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Raíces: una lectura de La carreta de René Marqués

KIANNY ANTIGUA | La carreta es una obra teatral donde ni la geografía, ni las oportunidades, ni las tantas adversidades logran alejar el árbol de sus raíces.

René Marqués nace en Puerto Rico en el año 1919. Atraído por la tierra, decide estudiar agronomía para luego cambiar de profesión[1] y dedicarse a la escritura. La influencia de la tierra, sin embargo, no muere en el transcurso, por el contrario, sus frutos simplemente se trasplantan a otros terrenos. Es en su obra primera, y quizá la más representativa de su repertorio, donde Marqués estampa su sello agrónomo-creador regalándonos un drama donde el personaje principal es la tierra. La carreta (1952) es una obra teatral donde ni la geografía, ni las oportunidades, ni las tantas adversidades logran alejar el árbol de sus raíces.

La trama de La carreta se lleva a cabo en el campo, en un barrio en la ciudad de San Juan, Puerto Rico y en el condado del Bronx, en la ciudad de Nueva York. Luis es un joven de veinticuatro años, cuya ascendencia se desconoce, quien, impulsado por la pérdida de las pocas tierras que les quedaban a él a su familia, guiado por su instinto patriarcal y movido por su amor a las máquinas[2], se lleva a su familia a vivir a la ciudad. El joven sueña con hacerlos felices dándoles todo lo que no han tenido y ofreciéndoles una oportunidad para superarse en la vida. Luis carga con su madre de crianza, Gabriela de cincuenta años de edad, y con sus hermanos Juanita de diecinueve y Chaguito de quince, dejando atrás a su abuelo Don Chago de setenta y tres años. El viejo se rehúsa a abandonar lo que conoce y ama, su tierra. La familia se muda a La Perla, un barrio de mala muerte en la ciudad de San Juan, pensando que allí, al contrario que en el campo, se realizarían como individuos. Ya en la ciudad las calamidades que los aguardan son numerosas. Luis no consigue un trabajo estable; Chaguito cae preso por ladrón; Juanita, reaccionando a un embarazo producto de una violación, intenta suicidarse; y los dolores de cabeza de doña Gabriela parecen no tener fin. El barrio, aunque con vista al mar, es un chiquero ruidoso y apestoso y la casa, una pequeña/gran pesadilla. En su búsqueda por mejorar la situación, tanto suya como de su madre y su hermana, Luis decide entonces viajar a New York. En una selva de cemento donde echar raíces parece imposible, afloran otros inconvenientes. Ya la falta de comida no es tema principal de preocupación, pero sí lo son el frío, el idioma, la impotencia, las injusticias y la falta de educación. En medio una profunda insatisfacción y guiado por su curiosidad o ignorancia o curiosa ignorancia, Luis muere “tragado” (devorado) por una máquina en su lugar de trabajo. Doña Gabriela y Juanita entonces deciden regresar a su campo a reencontrarse con sus raíces y, de una buena vez, esperan cortar su “mardisión[3]” de raíz.

“El campo”, “El arrabal” y “La metrópolis” como llama Marqués las tres estampas[4] de su obra, dividen la historia acorde con la situación física en que se encuentran sus personajes principales. No obstante, hay referencias en la obra que indican una estructura más bien circular. La obra comienza en el campo, en el barrio como sus personajes lo llaman, y sugiere que allí terminarán las sobrevivientes del trasplante, doña Gabriela y Juanita, las responsables de sembrar los árboles y los frutos futuros. En la primera estampa, Don Chago hace uso de un símil para glorificar y personificar la tierra. Éste expresa:

[…] Y la tierra, sea mía o ajena, sigue siendo la tierra. Tiene el mehmo olol, y el mehmo olor cuando llueve, y se deja trabajal como una hembra humilde. Y eh mejor que una jembra polque pare sin gritoh ni ahpavientoh. Y a máh, que pare lo que uno quiere. (19)

Del mismo modo, doña Gabriela, en la última estampa y al momento en que decide regresar a su pueblo, dice que “[l]a tierra no se abandona” [...] “Eh la tierra que da vía” (171). Ambos personajes aluden a la tierra como un ente de infinito y mágico poder. Tanto así, que incluso es la tierra la culpable de que, al alejarse de ella, las cosas hayan ido en picada para esta familia. “¡La mardisión de la tierra! La tierra es sagrá” (171), plantea doña Gabriela.

El diccionario describe la tierra como el “[p]laneta en que vivimos; patria; país, región”, entre otras cosas (Vázquez; énfasis mío). Me pregunto si la visión de Marqués va más allá de su tierra Puerto Rico y su plan es extender su ideal por todo el territorio donde vivimos, a lo que consideramos nuestro país, a nuestra patria. Por otro lado, tanta devoción y respeto por la tierra motivan a indagar ¿qué significa la tierra? Según el diccionario de símbolos la tierra es

[u]no de los “cuatro elementos” de la tradición clásica y un concepto cargado de muchas asociaciones simbólicas (“down-to-earth,” “earthiness,” ‘earth mother,” “I’ll see you under the earth first”…). En  muchas cosmologías antiguas, la tierra es representada por una diosa maternal (Gaea en griego, Tellus en latín, Nerthus en alemán y Papa en polinesio) […] En el sistema clásico (occidental) de correspondencia, el elemento tierra se asocia con el temperamento melancólico, “black bile” (bilis negra), otoño, y con el rencor. […] En la tradición islámica, la tierra es importante por ser el material de donde se formaron los primeros  humanos[5]. (Biedermann 110, 111; traducción mía)

Sólo podemos aludir, sin certeza alguna, a las razones precisas del por qué Marqués utiliza el símbolo de la tierra como matriz de su planteamiento. Sin embargo, lo que sí podemos concluir es que ya sea guiado por la tradición que sea, Marqués plasma en su obra su amor por la tierra; esa tierra borinqueña movida por una la situación político-social de la época, y que ante sus ojos, estaba perdiendo su borinqueñidad.

Inspirada por el recurso de personificación, pensé entonces en despersonificar. Después de analizar a los personajes principales, y guiada por las pistas que supuse dejó plasmada el autor en su obra, contemplé la idea de hacer de esta familia un árbol cualquiera. Un árbol que, como el Coquí, desnace[6] fuera de su hábitat. Juanita, violada, despojada, ultrajada, representa la flor que como ésta se abre para que los pájaros coman de ella[7]; Chaguito podría representar la hoja verde que, movido por el temporal, cae; Luis, el tronco recto y fuerte, aquel que sostiene el árbol; Gabriela y Don Chago, las raíces que alimentan con su sabia bruta el árbol. La tierra, entonces, es la cultura, lo autóctono, lo que no se vende, ni se compra, ni se abandona. Lo que uno lleva consigo independientemente de dónde a una la planten.

Considero que es el autor quien, literalmente, sugiere esta lectura metafórica, simbólica. Es el mismo Marqués quien, en una de sus acotaciones, sugiere que el “árbol” ha sido mudado. Marqués anota: “[…] Luis entra por la izquierda. Se ve ahora nervioso y taciturno. Hay algo terriblemente perturbador royendo el alma de este jíbaro transplantado” (119). No se puede mudar un árbol sin que traiga consigo sus raíces. Para desgracia de esta familia, tampoco se puede sembrar un árbol en selva de cemento. El árbol o se adapta a los cambios climáticos o se muere. Juanita (Flor) y doña Gabriela (Raíz) se regresan a sembrar la semilla, su semilla; la semilla que luego echará raíces y esas raíces se convertirán en troncos que luego tendrán ramas y hojas y flores y frutos… y estos continuarán la cultura borinqueña; aquella que sólo nace en Puerto Rico.

Obras citadas

Biedermann, Hans. Dictionary of Symbolism. Cultural Icons and the Meanings Behind Them. Trans. James Hulbert. New York: Meridian, 1994.

Marqués, René. La carreta. Ed. Francisco M. Vázquez. 22ª ed. Rio Piedras: Editorial  Cultural, 1983.

Vázquez, José Antonio, ed. Diccionario Enciclopédico. Barcelona: Olimpia, 1995.

Notas


[1] Marqués estudió literatura en Madrid y a sus veintiún años, aproximadamente, se inicia en la escritura.

[2] En Puerto Rico, los años cincuenta se recuerdan como los tiempos de la industrialización borinqueña.

[3] En su obra, Marqués representa los fenómenos fonéticos del dialecto puertorriqueño no sólo semántica  sino también gramaticalmente.

[4] El autor nombra “estampas” los actos de su obra dándoles, de este modo, un sentido más de realidad que de ficción al drama.

[5] “One of the “four elements” of classical tradition, and a concept charged with many symbolic associations (“down-to-earth,” “earthiness,” ‘earth mother,” “I’ll see you under the earth first”…). In many ancient cosmologies the earth is represented by a maternal goddess (Greek Gaea, Latin Tellus, Germanic Nerthus, Polynesian Papa) […] In the classical  (Occidental) system of correspondences, the element earth is associated with the melancholy temperament “Black bile,” autumn, and the spleen […] In Islamic tradition, earth is important as the material from which the first humans are made.

[6] Neologismo mío.

[7] En la obra se hace referencia a que Juanita trabaja como prostituta.


Comments (3)

  • Thurdmon Capote

    La Carreta es el ejemplo perfecto de lo que le ha pasado a un país, nuestro país, por no haberse atrevido a tomar las riendas de su pripio destino. No sólamente se ha desintegrado la familia sino la sociedad completa en su constante búsqueda del ‘placer del cuerpo’ y los valores norteamericanos. Hay nada más que echar un vistazo a los elementos en la ‘casa de las leyes’, al despilfarro, la contaminación, la destrucción ecológica, la depredación de nuestros recursos prístimos y el consumismo desenfrenado para darse cuenta de esta enfermedad.

  • http://prepagosenbogota.net

    Gracias por esta valiosa informacion. Realmente ustedes son diferentes y nos impulsan a seguirlos en todo lo que hacen

  • coralys Lugo

    me gustaria saber.. como se relaciona la Industrializacion con la carreta?

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