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Salvador Robles Miras: “Escribo para que me lean”

Hay que vivir el libro que se lee; hay que vivir el libro que se escribe; o sea, que la Literatura redime cuando se encarna en la vida. Somos las experiencias que vivimos.

Por Beatriz Giovanna Ramírez

Salvador Robles Miras nació en Águilas (Murcia), aunque reside en Bilbao desde los diez años. Es periodista y pedagogo, y ha publicado hasta la fecha 18 libros: tres novelas (Noche clara, La vida en la distancia y La luz del silencio), cinco volúmenes de microrrelatos (Los abuelos también van a la escuela, La escuela sin edad, Los ojos de la vida, Mirar es encontrar y Pequeñas palabras, su obra más reciente) y once libros de ensayo, de psicopedagogía y literatura divulgativas. Trabaja en la redacción de El Correo Español-El Pueblo Vasco. Ha colaborado en programas de Literatura y Pedagogía en la Radio Pública Vasca, la COPE y Punto Radio.  Ha conseguido varios galardones en diversos concursos internacionales de cuentos, entre otros: Premio de Microrrelatos de Rio Gallegos (Argentina), Premio Libro Radial de Libro Radial 2009, Premio Libro Televisivo de Venezuela, mención especial de honor en Certamen Internacional de Microficción de Garzón Céspedes, mención especial en el Certamen de Relato Corto de Santa Cruz de Bezana;  finalista, entre otros, en: Concurso de Relato Breve TMB, IV Certamen Literario de la Revista Ventura Morón de la Junta de Andalucía, Certamen de Relato Hiperbreve Universidad Internacional de Talarrubias, Concurso de Relato Breve Escuela de Letras, Premio de Relato Breve Jorge Luis Borges, Premio de Relatos Augusto Monterroso, finalista del Premio de Relato Corto Edgar Allan Poe.

Ernesto Sábato dijo: “El corazón de cualquier mortal es un conjunto de contradicciones, algunas aterradoras, como sucede con las pesadillas. Todos somos, no digo algunos, sino todos, una mezcla de bondad y maldad, ateísmo y espíritu religioso, generosidad y egoísmo, valentía y cobardía”.  Salvador, si una obra literaria late, tiene vida ¿qué hay en el corazón de Pequeñas palabras?

—En el corazón de Pequeñas palabras late el corazón de la humanidad, lo mejor y lo peor. Pero ante lo peor, la literatura, al menos la de Pequeñas palabras, siempre le concede al ser humano la posibilidad de redimirse.

¿La literatura puede redimir al hombre cuando éste escribe o lee?¿Cuánto hay de redención y experiencia personal en su escritura?

—Hay que vivir el libro que se lee; hay que vivir el libro que se escribe; o sea, que la Literatura redime cuando se encarna en la vida. Somos las experiencias que vivimos, y si uno vive los libros que escribe y lee, cuando se redima  una parte de esa redención pertenecerá a la Literatura.

¿Qué no debe faltar a la hora de escribir Literatura?

—La pasión, la fidelidad del autor a sí mismo; o lo que es lo mismo, escribir aquello que uno desearía leer, y no aquello que le pueda reportar resultados inmediatos, a saber, buenas ventas. El éxito debe ser una consecuencia, no el objetivo prioritario del escritor. Me explico mejor: el escritor debe responder ante sí mismo; lo otro, las ventas, las buenas o malas críticas, vendrán por añadidura. Y, finalmente, el buen escritor que aspira a la excelencia de lo mejor de sí mismo, reflexionará sobre las consecuencias y aprenderá. Ya es mejor escritor.

Tiene unos hermosos textos narrativos que enarbolan este pensamiento. Conmueven varios microrrelatos  de Pequeñas palabras,  sólo mencionaré dos: “Razones literarias” en el que un joven le pregunta a su abuelo ¿Por qué escribe?, y dos, “Fe en la literatura” de un escritor que envía su novela a un concurso amañado. Salvador, sé que ha ganado prestigiosos concursos literarios. ¿Por qué escribe Salvador cuento breve y microrrelatos?  ¿Con tanto concurso amañado se puede seguir creyendo en que la buena literatura saldrá triunfante? ¿Sigue concursando?

—Los concursos “apalabrados”, vamos a llamarlos así, son los que organizan algunas grandes editoriales para asegurarse luego, con el señuelo del premio, grandes ventas con la edición de la novela de turno. He participado, en el último año y medio sólo, antes no, en certámenes internacionales de cuentos y microrrelatos para, mientras aguardaba el ’veredicto’ de la editorial a la que había remitido Pequeñas palabras, divulgar los textos que seguía escribiendo. Escribo para que me lean, y sólo pueden ser leídos los textos que salen al encuentro de los lectores; los que permanecen en el ordenador, no tienen ninguna posibilidad de ser leídos. Y escribir supone compartir. Continúo concursando, aunque menos que antes. Envío mis cuentos, sobre todo, a certámenes donde publican, en su página web, los textos participantes. Así cumplo mi objetivo prioritario: dar a conocer mi obra.

¿Escribir brevedades, que conduzcan a pasajes humanos como la reflexión, el amor, la vida y la esperanza, tiene fórmula mágica?

—No hay ninguna fórmula mágica en la literatura. Hay que observar atentamente el espectáculo de la vida, sobre todo, los pequeños detalles; a continuación, debemos reflexionar sobre lo observado para convertirlo en el conocimiento que conduce a la experiencia; luego, hay que subir lo observado y reflexionado a la alfombra mágica de la imaginación, y, entonces, sólo entonces, plasmarlo en el papel en un microrrelato, un cuento o en una novela. Y todo esto hay que conjugarlo con un verbo que se llama esforzarse. Esa es mi fórmula mágica.

Leer Pequeñas palabras es un viaje narrativo, cada micro relato trae un vinculo directo con la vida. La sencillez y la visión de mundo, el lenguaje en un conjunto de experiencias humanas elevadas a la narrativa. ¿Cómo se sintió al terminar la obra, al verla completa?

—Siguiendo con la metáfora del viaje, sentí que ya me había subido al tren. Un tren que se dirigía hacia su destino: el lector. Las Pequeñas palabras sólo se hacen grandes a los ojos del lector. Mientras éste las hace grandes o las deja tal cual, o sea, pequeñas, el autor de Pequeñas palabras procura engrandecerse como escritor. ¿Cómo? Observando, reflexionando, imaginando, esforzándose en aprender.

Como lectora he encontrado en sus textos, una crítica inteligente a varios temas “polémicos”; por llamarlos de alguna manera, algunos de ellos: la discriminación, la violencia, la exclusión, la ética, los toros, la inmigración, el mestizaje, la guerra, la religión, la muerte, la pobreza, el amor, la felicidad, la belleza, el medio ambiente, la política, entre muchos otros. A mí, como colombiana e inmigrante en España, que pago mi “cuota” por ser extranjera, leo sus textos y me emociono. La diferencia siempre, siempre, está presente. Los pequeños relatos se hacen grandes y muestran la realidad de algunos héroes sin capa.   ¿Cree usted que hay una resistencia particular del español a la autocrítica? ¿Qué impresiones ha recibido de lectores españoles y no españoles?

—Los españoles, y los franceses, y los suizos, y los estadounidenses y los colombianos… Los seres humanos, en general, nos resistimos a la autocrítica. La autocrítica obliga a replantearse ciertas cuestiones, y eso produce lo que los psicólogos llaman disonancia cognitiva, o sea, un desajuste entre lo que pensamos y lo que luego hacemos (o en lo que hacemos y luego pensamos), en definitiva, un malestar interno que nos incomoda. Además, la crítica sincera obliga a cambiar algunos comportamientos, y eso cuesta esfuerzo. Por eso, le decía antes que hay que vivir los libros, no limitarse a leerlos. La literatura, tanto a los lectores como a los autores, no debe ser un pretexto para alejarse de la vida, sino que debe servir para acercarse a ella llenos de empatía, o sea, colmados de comprensión hacia los pensamientos y sentimientos del otro, sobre todo si ese otro, como el caso de los inmigrantes, se encuentra en apuros.

¿Considera usted que sus microrrelatos son una forma de poesía?

—Yo escribo prosa y, a veces, cuando trato de describir la belleza que percibo en torno a mí, porque en el mundo hay horror pero también belleza, la Poesía con mayúscula me guiña el ojo. Yo, entonces, me arrojo en sus brazos, y el resultado es el que el lector puede leer en Pequeñas palabras.

¿Hay algún proyecto literario después de Pequeñas Palabras?

—Tengo escritos más de dos mil nuevos microrrelatos y, además, un par de novelas. Una de éstas, Contra el cielo, me hace concebir grandes esperanzas. Con el trasfondo del terrorismo, me adentro en las entrañas del dolor de los dolores. Un coche cargado de explosivos salta por los aires. En él viajaban tres personas, que mueren en el acto, entre ellas Ainara, la única hija de Rubén, el propietario de la librería Libre Albedrío. Los medios de comunicación de Villa del Norte, el lugar imaginario donde se desarrolla la novela, adjudican a las víctimas su pertenencia a una banda de terroristas. Rubén, sumido en la desesperación y el sufrimiento extremo, lucha contra tirios y troyanos para limpiar el nombre de su hija. No tiene ninguna prueba para convencer a los escépticos de que Ainara no era una terrorista, sólo su amor de padre.

Salvador, le auguro éxitos en sus nuevos proyectos y en su reciente libro Pequeñas palabras; se lo merece, el trabajo que conozco de usted es muy bueno. Una última pregunta ¿qué piensa de los “libros virtuales” y el creciente número de “escuelas virtuales” y “escritores noveles”?

—Gracias, Beatriz. Espero que tenga dotes de pitonisa. Sobre los libros virtuales y escuelas virtuales, todo lo que ayude a la literatura, me parece bien. El problema que veo con los libros virtuales es que desplacen a los otros, a los tradicionales, y en los tradicionales está el tacto, está la dedicatoria de un regalo, está el diseño de la portada, está el olor que despiden las páginas impresas, está la posibilidad de subrayar algún párrafo, está el encuentro con los libreros… En fin, está la vida de carne y hueso. Las escuelas virtuales están bien si cumplen su papel de enseñar; y para este cometido se necesitan maestros dignos de este nombre. Quizá no se pueda aprender a tener talento, quizá sólo quizá; pero es seguro que se puede enseñar a escribir mejor a los escritores con talento. [Beatriz Giovanna Ramírez, Poeta y escritora colombiana nacida en Bogotá, en 1979]


Comments (5)

  • Luciana

    Gracias por compartir la entrevista. No conozco Salvador Robles, pero me dan muchas ganas de leer algo de lo que escribe. Muy buena su apreciación de la literatura: “Hay que observar atentamente el espectáculo de la vida…”, bien en contacto con lo real.
    Saludos,
    L

  • Rafael Mones-Ruiz

    Salvador: Es la primera vez que te leo, y me encanta la síntesis de tus definiciones. Además de un estilo narrativo espléndido. Felicitaciones y gracias.
    Rafa.-

  • Armando Gomez

    He leído algunas cosas de este señor, y la verdad, me parece más de lo mismo. No he visto ni magia, ni poesía. No digo que sea malo, pero por algo es un desconocido. Es un escritor que no llama la atención, porque escribe como lo hacen miles en España. Es lógico que talentos como García Marquez se dan una vez en la vida, pero uno creía que por los elogios vertidos estábamos ante un nuevo descubrimiento. No es así, este es un escritorcito menor que por más que cargue 18 libros a la espalda, no será nunca reconocido, porque no hay nada que reconocerle a su pobre prosa mundana. Más que un escritor, parece un amateur que ha subido libritos a Lulú.com

  • Ainara

    Armando Gómez o como te llames, no creo que este sea tu nombre, estás en tu derecho de expresar si te gusta o no un libro, un autor, etc. Pero no tienes derecho a ser un ordinario y mal educado que sólo deja comentarios para difamar y menospreciar al otro. ¿Qué tan “brillante” eres tú? Los textos hablan por quienes los escriben, el tuyo me dice que no eres ni siquiera una sombra, no existes. Quizás sea por eso que el ninguneo sea tu única arma.

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