LUIS ALBERTO MIRANDA | Así como Ulises, James Joyce tomó como guía estructural de su obra, la Odisea de Homero, en Finnegans Wake usa como patrón, el trabajo del filósofo Giovanni Battista Vico, con una novedosa aproximación al tema de la historia.
Así como en la novela Ulises, James Joyce tomó como guía estructural de su obra, la Odisea de Homero, en Finnegans Wake usa como patrón, el trabajo del filósofo Giovanni Battista Vico, que vivió entre 1668 y 1774, y publicó un volumen titulado La Scienza Nuova, un libro importante con una novedosa aproximación al tema de la historia.
En él, la historia es un ciclo dividido en cuatro arcos, y cada uno de ellos dará al libro sus cuatro secciones que serán la columna vertebral para explicar cada fase histórica; cada una de ellas, a su vez, está fundamentada por una forma de gobierno característica. En los comienzos de la historia, el hombre está preocupado totalmente con la adoración hacia sus dioses. En la mágica y fabulosa prehistoria los dioses se comunican con los hombres a través de rayos, truenos y sueños o a través de oráculos; el semen de estos dioses desciende a la tierra para producir gigantes y héroes. En efecto durante las épocas primitivas de la historia, la divinidad se transmite a través de las palabras de los patriarcas y los profetas. Éste será el primer estadio en la historia de la humanidad bautizado o conocido como Teocrático. En el siguiente estadio histórico nos encontramos con las sociedades donde sus grandes hombres, padres de familia y héroes de sus comunidades, gobiernan sobre su propia iniciativa, no necesariamente sustentados o patrocinados por divinidades; este estadio será bautizado como Aristocrático. El tercer período es el estadio de la Democracia, en el cual observamos una cierta anarquía a través de los demagogos que son simples parodias de la aristocracia y definitivamente muy inferiores a quienes se creían enviados de los dioses. En este estadio de la historia todo se vendrá abajo y será muy difícil mantener las instituciones en su centro. A estas alturas estaremos enfermos de anarquía y de pesca milagrosa en río revuelto. Y es precisamente en este punto de la obra del filósofo italiano Vico, donde se comprende su idea de que la historia no es lineal sino un proceso circular de recurrencias a la manera de una muy posterior, en tiempos modernos, titulada, “El mito del eterno retorno” del filósofo Mircea Eliade.
Veamos pues, como desarrolla Joyce su última obra maestra: yendo hacia el oeste en las afueras de Dublín, al sur del parque Phoenix, se llega a “Chapelizod”, que significa “Capilla de Iseult”; es la misma a quien los irlandeses conocen como “Isoilde” y los alemanes como “Isolda”, la trágica heroína de la ópera de Wagner. No hay nada romántico por estos rumbos, y si lo que se está buscando es un poco de acción o excitación, entonces habrá que ir a los “pubs”, de los cuales el más interesante es puramente ficticio, se trata del “Bristol”. Algunos lo asimilan al nombre de “Hombre Muerto” (Dead Man), llamado así por la fama que tenían sus clientes, quienes saldrían tan borrachos y dando tumbos, que resultaban casi siempre atropellados por los vehículos que transitaban por sus alrededores. Pero, ¿cuál es la importancia de tal “pub”? proviene de su propietario, el héroe, ni más ni menos, que de la novela Finnegans Wake. Un hombre de edad media, de corte escandinavo, y de formación protestante, el cual tiene una esposa, al parecer de sangre rusa en sus venas. Su nombre, según lo que alcanzamos a saber, es el señor Porter, nombre apropiado, de acuerdo al inglés que se habla allí, para un hombre que tiene que pasar el tiempo cargando petacos de cerveza del sótano a su negocio. Ah!…y además, este señor es padre de tres niños, dos gemelos, Kevin y Jerry, y su linda y pequeña hijita Isobel.
El señor Porter y su familia están dormidos en la mayor parte de la novela. Ha sido un sábado por la noche en el Bar y el sueño se prolonga a lo largo de una pacífica mañana dominguera. Él sueña, pero mucho y muy fuerte, y la maravilla de la novela es que nos permite compartir esos sueños. En ellos sus variadas preocupaciones son llevadas a un nivel fantástico, considerando que la mayor de estas inquietudes es una compleja obsesión, propia de un hombre maduro: su envejecimiento.
La vida se le está pasando y los nuevos tiempos pertenecen a sus hijos, particularmente a su favorito, Kevin; su esposa ya no lo atrae físicamente ni despierta en él interés sexual, y por eso, está ansioso de vivir una última aventura sexual, o por lo menos renovar el impulso sexual perdido, con una joven dama. Todo esto sonaría terriblemente inocente, si no fuera, porque parte de esos deseos, han sido fijados en su propia hijita.
Si la terrible palabra “incesto” no apareciera, y aunque sólo significara el leal deseo de mantener el sexo en familia, para el señor Porter esto provoca un sentimiento que lo hará revivir la metamorfosis de Kafka, convirtiéndose en un “insecto” que mientras duerme es una excelente mezcla de hombre agobiado por la culpa, bestia infernal, o reptil que se arrastra. A partir de ese momento, James Joyce, con mano maestra, nos lleva por los sueños de este hombre para hacer que reviva toda la historia de la humanidad en esa noche de sueños. Pero esta historia no es la historia lineal narrada que nos enseñan en las escuelas, no. Es la historia del tejido circular de los hechos basada en la Scienza Nuova del filósofo italiano Vico (1688-1744), quien presenta la historia como un proceso circular de hechos recurrentes. Así como la columna vertebral del Ulises se halla en la Odisea de Homero, podemos afirmar de nuevo, que Finnegans Wake está estructuralmente basada en esta obra de Vico.
Joyce juega con el significado de las palabras llamándolo de diversas maneras y con apodos que caricaturizan esos sentimientos de culpa sexual del personaje. En su sueño, él quisiera que la historia se lo tragara, sus iniciales resumen los conceptos generales del hombre pecaminoso. Porter en adelante es llamado HCE por las iniciales de tres palabras despectivas. No podemos olvidar, que de alguna manera, los sentimientos de culpa sexuales, implican una cierta capacidad creativa, una vitalidad y que existen solamente para aquellos que son capaces de tener una erección. El personaje es visto como el máximo soñador de sueños. Tiene una tarea exclusiva en su vida, es el líder de la culpabilidad, gracias a los apodos que le da el autor, HCE (Porter), está expuesto a la burla y la execración. Bien puede ser asimismo la notación de una fórmula química que está cocida a los sueños de este héroe como un holograma. Y es tan profundo su sueño que cae hasta un nivel en el cual se convierte en parte de un conglomerado humano que ensaya colectivamente la culpabilidad del hombre. El hombre cae, el hombre se levanta y vuelve a caer de nuevo; la secuencia de caer y levantarse se repite incesantemente. Este sueño expresa las vidas de los grandes hombres de cómo mueren y nacen otros nuevos hombres y de cómo los sistemas se construyen, se dirigen, se destruyen, se hacen y se deshacen una y otra vez en eso que llamamos historia.
Lo que hace Joyce en esta novela, es comprimir la historia de la humanidad en el sueño profundo de este personaje particular. Pero hacer ficción, tratando de comprimir todos los personajes que requeriría la recreación de la humanidad, es un imposible que sólo logra este autor plasmando en el sueño de Porter los elementos con los que convierte a su familia en un modelo experimental de una sociedad dramática que es ayudada por un conjunto de personajes secundarios, principalmente los clientes de su negocio, la mujer que hace la limpieza, el ayudante del Bar y unos otros pocos, preparados para personificar la existencia de los mitos y la literatura, de las revistas populares, de los melodramas, de las vallas, de las baladas callejeras, de los libros de historia, de la política, de la cultura. En los sueños es apropiado que los personajes ficticios y los personajes históricos ocupen indiscriminadamente las zonas de la realidad y viceversa. El autor juega con estos elementos a un nivel supratemporal y aparece como la cosa más natural, el que se encuentren en la misma esquina personajes históricos de siglos diferentes; la empleada de la de limpieza con un filósofo de la antigüedad o un príncipe, etcétera. Todos pueden encarnar en los sueños, Napoleón, Parnell, cualquiera.
Aparte, para entender la obra se hace necesario un conocimiento básico de este simbolismo así como de la comprensión de los números en general. Por eso usted puede construir el papel de los personajes del sueño jugando a la extracción de los números que toma prestados de un calendario que cuelga en la pared de la taberna o que haya visto en cualquier otra parte. Los cuatro viejos que tienen mucho que decir y están ahí, pueden ser los cuatro evangelistas, así como las cuatro provincias de Irlanda; y sin preámbulos puede hacer progresiones para llevarnos a la representación de los cuatro puntos de la brújula; de los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, las cuatro edades clásicas, etcétera. Todo está junto, bien en un orden que nos lleva a pensar en ellos como una sola unidad sin importar que sus nombres estén truncados al final y que se nos aparezcan como las cuatro patas de una cama. En esta obra los números se rehúsan a mezclarse y volverse fantásticos. Es una manera de jugar con el conocimiento de lo mítico y la literatura y con los personajes históricos que mejor representan una historia encantadoramente narrada en un campo limitado por la historia irlandesa y principalmente por aquellos personajes cuyo pecado o caída se encarna en el cuerpo mismo de Porter (HCE).
Son muchas las posibles identificaciones que podemos descubrir en Finnegans Wake que se corresponden con las leyendas irlandesas y su historia, no importa que algunas veces se alejen del tema central de caerse y levantarse, el personaje resulta siempre haciendo el papel de un héroe orgulloso de su propia culpabilidad y aunque el entorno del sueño es Dublín, el personaje deviene en una figura universal siendo que es el padre que encontramos en Noe, en Julio César o en un general ruso, Harold el sajón, un capitán noruego o cualquier escandinavo, sin dudas, ya que el porte de HCE es noruego. Pero la más importante de estas identificaciones, es con el mundo literario del mismo Joyce, para él Ibsen fue su dios de juventud, su obra de teatro The Masterbuilder (El maestro de la construcción), nos ofrece la figura más potente del padre con sentimientos de culpa. Halvard Solness, trepa una torre que él ha construido por petición de una joven mujer a quien ama y por ello es castigado por el Dios al que desafía y quien figurativamente es su rival, el cual lo empuja a su propia muerte.
Porter o HCE, el personaje central ha pecado como todos los hombres y este pecado ha resultado en su expulsión del paraíso terrenal, solamente, para plantar en él la urgencia de crear paraísos sustitutos, ciudades y civilizaciones. El personaje masculino juega el papel de padre y creador y finalmente es identificado con lo que él crea, la ciudad. Pero el creador necesita por naturaleza una inspiración y un consuelo y las ciudades son construidas sobre los ríos. Esto trae en el sueño al personaje de la esposa, Anna, cuyo nombre onírico es Anna Livia Plurabell, quien no es otra que el río Liffey, el único río femenino en Europa y sobre cuál descansa Dublín. Plurabell indica que su belleza es plural que contiene a todas las mujeres, que deviene en su majestad natural, es la maestra, más grande que cualquier torre construida por el maestro y que su dura conformación triangular es la de una montaña que la convierte a ella en una pieza eterna de hermosa geometría; es nuestra Gea-terra, nuestra madre Tierra. Un triángulo sugiere su forma. Es esposa, también es viuda, pero igualmente es hija. Y sobre el personaje de la hija está contenida de la misma manera la mujer que limpia, la que reza por los días que se han ido. HCE en el sueño, le asigna el papel de madre viviente y de esposa, de protectora de sus hijos y responsable de la reputación de su esposo. Aunque ella fluye, es simultáneamente símbolo de lo que no cambia, mientras que su señor, variable como todos los hombres, es capaz de asumir muchas formas. Su misterio es el misterio de todos los ríos, su corriente es diferente en la boca del río, desde y hasta cuándo se abre en el océano; pero son la misma agua, al nacer y al morir, y es a partir de la muerte del río en el mar, que la realidad de un nuevo nacimiento se produce, en la fuente que cae de la lluvia, sobre las colinas donde surge cíclicamente la renovación de las nubes que alimentan de lejos, desde la costa, el nacimiento del río en las montañas.
Hola maestro Luis, felicitaciones por su articulo. Ese samblante pedagogico es muy necesario para orientar a los lectores hacia una comprension mayor de la obra.
Un abrazo,
Jose.