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Rumor de pez: un hombre solo frente a sus emociones

Todo el poemario es un canto a la desnudez total, la vuelta al código poético de los poetas temerarios, aquellos que no temen acabar la frase un poema tras otro, desnudos frente a la cotidianidad y el ¡amor!

Por Randolfo Ariostto

El poeta del siglo 22 lo apetezco residente en la tierra, crepuscular, atrilcerado. Eso. Cayendo en paracaídas altazoradamente mediando tembladeras de cielo, y, unhhh, pazborgeano; con ese raro airecillo a guimaraes en los recovecos del ritmo-sentido. Un poeta culto, de perfecto acabado, cincelador inspirado poseso de las temáticas fundamentales que hacen imperecedera la poesía: un hombre solo frente a sus emociones. ZZZZZZZassssss, y, a propósito del Premio Nacional de literatura en República Dominicana y de que Mateo Morrison, receptor del mismo hace unos días, es mi amigo y de que Roberto Marcallé Abreu es el preferido de Diógenes Céspedes, mi crítico dominicano favorito, y ambos son inclusivos de una literatura de renombre que merece ser degustada a la par de los argentinos, españoles, mejicanos o chilenos etc…: René Rodríguez Soriano: ¿qué tal? Sí, René; o sea, ¿qué se espera?

Pero antes hablemos de Rumor de pez (Premio de Poesía UCE 2008). Un hombre decide escapar de la oficina sin abandono de esa cárcel-rutina y vuela sobre el azul de la pluma, es un vuelo ondulante que recorre el papel con charquillos de agua infectados de peces voladores para nada surrealistas. Realismo célebre de estatura irreal. Todo el poemario es un canto a la desnudez total, la vuelta al código poético de los poetas temerarios, aquellos que no temen acabar la frase un poema tras otro, desnudos frente a la cotidianidad y el ¡amor! Y la rutina y la conciencia de su Art Poétique.

Rumor de pez es un poemario para volver a disfrutar el poema, tomar por la cintura el ritmo-sentido de un texto refrescante verso a verso y humano. También instituye una protesta contra ese hombre idiotizado de un seudo complicacionismo fácil y maleable. Es que el poema no exige claridad ni novilunio, se es poesía en el poema como una necesidad creadora que no intuye reglas dadaístas de nueva camada. Se llega a la poesía transitando una vereda siempre beligerante siempre aventurada que el poeta debe conquistar y lejos de querer instaurar un estilo, el bardo busca instaurar un poemario a la vez, para luego reanudar esa lucha titánica en pos del poemario que aflorará más tarde.

Visitamos nueva vez el poema melódico y grato al paladar del tímpano para degustar en alta voz y presenciar con los ojos cerrados en la sonoridad que calla y musita.

Tiene de miel los decibelios | un pantagruélico espín en la palabra | un do de pecho en el momento mismo | de la eterna sonrisa que imagino. La cero uno, Pág. 29.

Poemario si se quiere erótico pero salvándonos de eso que llaman realismo sucio y que prefiero definir como realismo de poca luz. Libro donde el erotismo tiene la dúctil sensualidad de la secretaria pechugona que no advierte el festín que desparrama entre el papeleo y su monitor.

Deja que te diga melón o mandarina | que te frote papel mojado, caramelo | perdido entre tus piernas, ahogado | en tu pelo, bajel sin velas, aroma navegable… Vuelvo al poema y enciendo aquella lámpara, Pág.30.

Neruda debería firmar esto que diré: cada poema de Rumor de pez es un canto general al amor y la vida, dulce fragor de violines, piano, violonchelo, caderas, murmullo de mariposa en voz (ir a la p. 31); en este erotismo enamorado volvemos al viejo mito del nacimiento —según Rack o/e Incháustegui— pero no del traumático pos-nato que ansía regresar al vientre de la madre sino que, advertimos en el nuevo rito de la madre, un canto desposeído de cualquier necesidad sicótica para exaltar abiertamente la sexualidad de esa mujer que lucha con todo su germen por persistir como la primera en importancia.

A mí que ya no soy desde que no me nombras;| no soy si no he nacido entre tus pierna | (para morir todas las veces que volveré a nacer | naciendo desde adentro de ti). Callado rumor, Pág. 32.

Nada escapa al buril del Vate y a veces presentimos que el texto se enrumba por derroteros atrilcerados o alguna vez un aliento huidobriano. Pero incluso allí donde pudiera acusársele un verso tzariano o bretoniano emerge un Neruda residencial esparciendo el agridulce zumo, frutal y jugoso… Ciega sed, Pág. 34.

Sin desmedrar en absoluto a mi hermano Mateo, mi favorito para el premio nacional de literatura es y será René Rodríguez Soriano, y de paso me disculpo con Diógenes por no coincidir con él respecto a Marcallé Abreu, sin dudas un grande de nuestro suelo. Rumor de Pez evidencia lo que todos deberían conocer de palmas: un escritor de tesitura consistente y formación literaria acabada que ha venido ofertando una literatura seria, de respeto y holgura, que nos dignifica ante el mundo y ante las generaciones por venir, para muestras basta un rumor.

Escribo para espantar dinosaurios y otras sierpes de bífidas ponzoñas, para lavarme del tedio, la envidia y la desidia. Voy con el sentimiento en ristre, a toda marcha, y un detector de adulaciones siempre a mano.
Confieso que he mentido: (rrs, página personal).

Rumor de pez es uno de los libros necesarios para la defensa de la buena literatura hispanoamericana, española y contemporánea, no sólo por la fortaleza de sus imágenes y la perfecta coionía/univocidad del tejido acuoso que hidrata su solventado lirismo o la alucinante madeja de melódicas ondulaciones que rasgan el monopolio de la versificación manida; sino porque abre un dique entre autor y lector consustancial al texto. El poeta que no teme afrontar al lector en sus mismos anhelos y temores, sueños, poeta humano, de ideas terrenas, socialmente aclimatado y dueño absoluto del lenguaje todo esto en total congruencia en el sistema del poemario-sujeto-sentido-lector. Ya este bardo ha sido laureado en República Dominicana con importantes reconocimientos que lo enfilan hacia el Premio Nacional y el acopio internacional irrefutable:

…entre los que trato de no olvidar, el Premio de Cuentos Casa de Teatro, 1996 y Premio Nacional de Cuentos “José Ramón López”, 1997. Desde hace algunos años… (rrs, página personal).

Un poeta de la comunidad dominicana y el mundo que vive y respira su patria a diario y por ende una bandera que amerita representarnos en los distantes muelles literarios.

aunque suene mal pensar la patria ausente por razones ambientales- “daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente (…) varias figuras de su historia, montañas y tres o cuatro ríos.” (rrs, página personal del autor).

René Rodríguez Soriano es además narrador de claro resplandor que asalta al lector desde la primera palabra: {en cada ofrecimiento y no} Sólo de vez en cuando que además ha obtenido un galardón nacional en novela.

En una época en que la globalización ha pasado de la sacralización a la cotidianidad el mundo bien puede arrimar sus ojos a los bebederos de este poeta altamente capacitado, como el mejor Cortázar, para llenar de magia y multivocidad la enmarañada cotidianidad de nuestras sociedades cibernéticas:

Una mujer con su perro

cruza la cruz del sur para escribir mi nombre | en el ala de una mariposa

Azul la mariposa | deshila mis contornos | rehíla la esperanza de mi sed | al borde de sus labios. Pág. 40 [Randolfo Ariosto, (Santiago, RD, 1971) escritor y animador cultural en el nordeste de República Dominicana, ha publicado La Soraya, 2007]


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