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Ana Lydia Vega: encuentros poscoloniales

FERNANDO VALERIO-HOLGUÍN | Ana Lydia Vega logra sensibilizar al lector acerca de la diáspora caribeña hacia los Estados Unidos en este nuevo milenio y de la crisis permanente de identidad cultural que la acompaña.

De acuerdo con Peter Hulme, los encuentros coloniales entre los europeos y los indígenas americanos constituyeron un momento privilegiado para el discurso europeo. Dichos encuentros con el Otro fueron importantes no sólo como escamoteo ideológico del genocidio y el saqueo de las colonias sino también como reafirmación de la identidad a través del uso de la antítesis civilización/barbarie en las representaciones históricas y literarias.

El encuentro que denomino ‘poscolonial’, como inversión de las relaciones de poder de los encuentros coloniales, constituye un momento de extraordinaria importancia en la representación de las identidades culturales en el Caribe. Estos encuentros se producen dentro del marco de la diáspora caribeña hacia los Estados Unidos. Los balseros cubanos, haitianos y dominicanos que llegan a las costas de los Estados Unidos o son interceptados en alta mar, se encuentran por primera vez con los oficiales norteamericanos de guardacostas o inmigración. En su cuento Encancaranublado del libro del mismo nombre, Ana Lydia Vega aprovecha este encuentro poscolonial para hacer una reflexión acerca de las identidades culturales en el caribe.

En el cuento, Antenor, un balsero haitiano, rescata en su travesía hacia Miami a dos náufragos: uno dominicano y otro cubano. El narrador, refiriéndose a la travesía, expresa que “Es como jugar al descubridor teniendo sus dudas de que la tierra es legalmente redonda.” La idea que se sugiere es una parodia del descubrimiento de América. Los tres náufragos del cuento se lanzan a la arriesgada e incierta aventura de la travesía marina con la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida en los Estados Unidos.

Al principio, se establece entre los tres sujetos diaspóricos una solidaridad y se lamentan de “la jodienda de ser antillano, negro y pobre.” Pero muy pronto se entabla entre ellos una discusión acerca de asuntos raciales y culturales. El cubano se considera superior al dominicano y al haitiano. El dominicano, a su vez, se considera superior al haitiano. Cada uno de ellos acude a expedientes culturales e históricos para denigrar las culturas de sus respectivos contrincantes. El cubano dice que la ciudad de Santo Domingo luce igual antes o después de haber pasado un huracán. El dominicano llama al haitiano madamo, palabra con connotación femenina.

Cuando los tres son rescatados por una embarcación de la Guardia Costera de los Estados Unidos, el oficial encargado utiliza palabras peyorativas como ‘niggers’ y ‘spiks’ para referirse a los tres balseros caribeños y a un puertorriqueño, que trabaja en el servicio de guardacostas, respectivamente. Los cuatro caribeños, separados por sus estrechos nacionalismos, comienzan de pronto a identificarse entre sí en oposición al norteamericano. Los ‘gringos’, según el puertorriqueño, no sólo hablan otra lengua sino que también se caracterizan por la falta de generosidad y conmiseración “hasta con su propia madre”. En este cuento, Ana Lydia Vega logra sensibilizar al lector acerca de la diáspora caribeña hacia los Estados Unidos en este nuevo milenio y de la crisis permanente de identidad cultural que la acompaña.


Comments (2)

  • Ricardo Toribio

    Extraordinario aporte al desarrollo de una conciencia del valor hacia un nosotros más amplio,es como descubrir en el mar,que la solidaridad, nos hace hermanos, y esclavo nos hace el tirano que ha conquistado la mar. Sospecho de este libro, que podría servir de motivador para ampliar y fundamentar la identidad caribeña, y elevar la discusión del conjunto hacia una identidad mayor, de aquí saltan al mar bajo el propio patrocinio,corriendo todos los peligros, los herederos de los que vinieron como propiedad, y heredaron el apellido como si fuera una marca de vehículo…

  • Elizabeth

    Este artículo ha abierto, sin lugar a dudas, mi curiosidad por conocer ese material cuentístico de Ana Lydia Vega. Sin lugar a dudas si logra sembrar esa visión humana, unificadora y sobre todo en función del rescate de valoraciones culturales autóctonas, las perspectivas del inmigrante y del que emigra podrían mejorar. Los emigrantes tienen dos mundos: en el que nacen y en el que se desarrollan económica y/o profesionalmente. Esos mundos no parece encajar en ninguna de las dos tierras, porque lo crucifican de un lado y del otro. No es de allí ni de allá. Es un conflicto que hierve bajo una olla tapada de presión diplomática. Fernando, muy interesante artículo.

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