La letra divisoria

La letra divisoria

Rey Andújar| La voz que narra a Piri Thomas es distinta a la de Esmeralda Santiago; hay una distancia de Pedro Pietri a Rosario Ferré; de Junot Díaz a Julia Álvarez.

¿Qué, quieren una originalidad absoluta? No existe. Ni en el arte, ni en nada. Todo se construye sobre lo anterior, y en nada humano es posible encontrar pureza. E. Sábato, El escritor y sus fantasmas

Todo proceso colonial es complejo y sistematizado; una estrategia, es la alteración de los símbolos culturales; otra, la reasignación de los valores de verdad. Esta reflexión crítica se hace a partir de las notas de Homi Bhabha referentes a lo ominoso ascendido a sacramento. Signos tomados por prodigios, capítulo del libro El lugar de la cultura (Buenos Aires: Manantial, 2002. Trad. de César Aira) atiende las relaciones dialécticas, y paralelas, constituidas debido a la introducción de la Biblia inglesa en Delhi, en mayo de 1817.

La Biblia es un documento institucional que demarca fronteras históricas. Al Libro Sagrado se le asignan jurisdicciones, esto es, se le reviste de extracotidianidad. La ascensión de, en este caso, un objeto habitual al terreno de lo insólito, es, según Homi Bhabha, la teoría idónea aplicable al fenómeno de la llegada del Libro a una India sitiada por los ingleses.

En el ámbito de lo primitivo, habría que asignar grados y conceptos a las cicatrices del trauma que representa la introducción de esta teconología de colonización. Aquí lo gradual es la determinación del impacto en la llegada de los evangelios; su traducción al hindi; la conceptualización, que consiste en asignar valores de significados a las consecuencias de la invasión: escisiones geográficas, propuestas políticas, trastorno de lo social.

La traducción guarda en sí el germen de la sospecha. El hecho de trasladar presume cierta manipulación del original; lo aleja de la pureza, que es intrínseca a lo sagrado. A esto se refiere Bhabha cuando plantea que la repetición del Libro del Hombre –tienta pensar en Pierre Menard– es en sí una contradicción. Lo importante aquí es en realidad la treta de Goliat; el Imperio, su distribución de medios, la explotación y el elemento consolador.

El asedio a las formas del orden nativo comienza con la sustentación de una nueva verdad. El golpe asestado debe ser culturalmente brutal, de modo que el colonizador pueda sacar el mayor provecho de este momento de trance; de confusión: divide, vencerás. En este caso el instrumento para atizar es la Biblia inglesa; la traducción de la verdad. Una mirada a otros casos de colonización confirma que, no obstante el instrumento, el modus operandi es un ejercicio de mimesis.

Las reflexiones de Bhabha resaltan las fallas en estas ejecuciones. Tómese por ejemplo, la temporalidad. Los ingleses pretendían una invasión cultural, liderada desde el lenguaje, y esto debía ser a prisa; al parecer la corona inglesa y sus delegados pasaron por alto que, por ejemplo, partículas culturales, como los sistemas de numeración, tardaron siglos en pasar de un continente a otro. El inglés persevera en su objetivo al abusar de la memoria de los nativos. Bhabha resalta en su escrito, entre las estrategias opresivas del extranjero, la repetición de frases del día a día, cuestión de que los locales, las memoricen; el sistema que oprime cuenta con la debilitación de la memoria nativa como un activo. Un pueblo desmemoriado no tiene cómo aferrarse a nada. A falta de un concepto medular, el sujeto forzosamente amnésico recurre a lo más inmediato y lo torna familiar. Esta distorsión se convierte en su nueva realidad.

La Biblia llega entonces a ocupar el espacio de la nada. En donde este proyecto falsea es en la subestimación de los resultados paralelos de la mimesis que presupone el (re)descubrimento de estos textos sacros. Ambos, Imperio y colonizado, reconocen la ambivalencia y las articulaciones de las maneras de control en la cultura. Una cultura que no habita museos ni templos pero que se transvasa en las danzas; las maneras de comunión social; la resistencia natural del ser colonizado, quien tarde o temprano descubre que lo nuevo no es únicamente incidental; el desengaño revela la presencia invasora como algo ominoso (ver Freud). Para hacer cara a esto Bhabha propone que es precisamente para intervenir en esa batalla por el estatus [que] se vuelve crucial examinar la presencia del libro inglés. ¿Cuál es su proyección? Estas cuestiones hacen obligatoria el adoptar una posición de alerta por parte del colonizado; que debe procurar ilustrarse sobre la verdad real tras el gesto violento del extranjero. Hay que llamar a las cosas por su nombre y toda omisión del derecho a la soberanía de un ser humano compromete la raíz misma del acatamiento de la paz; de un orden pacífico, en suma.

Bhabha explica cómo el Libro deriva en otras formas literarias de coerción. Tómese el canon, por ejemplo. Instituir inventarios representativos implica delimitar; al exaltar ciertos textos, hay una parte –la otra– que se relega; se margina, ya que no existe tal cosa como un canon-módico o un casi-canon. Estas acciones discriminatorias le sirven al colonizador para crear sub-grupos e incitar tensiones en la autoridad. Son estas escisiones –ya mencionadas– las que persiguen al sujeto colonizado. Entonces, la voz que narra a Piri Thomas es distinta a la de Esmeralda Santiago; hay una distancia de Pedro Pietri a Rosario Ferré; de Junot Díaz a Julia Álvarez. Estas separaciones son necesarias para el régimen colonizador ya que permiten, según Bhabha, crear un sistema de discriminación y lucha interna entre los débiles, ya sea que estén afincados en el cerco o sean parte de la diáspora. La esclavitud es una mancha impetuosa.

La cultura vernácula subsiste. La inevitable mimesis que entraña la hibridez de los procesos coloniales, plantea una relación afectiva con lo que se copia. En cierta manera, Bhabha propone que el ser ama lo que repite, aunque no siempre se procure mejorar lo existente. La mezcla del apego a lo verdadero, resalta ante la insistencia de los modos del Imperio. Esto es, que lo local en ocasiones mejora con las influencias. Ahora me refiero al epígrafe tomado de Sábato, quien palabras más o menos afirma que el ser no puede sentirse mal, o culpable, por exhibir sus influencias; el resultado es una formidable herencia cultural que se agranda al ser ejercida por los locales. La cuestión sería, ¿cómo mantenerse puro ante el bombardeo de información del Imperio? Podría ensayarse desde la teoría de que tal asepsia no existe; de que todo está ya contaminado de manera ambivalente; mesurable, aunque imposible de controlar. Lo conveniente sería entonces admitir esta contaminación y proyectarse desde planteamientos culturalmente subversivos, documentados; no ingenuos e irresponsables; esto es, asediar los actos litúrgicos del Imperio desde una estructura basada en la educación; la proyección social desde la sensatez del verdadero mito de origen.

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