Miguel Ángel Fornerín | Contribuye el libro de Núñez a que pongamos en balance la importancia y las líneas que caracterizan ese pensamiento que, en la coyuntura de la Era de Trujillo y de la masacre de los haitianos, va a servir como argamasa de las ideas de dominación
Ha tenido Manuel Núñez como objetivo realizar una defensa del escritor y hombre público, Manuel Arturo Peña Batlle y para lograrlo ha escrito unas 951 páginas. El grueso volumen, que se une a su clásico El ocaso de la nación dominicana, logra el cometido del autor: poner en juego las ideas que contra Peña Batlle han planteado historiadores y opinantes de la dominicanidad. Manuel Núñez no sólo es una de las mejores plumas que tiene en la ciudad letrado dominicana una ciudadanía principalísima defendiendo a todo pulmón sus ideas y opiniones; es, sin dudas, un ensayista de línea clara, que argumenta y pondera sus ideas que son, está demás decirlo, controversiales y controvertibles.
La prosa de Núñez, que se ha formado con una dedicación que pocos han tenido, sustenta una visión de la dominicanidad que podría resultar problemática en la medida en que en República Dominicana no se está acostumbrado a leer a los pensadores fuera del marco de la izquierda y la derecha. Núñez ha realizado una crítica cultural desde el ángulo de la defensa de un tipo de nación y de un nacionalismo que se pudiera situar en la carta que Peña Batlle escribe a Jorge Mañach, pero tiene además, la crítica incisiva a los discursos de izquierda, exegesis como iniciara Juan Isidro Jimenes-Grullón en Nuestra falsa izquierda. No es ésta tarea grata en un país donde los discursos de derecha e izquierda fueron dominantes.
Peña Batlle, por su lado, es un autor que recoge lo que he llamado en otra parte, el nacionalismo fundacional, que nunca fue un pensamiento anti haitiano o racista, si sacamos del ruedo, el metarrelato histórico que inau
guró José Gabriel García. La dominicanidad es un espejo que refleja a un país que se desliga del país invasor. El pensamiento de Peña Batlle, que Núñez trabaja y el contexto histórico y cultural en el que tuvo que realizar su acción política, es un pensamiento de derecha y reaccionario; pero no es racista ni antihaitiano, es un pensamiento que desde el poder ve y reacciona al destino de dos países que tienen un pasado de agravios y un presente signado por la pobreza y la “debilidad” de los estados haitiano y dominicano.
Contribuye el libro de Núñez a que pongamos en balance la importancia y las líneas que caracterizan ese pensamiento que, en la coyuntura de la Era de Trujillo y de la masacre de los haitianos, va a servir como argamasa de las ideas de dominación de las elites dominicanas ante el Haití más empobrecido. Los continuadores del pensamiento del autor de La isla de la Tortuga son Joaquín Balaguer, Luis Julián Pérez y Manuel Núñez. Este último demuestra que puede hacer una crítica de discurso desde el pensamiento que algunos ven como tradicional, pero que no se queda en las etiquetas.
Es Núñez un ensayista de un gran dominio de la prosa, de la refutación y de la exposición de ideas. Su nacionalismo fundacional y reactivo aparece en casi dos mil páginas. Leerlo para situarlo más allá de los epítetos y las glosas silentes, es un trabajo que nos queda por realizar. No tengo la menor duda de la importancia de su controversial manera de ver a uno de los más incisivos pensadores de la dominicanidad.
Ficha: Núñez, Manuel. Peña Batlle en la era de Trujillo. Santo Domingo: Letra Gráfica, 2007, 951 pp
Por lo visto Fornerín se contenta más con la alabanza que con la lectura. Parece que no se leyó las 951 páginas. Yo las leí. Encontré muchísima maleza, que Fornerín podrá leer en:http://www.agn.gov.do/dep-hemeroteca-biblioteca/40-historia-dominicana/841-un-libro-y-algunos-policias-acostados-por-miguel-de-mena.html Pienso que Fornerín debería dosificar sus laureles, si no es que quiere caer en la trampa de siempre: Peña Batlle no fue racista y Manuel Núñez, ¡horror!, es el último garante de nuestra nacionalidad.