¿Quién nos defiende de quienes nos defienden?

¿Quién nos defiende de quienes nos defienden?

MARIBEL NÚÑEZ | La mayoría de estos jóvenes no tienen acceso a la educación ni a las artes, pero sí tienen acceso a la televisión, que muy seguido les dice: tómate tal bebida que tú te la mereces, con actores con cara de triunfo y brazo en alto, como se levanta el luchado diploma universitario

Mientras cocinaba la comida de un sábado de poco dinero, sí, porque de lo contrario invitaría a mis retoños a degustar de unos chinos en el barrio de la Benito con Duarte, más no era así; cocinaba y me sufría desde la cocina la televisión dominicana, esta vez representada por el programa sabatino de Jochy Santos y su insufrible cantidad de mensajes publicitarios que me llevan a preguntarme cuándo tendremos en el país una ley que realmente regule la publicidad. Pero bueno, aquí hay que suspirar mucho, todo lo quieren circunscribir a las reglas del libre mercado del “capitalismo salvaje” que nos gastamos, más considero que mamá-papá Estado debía hacer algo en relación a la calidad de los mensajes televisivos que recibimos, especialmente nuestros jóvenes, donde se le vive diciendo que son personas a partir de las marcas que llevan.

Desde el programa, los representantes de una marca de motocicletas se empeñaban en convencer a los televidentes de la utilidad de su producto y lo eficaz que sería para los mensajeros, los delivery, entre otras muchas utilidades que se le darían en esta pobre sociedad medioeva. Después del gran susto que pasé la noche del viernes 2 de junio, 10 y tantos de la noche, calle María de Toledo casi a esquina 27 de Febrero (del otro lado la Dr. Delgado, avenida presidencial)… Es indudable que sugiero se agregue al “uso” de las motocicletas la gran utilidad que le dan los delincuentes comunes y no tan comunes, los que arrancan carteras y prendas o los practicantes de sicariatos.

Animada por un amigo músico, quien insistía en que sus amigas fuéramos a ver su presentación en Santo Domingo de Fiesta, actividad que se realiza en la Plaza España, salimos a pasar una alegre y sana noche de viernes en la Zona; llegamos, disfrutamos del espectáculo y al terminar, en la retirada, decidimos llevar a uno de los amigos que tomarían una guagüita —así me dijo—, en la Duarte, casi con la Barahona, con preocupación lo dejamos en el lugar y seguimos por San Carlos, buscando la 30 de marzo con 27 de Febrero para llevar a otra Amiga que vive cerca de Radiotelevisión Dominicana; en el recorrido llegamos a una calle donde había una redada. No. Era algo más que una redada, hablamos de droga, era un corre-corre de policías y lugareños; la policía —pistola en mano, cubriendo las entradas de callejones­—, provocó que diéramos apresurada reversa buscando alejarnos de la posibilidad de un tiro loco, encontramos la calle de atrás igual, así que salimos despavoridas por la primera calle que pudimos.

Analizando la situación, expresamos una y otra vez que, definitivamente no se puede salir. Dejamos a nuestra querida Amiga en el frente de su casa, salimos de Villa Consuelo por la María de Toledo y llegando a la 27 de Febrero, fuimos atracadas por cuatro ladrones en dos motocicletas, en acción de película, dos se colocaron frente al vehículo y pistola en mano nos encañonaron. Otro vino al lateral izquierdo, se lanzó del motor y nos encañonó; los cristales estaban bajos. Pedían con prisa las carteras, les dijimos que no teníamos.

Todo sucedió como en la tele: ¡Los cuartos! ¡No tenemos! ¡Las prendas!

Y ya, sin mediar convención alguna, uno de ellos revisó las manos de mi amiga, el cuello… sólo teníamos prendas artesanales, imagínense como rechazaron mis aretes con fotografía de Frida Kahlo. Mi amiga, que llevaba el celular en las piernas lo dejó caer, le preguntaron, que dejaste caer, ella lo recogió y lo mostró, tampoco les interesó por barato, al parecer tampoco le interesaba el vehículo. Justamente en el momento en que nos abordaron llegó un carro del concho en la 27, que se detuvo y se quedó mirando la acción, creo que fue nuestra protección. Los ladrones con prisa tomaron sus motos y subieron al elevado, detrás un carro gris que todavía nos preguntamos si fue parte de nuestro salvamento o si andaba con ellos. Nos quedamos con la sensación de haber nacido de nuevo en ese momento. Al pasarle al carro de concho le vociferé “eran ladrones”, tomamos la 27, al llegar a la Leopoldo Navarro, el carro de concho se acerca y nos dicen “es mejor que se desvíen bajaron el elevado, las pueden esperar más adelante”. Sin pensarlo dos veces nos desviamos.

Eran jóvenes, motores saltamontes, con ropa cara, camisetas oscuras con dibujos rarísimos y con “diamantes” incrustados.

He leído trabajos de investigación de la periodista Tahira Vargas, donde sale a relucir el bajo nivel cultural de estos chicos, muchos desertores de las escuelas que pasan a engrosar la alta tasa de analfabetos del país. Sus madres, solteras en sus mayoría, no pueden pagarles, no una escuela de música, sino un modesto colegio normal. En sus barrios y pueblos han desaparecido las escuelas públicas especializadas en artes. También ha salido a relucir que muchos con el dinero que obtienen de delinquir contribuyen en la manutención de la casa. Hay otros jóvenes, los de clase media, que crean sus bandas hasta para robar el dinero con el que se comprarían los tenis de cuatro mil pesos que tanto sueñan.

La mayoría de estos jóvenes no tienen acceso a la educación ni a las artes, pero sí tienen acceso a la televisión, que muy seguido les dice: tómate tal bebida que tú te la mereces, con actores con cara de triunfo y brazo en alto, como se levanta el luchado diploma universitario en categoría summa cum laude. ¿Por qué no usar la televisión para educar?

¿Pasaremos a ser presos y presas en nuestras propias casas? Son muchos los conocidos que, por temor, se pierden el placer de encontrarse entre amigos y amigas en Casa de Teatro, o en el Parquecito Duarte, o en un curso de Catana en la sala de la Cultura o compartir un prolongado café en la Esquizofrenia, por decir algunos lugares de mi predilección.

“El arte hace la vida posible, es la gran seductora de la vida, la gran estimulante de la vida, el arte como la única fuerza de resistencia superior contra toda forma de negación de la vida”. Palabras de F. Nietzsche, que el gobierno debería considerar seriamente, para cambiar su política cultural y educativa que alejaría a nuestros jóvenes de la delincuencia. | MARIBEL NÚÑEZ, periodista dominicana

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