MANUEL GARCÍA VERDECIA | Roque hace un beneficio extraordinario tanto a la poesía como a la política que tiene como fin el cambiar la situación de negligencia y pobreza en que han vivido nuestros pueblos.
En diciembre de 2004, casi agarro una pulmonía por caminar (los poetas siempre andamos ligeros no sólo de equipaje) cuadras y cuadras por Praga, bajo una temperatura de nevera, en busca del café U Fleku. Era una promesa que tenía conmigo mismo. Otras ya las había cumplido en días más radiantes, al irme a los recovecos por donde anduvo Rilke a la caza de ángeles y al barrio judío en busca de las huellas del descubridor de los martirios del utilitarismo moderno, Kafka. Ahora intentaba llegar al sitio donde estuvo la guarida de uno de los poetas más singulares de la literatura hispanoamericana de los 60, el salvadoreño Roque Dalton. Entre la humareda de cigarrillos, el vaho a cerveza y la música, intenté adivinar donde se sentaba el poeta, qué miraba, cómo lograba conciliar aquel ámbito de jolgorio con la necesaria paz para apresar la poesía. Me dije que sólo la ironía más afinada podía ser capaz de hacer congeniar naturalezas tan encontradas.
El pasado mes de mayo trajo dos fechas cerradas en el arco vital de este poeta singular. El 14 se cumplieron 75 años de su nacimiento y el 10, treinta y cinco de su muerte en circunstancias dolorosamente confusas, aun hoy no aclaradas del todo. Con un puñado de libros (La ventana en el rostro, El turno desofendido, Taberna y otros lugares, Poemas clandestinos, fundamentalmente), sacudió la grisura almidonada de la poesía que se hacía por estos lados. Roque fue uno de los autores que deslumbró a los que abrían nuevos cauces a la poesía cubana allá por los 60. No sólo por su irradiación física, ya que Cuba fue uno de sus santuarios en su obligado exilio, sino también por su manera inteligente, creadora y novedosa evidente en sus textos. Su irreverencia contra reglas y convenciones, su fresco sentido del humor, su especial manera de tratar temas convencionales como la crítica social o el amor, lo convirtieron en una referencia buscada y asimilada.
Fue un poeta revolucionario en el más exacto sentido de la palabra. Quiso transformar hacia mejor, pronto y eficazmente, la manera de ver, de expresar y de vivir este mundo. En su voraginosa existencia, supo avistar cuáles eran los asuntos y maneras necesarios para traducir su tiempo y, desde esta percepción, se propuso introducir en su escritura los cambios fundamentales para que ésta pudiera ser heraldo de sus inquietudes y metas. Dos son sus temas principales: la política y el amor. Curiosamente, incluso cuando escribe sobre uno u otro, casi siempre hay un matiz, un eco, un roce, que evidencia que nunca abandona a uno de ellos. Es como si amar fuera la mejor política y hacer política un modo de hacer el amor.
Lo anterior evidencia la amplitud vital de un hombre que no podía dividirse en uno u otro aspecto, sino que asumía su existencia con esa dialogicidad necesaria. Así, en el poema “Taberna”, donde se pasa revista del modo más sarcástico y desprejuiciado al estado de cuentas del mundo por entonces, sin piedad para los errores y tonterías de los grupos de izquierda, podemos encontrarnos un párrafo de un lirismo sedoso:
Espigo en tu alma, amor mío, en mis sueños, |y la primavera no depende de que huya el invierno: | mi naturaleza cobarde persigue siempre una solución | y en la fecha señalada para asolear la sangre | cuidará de que anochezca nublado | y de que todos los cuchillos estén en el fondo del mar.
Un temperamento que parecía reírse de todo, deja florecer aquí una ternura incomparable. Es que la sensibilidad no tiene por qué estar distanciada del humor.
El componente del humor es central para entender la poética de Dalton. Era como si la revolución fuera una enorme, descomunal, arrasadora risa que barriera con actitudes, dictados, criterios, trasnochadamente paralizados y paralizantes. Así en “Con el 60 por ciento de los salvadoreños”:
Ciento cuarenta mil dólares | y te podrás rascar la espalda | con el Bird in space de Brancusi. | Diecisiete dólares tan sólo | y recibirás por doce meses | la Revista Fortune. | Ser inferior que apenas ganas | ganas 55 dólares por año: | la validez de la escultura moderna | es un asunto no resuelto, | la Revista Fortune | solamente aparece en inglés | ¿para qué hacerse mala sangre?
La eterna primavera siga contigo, compatriota de los campeones | centroamericanos (juveniles) de fútbol!
El texto contextualiza la situación de pobreza de El Salvador y burla ciertos ocios tontos que no garantizan ningún mejoramiento esencial. Arremete contra un patrioterismo superficial e inútil. La poesía debe aprovecharse del humor para golpear en los sentidos adormilados con todo rigor.
Pero incluso, el poema estrictamente político se salva por la visión humanista de Roque. Va al meollo de lo que define y moviliza a la política, el hombre con sus vicisitudes y sueños. Entonces, saca de sus sentimientos medulares los elementos que mejor dicen lo que necesita el ser para su mejoramiento. Esto propicia que sus textos siempre queden lejos de la mera arenga, eso que se ha hecho pasar tantas veces por poesía revolucionaria y que es dañina para ambas, la revolución y la poesía, por groseramente ineficaz. De modo que Roque hace un beneficio extraordinario tanto a la poesía como a la política que tiene como fin el cambiar la situación de negligencia y pobreza en que han vivido nuestros pueblos. Veamos cómo asume la masividad que alcanzaba esta lucha en un poema ejemplar, “El descanso del guerrero”.
Los muertos están cada día más indóciles. | Antes era fácil con ellos: | les dábamos un cuello duro una flor | loábamos sus nombres en una larga lista: | que los recintos de la patria | que las sombras notables | que el mármol monstruoso. | El cadáver firmaba en pos de la memoria | iba de nuevo a filas | y marchaba al compás de nuestra vieja música. | Pero qué va | los muertos | son otros desde entonces. | Hoy se ponen irónicos | preguntan. | Me parece que caen en la cuenta | de ser cada vez más la mayoría!
En una síntesis semántica el poeta expone la creciente cantidad de muertos por arremeter contra el estado de cosas y, a la vez, cómo estos devienen incentivo de nuevas incorporaciones. Por asociación la indocilidad de los muertos expresa la insumisión montante de estos pueblos. Con el regusto del poema “Maza”, de Vallejo, Roque asume la creciente de la lucha inevitable pero lo hace con gracia, inteligencia y sensibilidad. Este es un verdadero poema político.
La capacidad de síntesis, de juego con las distintas connotaciones de las palabras y con el relampagueante ingenio que lo recorría, son habilidades del poeta. Ello hizo de Roque un maestro del epigrama. Este es una forma textual que implica exponer una idea deslumbrante de un modo igual de deslumbrante. Lo importante es que quede en la memoria ese fulgor de espada acerada que una y otra vez rebrilla para traernos el peculiar pensamiento que nos transmite.
Así veamos su caracterización de sus coetáneos, dado el clima de violencia en que habitaban:
Los hombres de este país son como sus madrugadas: | mueren siempre demasiado jóvenes | y son propicios para la idolatría. | Raza dañada.
La estación de las lluvias es el único consuelo.
También disiente de cierta súper-generalización hecha por los marxistas de manuales. Para mayor condición se apoya en el referente en la memoria del lector de una cita de Marx:
Revisionismo
No siempre. | Porque, | por ejemplo, | en Macao, | el opio | es el opio del pueblo.
De modo que no se pueden olvidar las condiciones de alienación en que viven las personas. También asume un problema muy puntual de su tiempo, la posibilidad de un conflicto nuclear exterminante.
Después de la bomba atómica
Polvo serán, mas ¿polvo enamorado?
Da un giro al verso de Quevedo y lo dota de un realismo descorazonador. No había que hacerse ilusiones, una hecatombe atómica no dejaría espacio para los asuntos emotivos o espirituales del ser.
Pienso que la poesía de Roque tiene ese vigor, esa simpatía cercana, porque la escribió un hombre que sintió muy cercano al hombre. No se trataba de una racionalización de la necesidad de un proceso de cambio a como fuere. Se trataba de una visión dolida y asumida desde el hombre. Cuanto hizo lo hizo por una sensibilidad y una solidaridad auténticas. Es por ello que en toda la extensión de lo que escribió se siente su profundo amor, por la vida y por sus semejantes. De aquí que su poesía amorosa tiene el nervio y la hondura que conmueven e involucran.
Cierro estas líneas de recordación con un esplendido canto de amor. Aquí, como todo en su poesía, Dalton sobrepone a prejuicios y convenciones, los dictados infalibles del corazón.
Reflexión ante el espejo
Extranjero: | Has hecho correr en demasía el corazón, | no lo has aligerado de la carga de tus costumbres. | Ella no era, lo que se dice, una virgen, | pero podrás jurar que no ha tenido trotes excesivos: | no obstante, | anota frente a tus ojos fuertemente | esta sentencia: | en la primera borrachera | no deberás gritarle | que tus dudas la coronan | como la reina de las putas. | Recuérdalo bien: | la quieres mucho.
[Manuel García Verdecia, Holguín, Cuba, profesor, escritor, editor y traductor poeta y ensayista, en 2007 obtuvo el Premio Julián del Casal de la UNEAC en poesía, autor de El día de la cruz, 2008]

Nada mejor que la felicidad del deber cumplido, conmigo y con los otros. Un abrazo para el grupo de mediaisla, de Teresa.