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MATEO MORRISON: “He sentido en verdad como la alegría de mucha gente por este premio…”

La concesión del Premio Nacional de Literatura 2009 a su vida y su obra despertó el aplauso y la alegría de muchos de quienes le conocemos. Como creador y como promotor cultural Mateo Morrison honra al país y dignifica nuestra literatura y nuestra cultura.

Por Aquiles Julián

Tengo una vieja amistad con la familia Morrison y con Mateo Morrison en particular.

Esa amistad arrancó en el año 1969 cuando Denis Sangiovanni, otros amigos y yo: Andrés Deveaux, Luis Gilberto Castro, Alberto Sanabia Lora entre ellos, formamos en el Colegio Masónico de Villa Faro el Movimiento Literario El Manto. Una de las actividades que hicimos fue invitar a Mateo Morrison y otros miembros del Grupo Literario La Antorcha a una lectura de poemas.

Posteriormente, la relativa cercanía  en que vivíamos, ellos en La Cruz de Mendoza y yo en Villa Faro, más las afinidades políticas me acercó más a sus hermanos, Heriberto y Ramón Morrison y a su primo, René Fortunato. Con Mateo seguí relacionándome en el Movimiento Cultural Universitario, MCU, al cual me integré en 1971.

Recibí de Mateo Morrison múltiples muestras de apoyo. Fui colaborador como crítico de teatro del Suplemento Cultural Aquí vespertino La Noticia que él dirigió.  He sido testigo de su pasión por la animación cultural. Y de su generosidad intelectual.

La concesión del Premio Nacional de Literatura 2009 a su vida y su obra despertó el aplauso y la alegría de muchos de quienes le conocemos. Como creador y como promotor cultural Mateo Morrison honra al país y dignifica nuestra literatura y nuestra cultura.

Como toda vida, también si se buscan, se pueden encontrar errores, fallos, debilidades, equivocaciones y todo lo que humanamente se le quiera encontrar. Nadie puede hacer, sin errar, sin caídas o tropiezos. Arriesgarse a fallar es uno de los prerrequisitos de arriesgarse a tener éxito. Sin embargo, si se pone en balanza su vida, su obra, sus aportes, lo positivo apabulla cualquier otro aspecto. Sirva esta entrevista y sirvan mis palabras como acto de reconocimiento que es a la vez acto de agradecimiento. Soy en mi humilde obra y persona un beneficiario de su generosa apertura a apoyar el trabajo cultural de otros. Y eso le llena de méritos sobrados para ese premio o cualquier otro, además el de su dedicación constante a la poesía.

Vamos a comenzar, Mateo,  por tus orígenes, por tus padres, Egber Morrison y Efigenia Fortunato. ¿Cómo vino tu papá al país?

Mi padre había conseguido una beca para estudiar en Inglaterra la licenciatura en Derecho, pues en ese tiempo Jamaica, su país de origen, era colonia inglesa.  Cuando volvió de Inglaterra, se dedicó durante sus vacaciones a conocer a los demás países del Caribe. Después de ir a Cuba, a Haití y vino a República Dominicana. Aquí se encontró con una joven, más joven que él, pues él le llevaba alrededor de 21 años y esa era Efigenia. Desde ese encuentro, Egber, mi papá, le tomó amor a este país y terminó mudándose de Jamaica para acá. Ahí comenzó  ese proceso. Yo soy el mayor de mis hermanos. Nací en Villa Duarte, y a los tres meses mis padres decidieron construir una pequeña casa en La Cruz de Mendoza, cerca de donde vivían mis abuelos, y ahí comenzó la familia.

¿Tu papá fue el único Morrison que vino de Jamaica?

Fue el único, que nosotros conozcamos. Podríamos decir que él inauguró la familia Morrison en este país. El segundo Morrison fui yo, porque soy el hijo mayor. Después viene Heriberto,  luego Ramón y tras él Willy. Y luego los hijos de nosotros, los Morrison, que seríamos como 29, comenzaron por ahí. Los otros días muy emocionado decía Pepín Corripio, quien habló en nombre de los alumnos de mi papá, en el acto en que se le asignó al tramo de la antigua carretera de Mendoza, desde la carretera Mella a la Av. San Vicente de Paúl, el nombre de Egber Morrison, que al conocer a mi padre, él, Pepín, comenzó a conocer hábitos y costumbres de otra cultura, que era la cultura inglesa, y que él entiende que eso contribuyó mucho en su vida. Ese es el origen de nuestra familia, y en cierto modo también el origen de mi poesía, porque mi papá leía mucho La Biblia. Él era episcopal, mi abuela, adventista, y mi madre, católica. Yo tenía la influencia de esas tres corrientes religiosas y yo terminé, por la influencia de los movimientos de la época, haciéndome ateo, así que no peleé con ninguno, así estaba equilibrada la cosa. En mi misma casa, leyendo La Biblia me di cuenta de que el libro que me gustaba era El cantar de los cantares porque es erótico, porque es amoroso. También mi padre era un gran admirador de John Milton, el poeta inglés.  Ahí yo pienso que estuvo algo del germen de mi interés por la poesía. Pero esa es la parte libresca. Cuando verdaderamente me interesé, la base de mi poesía, tuvo que ver primero con la naturaleza. En aquel tiempo la zona donde yo residía era lindísima, era una zona rural, en las afueras de la ciudad capital, al este del ensanche Ozama. Y eso se completó cuando fui a la escuela y comencé a ver las muchachas en sus uniformes, su caminar y su forma, y yo creo que ahí fue que yo comencé a hacerme poeta.

Es decir que tú, que te diste a conocer mayormente por la poesía política, por la poesía social, en tu origen tu motivación fue la poesía amorosa…

Así fue, la poesía amorosa estuvo en mis orígenes. Incluso he tenido que aclararlo en estos días porque Aniversario del dolor desde el título es una poesía de contenido social y tiene varios poemas de contenido político, pero yo mismo como militante en ese tiempo de la Línea Roja del 14 de Junio, en el mismo Aniversario del Dolor había un poema al mar, había un poema a la catedral, había un poema que se llama Ciudad Colonial Amor, pero yo mismo lo ocultaba porque mis camaradas entendían que yo no podía estar perdiendo el tiempo en eso, cuando la poesía debía servir a la lucha. Debido a eso fue que yo difundí mucho más mi poesía social y política, pero yo creo que desde el principio yo me incliné por la poesía de amor y luego, con el tiempo, una mezcla de todo: los temas de los poetas desde el comienzo de los tiempos son los mismos, desde los griegos y desde antes de los griegos, son  el amor, la muerte, la vida, el odio… Esos son  los grandes temas.

¿De dónde vienen los Fortunato, tu familia por parte de madre?

Los Fortunato, son oriundos de esa misma zona de la Cruz de Mendoza. Como sabemos hay una gran cantidad de habitantes de nuestro país de origen africano que se ubicaron en Los Mina, en Mandinga y esa zona, y creo que de ahí es que viene la rama de los Fortunato, que supongo que era un apellido de origen hispánico, los dueños del hato o algo así, y los esclavos de los Fortunato lo adoptaron. Mi madre venía por su línea materna de los Fortunato, aunque su padre era del Cibao. El tronco  fundamental fue don José Fortunato, que aparece en un censo que hizo Eugenio Deschamps acerca de los pobladores y los propietarios de esa época; yo lo recuerdo bailando en las fiestas de San Cosme y San Damian que se hacían precisamente en Mendoza. Siendo muy pequeño, fui con mi madre a esas festividades y mi abuelo era de los buenos bailadores de esas fiestas debidas al sincretismo católico-africano y que se hacía en esa zona, en un lugar próximo a la laguna de Salazar, antes de llegar a Villa Faro. Los Fortunato se distribuyeron en diversas zonas del país, algunos vivíamos en La Cruz de Mendoza, otros se asentaron en el ingenio Quisqueya, otros vivían en algunos barrios de la ciudad capital, pero en Navidad, como teníamos un patio grandísimo y muchas casas, se trasladaban todos por varios días a vivir en esa zona. Entonces, una de las tías llevaba los pastelitos, otra de las tías llevaba manicongos, otra llevaba los lerenes, otras traían otras viandas y eran inolvidables esos encuentros de la familia Fortunato, el segundo de mis dos troncos: los Morrison y los Fortunato.

¿Dónde comenzaste tus estudios?

Los comencé en el Colegio San Miguel, que estaba en San Lázaro,  y después me cambiaron al Colegio Santa Ana, a en Ciudad Nueva. Ahí estuvimos Heriberto y yo, fundamentalmente. Cuando estábamos en el San Miguel, había un autobús que iba a buscarnos allá a la casa, pasaba cerca del ensanche Ozama donde habían otras personas, muy pocas, que estudiaban ahí y teníamos el vehículo para transportarnos. Después que pasamos al Colegio Santa Ana mi padre alquiló los servicios de un chofer cuya función era llevarnos al colegio y volvernos a buscar. En ese tiempo le pagaba $40.00 pesos lo cual era una fortuna para la época. Mi padre invirtió en la educación de nosotros. No era un hombre rico, era sólo un profesor de inglés, de clase media , pero él le daba mucha importancia a eso y se sacrificó pagándonos un chofer para que nos transportara. Hay un poema mío que habla de la pobreza, que tiene un verso que dice: Yo soy un hombre criado por el lodo y la esperanza… y Rafael Abreu Mejía  un día que terminó la reunión de La Antorcha, cuando yo me iba le dijo a los demás: No le crean mucho porque ahí nunca se pasó hambr”. Y yo le decía: Rafael, pero ese es el poema; esa es una obra de ficción, esa no es mi biografía… Pero en realidad fue así, no puedo decir que fue un hogar de carencias sino que fue un hogar en el que aparecía lo básico, que mi padre  nos puso a estudiar y se ocupó de eso. Así fue el inicio. Luego, cuando paso a la intermedia, ya estuve en lo que hoy es la Escuela Panamá, que en ese tiempo era María de Toledo, porque allí nombraron una directora que mi padre la conocía, una señora de mucho prestigio: doña Violeta de Moscoso y ella le dijo a mi padre: “Ningún colegio es mejor que esta escuela”, y también doña Luz, que era la subdirectora. Ahí yo estudiaba, con algunos de mis primos. Caminábamos a pie desde La Cruz de Mendoza hasta lo que hoy es la avenida Venezuela, en el ensanche Ozama, donde está la escuela, todos los días y ahí comencé la intermedia. Luego mi padre consideró que esa escuela pública no era apropiada y me inscribió en el colegio Don Bosco de los padres salesianos. Allí estuve seminterno en una primera etapa, pasando todo el día en el colegio. Ahí estudié dos años. En realidad salí de ahí porque me inscribí en una célula del Movimiento 14 de Junio, la “Daniel Fernández”, empecé a hacer el trabajo propagandístico, descubrieron eso, me botaron del colegio. Mi papá trató de mantenerme, pero esos curas entendían que era muy grave lo mío. Mi papá se molestó muchísimo y entonces buscó otro centro, esta vez el Liceo Dominicano, un colegio que quedaba en Las Mercedes, frente a la Academia de la Historia, y ese fue un colegio muy importante porque allí encontré al poeta haitiano Jacques Viau, que era mi profesor de francés, y ya, con esas inquietudes que yo traía por la poesía y por la cultura, conocer a Jacques Viau fue determinante; yo pienso que eso marcó un poco no solamente mi inclinación a la poesía sino mi inclinación a conocer poesía en otras culturas, que no fuera solamente los poetas ingleses,  que mi papá mencionaba, Longfellow, Milton, o los poetas en lengua española, sino sobre todo la poesía francesa, porque Jacques Viau nos recitaba poemas de Rimbaud, poemas de Baudulaire,  y los decía en francés y luego los traducía, y eso nos estimulaba mucho. Jacques Viau fue un poeta que yo admiré mucho y que. como sabemos, dio su vida en defensa de nuestra soberanía nacional en la insurrección popular de abril. Ahí entonces termino mi bachillerato en el Liceo Dominicano.

¿Cuándo se funda y cómo comienza La Antorcha?

La Antorcha fue, a mi juicio, ya el inicio formal de un grupo de gente en la literatura, de la cual una buena parte ha dedicado su vida a la poesía y a la literatura en general. El grupo se formó de la siguiente manera: yo comienzo como profesor, siendo bastante joven. Estudiaba en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, soy matrícula 65, pero ya la situación económica en mi hogar se había afectado, porque mi papá daba clases en Ciudad Nueva, en Gazcue, y con la Revolución eso cambia y mi padre pierde prácticamente su modo de vida. Él buscó otras opciones, abrió un colegio en La Cruz de Mendoza, donde vivíamos,  pero la situación me obligó a trabajar y a estudiar.  Como tenía que trabajar, busqué empleo en el colegio Santa Marta y en el colegio San Francisco de Asís. En el colegio Santa Marta conocí a Amarilis Rodríguez que es hoy una destacada actriz dominicana, y luego en el colegio San Francisco de Asís en el tercero del bachillerato yo era profesor de dos jóvenes, siendo yo casi tan joven como ellos,  yo no les llevaba muchos años de edad. Esos jóvenes eran Alexis Gómez y Enrique Eusebio. Alexis, Enrique y yo coincidimos en ese momento, impartiendo yo las materias de inglés y francés, y ellos como estudiantes,  en las inquietudes literarias. Aunque yo era profesor de idiomas, hice un concurso de literatura, comencé a organizar actividades y ahí se definió mi otra pasión: la animación socio-cultural, que en mi vida ha corrido paralela a mi actividad poética y literaria, y yo como animador socio-cultural le dije al colegio que iba a hacer varios actos, escribí hasta una pequeña obra de teatro, la montamos con los mismos estudiantes…, a mí me encargaron de eso;  y llevé al colegio a Domingo Moreno Jimenes, a Juan Sánchez Lamouth,  a René del Risco, a Miguel Alfonseca, a Franklin Mieses Burgos… fui llevando a un grupo de poetas  y ahí descubrimos que en el colegio había un grupo de poetas. En ese curso estaban Alexis Gómez y Enrique Eusebio y en el curso posterior José Molinaza.

¿Cómo se fundó La Antorcha? Cerca de mi casa vivía el poeta Rafael Abreu Mejía, mayor que yo, me llevaba como siete u ocho años… Y nos hicimos muy amigos coincidiendo en la cuestión de carácter cultural. Un día sábado Alexis y Enrique fueron a mi casa y me dijeron que ellos entendían que debía formarse un grupo literario porque en la zona oriental upo, y yo les dije: “Bueno, eso mismo estamos pensando Rafael Abreu Mejía y yo”. Entonces, nos juntamos en la casa de Rafael Abreu Mejía, y Abreu Mejía  dijo: “… incluso yo tengo el nombre, yo pienso que se llame La Antorcha”.  Lo aprobamos. Enrique, que ya conocía a Soledad Alvarez. la buscó e hicimos la constitución de La Antorcha que fue el 21 de mayo del 1967 en el parque del ensanche Ozama, en la avenida Venezuela, frente a la escuela Panamá. Éramos un grupo mayor, sin dudas, y nos reuníamos ahí mismo en el liceo o en el colegio que está al lado, luego viene la depuración que hace el tiempo, algunos lo dejaron, se dedicaron a otras actividades, porque éramos jóvenes de 19, 20 y 21 años, algunos se dedicaron a otras cosas, pero del grupo, y ahí está la antología que se publicó sobre La Antorcha, los que persistimos fuimos Alexis Gómez, Enrique Eusebio, Soledad Alvarez, Rafael Abreu Mejía y yo. Entonces nos dedicamos desde ese momento, como primera etapa, a hacer un plan de estudios; después se incorpora Fernando Vargas. Así comenzó La Antorcha.

¿Qué tiempo duró La Antorcha?

No duró mucho, porque comenzó en el 1967 y ya a los tres años se produjo el primer cisma del grupo. Formalmente duró entre dos y tres años. Después, con la incorporación de otros poetas como Tony Raful, José Molinaza, Miguel Aníbal Perdomo, Federico Jóvine Bermúdez y Radhamés Reyes-Vásquez, sumado entonces  los de La Antorcha con los de La Isla, Norberto James, Andrés L. Mateo vino lo que se llamó luego La Joven Poesía o Poesía de Post-Guerra. Grupo que posteriormente jugó un papel muy importante en la coordinación del Movimiento Cultural Universitario, MCU, porque todos coincidimos en encontrarnos en la sección de Literatura del MCU, pero ya esos grupos fueron desapareciendo y nos fuimos integrando como grupo generacional y comenzamos a dar recitales de poesía en diversas partes del país.

Para cerrar un poco el período 1960-1970, había una efervescencia  desde el punto de vista cultural que existió paralela a las convulsiones políticas del país, pero que no obligatoriamente dependía de ellas…

Es así, de esa época surge el grupo del 70 en el que están ustedes: tú, René Rodríguez Soriano, Pedro Pablo Fernández… Y recuerdo que hice un número del suplemento Aquí sobre la poesía de ustedes. Pero ya ustedes tenían una concepción un poco más independiente,  más relacionada directamente con la literatura como tal, aunque algunos militaban en la izquierda, como tu caso y el de otros, pero tenían como poetas una búsqueda más universal. Eso se les atribuye más a la Generación del 80, pero antes del 80 hacer eso ya en el grupo de ustedes había esa búsqueda, ese deseo de experimentación, ese deseo de cambio, de no seguir en la misma posición que teníamos poetas como yo, como Andrés L. Mateo y Norberto James, que hacíamos mucho énfasis en la parte política. No solamente en lo que escribíamos sino también en lo que decíamos, porque a veces escribíamos poemas de amor o de otro tipo y no la difundíamos, porque teníamos muy pendientes qué iban a decir los compañeros, la lucha a través de la poesía, y ocultábamos mucho nuestra poesía de amor. Ya ustedes en el 70, ese grupo asume una actitud más sistemática con respecto a la literatura como tal, y yo pienso que fue una etapa de liberar la poesía de todo lo que fue el proceso anterior, y por eso entramos en algunos momentos en contradicciones, porque yo fui uno de los que duré más tiempo militando en la izquierda, como militante  político… A veces se atribuye ese fenómeno a la Generación del 80, pero ese proceso comenzó con ustedes, en la Generación del 70.

Entonces, en la década del 60 vivimos una liberación a nivel poético, literario y artístico, porque veníamos de una dictadura…

Así es, algunos como Miguel Alfonseca, que aunque formalmente se adscribe a la Generación del 60 venía de un momento anterior, y René del Risco, Grace Coiscou, salieron de las cárceles de Trujillo y Jeannette Miller, entonces era casi natural que su poesía y la misma de nosotros que vino después de una revolución tuviera impregnada de una cuestión política, porque no fue un caso dominicano, ahí está también el grupo Guajana de Puerto Rico, ahí están los grupos literarios de Perú, de Ecuador, de Nicaragua, todos… Y a nivel mundial era el ambiente de la época. El grupo de poetas underground ingleses también, y el grupo en los Estados Unidos, claro cada uno con sus características, y nosotros veníamos de una dictadura de 31 años, locos por decir cosas y salimos a decirlas.

Cuando llega la década del 70 hay dos cosas que pasan importantes en tu vida. Primero tu entrada a la UASD como director de extensión cultural…

Primero como subdirector y encargado de la Casa de la Cultura, porque el director en ese tiempo era el doctor Antonio Lockward, y yo sometí un proyecto para crear en el Club Universitario lo que se llamó la Casa de la Cultura, que en su etapa inicial no dependía formalmente de la Dirección de Extensión Cultural, pero luego de hacer algunas actividades se entendió que la misma Dirección de Extensión Cultural debía estar en la Casa de la Cultura. Entonces ahí yo paso a ser el segundo de Antonio Lockward y es mi entrada ya formal a la universidad. Luego viene en la segunda etapa después de Lockward no llego yo, sino que llega Narciso González que fue director. Entonces yo quedo como subdirector y ahí es que yo fundo como subdirector el grupo literario César Vallejo. Yo, después de ahí, paso a ser director y durante siete rectoría fui director de cultura.

Simultáneamente con eso, en la década del 70 también te encargas del suplemento cultural Aquí

Exacto. Al encargarme del suplemento cultural Aquí en la primera etapa León David y yo como codirectores, Rafael Deprat que era el jefe de redacción y el sacerdote José Luis Sáez era también parte del equipo y era el asesor e hizo importantes contribuciones. Ese era el equipo. Sin embargo, aunque era el equipo formal, alrededor del suplemento estaban los poetas de mi generación Andrés L. Mateo, Tony, Perdomo, Federico, José Molinaza, de alguna forma, cuando yo me quedé como director, trabajaban directamente ahí, no cobraban pero hacían importantes contribuciones y fue casi un suplemento de nuestra generación, aunque fuimos bastante abiertos en publicar a todo el mundo. Ahí tuvo una columna Juan Isidro Jimenes Grullón, don Juan Bosch llegó a darme trabajos que no publicó en otra parte y entrevistas… Esa relación del suplemento cultural Aquí y el trabajo como director de Cultura de la UASD me llevaba a las dos pasiones: la poesía y la animación socio-cultural. En algún momento reconozco  que la animación cultural tenía una prioridad porque casi no tenía tiempo para escribir, pero  eran las dos pasiones…

En el 1978, al salir del gobierno el Dr. Balaguer y entrar a gobernar el PRD el sustento del verbo político se perdió. ¿Qué pasa en ese momento de transición, cuando la razón de los versos políticos, incendiarios, prácticamente queda neutralizada?

Sí, sin dudas que hubo un cambio significativo no sólo en el país sino en el mundo. Y vino entonces una gran influencia de poetas como Octavio Paz sobre todo en la Generación del 80 pero también en otras generaciones; y otros poetas que no sólo como poetas sino como teóricos habían cuestionado la idea socialista, y hacia otro tipo de poesía como la de Odiseo Elitys, poesía de otras latitudes y culturas distintas. Eso se va a reflejar directamente en la literatura dominicana y en la de todo el mundo que de una forma u otra escribe.

¿Cuál fue tu reacción cuando te enteraste de que ganaste el Premio Nacional de Literatura?

Bueno, lo primero es lo siguiente: a mí en los últimos tres años siempre se colaban rumores y me decían “Mateo, ahí tú estás como candidato, se está barajando tu nombre…”, pero me sorprendió, porque normalmente esos informes, claro, todos estábamos pendientes, hasta los que no estaban, siempre la gente está pendiente y este jurado es como medio hermético porque no se cuela nada, nunca sale en la prensa, no sale nada. Se dice que el jurado…, bueno, entonces ya cuando vi que eran las diez y pico de la mañana, alguien me llamó y me dijo que en la calle dedicada a mi papá, donde hay un pequeño monumento que le hicimos con su nombre y el de mi madre Efigenia Fortunato, que alguien había pasado y lo había embadurnado. Entonces yo, en vez de venir para la Secretaría de Cultura, porque me acosté muy tarde trabajando en una novela que estoy escribiendo ahora, no vine directamente a la secretaría tan temprano como normalmente lo hago, me fui a la Cruz de Mendoza para ver qué había pasado con el monumento a mis padres, y cuando vi la hora me dije: “Bueno, por lo menos ya sé que no soy yo, porque no me han llamado”.  Y lo que pensé entonces es: “¿Quién será?” Ya me iba a la casa y me detengo en el supermercado, ahí en la San Vicente de Paúl y entro. El chofer mío me dice: “Lo están llamando, lo están llamando”  y lo veo con el celular, yo cojo el teléfono y oigo la voz de Pepín Corripio que dice: “¿Me habla Mateo? “, le respondo “Sí, sí”, “Ah, mira, te tengo una buena noticia: has sido seleccionado como ganador del Premio Nacional de Literatura”, pero eso fue como a las once y pico de la mañana, ya yo estaba muy lejos de pensar en eso. Me decía: “bueno, será esta tarde cuando veré quién fue seleccioando”. No estoy con traje ni nada y él me dice: “Aquí te estamos esperando, porque los que ganan, si están cerca, los esperamos para que el jurado los salude, la prensa está aquí… ¿tú estás muy lejos?” Y le respondo: “Bueno, yo estoy acá por La Cruz de Mendoza”. Pepín me dice: “Es lejos, pero si vienes ahora te podemos esperar” “Bien le digo, pero cuando voy saliendo pienso ¿y cómo yo me voy a aparecer así, sin medias, sin corbata, así que me voy para mi casa, para Alma Rosa. Mi esposa me saca el traje, ni siquiera le dije nada… “No, que voy rápido, te digo ahorita”, me pongo el saco y aparezco sin corbata porque cuando me fui a poner la corbata le faltaba el botón del cuello a la camisa. Cuando llego al acto, la mayor sorpresa, la cual algunos han comentado, es que es la primera vez  en los últimos años que la gente recuerda, que los periodistas, cuando llega el escritor ganador, aplauden. Los fotógrafos y periodistas lo hicieron cuando llegué. Y entonces subo ahí, y te digo la verdad, que he vivido unos días inolvidables en mi vida porque lo he sentido en verdad como la alegría de mucha gente por este premio. Yo no sé si es por poeta, por animador sociocultural, o porque alguien ha sabido que me estoy muriendo por ahí, pero sin dudas  he sentido el calor…

Espero que lo último sea un chiste…

Sí, es un chiste, y quisiera que no se dé por todos estos tiempos, porque si para algunos no me merecía el premio, bueno yo voy a cogerlo alante y voy a completar la obra en el futuro.

Hacer como Juan Antonio Alix que se comió la estatua…

Ah, verdad…

¿Cuáles son los autores que tú consideras determinantes.  Ya hablaste de Jacques Viau, de La Biblia, de los poetas ingleses, pero autores que dirías que marcaron tu poesía o te indujeron, te enamoraron tanto de la poesía que son para ti los autores definitivos?

Sin dudas, Pablo Neruda, y cuando conocí a Juan Sánchez Lamouth, él me dijo: “Mateo, pero tú crees que es solamente Pablo Neruda. Vete a la Librería América y y cómprate un libro de un poeta que se llama César Vallejo”. Yo lo compré y desde ese momento entiendo que esos dos son los poetas que más admiro. Ya, pasado el tiempo, uno lee a autores como Elitys, como Octavio Paz, autores de la gran poesía española, son muchos, pero si estuviera que elegir dos diría Pablo Neruda y César Vallejo.

¿Y temas?

¿Temas? En realidad, después que yo entendía que preexistían unos temas esenciales, pero tenían que ver con la parte política y la parte del amor, yo me he dado cuenta, y ahora que he leído un libro que compré recientemente que se llama Mil años de poesía europea, un libro sumamente importante, llegué a la conclusión de que los temas son los mismos y siempre han sido los mismos. Yo creo que si tú lees la literatura griega, la romana, hasta la prehispánica en México, te darás cuenta de que los temas son los mismos: la muerte, la vida, el amor, el odio, los sentimientos del ser humano, que aparecen en las obras de Shakespeare, aparecen en El Quijote, aparecen en Víctor Hugo… los temas son los mismos, en términos generales. Hay las preferencias, hay los estadios, hay quienes prefieren más un tema que otro, pero los temas, en esencia, son los mismos.

Antes de terminar déjame decirte que me siento muy feliz de ese premio. Has sido un formidable animador sociocultural. Como todo en la vida, habrá quienes no estén de acuerdo, pero que no se preocupen que esta es la única vez que te lo dan…

Sí, es la única, se da por una vez. Por lo menos, se podrá decir: Salimos de Mateo. [Aquiles Julián, poeta, narrador, dramaturgo y ensayista dominicano]

Mateo Morrison Básico

Nació en Santo Domingo el 14 de abril 1946, hijo de Egbert Morrison, jamaiquino, y Efigenia Fortunato, dominicana. Dentro de la historia literaria dominicana, corresponde a la Generación de Postguerra. Es el primer dominicano egresado en Administración cultural. Estudió en el Centro Latinoamericano y del Caribe para el Desarrollo Cultural de Venezuela. Libros publicados: niversario del dolor,1973. Visiones del transeúnte, 1983. Si la casa se llena de sombras, 1986. Visiones del amoroso ente, 1991. A propósito de imágenes, 1991. Nocturnidad del viento/Voz que se desplaza, 1996. 30 años de poesía y otros escritos, 1999. Dorothy Dandridge, 2006. Poesía I (en colaboración con Andrés L. Mateo y Rafael Abreu Mejía), 1971. Soliloquio desnudo y otros poemas, 2007. Difícil equilibrio, Espasmos en la noche, 2007. Antología Las palabras están ahí, 2008. Poesie d’Amore, 2009. Política Cultural: Legislación y derechos culturales en República Dominicana, 2009. Mateo Morrison: Estático en la memoria y otros textos, 2009. Política Cultural en República Dominicana: Reto inaplazable. Un silencio que camina, 2007.


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