Una noche de magia en tiempos de crisis

Una noche de magia en tiempos de crisis

JOSÉ TOBÍAS BEATO | A René Rodríguez Soriano le aplican las palabras con las que el inmenso Fernando Pessoa se definía: “Yo no tengo ambiciones ni deseos, ser poeta no es mi ambición. Es simplemente mi manera de ser”.

La noche del pasado martes 20 de julio, varias decenas de personas —yo incluido— nos reunimos en un sitio ideal para presenciar y oír los malabarismos de un mago. Sí, porque los descendientes o aprendices del legado de aquella legendaria tribu medo-persa (a la que se supone pertenecían los célebres sabios o reyes magos de oriente del Mateo evangelista), quienes entre sus ritos incluían la magia y las libaciones de miel, leche y aceite sobre una llama, aún practican parte de sus actos para comunicarse con los espíritus y las fuerzas naturales.

Asistimos a la convocatoria pese a los múltiples problemas cotidianos; pese a las noticias que desde diferentes partes del mundo dan cuenta de que la crisis económica desatada desde hace más de tres años dista mucho de resolverse. A pesar de las nuevas, al principio muy entusiastas, luego más cautelosas, de que la BP había por fin sellado el pozo que contamina el golfo de México, para luego saberse que había escape de metano. A pesar de las cada vez más tirantes relaciones entre Venezuela y Colombia, países hermanos que sentimos tan cerca del corazón, y que admiramos por sus variados talentos y la hermosura de sus mujeres.

Asistimos, vuelvo y digo, pese a que noticias preocupantes o alarmantes reclaman nuestra atención y análisis: la jugada habilidosa de Chávez para introducir como accionista al gobierno venezolano en el canal opositor “Globovisión”, y eventualmente hacerse con cerca del 40% de sus acciones. De suceder, pasaría lo que ya otras veces ha sucedido en la historia, con dramáticas consecuencias: no habría quien controle al controlador, ni ordene al ordenador. También pese a la dolorosa pérdida de vidas en Sudamérica por la ola intensa de frío, especialmente entre los indigentes o trabajadores que se ven precisados a laborar sin la debida protección contra el clima, lo que revela la existencia de enormes injusticias sociales. Asistimos en fin, pese a las graves denuncias de Fidel Castro de que pronto en Irán, a su juicio, habrá guerra nuclear y que según fantasean algunos, ya los israelitas se preparan para hacer realidad la profecía de Ezequiel sobre el Valle del ejército de Gog, donde serán enterrados los enemigos durante siete meses, de tantos que serán (Ez 39.12).

Pues bien, olvidando por el momento esas y otras preocupaciones, un grupo de amantes de la cultura, a nombre de la gran patria latinoamericana, nos dimos cita en la Universidad Ana G. Méndez, en el condado de Broward, para escuchar las hechiceras palabras de un genuino representante de los poetas, que son los verdaderos herederos de aquellos magos antiguos que con palabras y conjuros nos revelaban los misterios de la vida, del universo o del amor. En este caso concreto, para oír a René Rodríguez Soriano, quien aunque nacido en República Dominicana, es un escritor internacional, destacado en los géneros del cuento, el ensayo, novelista premiado, pero ante todo, poeta.

Por cierto, respondiendo a una pregunta del entusiasta público allí presente, Rodríguez Soriano se definió como “un escritor degenerado” al ser su obra y estilo un híbrido de varios estilos y géneros, lo que provoca que los “puros” no lo consideren como uno de los suyos. Conozco un poco la obra del laureado cuentista y poeta, por lo que tal y como dije en la breve intervención que hice tras escuchar la lectura de varios de los poemas por boca de su propio autor, creo que a René Rodríguez Soriano le aplican las palabras con las que el inmenso Fernando Pessoa se definía en la voz de su heterónimo Alberto Caeiro: “I have no ambitions or desires, to be a poet is not my ambition. It’s simply my way of being” (Yo no tengo ambiciones ni deseos, ser poeta no es mi ambición. Es simplemente mi manera de ser).

La obra presentada por René Rodríguez Soriano lleva por título Rumor de pez, un tomillo de setenta y tantas páginas que contiene poesía de altura y densidad, donde se puede apreciar que en el mundo de hoy no todo es vulgaridad y ramplonería, estupidez o mercantilismo; que todavía las palabras bellas cautivan, especialmente las susurradas al oído de la mujer amada, pues no todas se han corrompido por la degeneración reinante. Los instrumentos para seducir y encantar son las palabras: su rebuscada selección, las figuras literarias, la invención de imágenes de sorprendente belleza, que trastocan las cosas al son de su toque mágico. Así por ejemplo, en el que se titula “Vuelvo al poema y enciendo aquella lámpara”:

Deja que te diga melón o mandarina, | que te frote papel mojado, caramelo | perdido entre tus piernas, ahogado | en tu pelo, bajel sin velas, aroma navegable; | deja que se agote la canción, no hace falta más luz, | las fusas semifusas y tus pechos filtran | la melodía necesaria: noche llena de tonos | y vaivenes. | Déjame que me pierda, | déjame que me encuentre, náufrago entre tus aguas, | llenas de peces locos, mordidos por las olas.

De modo que entre sinécdoques y metonimias — “hablo de ese animal terrestre que habita en el cielo de su boca” —, se cuela la sinestesia existencial del hombre que ha probado las ricuras del sexo largamente: “Una mujer es del color del grito que la parte en dos”. Mas volvamos al comienzo del libro, que lo es el poema “Felpa azul”. Allí dormitan lejanos ecos martianos, acaso becquerianos, combinados con la metafísica de Camus:

Presiento a veces que habito entre las torres, | que incierto y sacudido crezco hacia el vacío, |como luz de agua turbia derramada

Yo tuve una amiga, una azucena, un gato triste, | una serpiente pitón, una bombilla apagada, | un pedazo de sed o una mariposa que murió

Un dardo herido o el veneno de los Borgia, | roto en el pelo de Lucrecia, alfombra voladora, | que se eleva hasta el piso cero. Nada |frente a la nada, contra nadie. Nunca.

En cierta ocasión Ortega y Gasset se probó a sí mismo como pensador con una larga reflexión sobre un tema aparentemente sin importancia: la “Meditación del marco”. René se prueba a sí mismo como poeta al hablar de “Las ventanas”:

Son como artefactos | con marcada predisposición al vuelo | y al bailoteo de los elefantes color rosa.| A diferencia de los tomates, peligrosamente | tentadores y rojísimos, sufren delirio de introspección | y constantes dudas esquizoides que, |

como el ojo, tienen la propensión a interferir | el libre tránsito de bolas, piedritas y aves mal orientadas. | Sin color sin olor sin norte y sin bandera, |deshojan lirios en vez de margaritas | y llaman a salir antes que a entrar.

Alguien preguntó que ya conocida su vocación de escritor y poeta, cuál era la técnica de René para el ejercicio de su oficio como tal. A lo que el poeta contestó con humor que, aparte de pasear y conversar con los patos, lo era meditar, escribir mucho, romper más, y sobre todo, leer, leer abundantemente. A mí me llamó poderosamente la atención esta última parte. Reconociendo el poeta comentado que su obra no existiría sin la de los que le precedieron, como la de los miembros de ese original grupo que fue la “Poesía sorprendida” (Franklin Mieses Burgos, Mariano Lebrón, Gatón Arce, entre otros), Aída Cartagena Portalatín, Pedro Mir; René recomienda encarecidamente la lectura de los autores contemporáneos, contra la costumbre de aislarse y desconocer el talento de otros colegas aún vivos y presentes. El consejo es sorprendente, en un mundillo donde germina y crece exageradamente la flor maloliente de la envidia, donde vergonzosamente se practican los golpes bajos. De hecho, creo percibir influencias de algunos de estos sobresalientes poetas; de Juan Carlos Mieses, por ejemplo, y de Enriquillo Sánchez (muerto a destiempo hará unos cinco o seis años).

Rumor de pez” recibió el premio de poesía 2008 de la Universidad Central del Este (UCE), que tuvo como jurado a tres reconocidos intelectuales: Diógenes Céspedes, Francisco Comarazamy y Andrés L. Mateo, ellos mismos también originales creadores en varios campos del pensamiento y el arte. Esta edición tuvo diseño de cubierta y contracubierta de César Castro-Genao, con diseño interior y de maquetación por parte de MediaIsla Editores, LTD. La presentación del autor estuvo a cargo del escritor colombiano Jaime Cabrera González.

Para finalizar los dejo con “Torrente” donde se esparce al viento el devenir histórico de los dialécticos, pero también el reciclaje concreto del tiempo por la vuelta inesperada de un viejo amor, que despierta nuevamente las angustias de vivencias idas, que se desean mantener en el silencio, anónimas y ocultas:

No se repite el río, no se repite el fuego. | Pero esa voz, caudal de arroyo y madrugadas, | vuelve en torrentes, vuelve y se incendia, | desenvaina la espuma, los sueños y la calma.| ¿A qué has vuelto mujer, distinta luz?

Sucede que las horas andan sin compromiso, | Que octubre luce abril. Sucede | otro sonido en nuestra música. | Mojada de tiempo la llovizna, hay más luz, nuevas vías. | Sucede y acontece que tú has vuelto

Pienso un nombre y lo escribo, pero no lo leerán; | Pienso que estás, que has vuelto o que los dos | Siempre estuvimos a la vuelta de un guiño. | Pienso que hubo una pausa… | JOSÉ TOBÍAS BEATO, dominicano, autor de La mariposa azul, 2002. Fotos Luis Alberto Miranda

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