José Alcántara Almánzar: “Hay diferentes niveles de tigueraje…”

José Alcántara Almánzar: “Hay diferentes niveles de tigueraje…”

SARA MARÍA RIVAS | “Si no he sucumbido en esta sociedad es porque he aprendido a defenderme y a no dejar que me engañen, no con las artimañas del tíguere sino con los recursos de la inteligencia…”

El escritor dominicano, José Alcántara Almánzar, Premio Nacional de Literatura 2007 y Director de Cultura del Banco Central de la República Dominicana, me abre las puertas a su despacho en el tercer piso del antiguo edificio del Banco. Durante tres horas hablamos seria y plácidamente sobre el difícil oficio del escritor y otros males.

Agradezco infinitamente que me hayas recibido en tu despacho con el fin de ayudarme a dilucidar este fenómeno de la literatura dominicana y su escasa difusión fuera de la isla. Señalabas en el prólogo de Dos siglos de prosa dominicana, la problemática en torno a la distribución de libros en el país y apuntabas ciertos obstáculos como: “las modestas tiradas que, en ocasiones no llegan al lector, y los escasos fondos editoriales de las bibliotecas públicas”. ¿Hasta qué punto crees que el caudillismo ha influenciado también a este afincamiento de insularidad literaria?

La idea de que nuestras letras no llegan más allá de los cuatro puntos cardinales de la isla no es tan sólida, porque Cuba es una isla al igual que Puerto Rico; sin embargo, hay una gran difusión tanto de la literatura cubana como la puertorriqueña fuera de sus fronteras insulares. Pienso, más bien, que se trata de un fenómeno cultural que tiene sus raíces históricas. Las ediciones dominicanas, normalmente son modestas, usualmente de mil ejemplares. Un libro cuando llega a dos o tres mil ejemplares es un éxito editorial y a pesar de que, a veces hemos tenido ediciones muy grandes, son excepcionales. Entonces, un país que tiene nueve millones de habitantes con una edición de mil ejemplares se agota rápidamente. La otra parte del problema es que hace falta una política estatal de difusión de nuestros libros más allá de nuestras fronteras. Es algo que no se puede dejar solamente en manos de las editoras privadas y de las librerías.

Aunque es cierto que se publican más libros, una cosa es la publicación y otra la difusión, el segundo paso después de la publicación de un libro. De manera que ha faltado esa política consistente.

¿Quiénes publican libros aquí?

La Secretaría de Cultura a través de La Feria del libro. Anualmente publica unos quince a veinte libros de literatura. Hay algunas colecciones institucionales como la del Banco Central, el Banco de Reservas, el Archivo General de la Nación y algunas entidades, la Fundación Cultural Dominicana, la Fundación García Arévalo, todas esas instituciones publican libros.

— ¿Qué haría falta?

Harían falta ediciones más populares, más amplias y con un programa concreto de mandar a las universidades. Si un libro no llega a las universidades extranjeras, los académicos no se enteran de que esos libros han salido. Cuando yo fui profesor, Full Bright, en los Estados Unidos, hace unos años, me dediqué cada vez que iba a dar una conferencia, a revisar los fondos editoriales de cada biblioteca y encontré que el único dominicano casi universalmente representado era Pedro Henríquez Ureña pero resulta que él había sido profesor en la Universidad de Minnesota, había escrito un libro en inglés, Corrientes literarias de la América Hispánica. Después de Pedro Henríquez, Juan Bosch por su teoría del Pentagonismo, que tanto interesó en los Estados Unidos y que fue un libro traducido, y tal vez Pedro Mir y algún otro. Yo enseñé un curso que se titulaba “Caribbean Culture and Literature y realmente tuve muchos problemas para encontrar autores dominicanos traducidos al inglés, ya que mis alumnos no hablaban español y tenían que leer a los autores del Caribe en inglés. Cuando se trata de Nicolás Guillén, que es muy conocido pues está traducido pero cuando vas a un autor más local, tienes la dificultad de que no hay traducciones.

¿Consideras la posibilidad de hablar de una literatura antillana sin apoyarnos únicamente en la geografía?

Definitivamente, yo pienso que hay una gran literatura antillana y si me voy a las antillas de habla española: Puerto Rico, Cuba y la República Dominicana, vamos a encontrar escritores de trascendencia mundial, no solamente local. Tenemos algunos escritores, por ejemplo: un Alejo Carpentier, Cabrera Infante, son escritores premiados con el Cervantes. Puerto Rico, por su lado tiene algunos de los narradores más importantes de América y no estoy, únicamente, pensando en figuras como Luis Rafael Sánchez, que es tal vez, el más conocido por su obra; sino en otros que tienen, también, una gran trascendencia desde Laguerre, René Marqués y todos esos clásicos, Pedro Juan Soto, Emilio Díaz Valcárcel hasta la generación más joven: Edgardo Rodríguez Juliá, Juan Antonio Ramos, Ana Lydia Vega, Magaly García Ramis y una cantidad de muchachos jóvenes que están subiendo ahora en Puerto Rico.

En la República Dominicana también, tradicionalmente, hemos sido un país de grandes poetas y tenemos figuras como Pedro Mir, Manuel Rueda, Franklin Mieses Burgos; todo eso que fue la generación de los años cuarenta, Tomás Hernández Franco. Es innumerable la cantidad de grandes poetas que tenemos; también en la narrativa tenemos muy buenos representantes: Marcio Veloz Maggiolo, que es un autor que está siendo publicado incluso en España. Pedro Vergés, que ha ganado premios en España por sus novelas y no voy a hablar de la diáspora que también cada país tiene su diáspora. Hay una cantidad de escritores que vive en los Estados Unidos, siendo la más brillante entre los dominicanos, Julia Álvarez, seguida por Junot Díaz y otros que son también escritores que escriben en inglés pero tienen unas raíces dominicanas.

Me preguntabas anteriormente si pensaba que era el caudillismo, bueno en Puerto Rico no ha habido eso y sin embargo el desconocimiento es grande también.

— ¿A qué lo atribuyes, entonces?

Yo pienso que a las clases dirigentes, dominantes, como se les quiera llamar, no les interesa que haya ese diálogo entre las distintas culturas: que nosotros sepamos de ustedes, que ustedes sepan de nosotros porque así podemos unirnos más y luchar por cosas comunes. Si estamos desconectados, desinformados; es mejor para los planes de dominación imperialista, aunque parezca un cliché de izquierda de los años setenta, lo que acabo de decir. Cuando voy a Puerto Rico, pienso: allá deberíamos saber más de lo que pasa aquí porque fuera de los académicos, el dominicano común, promedio, no tiene idea.

¿Cómo trabajamos la diáspora? ¿Por qué no incluyes a Julia Álvarez en la Antología Mayor de la República Dominicana?

Aunque es una novelista extraordinaria, escribe en inglés y por lo tanto sus obras son traducciones. Va a depender mucho de quien haga la traducción. Es verdad que yo puedo decir, porque eso se puede rebatir, pero Kafka era checo, pero escribió en alemán. ¿Entonces es checo o es alemán? O sea, que la pregunta fue muy inteligente porque me dices que no sólo es geográfico, yo creo que hay una cuestión del idioma, de la cultura, de lo intangible que es más importante que todo. Las raíces de la obra de Julia son dominicanas porque en el sustrato de su obra está toda su infancia, todo lo que ella aprendió cuando era niña. De hecho, ella tiene una casa aquí, viene mucho y le encanta el país.

Entonces, ¿sería necesario hacer una antología aparte?

Si vamos a hacer una antología de la diáspora, Julia tiene que encabezarla; tiene que ser la primera figura porque es la más grande, es la más importante. O sea, el que figure o no en la Antología Mayor, no le quita su importancia como escritora. Yo creo que es una novelista estupenda, maravillosa y que está establecida en los Estados Unidos. Aquí se le admira mucho pero teníamos que tener en cuenta el idioma. No es un obstáculo pero es una diferencia, un matiz. Para mí, el idioma es fundamental al tomar la decisión de si incluirla o no.

En el libro Los escritores dominicanos y la cultura destacas la importancia de Hostos en el desarrollo del pensamiento intelectual de la República Dominicana. ¿Crees que existe hoy en día algún pensador que haya influenciado de igual manera el pensamiento antillano en la República Dominicana?

Hostos fue un caso excepcional en el pensamiento hispanoamericano, no solamente antillano porque él vivió aquí en un período muy difícil y contribuyó a la fundación de la educación superior de hombres y a estimular a Salomé Ureña, que era escritora también, para el inicio de la educación superior para mujeres. Se fue de aquí a Chile cuando la dictadura se hizo insoportable. Regresó al final de la misma pero ya le quedaba muy poco tiempo de vida y murió a principios del siglo XX. Su influencia en la educación dominicana se va a mantener durante el último cuarto del siglo XIX y toda la primera mitad del siglo XX, hasta que Trujillo llega y elimina la escuela hostosiana que era una escuela laica, democrática. A Trujillo, por supuesto, no le convenía lo de democrática y a la iglesia no le convenía lo de laico. De manera que casi todos los pensadores dominicanos importantes tienen una huella de Hostos, empezando por Juan Bosch, quien pasó en Puerto Rico unos años luego que salió al exilio, compilando la obra completa de Hostos, que fue publicada por primera vez en el centenario de su nacimiento en el 1939. Inclusive Bosch tiene un libro titulado Hostos el sembrador.

Yo pienso, una opinión muy humilde, que no haya habido ningún otro educador que tenga la dimensión de Hostos para nuestro país. Ha habido educadores importantes, no hay duda, que han dejado huellas en el país pero así, como una corriente de pensamiento, como el positivismo pasando por el krausismo y todo lo que Hostos escribió, no. La labor que Hostos realizó fue increíble y pienso que el rigor, los valores que transmite la escuela hostosiana son rescatables en un momento como éste.

Explícame

Un momento en que estamos viendo la desnacionalización de nuestros países, el desvanecimiento de ciertos perfiles culturales, todo eso él lo defendió, lo defendió a través de la enseñanza.

Tú también apoyas esa vertiente esperanzadora; sin embargo, al concluir el ensayo “La cultura dominicana: ¿identidad o diversidad?” estableces un panorama un tanto pesimista de la sociedad dominicana y apuntas: “La demagogia, la corrupción en todas sus formas y la manipulación de los sectores populares han sumido al país en una de las peores crisis materiales y espirituales. Este cuadro revela, que hoy como nunca, la República Dominicana presenta una acentuada diversidad sociocultural, caracterizada por las oposiciones: la cultura elite versus la cultura popular.”

Lamento decir que, aunque hace tanto que escribí eso, tengo que estar de acuerdo con que la situación ahora es peor que lo que yo digo ahí, porque a pesar de que hemos pasado un pésimo período, un período anterior, es algo que va más a allá de los gobiernos de turno. Es un problema de la estructura de la sociedad dominicana, es un problema estructural no coyuntural; no va a pasar porque está metido en nuestras propias raíces. Hoy día, esas diferencias se han acentuado, se han agravado, se han profundizado. Hoy hay una minoría de ricos, súper ricos. ¿Por qué hay un Cap Cana? Aquí viene Bill Clinton y Hillary, vienen estrellas de cine; esa gente viene a otro paraíso que está en La Romana. Hay una serie de barrios tanto en la ciudad como en el campo que están devastados. Vas a un hospital con una pierna fracturada y si no llevas tu yeso, no te curan la pierna. No hay algodón, no hay medicamentos, no hay nada. Los niños reciben clases en la calle, las ciudades están llenas de basura, tenemos muchísimos apagones. Tú te vas a Puerto Rico y no notas esas cosas porque allá eso es muy raro. Imagínate que llegues a tu casa y que no haya agua para bañarte. ¿Cómo podría ser? O, que tú llegues y no puedas trabajar en tu computadora porque no hay electricidad y no tienes con qué, no tienes inversor, no tienes planta, no tienes nada.

La sociedad dominicana está llena de precariedades que continúan y se acentúan con el paso de los días. No hablo por mí, porque tengo un trabajo, un ingreso y puedo, más o menos defenderme. Como dice el dominicano: “yo me defiendo.” Pero, yo no pienso en mí, yo pienso en mi país. Tengo ojos para ver y sensibilidad para sentir, entonces, ese cuadro al cual yo me refiero, no es uno pesimista, es uno realista. Nuestro país ahora mismo está dominado por el narcotráfico, por el lavado de dólares, por el crimen de cuello blanco y qué son sino la quiebra de los bancos que ha habido aquí, donde la gente perdió su dinero. Esos dueños de banco querían vivir una vida totalmente falsa, tenían no un avión, no, tenían varios, con el dinero de los ahorrantes. Esto no es una invención mía, esto apareció en todos los periódicos. Entonces, el pesimismo del intelectual, yo lo tengo, lamentablemente. Quisiera no tenerlo; me sale de mi análisis de mi país. ¿Hacia dónde va? Yo tengo que ir más allá de la superficie. Cuando la gente me conoce, dicen “usted es tan educado, tan amable pero dice unas cosas tan duras.” Pero, no son duras, son realistas. Sal por ahí para que tú veas las niñas prostitutas, en cualquier calle, por nada. ¿Y eso qué es? ¿Y la gente pidiendo? Las calles, llenas de mendigos, de locos, gente que está mal, que andan desnudos; es una vergüenza para un país.

Hace, prácticamente, 50 años que a Trujillo lo mataron y desde entonces estamos luchando para ver a este país mejor y está peor cada vez. Peor aún es que en ese cuerpo del crimen, está la policía, están los militares; esto es increíble. Claro, yo no me voy a poner a escribir eso; yo escribí tanto que me cansé. Yo escribí un artículo hace 24 años, cuando estaba Balaguer en el poder, se llamaba “Los dominicanos a la deriva”, de cómo mi generación se sentía perdida, desesperanzada. Yo me siento así; no porque esté en el otoño de mi vida, yo miro a mis hijos y les digo: “yo quisiera un mejor país para ustedes”. Ya yo tengo pocas esperanzas de verlo cambiar en vida. Sin embargo, yo sigo escribiendo y sigo tratando de publicar porque es lo que yo sé hacer. ¿Cómo voy a aportar a mi país? A través de la literatura, claro; yo no puedo hacer otra cosa, cuando era profesor en el aula enseñando, pero yo estoy completamente de acuerdo con ese análisis, la realidad me ha superado, ha superado mis propias palabras.

Es precisamente este tema de desigualdad social el motor que mueve gran parte del cine dominicano, por ejemplo las películas Junior/Yuniol y Sanky Panky. ¿Piensas que las producciones cinematográficas que se vienen realizando en el país: largos metrajes, cortos metrajes de ficción, cortos on line, documentales, una herramienta de importancia para la sociedad dominicana?

Las películas, obviamente reflejan, desde Perico Ripiao y Nueba Yol, nuestra realidad. Ahora, de lo que me quejo es que es un cine de tan mala calidad, tan pobre. ¿Por qué? Porque es un cine dirigido a ganar dinero, que es la crítica que le tengo. Me quejo porque yo vi en La Habana, yo fui jurado en Casa las Américas, hace 7 años y vi Suite Habana. No hay una sola palabra en esa película, sólo imágenes, historias de personas que se van juntando, es un poema esa película. Puedes salir llorando, gritando; denuncia la realidad que está pasando en Cuba. Es una Habana cayéndose en pedazos. Hay una gran diferencia entre nuestro cine y uno verdaderamente bien hecho; arte cinematográfico que, a pesar de su nivel de producción te está reflejando una realidad. Está claro, no nos vamos a comparar porque en el cine cubano hay una tradición. Hay grandes películas, desde Lucía, Memorias del subdesarrollo hasta lo que se está hacienda ahora porque ellos saben hacer cine. Tienen mucho talento, muchos recursos y mucha experiencia. Nosotros estamos empezando.

Son malas las películas. Aquí no ha habido una película que sirva, que valga la pena. Lamento decirlo pero tengo que decirlo, las que yo he visto son malísimas. Una película, como un libro, no se hace con temas, se hace con arte. Usted puede tener el tema más maravilloso pero si no tiene los recursos artísticos no le va a salir nada.

En la entrevista que te hiciera Erasmo Lara y que forma parte del libro Diálogo sobre el futuro dominicano, estableces como características del carácter dominicano, que es un pueblo luchador, con sentido de solidaridad, activo políticamente, pueblo creyente, progresivamente tolerante. Entiendo cómo dentro de la globalización defines al dominicano y me preguntaba dónde en esta descripción del carácter dominicano ubicarías tú al personaje popular del tíguere. ¿Existe un tigueraje positivo y uno negativo?

Por lo general el término tiene una connotación peyorativa. Se refiere a un tipo listo con experiencia de mundo, que ha tenido vivencias que le permiten abrirse paso en cualquier circunstancia. El tíguere no se deja engañar, se las sabe todas, siempre está alerta, sabe enamorar y conseguir lo que busca. También este individuo quiere obviar las reglas de convivencia.

¿Es un tipo de inteligencia, no? ¿Tiene algún tipo de educación?

El tíguere no siempre significa que no tenga educación formal. El nivel educativo, normalmente es reducido; lo que le falta de conocimiento lo tiene de viveza. Hay diversos niveles de tigueraje: el tíguere de clase media, de clase alta también. Es más bien una palabra para ocultar la verdadera: fraude, corrupción.

José, ¿tienes algo de tigueraje?

Ojalá, yo. Si no he sucumbido en esta sociedad es porque he aprendido a defenderme y a no dejar que me engañen, no con las artimañas del tíguere sino con los recursos de la inteligencia, pero no la de la calle.

¿Es necesario ser un poco tíguere para sobrellevar el día a día en la República Dominicana? Quiero decir: ¿Está en desventaja el que no lo tenga?

No es imprescindible, pero ayuda a sobrevivir a algunos en un medio difícil y maleado como el nuestro, aunque cualquier exceso puede acarrear inconvenientes.

Como decía Magaly García Ramis: “Hostos, bróder, esto está difícil”? No te parece? Pedro Henríquez Ureña sostenía que “sólo la cultura salva a los pueblos” y tú, como Director de Cultura del Banco Central por 14 años, has de tener muchas satisfacciones que en cierto modo y desde tu capacidad en la cultura, puedes aliviar esta crisis, malestar, hambre espiritual. ¿Cuál esperas que sea tu legado personal?

Espero ante todo que sea la colección de libros y haber abierto una ventana por donde entre aire fresco al Banco Central, que haya contribuido a reducir la inercia mental de la burocracia.

¿Qué tipo de contacto tienes con nuevas generaciones como Rita Indiana Hernández y Rey Emmanuel Andújar? ¿Sigues esta literatura? ¿Te interesa? ¿Te consultan? ¿Les sirves de mentor? ¿Los guías? Y si los guías, ¿qué recomendaciones les haces?

Tengo contacto con ellos a través de sus libros, como debe ser, pero en los casos que citas, los conozco personalmente a los dos, e incluso escribí un prólogo para la nueva edición de Amoricidio, de Andújar, que tiene mucho talento. De manera que sí, los sigo, me interesan, a veces me consultan, aunque no creo considerarme un “mentor”. A través de muchos años he orientado a muchos escritores que me piden opinión, tratando de ser honesto y sincero, pero sin destruir autoestimas ajenas. Mi recomendación es que lean mucho, que no se envanezcan, que no se precipiten a publicar lo primero que escriban. | SARA MARÍA RIVAS, Puerto Rico, Profesora Asociada de Georgetown College, Kentucky; actualmente realiza un estudio sobre cultura y literatura dominicanas.

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