Balaguer frente a su propia historia

Balaguer frente a su propia historia

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN | El relato de la vida de Balaguer aparece como la diégesis escamoteada en el que las fisuras de los asesinatos en las calles de Santo Domingo, el robo continuo de las elecciones y la entrega del patrimonio nacional […] hacen que la construcción grandilocuente de su figura se venga abajo como la estatua de un coloso de barro.

Tal vez las acciones de los sujetos individuales sean más importantes para las comunidades que las historias que tratan grandes períodos, quizás sean más significativas que la valoración histórica de las clases sociales o la historia de las instituciones. El relato oral, que hoy día se conforma a través de la radio y la televisión, ha contribuido a conformar una visión del pasado en la que las acciones de los grandes personajes se encuentra por encima de aquellas formas que modernamente han tenido los historiadores de reescribir el pasado.

El asunto me parece ejemplarizado cuando analizamos la figura de Joaquín Balaguer. Su muerte y su entierro produjeron signos y simbolizaciones que ponen en evidencia una reiterada manera de construir lo histórico. Para la cultura oral dominicana la historia tenía un sentido de grandes caudillos. Pero también es significativo que los llamados caudillos han tenido también su propia concepción de la Historia. En el caso de Balaguer quien siempre se creyó un testaferro de fuerzas ocultas.

Teóricamente Balaguer era “historiador”. Un romántico historiador que fuera exaltado a la academia de la Historia dominicana. Sus textos históricos (El Cristo de la libertad, (1950) sobre la vida del patricio Juan Pablo Duarte;  El centinela de la frontera (1962), sobre la vida del general independentista Antonio Duvergé; Historia de la literatura dominicana (I956), Galería heroica y Los próceres escritores (1947), Colón precursor literario (1958), entre otros)  pretenden explicar desde la realidad histórica que construye el sujeto historiador, las acciones de los grandes hombres.

En sus obras históricas, mezcla de relato y reconstrucción de la historia empírica, Balaguer construye a un Duvergé como la verdadera espada de la Independencia y lo contrapone a su rival y verdugo, Pedro Santana; en Los próceres escritores y en la Historia de la literatura dominicana, Balaguer valora los grandes momentos de hombres (y algunas mujeres) que construyen una galería de la grandeza dominicana.

Así Balaguer construye un sentido de la Historia a partir de lo grandioso singularizado en la vida y la expresión de las grandes figuras. Pero sin desligarse del todo de un sentido histórico de sus propias acciones. He leído su libro El Cristo de la libertad, como la construcción de un joven democrático  (Duarte) frente a las acciones políticas del autoritarismo trujillista (Santana). Balaguer era amanuense de Trujillo y a la vez su sucesor. Las disparidades entre el personaje Duarte y Pedro Santana, que aparecen en sus textos sobre el primero y Antonio Duvergé, tiene su encuentro resolutorio en lo empírico donde Santana logra el reconocimiento final con el depósito de sus restos en el Panteón Nacional. En las honras funerarias, Balaguer muestra las contracciones de la coyuntura y la diferencias entre el momento histórico de la escritura de los textos señalados y el final de paz eterna a sus restos.

Es significativo destacar que Balaguer no solamente hace Historia desde el régimen trujillista sino que era un continuo propagandista de ese régimen. En sus discursos de alabanza a Trujillo (La palabra encadenada, 1975) aparecen  reiteradas las figuraciones y metáforas del poder omnímodo, del César dominicano, del gran dirigente de pueblo, del gran constructor. Sus acciones son tan poderosas y su transformación tan significativa que el cambio de nombre de la ciudad de Santo Domingo por el de Ciudad Trujillo es plenamente defendido en su obra histórica Guía emocional de la ciudad romántica (1944). Balaguer panegirista de Trujillo lo muestra como su propio padre, el padre de la República y el incomprendido hacedor del Estado moderno.

Joaquín Balaguer Ricardo (1906-2002) nació en Navarrete. Era hijo de Joaquín Balaguer Lespier, comerciante venido a menos. Se graduó de licenciado en derecho y desde muy joven utilizó sus dotes oratorias para oponerse a la ocupación estadounidense de la República dominicana (1924-1916). Se enrola en el movimiento cívico de Estrella Ureña contra el presidente Horacio Vázquez y que culmina con el ascenso del coronel Rafael Leonidas Trujillo en 1930, dando apertura a uno de los momentos más altos del autoritarismo político latinoamericano. De ese régimen fue diplomático, canciller, secretario de educación, propagandista, vicepresidente y luego presidente testaferro.

Al igual que muchos de los jóvenes que se desarrollaron en su época, cuando el arielismo y el positivismo habían sido agotados por otras concepciones sobre el presente, Balaguer estuvo sumamente preocupado por la inestabilidad del país que lo había llevado a la pérdida de la soberanía bajo las tropas estadounidenses (véase, su novela Los carpinteros, 1984). Su preocupación se manifestaba como la búsqueda de un hombre fuerte, un caudillo que eliminara a los pequeños caudillos regionales. Y ese hombre aparece en la figura de Trujillo.

En La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa construye a un Balaguer inscrito en la historia contemporánea dominicana como el hombre que posibilitó el tránsito hacia la democracia en la República Dominicana. Las notas panegíricas que su entierro presentó, las construcciones que la oralidad y representación mediática le dieron, lo encumbraron como el salvador del país frente a los remanentes del trujillismo. La historia de los grandes hombres que él contribuyó a confirmar como una permanente en el sentido histórico, lo ha colocado en la historia de los grandes caudillos.

Pero la historia no siempre la escriben los vencedores. El relato de la vida de Balaguer aparece como la diégesis escamoteada en el que las fisuras de los asesinatos en las calles de Santo Domingo, el robo continuo de las elecciones y la entrega del patrimonio nacional a favor de las oligarquías locales y extranjeras, hacen que la construcción grandilocuente de su figura se venga abajo como la estatua de un coloso de barro que no resiste el reflejo de su mirada en el espejo de su propia Historia. maf, caguas, pr trabajosparafornerin@gmail.com

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