Antología del pensamiento helénico de Luis O Brea Franco | Marginal de una lengua que persigue su forma | El suicida de Enrique Anderson Imbert | Las mujeres y el Poder: el «felicismo» | Arthur Rimbaud: Yo es otro | Aullidos de transgresión contemporánea | Cita literaria en español | El enigma de un novelista | Para entender la nostalgia | Un místico y su viaje interminable | Imágenes del mundo
Antología del pensamiento helénico de Luis O Brea Franco
Editorial Santuario y Luis O. Brea Franco invitan a la presentación de su obra Antología del pensamiento helénico. Lunes 30 de agosto de 2010, a las 6 de la tarde en Centro Cuesta del libro. Av. 27 de Febrero Esq. Abraham Lincoln, Santo Domingo, DN. La presentación de la obra estará a cargo León David. Información 809 412 2447 • 809 637 1918
Marginal de una lengua que persigue su forma
PEDRO GRANADOS | Una vez nos hemos untado Marginal, nos percatamos que la creación en Alexis es casi impersonal, y este sí que es un auténtico y extraordinario logro. Su propuesta convoca una honda herencia de historia antillana.
Sin duda en una de mis vidas soy dominicano. Acicateado siempre por el deseo he barrido las calles de Santo Domingo e, igualmente goloso y anónimo, las de muchas de sus provincias. Una suerte de ir siempre a desenmascarar un hechizo, una promesa atávica, una perla relampagueante en medio de la concha más oscura. ¡Dulce! —así me lo refirió un taxista de El Conde, ya hace años— es el toto de las hembras dominicanas; y así mismo lo he comprobado. Pedazos de madera de balsa sobre un mar proceloso e iluminado. Reto para jugar a las escondidas y perderse, despreocupadamente, en medio de ese bosque encantado. Incienso que se prende, sobre ese altar minúsculo, mientras a uno lo embriaga su bendito aroma. Bendecido es el encuentro con el toto dominicano, pues, la auténtica y secreta poesía local en medio de semejante enjambre, pareciera sempiterno, de poetas a la carta y a la corte. Cofre, en suma, alguna vez enterrado, y rescatado a mano —a ávidas heridas— por este memorioso y agradecidísimo filibustero.
Previa esta introducción, ineludible tratándose de cosas dominicanas, acusamos lectura de Marginal de una lengua que persigue su forma (Editorial Gente, 2009) de Alexis Gómez Rosa. Poeta, en base 6, bajando con ojos bien abiertos una penumbrosa escalera. Peldaños de los recuerdos, de los reencuentros, digo, con nuestros jirones de luz y de camisas flameando ante el viento vivo del mar Caribe. Alto es el peñasco de mira y discursiva la gruta de líquenes de la playa de Alexis Gómez Rosa; sin duda el de más virtuosa y febril digitación sobre su saxo, como “Tavito” Vásquez (El Grande). Virtuoso, pero sin el tufillo malicioso o peyorativo de no creador que, algunas veces, hacemos equivaler esta palabra. En cambio, una vez nos hemos untado Marginal, nos percatamos que la creación en Alexis es casi impersonal, y este sí que es un auténtico y extraordinario logro. Su propuesta convoca, más claro que nunca y sin los narcisismos ni las megalomanías de antes (encandilamiento con Neruda, con vida y obra) una honda herencia de historia antillana; una melaza lenta, eruptiva, como brotando de un enorme volcán que cubre sólo parcialmente la playa. Una cabeza imantada al palenque, dentro mismo del dolor; y, las otras, a una lectura bajo un lamparín a kerosene, a una conversación inolvidable, a un tabú, a una pregunta a la Esfinge. Son varias las cabezas de esta hidra buena que es la poesía de nuestro extraordinario amigo de la Zona Colonial. Bate mayor, y de otras ligas, frente a los meros recogedores de bola en el diamante poético dominicano.
El suicida de Enrique Anderson Imbert
Incluimos el cuento clásico de la semana, seleccionado por Luis López Nieves: El suicida, por el autor argentino Enrique Anderson Imbert (1910-2000). Pulse sobre el enlace de abajo para leer el cuento en Ciudad Seva.
Las mujeres y el Poder: el «felicismo»
Gioconda Belli, poetisa, acaba de presentar en su última novela, «El país de las mujeres», un nuevo sistema político y filosófico, el «felicismo», del que nos dice que es un sistema que intenta romper con la discriminación de la mujer, especialmente con las barreras y la culpa a las que históricamente se han visto sometidas cuando se trata de ejercer el poder político.
Y esto es lo que me viene a cuento cuando se observa cómo Finlandia se convirtió a finales de junio en el primer país del mundo en el que, por segunda vez en su historia, la persona jefe de estado electo y su jefe de gobierno son mujeres. Ya lo hicieron por primera vez en 2003. El poder femenino en ese estado es real: la mitad de las carteras ministeriales están ocupadas por mujeres. Y quizás en ello algo tenga que ver el nivel educativo, el más alto del mundo. O que las mujeres constituyen el 48% de la población activa. O quizá que fue el primer país de Europa en implantar el voto femenino, en 1906. O puede estar relacionado con que la igualdad de género y la promoción del liderazgo femenino son uno de los pilares fundamentales de la sociedad política finlandesa.
Finlandia es una clara excepción de un mundo, de una configuración geopolítica dominada por el género masculino, a pesar de que el acceso de las mujeres al poder político ha avanzado a nivel mundial. En 2010, el 18,8% de quienes legislan en el mundo son mujeres, en comparación con el 11,3% de 1995.
En estos momentos, ocho políticas rigen los destinos de sus países desde sus cargos de primeras ministras y otras nueve hacen lo propio desde las jefaturas del estado electas. Un total de 17 mandatarias para los 191 países que están integrados en la ONU. Siga leyendo Las mujeres
Arthur Rimbaud: Yo es otro
Cómo desentrañar el alma del poeta que inauguró la estética moderna, el hombre con cara de niño capaz de experimentar todos los vicios como una conquista de la libertad. Enamorado perdidamente de Verlaine creó Una temporada en el infierno. Tenía 19 años cuando decidió sentar la cabeza y convertirse en traficante de armas
Se trata de saber por qué un niño angelical de ojos azules y bucles dorados pudo convertirse en el adolescente más depravado sin haber perdido la inocencia; por qué un poeta superdotado, creador del simbolismo, el que usó por primera vez el verso libre, el que inauguró la estética moderna, abandonó la literatura a los 19 años, en la cumbre de su genio y se convirtió en un contrabandista de armas y sólo entonces fue feliz. Este enigma ha dado de comer a centenares de críticos literarios. Llegar al alma de Rimbaud siempre se ha considerado una proeza de la psicología humana.
Había nacido en Charleville, un lugar de las Ardenas, Francia, en 1854, hijo de un capitán borgoñés, que consiguió la Legión de Honor en las batallas de Argelia y que una tarde de verano mientras paseaba por la plaza del pueblo y escuchaba la banda de pistones que sonaba en el templete de la música conoció a Marie-Catherine-Felicité-Vitalie Cuif, una joven nada agraciada, pero lo suficiente hacendada y ya heredada como para poner en marcha el mecanismo del amor, hasta el punto que la desposó sin mirar atrás, le llenó el vientre con cinco hijos seguidos y luego la abandonó a su suerte. El capitán desapareció sin dejar rastro cuando Arthur tenía siete años. Puede que fuera su primer trauma. El niño quedó a merced de una madre autoritaria, sólo poseída por la obsesión de parecer respetable en una pequeña ciudad de provincias. Vitalie llevaba a sus hijos a misa muy repeinados, les prohibía jugar en la calle con hijos de obreros y de los cinco hijos sólo uno se le rebeló. Siga leyendo Arthur Rimbaud
Aullidos de transgresión contemporánea
Offbeat. Así se hacen llamar los escritores que escarban en los tabúes periféricos de la sociedad. Como si cada generación necesitara ver reflejado su paso hacia la madurez. La gente parece anestesiada ante los ahijados de Ginsberg y Bukowski
Allen Ginsberg arañando el alma de la sociedad biempensante, subido a la mesa de un café, recitando su poema Aullido. La violencia verbal de Louis-Ferdinand Céline viajando al fin de la noche entre las sórdidas trincheras de la Primera Guerra Mundial. Los personajes solitarios, desahuciados, perdedores o alcohólicos de Charles Bukowski, de Raymond Carver o de John Cheever, mostrando el lado más gris del ingenuo sueño americano. La lista de autores que fueron más allá de las leyes morales o literarias de su época está bien nutrida. ¿Qué queda de todo eso? ¿Es posible a estas alturas la transgresión en la literatura?
Los llamados offbeat son un grupo de jóvenes autores anglosajones que se dicen herederos de la generación beat, de los Kerouac, los Gingsberg y los Burroughs. Como ellos, no tienen pelos en la lengua: sus historias tratan de la marginalidad, de modos de vida alternativos al sistema, de las drogas. Su paradójico lema es una provocación manifiesta, aunque no se sabe si a estas alturas llega a asustar a alguien: “Sea lo que sea, estamos en contra”. Heidi James, autora de la novela Carbono (El Tercer Nombre), ejerce de cabecilla: “Creo que cada vez menos gente se asusta de los modos de vida alternativos comparado, por ejemplo, con la generación de nuestros padres, aun teniendo en cuenta que nuestra sociedad no está interesada en aquellos que no son ‘productivos’ fiscal o biológicamente”, dice. Tony O’Neill, compañero de tropa de James, experimentó en sus propias carnes aquello del sexo, la droga y el rock ‘n roll antes de alcanzar la redención por medio de la literatura. Su militancia en grupos musicales le arrojó a la clásica espiral de las giras, las fiestas, la heroína, de sobra conocida. Su novela Colgados en Murder Mile está hermosamente editada en España por El Tercer Nombre, al igual que Carbono y algunas otras obras de estos continuadores de la provocación que posan en las fotos promocionales como estrellas de rock indie. Siga leyendo Aullidos de
Cita literaria en español
La literatura en lengua española dará qué hablar este otoño. Pocas veces coinciden tantos nombres importantes junto a escritores que despiertan gran expectación. Algunos de ellos revelan a los lectores de Babelia por qué eligieron el tema de su nuevo libro y cuándo y cómo fue el momento de inspiración.
Un temblor imperceptible recorre a muchos escritores hispanohablantes. Ya han escrito el libro. Ya nada depende de ellos. Ahora estará en sus manos, sí, en las suyas, en la de los lectores, porque esta temporada será la del otoño de los narradores en español. Abrirán las novedades, la próxima semana, Almudena Grandes y Ricardo Piglia y la cerrarán, a finales de noviembre, Mario Vargas Llosa y Juan Eduardo Zúñiga. Pocas veces han coincidido tantos nombres importantes con otros que buscan revalidar el suyo en el panorama literario, como Elvira Lindo, David Monteagudo, Javier Montes y Pedro Mairal.
Sus obras mostrarán la geografía de la literatura en castellano más contemporánea. Un territorio dominado por la novela pero donde el cuento gana cada día más prestigio. El protagonismo de la creación en lengua española no termina aquí, hay más noticias que justificarán que se hable de ella:
- Un inédito de Adolfo Bioy Casares (Unos días en el Brasil. Diario de viaje, en Páginas de Espuma).
- La biografía novelada de José Donoso escrita por su hija basada en sus diarios (Correr el tupido velo, en Alfaguara).
- Argentina es el país invitado a la Feria de Fráncfort.
- Nace el Premio de Novela Francisco Casavella, convocado por la editorial Destino, que busca apoyar nuevas voces.
- La novela gráfica se hace más visible.
- Granta habla español por primera vez. La prestigiosa publicación británica elegirá, como ya ha hecho con los anglosajones, a una veintena de escritores menores de 35 años en cuyas manos estaría gran parte del futuro de las letras hispanohablantes.
Mientras se anuncian esos nombres, y para distraer el temblor del nerviosismo de los escritores en vísperas de que sus obras lleguen a las librerías, aquí están 19 protagonistas del otoño literario contestando a dos preguntas, que son pilares en cualquier creador y, a su vez, motivación para el público. Siga leyendo Cita literaria
El enigma de un novelista
Se sabe de él que nació en Nueva York y que escribió siete larguísimas novelas consideradas sustanciales en la literatura contemporánea, pero jamás se muestra en público ni habla con los periodistas y nadie conoce su cara.
Es curiosa la insistencia en asimilar la invisibilidad de Thomas Pynchon con la reclusión voluntaria de J. D. Salinger. Nada indica que el primero haya pasado la mayor parte de sus días tras la férrea empalizada de una residencia pueblerina, como el segundo, negándose a la curiosidad pública entre la irritación y el desdén. De atenerse a la hiperkinesis de sus ficciones, resulta más verosímil imaginarlo como un nómade, alguien que, portando una de las viejas guías Baedeker que inspiraron sus primeros relatos, se encuentra, por omisión, en ninguna parte y en todos lados. El mismo Pynchon puso los puntos sobre las íes cuando décadas atrás una nota periodística sugirió que Salinger había venido traficando bajo esa firma su teórica producción en las sombras (la clave del argumento era que el autor de El cazador oculto dejó de publicar al mismo tiempo que el otro comenzaba a hacerlo). “Nada mal. Sigan probando”, dicen que dijo. De modo similar, como un gesto desacralizador, habría que entender sus otras intervenciones clandestinas. Sus apariciones, por ejemplo, en Los Simpson (con su propia voz, la cabeza del personaje cubierta con una bolsa de cartón): en la primera, la más recordada, recomendaba el libro escrito por Marge (“A Thomas Pynchon le encantó este libro casi tanto como le gustan las cámaras”) y ofrecía en la calle su autógrafo de “escritor recluso”. O aquella entrega, en 1974, del National Book Award, cuando su editor envió a recibir el premio a un comediante. Aquel actor estrambótico, al que muchos tomaron por Pynchon (a fin de cuentas, nadie le conocía la cara), terminó agradeciendo el galardón a Brezhnev, Kissinger y Truman Capote. Siga leyendo El enigma
Para entender la nostalgia
Sin que el público tenga clara conciencia de ello, así como en el caso de los jugadores de fútbol, los compositores argentinos cotizan bien en el exterior.
Una noche en 1985 en New York fuimos, con Osvaldo Golijov, a escuchar a Astor Piazzolla, y después a comer con Gerardo Gandini, que había sido nuestro maestro y en ese momento era el pianista del sexteto del bandoneonista. En la comida, Gerardo comentó que Piazzolla estaba un poco celoso porque en todos los lugares adonde iban (era una gira mundial) aparecía por lo menos un ex-estudiante de composición (a veces más de uno), que le gritaba “bien Gerardo” desde la platea. Por esa época, todavía no me había dado cuenta de que el número de compositores argentinos que vivía fuera del país crecía con la vitalidad del zapallo de Macedonio Fernández: el comentario de Gerardo fue un primer indicio. Siga leyendo Para entender
Un místico y su viaje interminable
Malcolm Lowry nunca dio por concluida Piedra infernal, la novela que ahora se publica y que tiene todos los componentes del autor de Bajo el volcán: personajes inestables, pesadillas y una escritura escalofriante.
La segunda esposa de Malcolm Lowry, la abnegada Margerie Bonner, publicó Piedra infernal (Lunar caustic, en el original) en The Paris Review en 1963. Lowry, que originalmente había concebido este texto como un cuento, nunca lo dio por concluido a pesar de haber trabajado en él durante años. Según sus planes, Piedra infernal integraría el “purgatorio” de su soñado e inconcluso proyecto “El viaje interminable”, en el que Bajo el volcán ocuparía el infierno. Seis años después de su prematura muerte ocurrida en 1957, Margerie publica el texto advirtiendo que se trata de “un trabajo principalmente de ensamblaje, una aproximación al método y a los propósitos de Lowry (…) No añadimos una sola línea”. Y concluye: “Malcolm, no cabe duda, lo habría reescrito todo, pero ¿quién iba a poder hacerlo como él?”. Posteriormente, en un acto de audacia editorial, Jonathan Cape publica el cuento como novela en 1968. R. E. Lorente lo traduce al español en 1970, y ahora la editorial Tusquets rescata esta breve y mítica obra maestra con la traducción de Juan de Sola. Siga leyendo Un místico
