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Naufragios y seducciones en la Ciudad de los Vientos

Por Jorge Luis García De la Fe

Dos muy interesantes propuestas acaban de aparecer en el ambiente intelectual de Chicago en los últimos días. Se trata de los libros Naufragios y comentarios de la argentina Leda Schiavo y Seducir los sentidos, (mediaIsla, 2010) del dominicano Jochy Herrera. Ambas son recopilaciones de artículos de gran vuelo teórico y poético a pesar de ser concebidos originalmente por separado para publicaciones periódicas en Estados Unidos y otros países. Ambos libros fueron presentados en Chicago el pasado 3 marzo.     

No había conocido a Leda Schiavo hasta que pocos días atrás me la presentara, de cuerpo entero, el propio Jochy Herrera, al facilitarme su libro Naufragios y comentarios. Me ha hablado las últimas horas en un lenguaje íntimo y familiar la argentina culta y sensible a la cual nada humano es ajeno. Crónica de este tiempo, su texto es un caleidoscópico Aleph. Historia, política, sociedad, economía, cultura y otros temas abordados con una mirada lúcida y holística por Schiavo, quien pone todo el espectro de su sólida formación intelectual en el ejercicio de su autorizado criterio.

Algunos de los cuentos y artículos recogidos en Naufragios y comentarios aparecieron por primera vez en contratiempo, o en las ya desaparecidas Tropel, y Zorros y Erizos. Schiavo, quien después de 30 años de enriquecedora itinerancia regresó a Buenos Aires, considera su periplo como un fragmento de ese viaje más esencial y definitivo, la propia vida. Es evidente, a través de las páginas de ese ensayo mayor que atraviesa su libro, que esta inquieta vitanauta nunca dejó de estar al tanto de la tierra que la hermanó a Borges. Por eso, buena cronopia, rastrea los nexos entre Cortázar, Baudelaire y el tango o descubre —detectivescamente— que el Serguei Nechaev que está detrás del Piotr Verjovenski de Los demonios de Dostoievski es el mismísimo Boy que acompaña a Bakunin en Baza de espadas de Valle Inclán.

Quienes adquieran su libro y disfruten del privilegio de su lectura podrán enterarse de algunos misterios de Chicago como el de La casa de la calle Taylor o tener noticia de las estancias de Borges y la Rinaldi en la Ciudad de los Vientos. Nada escapa a la mirada curiosa de esta mujer que maneja sin ostentación la mitología grecolatina, las literaturas europea y argentina, así como las culturas norte y sudamericana. En su texto La lectura como pecado expresa: “Como todo acto de amor, lectura y escritura necesitan un cuidado extremo, un tiempo lento que se acelera al llegar al paroxismo, un uso constante de la inteligencia y una atención exasperada”. Por eso su prosa no es “adocenada y fácil”, sino que se revela indagatoria y polémica. El caso de Leda autentifica —como el de Eduardo Galeano— la capacidad del pensamiento latinoamericano para la reflexión fecunda acerca de esa encrucijada que es la contemporaneidad.

Quién puede permanecer indiferente a su texto La mirada oblicua donde asume con valentía su voluntad paradójica. Con el espíritu del autor de Del sentimiento trágico de la vida postula: “Cuando me dicen que Chávez es un demagogo yo me pongo a defenderlo, si lo defienden, yo me pongo a criticarlo. Si leo algo sobre el fundamentalismo musulmán, yo pienso en el fundamentalismo sionista. Si oigo a los británicos hablar de terrorismo, pienso en todo lo terroristas que han sido ellos a lo largo de los siglos tratando de escapar de su isla para dominar el universo”.

Aunque muchas son las incitaciones que me ha dejado el proteico diálogo que he sostenido con Leda Schiavo las últimas horas, quiero dejar constancia del sublime goce estético que experimenté leyendo la serie Parejas. En Intermedio con aves fabula: “Para qué tanto desplazarse, si la muerte llega tan temprano. ¿Cuántas veces el mismo pájaro puede hacer ese viaje que la especie va a repetir mientras se den las mismas condiciones? ¿Somos los seres humanos tan compulsivos como las aves, pese a que conocemos el final? Por eso, para terminar esta breve nota, me remito a mi compatriota Silvio Rodríguez y le digo a Leda: “Vuela, que los cisnes están vivos”.

Oficio de cautivar corazones con los dedos de la imaginación tiene este cardio-poeta del Advocate Illinois Masonic Hospital, el mismo que responde a los llamados de Jochy o Dr. César J. Herrera, para que quede claro de una vez y por todas. En Seducir los sentidos el autor de Extrasístoles incursiona en un considerable y fascinante espectro de temas, problemas y figuras emblemáticas de la contemporaneidad. Un rápido vistazo al índice del nuevo libro provoca el incitante interés de acompañar a este enamorado de la cultura en un apasionante viaje que, sin alardes de erudición, se aposenta en los reinos de la literatura, las artes plásticas, el cine, la música, los artistas e intelectuales; así como en  mitos, fabulaciones y quimeras que dan sustancia a la condición humana.

Los textos que conforman la atractiva propuesta nacieron en la fragua del trabajo literario y periodístico que Jochy ha simultaneado con su profesión médica en Chicago en el último decenio, y vieron la luz en contratiempo, pero también en Agenda del Sur (Argentina), La Jornada Semanal (México), Cielonaranja (Alemania), País Cultural (República Dominicana), mediaIsla (Florida) y Ventana Abierta (California). Treinta y ocho incitantes artículos quedan amparados en siete secciones, a saber: Provocaciones, La palabra Lúdica, La mirada espejo, Escuchar la idea, Conversaciones, Rastros y La morada de los mitos. Se siente que hay en Seducir los sentidos una lectura muy personal del mundo de Herrera y que el arte, además de sus esenciales funciones estética y epistemológica, es una vía sinestésica de aprehensión de la realidad.

En ese gran ensayo que fluye bajo la corriente de todos los textos prevalece el presupuesto teórico de que la seducción es una dama en cuyos brazos perecemos y sobrevivimos. Todo seductor termina siendo seducido. De La Biblia a Walt Disney, del Arte Paleolítico a Klimt, de Juan Ruiz a Buñuel, de Platón a Kierkegaard, de Freud a Lacan el controversial tema de la seducción ha estado presente en todas las esferas de la actividad humana, aún en la dimensión onírica. Por ejemplo, en el artículo La seducción desde la serpiente a la modernidad, hace Jochy una breve pero jugosa meditación del tema y cita a Martín Cuccorese quien postula que “bajo el genio maligno de ella, todo escapa a su finalidad. Incluso al pensamiento se le escabullen sus propósitos” pues hasta “el (propio) pensar no es más que una apariencia que juega con las apariencias del mundo”. Realidad, deseo, imaginación tienen en el hombre un mismo árbol para anidar. Por eso en esta aldea postmoderna que es hoy nuestro mundo se han desdibujado los límites entre lo virtual y lo real, y no podemos concebir al Buenos Aires real sin la visión borgeana como nos es imposible divorciar a la mujer real de la arquetípica.

Lo mejor de Seducir los sentidos, a mi modo de ver, radica en la autenticidad que hay detrás de todas la reflexiones de su autor, a quien no lo mueve otra pretensión que la de contribuir a una lectura verdaderamente constructiva y humanista de nuestra época. A los amantes del buen cine, la pintura, la poesía, el tango, el bolero, la bachata y la canción inteligente les invito a que se dejen seducir por esta propuesta del dominicano Jochy Herrera. Pero lo mejor de este libro está en ciertas revelaciones íntimas de su autor que no les adelanto. [Jorge García, cubano, es licenciado en Letras, poeta y miembro del Consejo Editorial de contratiempo]

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