Puertas y ventanas

Puertas y ventanas

Muchacha ojos de papel | Letras de febrero, Miami | La tierra, el agua y la resistencia | Los muchos libros | La frágil memoria de la informática | Miami Beach Blues No.5 | Desde Santo Domingo | Harold Bloom: “El estado de la cultura en Occidente es crítico” | ¿Cómo se escribe una tragedia? | Diario incesante de Virginia Woolf | La filosofía como un acto radical de creación | Nicanor Parra las razones de una poesía más allá del Nobel | Noam Chomsky: Aniversarios de la “nohistoria” | Más extraño que la ficción | El origen del mundo | Mequetrefe | La costumbre de vivir | Un niño en la cámara de los horrores | Rabia desde la máquina | El arca perdida (y hallada) de Pessoa | Raúl González Tuñón | Spielberg en libertad | Utopía cumplida | ¿Qué leen los escritores? | Cees Nooteboom: “El mundo está lleno de maravillas” | Los títeres vuelven de pie | Sinfonía de sentimientos | El cuento clásico de la semana | Imágenes del mundo

René Rodríguez Soriano y Glenda Galán en Letras de febrero, Miami

Miami, Fl.- De nuevo, en conmemoración de la semana de la Semana de la Herencia Domínico Hispana, se reencuentran en esta ciudad René Rodríguez Soriano y Glenda Galán con nuevas propuestas de lectura. Para esta ocasión ambos escritores compartirán textos sobre sus publicaciones más recientes: Tientos y trotes, de Rodríguez Soriano y Guayabas y fresas, de Glenda Galán.

La presentación, auspiciada por la Feria de las Letras 2012, tendrá lugar el miércoles 22 de febrero en Iron Side Miami (7600 NE 4th Court, Miami Fl, 33138), a las 6 de la tarde. Además de la lectura de textos, los escritores firmarán libros y compartirán con el público asistente. En 2011, Rodríguez Soriano y Glenda Galán también fueron invitados especiales a la semana de la dominicanidad de Miami.

Rodríguez Soriano, uno de los escritores con alto nivel de reconocimiento internacional es autor de casi una veintena de títulos que cubren los géneros de narrativa, poesía, ensayo y periodismo. Además de los premios nacionales de Poesía, Novela y Cuentos en República Dominicana, ha sido merecedor del importante Talent Secker Award 2010-2011. Entre sus títulos destacan Rumor de pez (2009), El mal del tiempo (2008) y recientemente Tientos y trotes, libro que ha sido bien acogido.

Glenda Galán, recientemente ganadora de un Premio Emmy por su trabajo periodístico en la televisión de Miami, presentó el año pasado su primer libro de relatos Mar de fugas que tuvo una excelente acogida. Sobre el mismo ha dicho Rey Andújar “Mar de fugas es el jardín flotante visto desde el otro lado de la malla ciclónica; el exceso de color que permite el Caribe”.

Sobre Tientos y trotes dice la poeta venezolana Mery Sananes: “Quien haya leído a René Rodríguez Soriano no se sorprenderá de este texto. Comulga con su desenfado que no es otra cosa que la cobertura de aquel rubor inicial que nunca lo abandona. No pasa leve por parte alguna.”

En agenda

René Rodríguez Soriano y Glenda Galán leerán y firmarán sus libros más recientes (Tientos y trotes y Guayabas y fresas) en Iron Side Miami el miércoles 22 de febrero a las 6 de la tarde. Invita Feria de las Letras 2012

La tierra, el agua y la resistencia

Lo que está sucediendo en América Latina en relación con los bienes comunes (agua, tierra, biodiversidad) es algo más que una sucesión de conflictos locales. Por momentos la intensidad de los enfrentamientos da la impresión de que marchamos hacia una conflagración general, que por ahora tiene expresiones locales y regionales, pero que se repiten en casi todos los países.

La Gran marcha nacional del agua, que comenzó el primero de febrero en Cajamarca, es la respuesta de los movimientos populares a la represión y al estado de excepción en tres provincias por parte del gobierno de Ollanta Humala, ante la huelga de 11 días en Cajamarca contra el proyecto minero Conga. La caravana llegará este viernes a Lima para frenar el uso de productos contaminantes como el mercurio y declarar el agua como derecho humano.

Conga es un proyecto de la Minera Yanacocha, la primera en extracción de oro en América del Sur, que prevé invertir casi 5 mil millones de dólares y drenar cuatro lagunas, dos para extraer oro y otras dos para almacenar desechos. Las actividades en Conga están paralizadas desde la huelga de noviembre. Lo más importante es que el movimiento ha conseguido trascender lo local para convertirse en la confluencia de las más importantes organizaciones sociales para una gran acción de carácter nacional.

En el norte de Argentina se reactivó la resistencia a la minería. En enero se produjeron masivas movilizaciones impulsadas por las asambleas ciudadanas, en La Rioja, Catamarca y Tucumán, contra los proyectos mineros Famatina y Bajo La Alumbrera. En La Rioja la movilización popular forzó al jefe comunal de la capital provincial a pronunciarse contra la megaminería, aunque está alineado con el gobierno nacional.

En Catamarca el bloqueo a los camiones que se dirigen a Bajo La Alumbrera llevó a la empresa a licenciar al personal y detener la explotación por la falta de insumos y provisiones en la mina. Hace más de tres semanas que los militantes de la Asamblea de Ciudadanos en Defensa de la Vida y el Agua bloquean el tránsito de camiones que pertenecen a la empresa minera y que circulan por Tinogasta, Belén y Santa María.

Uno de los conflictos menos visibles pero con gran potencial desestabilizador es el que se está registrando en Paraguay entre campesinos y colonos de origen brasileño, conocidos popularmente como brasiguayos. Se estima que hay 8 millones de hectáreas, 20 por ciento de la superficie del país, adjudicadas ilegalmente, sobre todo bajo la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989). Una parte importante fueron entregadas a colonos provenientes de Brasil, en hasta un dólar la hectárea en la zona fronteriza.

Ahora son grandes productores de soya que sacan su producción por Brasil sin pagar siquiera impuestos. Tranquilo Favero, el rey de la soya, posee 45 mil hectáreas de tierras de alta calidad en las que cosecha hasta 130 mil toneladas cada año, que le rinden unos 50 millones de dólares, en la zona de Ñacunday, Alto Paraná. Esta es la región más caliente del conflicto actual, en la que se enfrentan sin tierra y terratenientes, pero en la que están también involucrados los gobiernos de Fernando Lugo y Dilma Rousseff.

Si la producción de soya, con su secuela de contaminación y expulsión de campesinos, es grave, la cuestión fronteriza también lo es. De los 400 mil brasileños que viven en Paraguay, unos 250 mil ocupan la faja fronteriza con Brasil. En 2007 el gobierno paraguayo aprobó la Ley de Frontera por la cual los extranjeros no pueden tener tierras a menos de 50 kilómetros de la frontera, como forma de afirmar la soberanía nacional. Brasil tiene una legislación similar aunque más estricta. Siga leyendo La tierra, el agua

Los muchos libros 

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN [mediaisla] Siempre llegan. No siempre podemos (ahora) ahondar en su espesura. Tal vez podamos (por ahora) dar noticias, festejar. Buscar —de momento— el sentido de su presencia. Luego (mañana) ensayar con ellos a hacer piruetas, a colgar papalotes en el viento.  

«Las máscaras de la seducción» de José Alcántara Almánzar

Ha aparecido recientemente la segunda edición de la colección de cuentos La máscara de la seducción de José Alcántara Almánzar. La publicación podría mostrar el arraigo de la obra de este autor en las letras dominicanas. Pero para mí es la revelación de dos cosas: primero que en cada obra publicada por este cuentista podemos encontrar por lo menos tres cuentos extraordinarios que podrían aparecer en las principales antologías del cuento hispanoamericano. Los cuentos extraordinarios de esta colección son: “Lulú y la metamorfosis”, “Ruidos”  y  “Ella y él al final de la tarde”; en segundo lugar, creo que esta reedición nos pone a revaluar la posición de Almánzar en la cuentística dominicana. De los escritores que han publicado cuentos en la década del setenta ninguno ha tenido tanta constancia y éxito como Almánzar. Debemos tomar en cuenta la obra de Pedro Peix, que es extraordinaria, pero no tiene la extensión de la de Almánzar.  Ahora bien, su constancia en el trabajo en la narrativa le da un lugar privilegiado en el cuento contemporáneo, si mencionamos a la pareja Bosch- Díaz Grullón, José Alcántara Almánzar brilla como uno de los cuentistas principales de las letras dominicanas del siglo veinte. Sus textos no solamente presentan al hombre dominicano en su cotidianidad, sino su psicología y el mundo fantástico y grotesco. De su lenguaje terso, preciso debemos hablar pues es Almánzar un maestro de la expresión escrita. Su prosa guarda un ritmo de asombroso valor, tal así que podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que sin ser la suya una prosa poética, la factura lingüística desborda en un ritmo inusitado. Lo que constituye un caso raro en el decir de muchos narradores.

«Los cuentos del otro» de Giovanny Cruz Durán

La obra de Giovanny Cruz plantea un retorno al cuento dominicano que fue desplazado por lo que hemos llamado el cuento moderno que instauró Juan Bosch con la publicación de Camino real  en 1933. Es un cuento que busca las identidades a través de las narraciones. Obras que muestran el acaecer, la memoria y las prácticas de una colectividad. Su obra es sobresaliente por muchas razones: el manejo de la acción y la atmósfera, el lenguaje directo, la atención que dosifica y el horizonte que abre para repensarnos e identificarnos. Cuentos como estos son muy importantes para vernos en el espejo y descubrimiento en una antropología cultural. La ruptura de Bosch no se da contra esa antropología, sino con el artificio que el cuento había presentado. El cuento nuevo, moderno planteó un adentrarse en la psicología de los personajes, su relación con el ambiente y el artificio de la estructura narrativa. Debe leerse esta obra de Giovanny Cruz como otra propuesta narrativa, esta vez proveniente de uno de nuestros principales actores que domina el escenario y la acción dramática como oficio. Es interesante el juego entre lo uno y el otro, la personalidad en el espejo del escritor que enreda a otro que escribe y es, en fin, el mismo. Lo recomiendo.

«Notas para un insomnio» de Gladys Rivera Ocasio

Gladys Rivera Ocasio, profesora y narradora, ha publicado con Isla Negra, el libro de cuentos Notas para un insomnio. En la presentación dice la doctora Georgina Dopico Black, de New York University, lo siguiente: Notas para un insomnio es una colección sumamente original, conmovedora y aguda, que destaca a Gladys Rivera como una de las más audaces y brillantes voces en las letras puertorriqueñas contemporáneas. Sus relatos son historias de mujeres en distintas etapas de la vida, enfrentando situaciones que trasiegan desde lo más profano a lo más extraordinario. La capacidad de esta escritora consiste precisamente en captar lo bello y el pulso del dolor que lo acompaña, ambos codificados en el día a día de sus personajes… Cada página de este excelente texto seduce al lector y lo llama a adentrarse, más y más, en territorios de duda y deseo; generalmente traza mapas de estos terrenos inestables, mientras produce una nueva y luminosa cartografía de la ficción”.

«Haitianos y cocolos en la literatura dominicana» de Antonio Lockward Artiles

Antonio Lockward, escritor de la generación que surgió luego de la dictadura de Trujillo, ha dado a la estampa Haitianos y cocolos en la literatura dominicana, una colección de poemas de Juan Sánchez Lamouth, Jacques Viau Renaud, Norberto James Rawlings, Mateo Morrison Fortunato y el propio Locward Artiles. La obra, además de su importancia por los poemas de Jacques Viau Renaud, poco accesibles al público en general, y teniendo en cuenta que los poemas de Sánchez Lamouth y Mateo Morrison han sido publicados recientemente, es por demás reveladora del tema de la negritud por los interesantes ensayos del profesor Locward Artiles. Es poco lo que se publica en nuestras islas sobre el tema negro y el discrimen racial. Esta obra permite un análisis distinto, tomando en cuenta la perspectiva de creadores hijos de haitianos y cocolos. Un texto que vale la pena leer para ubicar la situación actual de la representación del negro en nuestras letras.

«Destellos de la negritud (investigaciones caribeñas)» de Marie Ramos Rosado

Marie Ramos Rosado, la autora de La mujer negra en la literatura puertorriqueña,uno de los textos más significativos sobre el tema, viene de publicar con Isla Negra, Destellos de la negritud, investigaciones caribeñas. El libro contiene diversos ensayos de la autora enlazados por el mismo tema, con el ritmo y el baile caribe, como “Mujeres soneras”, “Hacia una negritud artística liberadora”, “La bomba y la plena, expresiones afrocaribeñas de un gentío mulato” y “Mujeres negras y mulatas en tres narradoras puertorriqueñas: Rosario Ferré, Mayra Santos Febres e Yvonne Denis Rosario. Un libro para el estudio y la meditación de nuestra etnicidad y repensarnos como islas viajeras. Sobre este libro ha escrito la profesora AlinaLuz Santiago Torres: “En estos destellos, Marie ramos Rosado nos aviva el alma e ilumina el entendimiento de lo que representa para todo el Caribe, pero sobre todo para Puerto Rico, nuestra negritud con toda su mulatez-hibridez posible.” Envíe su libro directamente a «Los muchos libros». Apartado 375124. Cayey, PR 00737. Puerto Rico

La frágil memoria de la informática

Contrariamente a lo que se suele pensar, el mundo virtual no es eterno. Millones de páginas duran apenas días en Internet. Los soportes cambian y otros tantos archivos se hacen inaccesibles. Generamos y perdemos masivamente información.

El libro de Paul Auster La invención de la soledad —un ensayo autobiográfico sobre la muerte de su padre, publicado en 1982— contiene un relato que es ideal para ilustrar la compleja relación entre la memoria y los archivos (y también, por ende, para demostrar la nueva complejidad entre la memoria y los archivos digitales). En el centro de la historia familiar de Auster hay un misterio: no se sabe cómo murió su abuelo. En realidad, sólo es un secreto porque los que conocen la historia no hablan del tema. Cuando el padre de Auster muere, le toca al joven escritor en duelo la melancólica tarea de vaciar la casa de todos sus objetos. Con la casa casi vacía ya, Auster descubre en el fondo del placard del padre una caja de zapatos llena de fotos y recortes de diarios; los recortes tienen casi cien años y las fotos más de treinta. En estos archivos familiares, descuidados y abandonados, Auster descubre el gran secreto familiar (que su abuela mató a su abuelo) y también vislumbra la vida de su padre como soltero, años sobre los cuales nunca hablaba con su familia.

Ahora entramos en el tema de esta nota con dos preguntas para el lector. Primera pregunta: ¿No tiene usted también en su hogar una caja de zapatos, o un álbum, o un cajón lleno de fotos tomadas hace veinte años o más? ¿Fotos de sus padres antes que naciera usted? ¿Fotos de sus abuelos cuando ellos mismos eran jóvenes? ¿O cartas escritas de puño y letra desde Europa, tal vez hace ochenta años o más –o por lo menos desde antes que el email–? ¿O a lo mejor, con suerte, tenga, también, unos rollos de película de súper ocho y un viejo proyector que aún funciona y puede ver imágenes espectrales de otra vida (pero la suya , de todos modos), proyectadas sobre una pared blanca en la cocina, por ejemplo? Ahora viene la segunda pregunta: De todas las fotos que sacó en los últimos años con su cámara digital (¡o con su teléfono!), de todos los videos y correos electrónicos (seguro que son miles) que tiene almacenado en algún disco duro, o en un servidor remoto, ¿cuántos piensa que sus hijos y los hijos de sus hijos podrán ver dentro de veinte años? ¿Cincuenta? ¿Cien? ¿Cuántas de esas fotos han sido impresas y cuántas existen solamente en una fantasmal secuencia de ceros y unos? Ni siquiera hay que ser tan hipotético. Seguramente ahora mismo tiene en su hogar una vieja computadora que ya no anda pero que almacena viejos trabajos universitarios, por ejemplo. Seguramente tiene una cuenta de email o de blogger que ya cerró y cuya clave y URL olvidó. Seguramente –dependiendo de su edad– tiene viejos discos floppy o zip llenos de datos –como la caja de zapatos de Auster– pero a los que no va a poder acceder porque vaya a encontrar una PC con una lectora de disquetes. O si encuentra tal máquina ¿qué le asegura que el software para leer los archivos en esos discos aún existe o funciona? Este es uno de los dilemas y las ironías de nuestro momento histórico, de esta era digital. Nunca antes el ciudadano común ha producido tanta información: fotos, audios, textos, videos; pero a la vez, nunca han cambiado con tanta rapidez los soportes físicos de la información, volviéndose a la vez obsoletos y, por lo tanto, atrapando la información que crean dentro de ellos. Siga leyendo La frágil memoria

Miami Beach Blues No.5 (For your eyes only)

JAIME CABRERA GONZÁLEZ | Charles Dickens nunca corrió maratón alguna, pero caminó y caminó y caminó (más que loco nuevo, hubieran dicho en Barranquilla). Y escribió, escribió, escribió (y sigue vigente).1.

Primeras luces del domingo. Los atletas han partido del AmericanAirlines Arena, cruzan las calles de Miami Beach, toman el Venetian Causeway hasta Biscayne Boulevard rumbo al Bayfront Park en donde está la meta del ING Marathon. Una vez me atreví a correr el maratón (¡Qué problema con el género!). A pesar de haber sido corredor de velocidad, el fondo no dejaba de atraerme. Era un reto. Pero como dice el escritor japonés Haruki Murakami al comparar la creación de un cuento con una novela, no es lo mismo “plantar un jardín que plantar un bosque”. Y hasta ahí llegó mi atrevimiento. Me quedé con las distancias cortas y los pies literarios en los cuentos. A propósito, Murakami ha escrito en De qué hablo cuando hablo de correr  acerca de su experiencia como maratonista (aunque también es triatleta); sobre el impulso que lo llevó a desatender un bar para competir en más de 20 maratones, según él, para no ganarle a nadie, sino a su propio cronómetro porque aunque haya otros alrededor suyo, como la escritura o la lectura, es un acto solitario.

2.

Mario Vargas Llosa ha dicho que nada le hubiera gustado más en la vida que correr una maratón. En Correr, placer intelectual, un artículo publicado a finales de los años setenta, dice qué lo llevó a abandonar el sedentarismo del escritor y el cigarrillo y de cómo Occidente ha orientado desde la cuna de que se es intelectual o deportista. Pero que la gente tendrá que convencerse que como un gran libro existe una cultura física “fuente de conocimiento, combustible para las ideas y cómplice de la imaginación”. Cuando cumplió 60 años, Vargas Llosa, dejó de correr y empezó a caminar una hora diaria. Tal como sucede con la escritora norteamericana Joyce Carol Oates que llueva, truene o relampaguee, corre (o camina) cada tarde. La autora de La fe de un escritor (2003), dice en Correr y escribir, que lo suyo es una actividad “feliz, emocionante y nutriente para la imaginación” que comenzó en su niñez cuando iba por el campo y con el tiempo se convirtió en una adición gratamente extenuante como la escritura (o como hacer el amor).

3.

Charles Dickens nunca corrió maratón alguna –aunque este año con ocasión del bicentenario de su nacimiento en varios sitios se celebra una maratón de lecturas—, pero caminó y caminó y caminó (más que loco nuevo, hubieran dicho en Barranquilla). Y escribió, escribió, escribió (y sigue vigente). Dickens fue un escritor “superstar”: cobraba grandes sumas por sus conferencias, firmaba autógrafos, peleaba sus derechos de autor, viajaba a promover sus libros, acudía a la fotografía y a los medios, hacía lecturas públicas. Una vez, tras una crisis de insomnio, se lanzó a las calles de Londres a caminar sin descanso en la oscuridad y bajo la lluvia pertinaz. Y luego varias noches más. De ahí nació Night Walks. Con Dickens hay una senda de escritores caminantes en diferente latitudes, géneros y épocas, tales como Thoreau, autor del ensayo Caminar, Henry James, los grandes poetas románticos ingleses, Walt Whitman, Rimbaud, el colombiano Fernando González y tantos otros que han dejado constancia de su viaje a pie. O las carreras como Eratóstenes que no sólo fue poeta, matemático, geógrafo, orador y filósofo, sino un atleta completo.

½

Camino por el boardwalk, frente al mar, cada mañana (cada tarde en verano), una hora. Y en ese lapso pasan las mujeres judías con sus turbantes y sus coches dobles, un hombre que  practica la marcha atlética, la muchacha que da saltos cosacos y, de repente, hello, aquel 20 de enero de 1992,  “¿lloverá?”, un peregrino del camino de Santiago extraviado, un tema de Art Pepper, “¿hablar con Teresa?”, Emil Zatopek disecado, el término barzonear, “¿el corazón como un colibrí?”, un descendiente tarahumara y otro chasqui, el doble de Johnny Walker, “¿es Lola?”, un cuento que le debo a… “¿nos bañamos?”.

Y hasta aquí alcanzó el papiro.

Desde Santo Domingo

JIMMY HUNGRÍA | La Feria del Libro ha anunciado el inicio de su ciclo preinaugural, con la conferencia “Las poéticas de Rubén Darío y Ernesto Cardenal, distancias y acercamientos”, que ofrecerá César Sánchez Beras, el jueves 23 de febrero, a las 8 de la noche

SANTO DOMINGO. Otras voces se han unido a la de Miguel D. Mena (suplemento Areíto, de Hoy, del sábado 7 de enero) deplorando los errores y omisiones de la antología editada recientemente por José Mármol y Basilio Belliard en la Colección Visor (Antología La Poesía del Siglo XX en República Dominicana). En el mismo periódico Hoy, los tres sábados siguientes, tanto Clara Silvestre (14 de enero) como Diógenes Céspedes (21 y 28 de enero) escribieron sendos artículos al respecto. Mientras el segundo afirma que dicha antología “ha encontrado una crítica abierta y soterrada oposición debido a la exclusión flagrante de grandes poetas y poetisas de valor literario y menos en razón de la ausencia de método y por la teoría del signo en que se basa su concepción literaria”, la primera expresa: “En un justo homenaje a los excluidos, destaco los nombres de algunos de ellos: Fabio Fiallo, Máximo Avilés Blonda, Antonio Fernández Spencer, Héctor Incháustegui Cabral, René del Risco Bermúdez, Aída Cartagena Portalatín, Miguel Alfonseca, Norberto James, Enriquillo Sánchez, Manuel García Cartagena, Ramón Francisco, Rafael Américo Henríquez, Octavio Guzmán Carretero, Rafael Valera Benítez, Chiqui Vicioso, René Rodríguez Soriano, Mariano Lebrón Saviñón, Carmen Natalia, Martha Rivera, César Zapata y Luis Manuel Ledesma”.

Otro debate ha surgido en el ámbito cultural. Varios escritores, encabezados por el colectivo literario El Arañazo, han manifestado su “repudio e indignación ante las consideraciones emitidas por el señor Álvaro Arvelo hijo” en el programa radial El Gobierno de la Mañana acerca del extinto escritor Enriquillo Sánchez. “Pretender restar méritos a una carrera en la literatura tan prolífica con argumentos que apelan a su vida personal y privada nos parece un ejercicio bajo y vil que creíamos superado hace bastante tiempo en los medios de comunicación dominicanos”, expresan los escritores, quienes protestan por la “falta de respeto mayúscula a la vida y trayectoria de un escritor de la talla de Enriquillo Sánchez”, a cuya memoria será dedicada la XV Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2012, que será celebrada del 18 de abril al 6 de mayo en la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte.

No obstante dicha dedicatoria, la Editora Nacional ha rechazado la propuesta del bibliógrafo Miguel Collado de publicar su “Cronología biobibliográfica sobre Enriquillo Sánchez”, texto que constituye “el apéndice de la obra Rayada de pez como la noche: cuentos completos de Enriquillo Sánchez, compilación que inicié cuando aún vivía el brillante escritor y amigo, quien me confió esa labor, y que, luego de su muerte, me autorizó a continuarla su distinguida esposa doña Cristi”, afirma Collado, quien al preguntar “las razones por las cuales el Ministerio de Cultura o el Director de la Editora Nacional ha rechazado mi propuesta”, expresó: “Tengo derecho, como investigador de largo batallar, a pedir alguna explicación, ya que en la Administración Pública -a la que he dedicado más de 30 años de mi vida profesional- se acostumbra a mezclar lo institucional con lo personal, lo que constituye inequívocamente una evidencia clara de la falta de institucionalidad”.

La Feria del Libro ha anunciado el inicio de su ciclo preinaugural, con la conferencia “Las poéticas de Rubén Darío y Ernesto Cardenal, distancias y acercamientos”, que ofrecerá César Sánchez Beras, el jueves 23 de febrero, a las 8 de la noche, en el Museo de las Casas Reales, y continuará el miércoles 29, con la realización de “La Noche Brava del Libro, de 6 de la tarde a 10 de la noche”, en la Librería de Cultura, de la calle de Las Atarazanas. Durante cuatro horas se venderán los libros de las colecciones del Ministerio de Cultura con descuentos de hasta 70%. Diversos autores se unirán a estas ventas con importantes descuentos de sus libros. Habrá recitales de música, poesía y cuentos, así como brindis para los asistentes. La Noche Brava del Libro tuvo una primera entrega el 30 de enero y tendrá una tercera el miércoles 28 de marzo, de 6 de la tarde a 10 de la noche.

Además, la Feria del Libro ha publicado las convocatorias al Premio Nacional Feria del Libro “Eduardo León Jimenes”, así como a los premios de “Cuento Joven”, “Poesía Joven” y “Periodismo Joven”, cuyas bases están disponibles en su página web (www.ferilibro.com).

Mientras tanto, por decisión unánime del jurado, el Premio Nacional de Literatura 2012 (auspiciado por el Ministerio de Cultura y la Fundación Corripio) ha sido otorgado a Armando Almánzar, quien pondrá a circular este mes un nuevo libro de cuentos y en abril tres novelas cortas.

A la crítica literaria, el Ministerio de Cultura le dedicará este mes dos eventos: el Taller “Introducción a la crítica literaria”, que impartirá Manuel García Cartagena, del lunes 13 al viernes 17; y el Primer Seminario sobre la Crítica Literaria en la República Dominicana, los días 24 y 25. Más información puede obtenerse en la dirección electrónica de la Dirección de Gestión literaria (culturagestionliteraria@gmail.com).

Dentro de dos semanas, volveremos con otro boletín o resumen del acontecer cultural en Santo Domingo para los lectores de mediaisla.

Harold Bloom: “El estado de la cultura en Occidente es crítico”

Novela y novelistas acaba de aparecer en español. Son 880 páginas en las que el reconocido crítico literario establece su ambicioso y muy personal canon de las novelas occidentales. Desde su casa en New Haven, el autor de “El canon occidental” recuerda sus inicios como profesor en Yale y habla de sus libros.
 
Harold Bloom (Nueva York, 1930), el sublime pope de la literatura y majestad de la crítica literaria, es incansable: prepara una obra de teatro sobre Whitman y el Instituto Cervantes de Nueva York le dedicará una gran exposición en abril. No es extraño que mientras conversamos en su casa de New Haven, junto a la Universidad de Yale (donde es profesor hace 55 años), cierre los ojos y recite poemas, como poseído por ellos. Coinciden en España las reediciones de “Anatomía de la influencia” (Taurus) y “La escuela de Wallace Stevens” (Pre-Textos), y su nuevo libro: “Novela y novelistas: el canon de la novela” (Páginas de Espuma).

Hace mucho tiempo que Bloom ha interiorizado esos poemas que lo acompañan desde la infancia y que ahora recita. En su compañía amable y espontánea -llama a sus cercanos siempre dear , my son , my child -, lo banal no tiene espacio; incluso uno olvida del bastón que necesita para dar un paseo cada 15 minutos y mejorar la circulación de sus 81 “ya inocentes años”. No es ahora Bloom ese hombre enorme: ha adelgazado más de 40 kilos.

Bloom nos hace trascender. Su talento es innegable, pero debe mucho a su excepcional memoria. Una memoria portentosa, similar a la de un prodigio matemático o musical, capaz de captar las escondidas estructuras, en su caso de los textos.

Desde que a los siete años descubriera la poesía de Hart Crane como “una experiencia abrumadora”, su forma de vida ha sido la literatura. Y ese es el subtítulo de su penúltimo libro, “Anatomía de la influencia”, donde vuelve sobre su obsesión: la influencia. Lleva más de 50 años analizando la influencia, trazando secretas genealogías literarias, descubriendo los verdaderos ancestros de los mejores poetas, “algo difícil -señala-, porque los grandes siempre enmascaran sus influencias”. En este libro ha querido “contar todo lo que he aprendido sobre cómo la influencia determina la literatura”. De hecho, lo describe como retrato autocrítico en el que “trazo mi propio mapa mental de escritores y críticos que me han inspirado”. Comienza volviendo a su idolatrado Shakespeare, “el universal e insoslayable padre fundador de todos”, para pasar a Blake, Whitman y demostrar cómo el Satanás de “El Paraíso Perdido” de Milton es el retoño de Hamlet.

-Ha tardado siete años en escribir “Anatomía de la influencia”. ¿Cómo nació?

“He tardado tanto por mis enfermedades sucesivas. Había escrito un borrador tres veces más largo y finalmente la magnífica editora Allison McKeen me ayudó a cortarlo. De niño estaba abrumado por la inmediatez de los poetas a los que amaba. Mi subjetividad se formó leyendo poesía desde los diez años. Con esa edad, parecía que los poemas se memorizan solos en mí. Muchos fueron hospedándose en mi mente y el placer de poseerlos en la memoria me ha mantenido muchas décadas. Y al interiorizarlos, y llevarlos conmigo tantos años, reverberaban en mi cerebro, enfrentándose unos con otros, y creando relaciones complejas entre ellos en forma de modelos enigmáticos. Recuerdo la conexión que hacía entre Blake y Crane, de Milton en Shelley, de Whitman en T.S. Eliot o en Wallace Stevens. Gradualmente los ecos, alusiones y búsquedas de fuentes fueron transcendiendo hasta convertirse en un tema crucial. Y mientras escribía mi disertación sobre Shelley para mi doctorado, comprendí que el gran problema por resolver era el de las influencias”.

-En “Genios” incluye a muchos escritores en español, además de Cervantes, como Paz, Borges, Cernuda o Lorca.

“Con Borges, cuando nos veíamos en Nueva York, discutía mucho sobre la influencia literaria, aunque él siempre la idealizaba, pues excluía cualquier rivalidad. Mi favorito es Cernuda. No sé por qué hay críticos españoles que no lo aprecian. Para mí es uno de los dos mejores en lengua española del XX; es el poeta de poetas, increíblemente refinado. Lorca es un gran poeta, pero más popular. Yo prefiero leer a Cernuda”. Siga leyendo Harold Bloom

¿Cómo se escribe una tragedia?

En El trompetista del Utopía Fernando Aramburu dibujaba algunos personajes de difícil olvido. No por la nitidez de sus perfiles psicológicos, sino paradójicamente por todo lo contrario: por ese cruce de indeterminación moral, mezcla de desprendimiento y ruindad. En Años lentos, con el que gana ahora el VII Premio Tusquets Editores de Novela, el escritor vasco repite esa arriesgada operación. En realidad, los riesgos son dos. Los hay técnicos y éticos. Crear un personaje y ponerlo en una trágica situación histórica, en el origen de ETA, exige la excelencia de una estrategia narrativa que impida el maniqueísmo moral. Aramburu resuelve con creces la encrucijada ante la cual su novela lo ponía. Incluso estaría por decir que una instancia, la ética, depende no tanto de la voluntad del autor, como de su pericia y sensibilidad para gestionar la sala de máquinas de su relato. Quiero insistir en este capítulo porque me parece que Fernando Aramburu hace recaer en el método de representación que ha ideado para su novela su peso y su eficacia estética.

Que recuerde, no he visto en novelas anteriores del autor la platea y la tramoya expuestas a la vista del lector como se hace en esta. Veamos cómo. Hay una voz que escribe y narra oralmente a un oyente y escritor llamado Aramburu. Éste deberá escribir lo que le narra para ese propósito el primero. El narrador le cuenta a Aramburu cómo su madre reparte a él y a sus hermanos por distintos lugares, dada su extrema pobreza para criarlos a todos. El narrador, que entonces tenía ocho años, va a casa de una tía suya y allí conoce a su primo Julen, unos años mayor. El relato indirecto nos ofrece la falsa impresión de que quien narra es el protagonista, cuando en realidad lo es, para lo mejor y para lo peor, el primo Julen. Eso por un lado. Por otro tenemos a Aramburu, que escribe esbozos, borronea estrategias y elementos retóricos para adaptar el relato del primo de Julen. Ha de ser una novela cuyos parámetros formales coinciden precisamente con los que conocemos y celebramos del Fernando Aramburu real. Y así llegamos a la conclusión de que entre el relato que conocemos del primo de Julen y los borradores de Aramburu para transformarlo en una novela, el lector está en el medio de un proceso narrativo que termina siendo la tierra de nadie de la ficción. Tenemos relato, tenemos el trabajo y las reflexiones de Aramburu pero no tenemos novela. O sea, estamos en la platea y a la vez estamos en la tramoya: pero no tenemos la representación que se nos prometía. Esto es la novela que leemos. Ésta es su arquitectura. Un suelo de ficción en el cual Fernando Aramburu trama una sólida historia familiar con ramificaciones ideológicas, dejando que lo individual sea la única luz humana en contraposición con el dogmatismo y la intolerancia ambiental reinante en esos años a un lado y otro de la sociedad vasca. Siga leyendo Cómo se escribe

Diario incesante de Virginia Woolf

A Virginia Woolf le gustaba fumar puros, jugar a los bolos y escribir a máquina. Era feminista y era pacifista, y una vez que le ofrecieron un doctorado honoris causa lo rechazó con tajante elegancia. Comparaba la felicidad de escribir impulsada por el entusiasmo de la inspiración y la perseverancia del trabajo con el ronquido de un Rolls Royce lanzado a cien kilómetros por hora; con la fuerza de las hélices de un avión. Un día estaba escribiendo en su diario y al levantar la cabeza vio por la ventana de su casa de campo un zepelín que navegaba silenciosamente en la noche, con una guirnalda de luces en la barquilla; paseando por el campo con su marido, Leonard Woolf, una mañana de primavera, vio en un prado, entre ovejas y vacas, un aeroplano de fuselaje plateado y alas azules.

Cuando la abatía la negrura de la depresión podía pasarse semanas encerrada en su dormitorio, mirando al techo, deseando morir; pero muchas más veces disfrutaba golosamente de la vida, del amor conyugal y tal vez del amor de aquella mujer a la que estaba tan unida, Vita Sackville-West, de la cercanía de sus amigos, de los paseos entre las multitudes de Londres o las caminatas solitarias por el campo; de verlo todo y apreciarlo todo; y sobre todo de la literatura, de escribir y leer, de recibir la intuición, la primera imagen de una novela y dejarse llevar por ella hasta encontrar su forma; y de escribir en su diario sobre la felicidad y la obsesión y la incertidumbre de escribir y sobre cualquier cosa que se le pasara por la imaginación y sobre cada impresión que le alertara los sentidos, sobre una visita a Thomas Hardy o un encuentro a la orilla del Támesis con George Bernard Shaw o sobre un perro que la miraba mientras trabajaba o sobre aquel aeroplano que ella y Leonard vieron un día brillando al sol en medio del campo como una prodigiosa libélula. Siga leyendo Diario incesante

La filosofía como un acto radical de creación

Seguramente Gilles Deleuze es uno de los mayores filósofos del siglo XX, pero no tanto del modelo de los que salen en los medios de comunicación haciendo aspavientos con las ideas, sino de los otros, de los que escarban en la tradición y siguen dialogando con ella y le sacan punta, y así la renuevan y le dan vida. José Luis Pardo ha vuelto ahora sobre su obra en El cuerpo sin órganos (Pre-Textos), pero con un desafío radical: no ha querido sintetizarla, ni extraer sus conceptos más productivos, ni situarla históricamente. La estrategia que ha seguido ha sido, más bien, la de servirse de la maquinaria con que el propio Deleuze procedía para recorrer su filosofía. Contar Deleuze, pensando a la manera de Deleuze: “Seguir’ a un pensador, incluso en el sentido de ser uno de sus seguidores, quiere decir seguir su movimiento, el movimiento de su pensamiento”, escribe Pardo en el prólogo. Y confiesa que es “el más académico” de sus libros. Pero convendría subrayar que esa palabra quiere decir, en este caso, voluntad de rigor, de profundidad, de compromiso y respeto con una trayectoria. Y, también, capacidad creativa. Por una única razón: la razón de ser del trabajo de Gilles Deleuze (París, 1925-1995) fue justamente convertir la filosofía en una creación.

Al mismo tiempo que se publica El cuerpo sin órganos, la editorial Errata Naturae ha recuperado en Contribución a una guerra en curso un texto breve de Deleuze que en buena medida sirve de cabal ilustración a la propuesta de lectura que propone Pardo. Se trata de ¿Qué es un dispositivo?, un trabajo en el que Deleuze se ocupa de la obra de Michel Foucault. Ya desde las primeras líneas, el propio concepto de dispositivo es puesto en escena no tanto como un término que alude a algo cerrado, acabado y estable sino como “una madeja, una unidad multilineal”, y Deleuze señala que esas líneas que la atraviesan son de distinta naturaleza, que conforman “procesos en constante desequilibrio”, que pueden sufrir “cambios de dirección” o “derivaciones”. Nada de fijeza, siempre un proceso. “Pertenecemos a los dispositivos y actuamos en ellos”, observa Deleuze más adelante. “La novedad de un dispositivo en relación a los anteriores es lo que denominamos su actualidad, nuestra actualidad. Lo nuevo es lo actual. Lo actual no es lo que somos, sino más bien eso en lo que devenimos, en lo que estamos a punto de devenir, es decir, lo Otro, nuestro devenir-otro”. Pensar sobre lo que está cambiando, ese fue el desafío de Gilles Deleuze y los siguientes términos pretenden explorar diferentes aspectos relacionados con su manera de filosofar a través de las palabras de José Luis Pardo:

Un mundo nuevo. “El Anti-Edipo, de Gilles Deleuze y Félix Guattari, fue el libro que me empujó a dedicarme a la filosofía. Lo que me llamó inicialmente la atención de él es que se ocupaba de los autores que entonces yo estaba leyendo: Henry Miller, Antonin Artaud, los surrealistas… Y lo hacía sin concesión alguna, sin dar facilidades. Yo entré a la filosofía por ese libro y, desde entonces, llevo treinta años leyendo a Deleuze. Hice un libro sobre él que se publicó en 1991, y que fue el resultado de mi tesis doctoral y, desde entonces, quedó un poco descolgado. Así que tenía que saldar una deuda y volver sobre él: lo he podido hacer cuando he encontrado un camino para recorrer su pensamiento, que es muy difícil. La estrategia ha sido la de seguirlo, la de reproducir su manera de trabajar, de pensar, de proceder. Solo que esta vez sobre su propia obra”. Siga leyendo La filosofía

Nicanor Parra las razones de una poesía más allá del Nobel

¿Merece el Premio Nobel? ¿Qué poema es su mejor carta de presentación? Responden críticos, una escritora y políticos de izquierda, centro y derecha. En su casa de Las Cruces, el antipoeta prepara el discurso para recibir el Premio Cervantes, mientras universidades, profesores, escritores y lectores chilenos y extranjeros se unen para postularlo una vez más al máximo reconocimiento a las letras. Esta semana fue enviada a Suecia una caja que intenta resumir su aporte a la literatura universal. Que se cuiden los académicos suecos al abrir la caja de la antipoesía.

Los criterios que tiene la Academia sueca para decidir el Nobel de Literatura parecen insondables. Fuera de la calidad de la obra, y hasta en desmedro de ella, se podría especular que pesan razones ideológicas y geográficas, la figuración pública del ganador y tal vez su edad. Es así como -sabemos- no lo ganaron Borges, Proust ni Joyce. Tampoco, hasta ahora, Nicanor Parra, el más reciente Premio Cervantes.

La Universidad Diego Portales preparó una nueva postulación en la que colaboró, coordinando, el Consejo de la Cultura. Se armó un dossier en inglés -con diversos apoyos personales e institucionales y una selección de su obra escrita y visual- al que se le adjuntaron los dos volúmenes de las Obras Completas y una antología en sueco que fue publicada en 2003. Todo visado por el propio Parra y dentro de una caja diseñada especialmente por una profesional -también- sueca. Esa es la caja que esta semana partió rumbo a Europa. ¿Ganará el antipoeta?, quién sabe, y tal vez no importe. ¿Lo merece? Allí el consenso es transversal. Siga leyendo Nicanor Parra y el Nobel

Noam Chomsky: Aniversarios de la “nohistoria”

George Orwell acuñó el útil término “nopersona” para personas a las que se niega el estatuto de personas  porque no acatan la doctrina estatal. Podemos agregar el término “nohistoria” para referirnos a la suerte de nopersonas, expurgadas de la historia por motivos semejantes.

La nohistoria de las nopersonas se recuerda a lo largo de los los aniversarios. Los importantes generalmente se conmemoran con la debida solemnidad cuando resulta apropiado, como por ejemplo Pearl Harbor. Pero otros no se conmemoran y podríamos aprender mucho de nosotros si los sacamos de la nohistoria.

Ahora mismo no conmemoramos un evento de gran significación humana: el 50 aniversario de la decisión del presidente Kennedy de lanzar la invasión directa de Vietnam del Sur, que pronto se convirtió en el crimen más extremo de agresión desde la Segunda Guerra Mundial.

Kennedy ordenó que la Fuerza Aérea de EE.UU. bombardeara Vietnam del Sur (en febrero de 1952, se habían realizado cientos de misiones); autorizó la guerra química para destruir cultivos con el fin de hambrear hasta la sumisión a la población rebelde; y activó programas que acabaron llevando a millones de aldeanos a tugurios urbanos y a campos virtuales de concentración, o “Aldeas Estratégicas”. Allí los aldeanos serían “protegidos” contra las guerrillas indígenas a las cuales, como sabía el gobierno, apoyaban voluntariamente.

Los esfuerzos oficiales para justificar los ataques eran escasos y la mayor parte fantasiosos. Uni típico fue el apasionado discurso del presidente ante la Asociación Estadounidense de Editores de Periódicos el 27 de abril de 1961, cuando señaló que “en todo el mundo se nos opone una conspiración monolítica e implacable que se basa primordialmente en medios clandestinos para expandir su esfera de influencia”. En las Naciones Unidas, el 25 de septiembre de 1961, Kennedy dijo que si esa conspiración lograba sus objetivos en Laos y Vietnam “las puertas quedarán abiertas”.

Los efectos a corto plazo fueron mencionados por el altamente respetado especialista en Indochina e historiador militar Bernard Fall, que no era pacifista, pero se preocupaba por la gente de los países atormentados.

A principios de 1965 calculó que unos 66.000 sudvietnamitas murieron entre 1957 y 1961; y otros 89.000 entre 1961 y abril de 1965, en su mayoría víctimas del régimen cliente de EE.UU. o “del peso aplastante de los blindados, napalm, bombarderos jet y finalmente gases vomitivos estadounidenses”.

Las decisiones se mantuvieron ocultas, así como las espantosas consecuencias que persisten. Para mencionar solo una ilustración: Scorched Earth de Fred Wilcox, el primer estudio serio del horripilante y continuo impacto de la guerra química en los vietnamitas, apareció hace algunos meses –y probablemente se sumará a otras obras de la nohistoria. El núcleo de la historia es lo que sucedió. El núcleo de la nohistoria es “borrar” lo que sucedió.

En 1967, la oposición a los crímenes en Vietnam del Sur había llegado a un grado importante. Cientos de miles de soldados de EE.UU. causaban estragos en Vietnam del Sur y se sometían las áreas pobladas a intensos bombardeos. La invasión se había propagado al resto de Indochina. Siga leyendo Noam Chomsky: Aniversario

Más extraño que la ficción

La intromisión (La Bestia Equilátera) relata en primera persona las peripecias de una joven novelista que se ve enredada en una serie de conspiraciones bizarras como secretaria de la Asociación Autobiográfica, grupúsculo conformado por un puñado de esnobs londinenses que se dedican a dejar por escrito el relato de sus vidas chatas. Empleada por el temible sir Quentin para aderezar un poco los relatos sosos de sus miembros, Fleur Talbot, protagonista y álter ego de Muriel Spark, está escribiendo su primera novela, Warrender Chase, que pronto parecerá tener poderes sobre la realidad: de manera perturbadora los hechos y personajes de esta obra, concebida antes de conocer a los miembros de la Asociación, comienzan a replicarse en la realidad, que emula a la ficción con bastante exactitud. La intromisión es una novela delicada, redonda y sabia, acaso porque no tiene la pretensión de parecerlo, y es por ello que se permite la liviandad, el humor y la ironía al tiempo que reflexiona sobre la complejidad de las relaciones entre realidad y ficción, entre vida y arte.

La mente del escritor

Basada en las propias experiencias de Spark como secretaria en The Poetry Society, La intromisión parte de dos preocupaciones formales: por un lado, es una poética sobre la novela y sobre el proceso de convertirse en novelista. Mientras escribe su primera obra, Fleur obtiene ciertas epifanías acerca de la composición de los personajes y de lo que ella llama la “captura creativa”, es decir, el modo en que las ideas e imágenes vienen a la mente del escritor. A medida que trabaja en la Asociación y que comienza a vislumbrar el carácter siniestro de su líder, la existencia de Warrender Chase se ve amenazada. Los conocidos de Fleur se convierten en extraños, su manuscrito desaparece misteriosamente, es acusada de mentirosa y plagiadora. Como una heroína en una novela de aventuras, Fleur no se victimiza, sino que entiende que el mal es una realidad y que tendrá que luchar para defender su obra y convertirse en escritora. Por otra parte, La intromisión es una reflexión sobre el género autobiográfico. Fleur tiene muy claro que escribir sobre uno mismo es hacer ficción sobre uno mismo, posición que el resto del grupo no comparte. Tampoco parece compartir con sus amigos escritores el modo de pensar sus novelas: Fleur insiste en que los personajes de ficción son seres hechos de palabras, sin existencia real, y en que en la autobiografía los personajes de la vida real tienen que ser tratados como seres de palabras. Spark es contundente en sus ideas y a la vez sutil: aunque muchos pasajes adquieran un tono ensayístico, el resultado no es sentencioso sino entretenido e interesante. Siga leyendo Más extraño

El origen del mundo

La vulva y —por extensión metonímica— la vagina, de la que es puerta y vía de acceso, experimentan una especie de puntual redescubrimiento editorial, seguramente a cuenta del silencio, la ignorancia o la hiperinflación pornográfica a los que la economía sexual del patriarcado y la superstición religiosa (tan teñidas de ominoso pánico) las han condenado durante siglos. En Vulva, la revelación del sexo invisible (Anagrama), Mithu Sanyal traza una sugerente (aunque a menudo discutible) historia cultural del genital femenino, desde las representaciones divinizadas y esteatopígicas de la prehistoria hasta la actualidad, pasando por su infausta y psicoanalizable consideración como “cueva de la vergüenza”, instrumento de agresión (“vagina dentata”) o artístico objeto sublimado, tal como Courbet la representó en su célebre lienzo El origen del mundo (1866), que Lacan conservaba pudorosa y significativamente oculto tras la instalación ad hoc que le encargó a André Masson. Menos académico —pero bastante más superficial— que la excelente y pionera (en este contexto no debo emplear el adjetivo “seminal”) Historia de la vagina, de Catherine Blackledge (Península, 2005), el libro de Sanyal, una apasionada apología de la “visibilidad” cultural de la vulva, explora sus distintas figuraciones históricas (incluyendo las medievales en las que se representaba a la Virgen rodeada de una orla oval) hasta llegar al striptease y a las performances del arte contemporáneo y la subcultura punk. La publicación de Vulva (el original alemán es de 2009) se ha adelantado a la de Vagina, un ensayo de la controvertida Naomi Wolf (El mito de la belleza, Salamandra, 1992) previsto para mediados de este año, y del que su agente, John Brockman, ha venido mostrando un proposal, es decir, un índice bastante desarrollado, con objeto de que los editores hagan sus pujas anticipadas (que yo sepa el libro todavía no tiene editor en español). Según dicho proposal, que he estudiado cuidadosamente, Vagina recorre el mismo camino que Vulva (de hecho, el subtítulo previsto es ‘A cultural history’), a partir de un primer capítulo sobre la anatomía y fisiología del órgano sexual femenino. La Wolf, que siempre ha sabido cómo venderse, se refiere en su presentación a las enormes posibilidades de su libro en un mercado mundial en el que (¡atención!) “la mitad de la población posee vagina”. En otro orden de interés, Taschen, una editorial famosa (entre otras cosas) por haber entronizado la pornografía en los coffee table books, ha distribuido recientemente en España The Big Book of Pussy (aproximadamente: El gran libro del conejito), un mamotreto de Dian Hanson (la editora responsable de la línea de libros sexuales del sello), con texto (irrelevante y más bien tonto, cuando no vejatorio) ilustrado con centenares de fotos de la mencionada parte de la anatomía femenina. Les aseguro que bastantes de las placas reproducidas, más que pornográficas, parecen directamente extraídas de un manual de obstetricia y ginecología. Una última cosa, no por sospechada menos sorprendente: no hay dos pussies iguales. Siga leyendo El origen

Mequetrefe

ALEXIS MÁRQUEZ RODRÍGUEZ * | Para cualquiera un “mequetrefe” es un ser despreciable, de pobre condición moral, vacilante, de personalidad nada firme, de pareceres y actuaciones carentes de fortaleza y de vigor.

De las voces de contenido despectivo en nuestro idioma una de  las más expresivas es el sustantivo “mequetrefe”. Tiene, además, la particularidad de que a su valor semántico explícito añade cierto matiz humorístico, como de burla. Cuando llamamos  “¡mequetrefe!” a alguien, lo mismo que cuando decimos “ese tipo es un mequetrefe”, sentimos, y lo sienten los demás, que nuestra expresión suena fuerte, independientemente del tono de voz que empleemos, pero de todos modos nuestro dicho resulta un poco cómico.

Sin embargo, la definición de “mequetrefe” en el DRAE es en extremo poco precisa: “Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho”. Y un diccionario que suele ser mucho más preciso que el DRAE, como es el “CLAVE. Diccionario de uso del español  actual”, es igualmente, o quizás más impreciso: “Persona entrometida, bulliciosa y de  poco juicio”. ¿Qué es, en efecto, una persona “de poco provecho” o “de poco juicio”?

Otros diccionarios incurren en la misma falla. El “Diccionario del español actual”, de  Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, por ejemplo, registra: “Persona  entrometida y sin fundamento. (…)”.

Por su parte, el “Diccionario de uso del español de América y España” agrega algunos detalles importantes a la definición, pero que no la hacen más precisa: “1. Persona considerada insignificante en lo físico y lo moral (…). 2. Coloquial. Niño pequeño (…). NOTA: Se usa con valor cariñoso o como apelativo. Sinónimos: monicaco y renacuajo”. En esta definición, además, se incurre en el error de atribuir el significado de  la palabra a lo que las personas “consideren”, lo cual le resta rigor a la definición, pues  ¿qué ocurre, con respecto a la definición de “mequetrefe”, si  una persona no “considera” de otra que sea “insignificante en lo físico y lo moral”?. Se corre, entonces, el riesgo de  que unas personas “consideren” que alguien es un mequetrefe, y otras no, sin que el  diccionario pueda resolver la posible duda.

En la práctica, al atribuir la condición de “mequetrefe” a alguien la gente suele ir mucho más allá de los diccionarios. Para cualquiera un “mequetrefe” es un ser despreciable, de pobre condición moral, vacilante, de personalidad nada firme, de pareceres y actuaciones carentes de fortaleza y de vigor. (Últimas Noticias. 5/2/12)

La costumbre de vivir

Quizá los dioses puedan ignorar las tradiciones. Para nosotros son el único remedio de la brevedad de la vida

Nos levantamos de la cama, hacemos nuestras abluciones matutinas y desayunamos, como siempre. Nos vestimos con las prendas habituales. Salimos a la hora de costumbre. Conducimos nuestro coche camino de la oficina respetando los usos viales. Al llegar, saludamos a nuestros colegas con las palabras y los gestos comunes. Durante la mañana, trabajamos siguiendo nuestras rutinas más normales. Paramos para almorzar a la hora acostumbrada. Por lo general, la jornada laboral se extiende durante el día de lunes a viernes y descansamos las noches y los fines de semana, aunque en verano hacemos una pausa larga. No solo trabajamos como todo el mundo, también nos divertimos como los demás. Observamos en la inmensa mayoría de las situaciones de nuestra vida —el amor, la amistad, el entretenimiento, el consumo, las celebraciones de la vida, el duelo por la muerte— las convenciones establecidas por la sociedad, la cual descansa enteramente sobre un lecho de usos compartidos. ¿Y el Estado? Sí, es un conjunto de leyes formales, pero si no se cumplieran, si la ciudadanía no tuviera el hábito de observarlas pacíficamente, ¿de qué servirían? De nada, serían papel mojado. Costumbres, costumbres, costumbres: el hombre es un animal consuetudinario.

Podríamos vestir chilabas, como algunos musulmanes; saludarnos con tres besos como los franceses o con uno solo pero en la boca como los rusos; conducir por la izquierda como los ingleses; almorzar a mediodía como los estadounidenses. Nuestra forma de hablar, de relacionarnos o de emplear nuestro ocio bien podría ser diferente; nuestra sociedad, nuestras leyes y el Estado también. En realidad, todo podría ser de otra manera. Si es como es, se debe a la costumbre. ¿Y qué son las costumbres? Convenciones acordadas espontáneamente entre la mayoría y repetidas en el tiempo. En ellas se decanta una experiencia colectiva que a lo largo de muchos años ha demostrado ser acertada, eficaz a la hora de satisfacer necesidades, energéticamente económica. Como ofrece soluciones innumerables veces testadas a problemas que los hombres enfrentan a diario, lo normal es ceder a la invitación de seguir en todos los sitios los usos más corrientes, que presionan suavemente al yo con su facilidad, su seguridad, su sociabilidad, su automatismo.

Durante los últimos siglos, en nuestra cultura dominante —una cultura de la liberación y no de la emancipación— ha sido de buen tono ridiculizar con oportunidad o sin ella la función civilizatoria de las costumbres. Las llamadas “conveniencias sociales” —se decía— eran opresivas, hipócritas, burguesas, estúpidas, anticuadas. Coartaban la libertad, la creatividad y el auténtico yo del hombre moderno, en permanente contradicción con ellas. Cundió por doquier la “crítica de costumbres”: las novelas ensalzaban el coraje del héroe que las transgredía suscitando la infalible simpatía del lector. No pretendo rizar el rizo, pero la crítica de costumbres acabó generalizándose y se ha convertido en nuestros días ella misma en una costumbre más, bastante mostrenca y rutinizada por cierto. Es inevitable: siempre imitamos a alguien y, cuando creemos ser originales, imitamos a otro que ha sido original antes. Siga leyendo La costumbre

Un niño en la cámara de los horrores

George Grosz encontró su genio en el mundo decadente y grosero del Berlín de entreguerras y unió su estética al radicalismo político. Pero cuando se encontró en medio del esplendor capitalista de Nueva York, el artista se perdió en ese nuevo camino

Sus primeros recuerdos eran imágenes de la planta superior de la logia masónica que regentaba su padre, donde se decía que el esqueleto de un Maestro Venerable dormía el sueño eterno dentro de un ataúd. El pequeño George oía comentar en voz baja a sus amigos del colegio que los masones sabían el día y la hora exacta de su muerte. Eso sucedía en la pequeña ciudad de Stolp, en la región de Pomerania. Cuando murió su padre y la familia se trasladó a Berlín para buscarse el sustento, Georg Ehrenfried, conocido luego por Grosz, siempre recordaría aquel paisaje de su niñez, el bosque, los prados, el río, los felices días de verano con olor a heno, y también las ferias con tómbolas, bailes y circos con payasos, que en su memoria iban unidos a los espectros de aquella siniestra buhardilla familiar y a la fantasía erótica de una noche en que a través de una ventana iluminada observó con la respiración contenida desde la oscuridad del jardín a una mujer joven, la madre de un compañero, que se desnudaba en su dormitorio antes de meterse en la cama con movimientos que le desvelaron por primera vez el misterio del cuerpo femenino.

A George Grosz le fascinaban los relatos de crímenes y sucesos macabros que los sacamuelas exhibían con grandes carteles e ilustraciones panorámicas en los días de mercado popular. En 1910 la sociedad alemana todavía estaba inmersa en los valores aristocráticos, la brutalidad no se había apoderado de la vida pública, la gente aún se compadecía si moría de frío algún vagabundo, por eso en la fantasía del pequeño Georg todavía había orden en las cosas y el niño se divertía con los primeros garabatos extraídos de las historias de indios y tramperos que describía Karl May, el autor más famoso de la época; se extasiaba ante los heroicos húsares de Blücher y los ataques de la caballería pintados por Röchling. Copiaba ingenuamente las batallas de la guerra ruso-japonesa que venían en las revistas, pero este placer de las cosas en su sitio daba paso a la inquietud morbosa que sentía en la cámara de los horrores cuando llegaba la feria donde presenciaba escenas espantosas. Estaba lejos de imaginar que un día no lejano esta crueldad ficticia sería real y se convertiría en una obsesión estética que ya no lo abandonaría. Siga leyendo Un niño en la cámara

Rabia desde la máquina

Aunque dos terceras partes del planeta no están conectadas a Internet, la época contemporánea ya se ha establecido como la “era digital” y su panteón ha consagrado a un Dios (Steve Jobs), ha coronado un rey (Bill Gates) y condenado a un demonio (Kim Dotcom). Ese tercio que viaja por las redes se ha bastado para definir este tiempo que identifica, cada vez más, lo real con lo virtual, el tiempo con la velocidad de conexión, el espacio con el ancho de banda, el horizonte con la pantalla…

Por esos cables se desliza asimismo una ética (Pekka Himanen la llama “nética”), que hoy marca la moral productiva del capitalismo así como los conflictos generados por el vértigo de su apoteosis conectiva. Con el desplazamiento del PC al teléfono (bajo cualquiera de sus formas), nos vamos convirtiendo en un ciborg cotidiano para quien el archivo se ha transparentado, las puertas del laboratorio se han dinamitado, los medios de comunicación se han multiplicado, las fronteras entre lo privado y lo público se han derribado. ¿Qué decir, entonces, de lo que hasta hace poco compartíamos como sociedad y como arte, como literatura o política?

Con estos truenos, no puede resultar extraño el crecimiento paulatino de una tendencia a la desconexión, o al desenchufe radical de nuestra cableada experiencia. Una sintomatología que podemos percibir en el sueño de regresar a cierta escala táctil o a la magnitud artesanal de los oficios (como ha evocado Richard Sennett). En la nostalgia por el slow food y en la añoranza de la hemeroteca. En la reivindicación del vinilo o en el réquiem por el papel. Siga leyendo Rabia

El arca perdida (y hallada) de Pessoa

La aparición de nuevos inéditos y una exposición en Lisboa evocan al autor de ‘Libro del desasosiego. El escritor dejó unos 25.000 textos sin publicar en su baúl personal

A lo largo de toda su vida, Fernando Pessoa acarreó siempre de acá para allá un arcón que le acompañó en sus muchas mudanzas y en el que iba guardando, en un orden a veces indescifrable, los miles de papeles que contenían escritos suyos que no publicó. Tras su muerte en 1935 el baúl quedó en la casa de su hermana, en Lisboa, que lo conservó casi intacto durante décadas. Allí, a la casa de la hermana, acudían los investigadores portugueses en los años cincuenta y sesenta —muchos casi de tapadillo a causa de la dictadura de Salazar— a expurgar entre los papeles del poeta en busca de tesoros literarios. Los había: Pessoa dejó cerca de 25.000 documentos en ese baúl mágico.

Entre otras cosas, el arca encerraba hojas sueltas, cartas, carpetas con libros inconclusos, poemarios, escritos inclasificables, reflexiones, cuadernos, semidiarios, confesiones, estrofas, los sobres que contenían el Libro del desasosiego y hasta un arranque de novela policiaca que Pessoa no terminó, inspirada en cuando, en 1930, ayudó a un mago famoso de la época a fingir un suicidio para que éste recuperara a su mujer.

El arcón de Pessoa permaneció décadas en casa de la hermana del escritor. Cartas, libros sin terminar, poemarios y diarios conforman este ‘tesoro’ literario

El baúl aún esconde aparentes joyas: hace dos semanas dos especialistas de la obra del poeta editaron el —por ahora— último libro de Pessoa, con medio centenar de textos inéditos, titulado Sebastianismo e Quinto Império. El volumen es temático y reúne, según los compiladores, el portugués Jerónimo Pizarro y el colombiano Jorge Uribe, algunos escritos en prosa sobre “la dimensión mítica de la nacionalidad portuguesa”. Siga leyendo El arca perdida

Raúl González Tuñón (Poema)

QUISIERA HACER CONTIGO UNA PELÍCULA HABLADA

El nombre de Raúl González Tuñón se vincula con la vanguardia literaria de los años veinte, aquella reunida en torno de la revista Martín Fierro. Vendría luego, en 1930, uno de sus libros más célebres: La calle del agujero en la media. La imaginación de González Tuñón es urbana, pero su ciudad no es la del tango; es la del jazz, los puertos, los viajes, encuentros y desencuentros.. Leer poema completo Oye muchacha…

Spielberg en libertad

En Caballo de guerra, el exitoso director y productor hace el cine que quiere: una película extraña, cuya trama parece ir a la deriva hasta las impactantes escenas finales

No hay un ritmo parejo en la filmografía de Steven Spielberg. Nada de eso de “una por año”. Cuando están listas, aparecen las películas. Así tuvo, en este siglo, una en 2001, dos en 2002, ninguna en 2003, una en 2004, dos en 2005, ninguna en 2006 y 2007, una en 2008, nada en 2009 y 2010, dos en 2011. Esas dos de 2011 fueron estrenadas en Estados Unidos con cuatro días de diferencia. Y no se trata de “pequeñas películas” sino de proyectos de mucho volumen, de espesores particulares: Las aventuras de Tintín (estrenada en la Argentina el 5 de enero) y Caballo de guerra (se estrenará el próximo jueves).

En ninguna de las dos hay un reparto multiestelar. Sí, en Tintín está Daniel Craig, pero como un personaje animado (bah, con captura de movimientos y mucha computadora encima). No es star power lo que ofrece Spielberg en este programa doble, sino películas arriesgadas. En Tintín hay una apuesta extrema (a la que le sobra el 3D): hacer cine-historieta con alma de serial, explicitando que ésta no es “la” aventura de Tintín, sino una entre otras. Esa modesta actitud de “ésta no es una película gigante” resulta extraña en el cine mainstream actual, pero es cierto que hace rato Spielberg no hace ya “cine-acontecimiento multitarget ” (se lo produjo, eso sí, a Michael Bay, con Transformers ; también produjo Super 8 , Temple de acero y Cowboys & Aliens , entre muchas otras). Siga leyendo Spielberg

Utopía cumplida

Mari Carmen Ramírez no es de las que duda de sus objetivos, tiene una meta clara y hacia allá va. A mediados de enero, presentó en el Museo de Bellas Artes de Houston (MFAH), durante un simposio de altísimo nivel académico, el primer archivo digital consagrado al arte latinoamericano.

Era un viejo sueño. Es una utopía cumplida. Y la palabra tiene su peso porque Utopías invertidas fue, años atrás, la carta de presentación en el ruedo internacional de la mirada curatorial de Mari Carmen Ramírez. Su visión busca escapar del cliché convencional que ató la producción del arte nacido al sur del Río Grande a una estética folk de fuerte color local. En esta cruzada desde hace tiempo milita la coleccionista venezolana Patricia Phelps de Cisneros, una de las principales sponsors de este proyecto que exigió una inversión de diez años y 50 millones de dólares.

La envergadura de la iniciativa explica por qué las fundaciones Rockefeller, Getty, Andy Warhol, Wortham, Ford, Wallace y el National Endowment for the Arts han empeñado recursos para hacer realidad el proyecto. Con base en el Museo de Bellas Artes de Houston, el programa concentra los esfuerzos de especialistas e historiadores de la Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú, México, Venezuela y Estados Unidos. El carácter internacional, su condición de work in progress y el acceso democrático a la Web abren nuevos horizontes para el mosaico de identidades que es el arte latinoamericano, un territorio de identidades y nacionalismos cruzados y convergentes, donde resultaba imprescindible iluminar conos de sombras desde la atalaya académica.

Los archivos de la Fundación Espigas, de coleccionistas privados y de instituciones asociadas, como la Universidad de los Andes, el Curare de México, el Mali de Lima, la UCLA de Los Ángeles y el Instituto Latino de la Universidad de Notre Dame, integran la red de información con más de 10.000 entradas y 2500 documentos. Siga leyendo Utopía cumplida

¿Qué leen los escritores?

Boreales o australes, los veranos suelen ser propicios para la lectura. En esta encuesta, escritores de todo el mundo develan sus preferencias literarias para épocas de vacaciones

Es el tiempo en que los escritores cumplen promesas y toman atajos hacia la felicidad. Cuando se acercan a otros autores para saldar cuentas consigo mismos y ser lo que más les gusta: lectores. Cuando no importa pecar de optimistas al cargar con más libros de los debidos, y comprobar que la ilusión siempre es más grande que la realidad. Diecinueve narradores y poetas de medio mundo comparten con nosotros cuáles son las lecturas que suelen preferir en verano, cuáles son los destinos literarios a los que eligen llevar de vacaciones su imaginación.

Da igual si el viaje físico se produce y si es largo o no. Marcel Proust “viajaba” en su habitación de Combray acompañado de libros y con la persiana cerrada, para protegerse de la luz veraniega:

Aquel oscuro frescor de mi cuarto era al pleno sol de la calle lo que la sombra al rayo, es decir, tan luminoso como él, y ofrecía a mi imaginación el espectáculo total del verano, del que mis sentidos, si hubieran salido a pasear, sólo habrían podido disfrutar de modo fragmentario; y de esta manera se acomodaba bien a mi reposo que (gracias a las aventuras narradas por mis libros, capaces de estremecerlo) soportaba.

En su casa no entendían que diera la espalda al tan anhelado carnaval de luz y color estival por un libro. La abuela le suplicaba que saliera de su encierro; al final Proust la complacía:

Y no queriendo renunciar a mi lectura, iba a proseguirla en el jardín, bajo el castaño, en una pequeña garita de esparto y tela en cuyo fondo me sentaba y me creía oculto a los ojos de las personas que pudieran venir a visitar a mis padres.

Es el momento de saber dónde veranean literariamente algunos escritores. Sus destinos incluyen desde remotos reencuentros con autores y escenarios griegos y romanos, que visitarán Fuentes y Banville, pasando por los universos de la condición humana reflejados en el siglo XIX, al que volverán León y Marsé, hasta episodios del mundo hiperrealista de Estados Unidos en el caso de Palahniuk. Los destinos están decididos. El equipaje está listo. Siga leyendo Qué leen

Cees Nooteboom: “El mundo está lleno de maravillas”

El escritor holandés habla en esta entrevista de sus dos últimas obras y de los temas que lo obsesionan. Además, un adelanto exclusivo de Cartas a Poseidón, el libro que terminó de escribir hace pocos días, y un ensayo sobre el Quijote, en el que reflexiona acerca de la crueldad

En 1992, durante un simposio organizado en Múnich con el título “El giro de la literatura”, el escritor holandés Cees Nooteboom (que ante la solemnidad declina inevitablemente hacia el tedio y sólo revive por la alegría de una paradoja o la posibilidad de alguna amable ironía) invirtió los términos del problema propuesto y planteó: “¿Creen ustedes realmente en la literatura? Porque, en ese caso, quizás habrían hecho la pregunta inversa: ?¿En qué medida depende la realidad de la literatura?’”. Respuesta: “Sin Homero no habría guerra de Troya, sin Balzac no habría burguesía francesa del siglo XIX, sin Joyce no habría Dublín, sin Shakespeare no habría Ricardo III, sin Musil no habría monarquía austro-húngara”. Sin Nooteboom, podríamos agregar, no habría montañas en Holanda (que la topografía niega pero allí están, en el título del libro En las montañas de Holanda ), ni un hotel con base en Shangri-La desde donde se puede ver la Estatua de la Libertad envuelta en la medianoche de Manhattan (el “Hotel Nooteboom”, integrante de la cadena de relatos Hotel Nómada ); sin Nooteboom no habría conmovedoras resonancias socráticas en la muerte de un humilde profesor de griego y latín ( La historia siguiente , premio Grinzane Cavour), ni zorros nocturnos como heraldos de la muerte, zorros no del todo reales, acaso rojizos, metonimia del cabello de la hermosa mujer que en los últimos segundos de su vida siente por sí misma y por primera vez un amor lleno de compasión y serenidad ( Los zorros vienen de noche ).

Y sin literatura no habría Cees Nooteboom; no al menos como lo conoce la mayor parte de la gente que en el mundo sabe de él: un nombre como rúbrica y sostén de algún relato potencialmente transformador; la combinación que franquea la entrada a territorios narrativos desconocidos pero a la vez familiares. Los viajes, la memoria, el tiempo y el recuerdo; la identidad europea como un complejo prisma de innumerables facetas, los límites de la fuerza redentora que habita en el amor, la muerte. De esa sustancia está hecho el mundo de Nooteboom, que en el transcurso de más de cincuenta años se ha manifestado a sus lectores bajo las formas más diversas de la escritura: crónicas, ensayos, poemas, cuentos, novelas, diarios, artículos, miniaturas.

Nooteboom visitó la Argentina en septiembre del año pasado, invitado para participar en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba). Se quedó un mes y medio, viviendo en un departamento que alquiló en la calle Azcuénaga, en Barrio Norte. “El espacio ha de ser conquistado, comoquiera que sea”, escribió en su libro de viajes Hotel Nómada . “A orillas del Río de la Plata encontré dos piedras que me gustaron. Para hacerme un pequeño territorio en Buenos Aires, las puse sobre la mesa del departamento. A partir de ese momento, ese espacio fue mío”, dijo ante el público que colmó la librería Eterna Cadencia para escucharlo hablar sobre su obra y su vida, durante el diálogo que mantuvimos como parte del festival y que se actualiza en estas páginas. Después, en la privacidad apacible del whisky y el descanso, me habló del libro que estaba escribiendo: Cartas a Poseidón . Ahora, ya lejos de Buenos Aires, acaba de terminarlo. Este año se publica en Holanda y Alemania; probablemente también en Francia y en España, editado por Siruela. “En febrero de 2008, mientras estaba trabajando en Los zorros… , visité Múnich y compré un libro de non fiction de Sándor Márai: Las cuatro estaciones -escribe Nooteboom desde la ciudad de Missen-. Los inviernos en esta parte de Alemania pueden ser muy fríos, pero era un día soleado y la gente estaba sentada al aire libre. Busqué un lugar para instalarme con mi libro recientemente adquirido, una especie de diario de notas, una por cada día, piezas cortas como yo solía escribir en los años sesenta, y de pronto sentí la urgencia de volver a escribir prosa corta, no para un diario, como antes, sino notas muy personales. Cuando levanté la mirada, descubrí que la terraza donde estaba sentado pertenecía a un pequeño restaurante de pescados llamado ?Poseidón’. Entendí eso como una suerte de signo y decidí aceptarlo: escribiría cartas al Dios del Mar, Poseidón. He tenido una educación clásica, en mi escuela secundaria, aparte de las tres lenguas modernas, francés, inglés, alemán, teníamos también griego y latín. A Poseidón, por supuesto, yo lo conocía de la Odisea y la Ilíada. ” Siga leyendo Cees Nooteboom

Los títeres vuelven de pie

Un rescate si los hay: después de ochenta y dos años sin publicarse, vuelve Títeres de pies ligeros, con la que Ezequiel Martínez Estrada había recibido el Premio Nacional de Literatura. Una obra amena y bien construida entre Pirandello y la Commedia dell‘Arte.

Ochenta y dos años transcurrieron de la primera y única edición que tuvo Títeres de pies ligeros, obra con la cual Ezequiel Martínez Estrada recibió el Primer Premio Nacional de Literatura. Este último dato, no menor si uno se atiene a las leyes de un mundo literario aparentemente signado por premios y azares, debiera ser suficiente para preguntarse por qué motivo ha quedado relegada a la sombra del silencio durante tanto tiempo sin tener, al menos, la posibilidad de envejecer, en el caso de que ése fuera el destino para los lectores. Nadie puede desear lo que ignora. La editorial Interzona ha tomado la iniciativa de publicar nuevamente Títeres de pies ligeros; y no sólo bajo la impronta que asigna una actitud de rescate, sino también bajo la fuerza que entraña toda justicia poética: ochenta y dos años más tarde se puede hablar de una novedad de Ezequiel Martínez Estrada, ya que novedoso sigue siendo el tratamiento que el autor de Radiografía de la Pampa hace del teatro lírico influenciado por Pirandello y al mismo tiempo arraigado en lo más intrínseco de la Commedia dell’Arte con sus emblemáticos personajes: Colombina, Pierrot, Arlequín, Polichinela y Pantaleón. Si bien, como sostiene Nidia Burgos –crítica de la Universidad Nacional del Sur– en su excelente estudio preliminar, Estrada ha tomado de la Commedia dell’Arte sólo el prestigio de sus personajes, los ha sublimado para alejarlos completamente de toda rusticidad, improvisación y juegos de engaños.

De modo que el lector se encontrará, por ejemplo, con una “voluble Colombina, que reiteradas veces ha abandonado a Pierrot, de quien también ha perdido un hijo, y su aventura con Arlequín no le ha deparado ninguna alegría. Este, a su vez, siente que su búsqueda de Colombina responde a la fuerza de un sino fatal”. Y afirma también: “Pirandellianamente aparecen unidas la problemática de la existencia con la del mundo de la creación artística y las tristezas y desengaños de vivir. Al parecer el amor es el culpable de todos los males”. Dice Colombina: “En tanto no amamos, era/ todo risueño./ Nuestro corazón de madera /si a veces soñó, fue un sueño /de quimera”. Dice Arlequín: “Mas le salió una yema al leño/ cuando llegó la primavera”. Siga leyendo Los títeres vuelven

Sinfonía de sentimientos

Calles laberínticas, arroyos pestilentes y fantasmas de Navidad son recreados en un parque temático que lo recuerda en su bicentenario. Nuevas biografías y reediciones de sus libros acompañan la conmemoración de los doscientos años del nacimiento de Charles Dickens, el 7 de febrero de 1812. Genio literario que gozó del favor del público, inventó la infancia desdichada como tema literario y convirtió el folletín en alta cultura. Eso y mucho más fue Dickens, el inmortal creador de las mejores indagaciones del sentimiento humano.

Pocos autores han tenido la satisfacción y el placer y el privilegio de contar con un retrato suyo a la altura de su vida y obra. Me refiero aquí a Dickens’s Dream, de Robert William Buss, pintado en 1870, y donde contemplamos a un coloso crepuscular, poco antes del adiós, sentado en su escritorio con aspecto entre meditabundo y agotado, envuelto en la espesa niebla de sus creaciones. Allí, un Charles Dickens prematuramente anciano y muy enfermo, consecuencia de una vida turbulenta repleta de grandes esperanzas y tiempos difíciles. Poco queda en ese rostro muy marcado del alguna vez joven angelical dispuesto a conquistar el mundo poniéndolo por escrito y, de paso, hacerlo suyo y a su manera.

Lo que me recuerda que –no hace mucho– leí de la apertura, en Kent, de un parque temático de nombre Dickens World. Una Dickenslandia –con una inversión de 62 millones de libras– que recrearía calles victorianas, arroyos pestilentes, sombras siniestras y espectros navideños. Recuerdo también que, entonces, me pregunté qué sentido podía tener viajar allí cuando, sin moverse de casa, a dos siglos de su nacimiento, resulta tanto más fácil y económico viajar a Dickenslandia abriendo otra vez, para ya no cerrar hasta la última página –y de ser posible ilustrados por sus casi coautores gráficos George Cruikshank o Hablot “Phiz” Browne– cualquiera de sus muchos libros.

Doscientos años después, Charles John Huffam Dickens (1812-1870) continúa siendo no sólo el primer narrador superstar de la historia sino, también, el más poderoso desde entonces. Cuesta pensar (tal vez Stephen King, –quien ha vuelto a maravillarnos con su reciente 11/22/63– en términos de permanencia, fecundidad e impacto mundial) en algún escritor contemporáneo que vaya a ser leído en el 2212 como Dickens es leído en el 2012.

Y (por favor, que nadie me interrumpa para aullar otra vez aquello de que de vivir Dickens hoy estaría escribiendo para la HBO; pero la HBO no ha adoptado ningún Dickens hasta la fecha, aunque Deadwood bien puede ser entendido como el más dickensiano de los westerns) también cuesta imaginar a alguien que haya tenido o vaya a tener una vida como la de Dickens. Una vida, sí, digna de miniserie en la que –como en un juego de espejos deformantes– aparecen como no-ficción todos los motivos de los que casi enseguida se nutrirán sus ficciones. Siga leyendo Sinfonía de sentimientos

El cuento clásico de la semana

Incluimos el cuento clásico de la semana, seleccionado por Luis López Nieves: Confesión encontrada en una prisión de la época de Carlos II, por el autor inglés Charles Dickens (1812-1870). Pulse sobre el título para leer el cuento en Ciudad Seva.

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