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Xavier Villaurrutia: poeta de la muerte, muerto a destiempo

JUAN CARLOS GARCÍA | Quizás presagiando la suya propia, ocurrida a tan corta edad, su poesía trataba el tema de la muerte, girando en torno a imágenes de noche y oscuridad…

Xavier Villaurrutia nació en la Ciudad de México el 27 de marzo de 1903 y murió en diciembre de 1950; a pesar de sólo haber vivido 47 años, fue uno de los más influyentes escritores de México, un gran líder de la literatura nacional. Estudió en el Colegio Francés, donde conoció a Salvador Novo, Jaime Torres Bodet y Jorge Cuesta, quienes después se convertirían en famosos escritores, al igual que él. Comenzó estudios de derecho que pronto abandonó para dedicarse por completo a la literatura.

Los primeros poemas de Villaurrutia aparecieron en 1919, mostrando una fuerte influencia de los simbolistas franceses y modernistas mexicanos, contrastando una belleza universal con las definiciones nacionalistas y de mexicanidad de su época; siendo reconocido por Octavio Paz como “el autor de poesías perfectas”.

Quizás presagiando la suya propia, ocurrida a tan corta edad, su poesía trataba el tema de la muerte, girando en torno a imágenes de noche y oscuridad; sin embargo, sus últimas aportaciones tendieron hacia tópicos de amor y renacer. Su publicación más significativa es Reflejos (1926), un libro de poemas donde comenzó a desarrollar sus características de soledad y silencio a través del uso de metáforas.

Publicó su segundo libro de poesía doce años después, Nostalgia de muerte y luego Canto a la primavera (1948), su tercera y última obra poética. Esta última se caracteriza por alejarse de sus temas habituales, plasmando su interés por la sensualidad y la belleza.

En su poesía es importante la técnica surrealista de la inconsciente asociación de ideas, aludiendo a distintos planos de la experiencia. Dando como resultado un fantasmagórico relato de la vida como un vaivén insatisfactorio de ansiedad y revelando que la vida no tiene más intención ni conclusión que la muerte. Fervorosa conclusión a la que el poeta llegó una y otra vez, insistentemente “porque todos los caminos conducen hacia ella, guadaña hermosa de su horror y amada en su pesadumbre y olvido”.

Junto con otros grandes pensadores y escritores mexicanos, incluyendo su gran amigo Salvador Novo, fundó la revista Ulises en 1927, titulada en honor a su admiración por el escritor irlandés James Joyce. Durante los siguientes años, publicó sus poemas en varias revistas literarias, culminando con la publicación Contemporáneos, de la que fue cofundador y editor.

Esta revista, a través de los círculos de escritores que colaboraron en ella, fijó el tono de la literatura vanguardista de su época, resaltando un universalismo que provocó la ira de los nacionalistas, incluyendo al pintor Diego Rivera, quien creó un mural donde exhibe a los Contemporáneos como traidores del pueblo.

Lo notable de los Contemporáneos era la edad de sus integrantes, todos entre los 15 y 20 años ya habían publicado sus obras, eran profesores y ocupaban cargos en el gobierno y la universidad. Xavier Villaurrutia publicó sus poemas por primera vez a los 16 años y antes de los 20, ya era uno de los más trascendentes críticos de su generación. La precocidad de sus colegas probablemente se debió a que la Revolución Mexicana alejó a los escritores adultos que huyeron del país por la violencia y los grandes escritores ligados al porfirismo cayeron en desprestigio. José Vasconcelos también fue un factor determinante porque invitó a los jóvenes a participar en la renovación de la educación en México.
Tuvo una importante participación en la renovación del teatro mexicano, tras estudiar arte dramático en la Universidad de Yale gracias a una beca que le fue otorgada por la Fundación Rockefeller. Al regresar de Yale, fue contratado como profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y se involucró en producciones del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), presentando obras de escritores extranjeros para ayudar a revolucionar el teatro en México. Escribió varias obras, entre las que destacan “La Mulata de Córdoba” (1939) y las aclamadas “Autos Profanos” e “Invitación a la Muerte” (1943).

El Premio Xavier Villaurrutia fue instaurado en México en 1955 por iniciativa del crítico literario Francisco Zendejas. Es un premio que los escritores otorgan a sus colegas, por lo que los triunfadores de una convocatoria constituyen el jurado del siguiente año. Este premio se concedió por primera vez, de manera retroactiva, a Pedro Páramo de Juan Rulfo. El jurado que elije al ganador se nombró originalmente Sociedad de Amigos de Xavier Villaurrutia, pero tras la muerte de Alfonso Reyes en 1959, cambió de nombre a Sociedad Alfonsina Internacional (SAI) y se asoció con el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA). El objetivo de este premio es estimular y difundir la literatura mexicana; se entrega una vez al año en reconocimiento a escritores, obras y trayectorias excepcionales.

Xavier Villaurrutia es uno de los grandes escritores de poesía, muerto a destiempo por hacer uso del terrible cliché, cuando esta vez es verdad: si hubiese llegado a los 70 u 80 años, a lo Borges o a lo Winston Churchill, a lo Bertrand Russell u Octavio Paz, su paisano y colega, quizás habláramos hoy de un monstruo de las letras, una joya y referencia universal, un duda cabe. Su poema dedicado a la poesía es emblemático, porque el autor tiene el olfato para elegir las palabras correctas, que salen de su nada, esto es, de su pluma que actúa como un sabueso: “Eres la compañía con quien hablo, de pronto a solas, te forman las palabras que salen del silencio y del tanque de sueño en que me ahogo libre hasta despertar”.

Inspirado en la obra de López Velarde, otro poeta estupendo muerto igualmente a muy temprana edad, pero influido definitivamente por el surrealismo, su obra poética se distinguió por su oscuridad y sus referencias a imágenes de abandono, de desolación, y de una presencia y relación constante con la muerte, “…la pecaminosa muerte que no sabe sino hacer de las suyas siempre y cuando le demuestres, y tienes que hacerlo vibrantemente, que está vivo”. | Juan Carlos García, periodista y escritor mexicano, reside en RD


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