Hasta hoy persisten las dudas sobre su enterramiento y el destino final de la momia; sí sabemos, gracias al estudio aquí descrito, que ella no pudo haber sido la madre de Tutankamón ya que el joven faraón no contenía sus genes.

Tut, el cariñoso apodo otorgado a Amón – Tut – Anj, Tutankamón, se disparó al jet set cuando en la primavera de 2007 se exhibió por primera vez su cara momificada: “con la colocación de la momia en la vitrina mandamos al niño dorado a la vida eterna”, comentaba Zahi Hawass, jefe del Consejo Supremo de Antigüedades de Cairo. La corta vida de Tut pareció haber estado marcada por la debilidad física resultado de severas deformaciones óseas y esqueléticas; los numerosos bastones encontrados en su tumba y las modernas radiografías reveladoras de múltiples fracturas indican que aunque se las manejó para regular el gobierno, el rey indudablemente padeció dolores físicos inimaginables. Con Tutankamón el ejercicio político faraónico regresa a Tebas y el culto a los viejos dioses bajo el control de la casta sacerdotal de Amón es reestablecido; el politeísmo y las deidades Ptah y Osiris substituyen el culto al monoteísmo representado en Atón, al tiempo que el ejército y la administración pública son separados desplazándose así el absolutismo previamente establecido por el reinado secularizado de Akenatón.

Colofón

De pronto, las disputas internas por el poderío económico-religioso descritas más arriba no parecen estar tan lejos de nuestro presente: al observar la rivalidad entre el presidente Mahmud Ahmadineyad y la oposición religiosa iraní liderada por el referente espiritual chiíta, el Gran Ayatolá Hosein Ali Montazerí; al enterarnos de los dimetediretes entre el presidente italiano Silvio Berlusconi y el del Vaticano, Joseph Ratzinger (“el Papa está más allá de la gracia de Dios”, anuncia Il Giornale, diario de Berlusconi -en la propia Iglesia se muerde y devora- responde el pontífice), es inevitable establecer similitudes con lo acaecido en el ocaso del imperio faraónico: ¿Ha cambiado de veras el poder de cara a través de los siglos o se trata nada más de una “alternabilidad” de quienes lo ejercen?; ¿quién es de veras “el poder” en el ejercicio político gubernamental moderno: el dios dinero o el dinero de los dioses? Y en un plano más estrictamente “científico”, ¿cabe preguntarse de qué valen estudios como el aquí descrito?, ¿en qué nos beneficia, como humanidad, el desnudar los huesos y el esqueleto genético de unas cuantas momias milenarias?.

Tal como ha indicado el historiador norteamericano Howard Markel a propósito de la publicación de Ancestry and Pathology in King Tutankhamun’s Family, ¿cuáles son las implicaciones éticas de investigaciones de esta naturaleza?, ¿nos arriesgamos a abrir “una caja de pandoras” de la historia? ¿O conviene acaso embarcarnos a tal afrenta? [Jochy Herrera es dominicano, autor de Seducir los sentidos –mediaIsla, 2010]

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