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Panorama de la poesía en Puerto Rico


Rey Andújar | ¿Cuál es la lectura, el laboratorio, de quien escribe en una colonia latente en pleno siglo nuevo? Es quizás esta la única duda certera que me acomete al momento de pensar en la lírica sitiada del colonizado, o peor aún, del colonizado que pretende ignorar su condición.

Recientemente la editorial Terranova convocó al público a una lectura de los Poemas de la muerte, libro póstumo de José María Lima. Durante el performance de los poetas invitados consideré la posibilidad de hacerme una idea del estado de la poesía en Puerto Rico, tomando en cuenta los temas que interesaban a un escritor como Lima: el tono sutil del sentido estético; la seria preocupación por la situación colonial de la nación; el eterno conflicto entre la ternura y lo salvaje del amor. Esta reflexión crítica carece de un sistema exacto de medición. Como escritor, me he relacionado con las y los poetas puertorriqueños de mi tiempo; he participado en debates; discusiones y lecturas, así que hablo de este panorama poético con la familiaridad y la pasión con la que versaría, por ejemplo, sobre una ciudad querida.

La veteranía

Esta primera estación incluye poetas como Néstor Barreto, quien mantiene un interés sobre la forma y el performance entre texto y objeto; esta misma inclinación puede encontrarse en Joserramón Meléndez en La casa de la forma, texto fundamental por su propuesta de instalación-ensamblaje y el lenguaje experimental: no sólo ensaya con el producto libro; los poemas asedian de manera constante el género mismo que los agrupa. El poemario Reróticas de Liliana Ramos Collado se aleja un tanto del manipulado motivo y la circunstancia del colonizado realzando el gusto por la exquisitez del verso; el canto al cuerpo amado y la capacidad de soñar. Desde esta preocupación estética podría trazarse una línea que estaría encabezada por Manuel Ramos Otero, un referente necesario, si se toma en cuenta el peso de su obra en la revalorización del canon, y que incluiría a Vanessa Droz, Etnairis Rivera, José Luis Vega e Iván Silén.

La ley del deseo

Aún es el libro que recoge la poesía de Carlos Roberto Gómez, escrita desde la posición del deseante y que propone levemente el tema urbano que estará muy presente en el trabajo de Alberto Martínez Márquez y Edgardo Nieves Mieles. Podría decirse que lo erótico es el motivo que deriva el foco en la fragmentación del cuerpo y una propuesta ambigua de la feminidad, ejemplo de esto son los poemas de Zoé Jiménez Corretjer y Mayra Santos-Febres, quien además plantea sus inquietudes relacionadas con el ser caribeño y la circunstancia de la mujer (retro)proyectada en una suerte de (a)temporalidad. Aunque las controversias que circundan el tema de lo que es la literatura de lo homosexual son una constante en la puertorriqueñidad, es pertinente resaltar la voz de Moisés Agosto Rosario, quien elegante y desgarradoramente, pone el dedo en la llaga y habla de lo incómodo: drogas, sida, prostitución, la otredad, en suma; todo, sin descuidar el buen gusto por la experimentación.

Urbanita

La avanzada cibernética conmueve el clima de la escritura; lo virtual impone un nuevo juego de reglas para definir las ideologías y las relaciones entre el significado y significante. La realidad ha dejado de ser dual, extremando la capacidad de la metáfora. Mientras Javier Ávila, Kattia Chico y Noel Luna abordan ya el tema ciudad desde una perspectiva postestructuralista (el retorno, el fiel apego a las formas simbólicas de lo clásico), escritores como Rafah Acevedo y Urayoán Noel sostienen su obra en la interacción del ser en su entorno mediático; utilizan el performance para complementar la propuesta poética. Este interés por el poemarte/corporeidad/ready-made se materializa en la proliferación de espacios como el Open Mic, terreno favorecido por Yara Liceaga, Guillermo Rebollo Gil y Mara Pastor; aunque es imposible hablar del poetry slam sin detenerse en Gallego: José Raúl González es sin duda uno de los innovadores de esta modalidad. Mediante una prosa honesta, cuidada, sin pretensiones; transluciente de sus referentes (Ángelamaría Dávila, Pedro Pietri), Gallego ha logrado influenciar la cultura underground con dos títulos poesía imprescindible y su participación en el género música urbana.

Un caso interesante, por su diversidad, es el Colectivo El Sótano. Este grupo se ha encargado de colocar textos que son ya cita obligada en el marco de referencia actual. Julio César Pol se adhiere a la grafía del minimalismo en La luz necesaria, un texto esencial. La experimentación con la forma, puede identificarse en los títulos de J.D. Capiello. El ataque mordaz, todavía fuertemente enraizado en lo político, lo pone el poemario Kitsch, de Federico Irizarry. El juego sicalíptico llega de manos de Juanmanuel González, Zuleika Pagán y John Torres, quienes asedian las maneras del amor desde la lírica de lo voluptuoso. Por otro lado, los textos de Amarilis Pagán y Carlos Vázquez Cruz retan el sentido de la clasificación de género, ya que erróneamente este trabajo siempre ha estado ligado a la condición homoerótica.

Futurama

El poema en Borinquen avanza, firme, en el sorprendente trabajo de los mucho más jóvenes, en donde destacan Xavier Varcárcel, Nicole Delgado y Christian Ibarra, quien, aunque no se dedica exclusivamente a la poesía, es uno de los escritores a observar cuidadosamente. La constante dicotomía sobre lo que es literatura gay o no, sigue siendo asediada desde escritores como David Caleb Acevedo y Karen Sevilla. Los poemas de Myrna Estrella son una grata sorpresa en cuanto a su propuesta de lo sensual y lo temible en la amatoria. Como colectivo, Los Agentes Catalíticos han presentado revistas refrescantes, prometedoras, a la vez que ya han avalado de manera editorial: Sushi, de Samuel Medina y muy pronto un poemario de Rubén Ramos.

Descargo

¿Cuál es la lectura, el laboratorio, de quien escribe en una colonia latente en pleno siglo nuevo? Es quizás esta la única duda certera que me acomete al momento de pensar en la lírica sitiada del colonizado, o peor aún, del colonizado que pretende ignorar su condición. Quien leyere este texto identificará omisiones, pero advertí que este panorama prescindiría de ciertos rigores. Esto es deliberado y no responde al descuido ni a la negligencia. La intención final de estas no-menciones es una invitación directa a lectores y lectoras a discusiones edificantes; sumadoras. El gremio puertorriqueño de poesía no merece menos.


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