La verdadera historia del diminuto hábitat de Ramón Tejada Holguín Reviewed by Momizat on . Rating:
You Are Here: Home » De vez en cuando » La verdadera historia del diminuto hábitat de Ramón Tejada Holguín

La verdadera historia del diminuto hábitat de Ramón Tejada Holguín

RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO | La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar es un largo travelling por las noches de las calles y callejones de la vieja ciudad que, en su delirio de gran constructor, trazara Frey Nicolás Ovando en la otrora Atenas del Nuevo Mundo.

Aquella ciudad no la hallarás ahora | por más que en este día | dejes caer la frente contra el puño | y trates de sentir… René del Risco Bermúdez | El viento frío

Gordas, cansadas y eternamente hambrientas, las palomas del parque junto a la vieja catedral, esperando que baje el dedo el Almirante —bien lo dijo Heráclito—, ya no son las mismas, ni es la ciudad aquel “vasto jardín, abierto junto al mar, por donde pasan los ángeles tocando a gloria en sus clarines de plata”[1]. Tampoco Frank es Frank Ramírez, el que escribe, se describe y reniega y nos asaetea a todo lo largo y ancho de su desencantada y burlona saga por calles y callejones de la  ciudad que también se le desfiguró al poeta (Ahora estamos frente a otro tiempo | del que no podemos salir hacia atrás…[2] )

Si algún día me creo con los recursos necesarios para emprender, de nuevo, el intento de narrar la historia de la mujer que era incapaz de amar, Mónica y Ernesto terminarán envueltos en una vorágine de atracción-repulsión. Frank no será de los personajes del cuento. La soledad, a pesar de ellos y sus amigos, signará sus vidas. Hablaré de la solitud como sentimiento epocal y del cinismo y sus ventajas. Pág. 53

No se trata de mirar el bosque sin ver los árboles, ir por las calles sin la incertidumbre del zapato, el balde de ni se sabe qué o trozo de ladrillo que puede caernos encima desde cualquier descascarado balcón de fierros, cal y canto. La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar (mediaIsla-Ferilibro), como el secreto mejor guardado del Caribe o como los innumerables mapas de los fabulosos tesoros del pirata Drake, deviene en algo así como la mentira mejor urdida; a la manera de Penélope o de Scherezade, alongando y retorciendo los sonidos y el tiempo, para que no se llegue nunca, para que jamás se entienda y nos mantengamos ahí, lelos e inanes frente al embustero que nos traslapa, hurta y dosifica una historia que, como los múltiples ríos de la angustia y del placer, se pierden, se anudan y se bifurcan en esa línea paralela de un bolero que de vez en cuando se convierte en rock.

Esta idea de escribir la historia de Frank, un novel escritor que no logra materia-lizar un proyecto de narración que, cual fantasma, pulula sus hemisferios cerebrales, corre el riesgo de despeñarse por el mismo risco que los bocetos de Frank. Pág. 43 [3]

Un rock ácido, bestial, casi desnudo, que brota lleno de sudor y rabia de las tensadas cuerdas de un Terror contestario y ácido contra el poder y sus acólitos.

Y el escritor bisoño, artero “bosteza” y se cuestiona (“Bostezo, luego existo y al bostezar me doy cuenta de lo infinito” Pág. 20); cuestiona la superestructura con sus poetas-funcionarios y sus funcionarios-poetas (tal vez los mismos de quienes hablara el otro Poeta —con mayúsculas—, “llenos de nieblas y silencio”[4]). Y qué bueno que es novato y torpe ese escritor que a veces intenta ser Frank y otras reniega del Ramón que, sabiendo que su corazón no es fuerte como una coraza, tiene muy clara la solemnidad con la que triunfa la “milicia contra el amor civil”, y filosofa sobre la locomoción de los cangrejos o el sinsentido de la nostalgia en “los días de lluvia”.

Estos edificios coloniales | nada tienen que ver con la estética | la nostalgia | la historia |o los desesperados poetas.| Estas ancestrales construcciones |son el gran meadero |de los noctámbulos de Santo Domingo. Págs. 135 y 136 [5]

Pero el poeta, el narrador o Frank, que de tanto eludir, elidirse y llevarnos de un lado a otro por las calles de la maquillada y tamizada ciudad de los Colones —que ya nada tenía que ver ni con la Guía emocional de la ciudad romántica ni con El viento frío—, nos zarandea hasta el punto de llevarnos a dudar si es el Ramírez o el Ramón quien nos acompaña o nos deja solos frente a sus personajes que se mofan de sí mismos y de los personajes de sus contemporáneos que, en vez de París, sueñan con el Bronx o con fornidas teutonas cansadas de vagar y sudar por las calles de la Zona.

¿Qué haré después de clases? La Cafetera o quizás La casa de Bastidas, en la Fortaleza Ozama, expondrán los pintores de “Generación ’80”. Si me coloco estratégicamente cerca del bar, puedo alcanzar dos o tres vasos de ron con Coca cola. Es probable que ligue a una de las recién llegadas de culito empolvado, antes de que me descubra y me odie por haber sido yo, el más ácido de los jóvenes escritores sin obra, quien le diera la bienvenida. Pág. 74

La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar es un largo travelling por las noches de las calles y callejones de la vieja ciudad que, en su delirio de gran constructor, trazara Frey Nicolás Ovando en la otrora Atenas del Nuevo Mundo. Con casi la pericia y astucia con la que Antonioni nos hace testigos de la vulnerabilidad de la técnica fotográfica y cinematográfica, en su monumental Blow Up, Frank-Ramón-Ramírez, sin darse cuenta, nos pone en evidencia que el escritor-escribidor, haciendo todo lo contrario de lo que debería hacer (¿escribir?), logra darnos una visión de conjunto de toda una generación que, como las palomas de las plazas seguirán siendo “tema de fondo, una metáfora incomprensible, extras mal pagados”, perdidos en el mundo de los espejismos.

Esta cafetería la hice para mí, todo el que aquí habita es un extra, simple presente que no participante. Starring: Yo, sentado, pensando que me miro pensarme. También un sólo espectador: Yo, parado, un espectador que no cuenta con los hilos necesarios, para entender esta trama salida de la mente febril de un postmoderno latinoamericanoPág. 79

¿Y cómo le sale la novatada al escurridizo poeta-narrador que tanto se ufana de ser ensayista, jardinero, sicólogo (jamás sociólogo en abierto enfrentamiento o cachondeo contra feministas y feministos)? No sé si lo descubre o se lo inventa: fusiona, urde, trama una estrategia que se vale de todos los infundios y artimañas. Las reglas, las técnicas, los recursos, los géneros y toda la preceptiva literaria, le valen forros. Igual le da escribir una novela en clave de cuentos o una cumbancha de vecinas que, entre sorbo y sorbo, pasan por sus lenguas todo el entrecortinado y los intríngulis de lo que nadie dice o calla en el vecindario entero. Como el venezolano Federico Vegas, debe haber llegado a la concreta conclusión de “que el cuento tiene que ver con el chiste y la novela con el chisme […] En los primeros sólo nos importa qué sucede, no a quien; hablamos de un cura, un campesino, un marido, y ninguno tiene rostro, ni nombre, ni pasado, ni futuro. En cambio, para un buen chisme es fundamental saber de quién estamos hablando, conocer algo de su vida, de sus triunfos y miserias”.[6]

…no, esa no es una de mis fantasías, yo le puse su saborcito al contarlo, pero así fue como pasó, más o menos, ven acá que tú y yo hace mucho… está bien, está bien… pero falta por contar lo sabroso del chisme, oye, cuando la jodienda estaba en sus buenas, María usó el dedo índice como enema, él se paró alarmado y dijo que no era maricón, ella le dijo que eso no era nada, que a Jon le gustaba y él respondió que era de esperarse que a Jon le gustara, ella comenzó a arreglarse, le dijo que Jon no era maricón, pero te juro que yo le vi la duda en la cara… Pág. 97

Ni más ni menos. De los alrededores de esa premisa parten las cortantes y elusivas historias que dan vida y movimiento a La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar. Corpus, dentro del cual Olga, Marión, Ernesto, Alana —como la Maga y Olivera—, la apócrifa muralla que protege a la muralla de la Ciudad Colonial, las tortugas, las babosas, Frank, Ramón, René y el que te dije, aunque la mayoría de los lectores que se precien de inteligentes traten de encontrarlos en el mundo real y considerarlos alondras o poetas, siempre serán “palabras, detrás de las cuales no había nada”. Sólo una historia que cuestiona y se burla de su tiempo, su espacio y de nosotros, que nos creemos “parte del mundo real”.

[1] Balaguer, Joaquín. Guía emocional de la ciudad romántica. Ediciones ALPA. Santo Domingo. (Impreso en Barcelona, España, en los Talleres Sirvensaje, octubre 1969)

[2] Risco Bermúdez, René del. El viento frío. Biblioteca Taller N°208. Taller, Santo Domingo, 1985.-

[3] Tejada Holguín, Ramón. La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar. Las edades de Alicia, mediaIsla editores, ltd. 1° edición, Miami, FL 2010.

[4] Mir, Pedro. Hay un país en el mundo y otros poemas. Taller, 1982.-

[5] Tejada Holguín, Ramón. La verdadera…

[6] Vegas, Federico. La carpa y otros cuentos. Alfaguara. Caracas, Venezuela, 2008.-

Comments (12)

  • Luis Felipe Rodriguez

    ¿Quien escribió esto con lo que obviamente no puedo estar de acuerdo? Debió ser alguien que alguna vez vivió aquí pero que un día se fue influido en sus temores por el celebre teorema lúgubre. Un aspirante a poeta debió ser. Buen articulador de palabras que no le tomó el sentido ni al calor de la noche, ni a la ciudad. Pobre vanidoso que se detiene en lo banal por que lo complejo le da pánico. Debería encontrarse con cinco Olga. Son mis deseos. Frank al menos se quedó ahí. Firme. Éste no.
    Éste se fue y permanecerá vagando sin saber que la verdadera historia de la mujer que era capacidad de amar tiene algo de todos nosotros, incluidos los que se fueron.

  • Leyda G

    Al parecer, el autor del anterior comentario desayunó con tachuelas y tiene un dolor muy hondo en las tripas o no sabe leer y otras cosillas más; no termina de decir con qué no está de acuerdo… Acabo de leer “La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar” y, sin lugar a dudas, la lectura que plantea el presente texto no tiene desperdicios. Eso si, hay que leer desnudo de prejuicios y sin gafas de funcionario o de abanderado de inconfesados interese$. Nada más.

  • Luis Felipe Rodriguez

    ¿Que fue lo que leíste Leyda G? ¿“La verdadera historia del diminuto hábitat de Ramón Tejada Holguín” o la “verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar”? Yo las leí las dos y para ser generoso la primera me pareció desconectada de la otra. Es simple apreciación. Nos pasa a todos. Quizás sea que al momento de escribir mi comentario no había desayunado y no me percaté de lo que la genialidad, que tu genial temperamento, te permite ver. Lamento haberte estropeado tu mañana de domingo. De todas maneras creo que todo obra para bien. Averiguaré cual es el nombre del autor del escrito “La verdadera historia del diminuto hábitat de Ramón Tejada Holguín” me disculparé con él y por precaución en el futuro procuraré no comer tachuelas.
    Nota: No soy funcionario, ni hago por dinero algo tan simple como hacer un comentario. Seria muy presuncioso de mi parte aspirar a tanto.

  • Leyda G

    Ni de fundas, me disfruto sus lecturas, sus comentarios (así seriotes, circunspectos y sufridos). Eso si, qué pena con usted… lamento confesarle que no con la misma devocion y el desenfado con que me disfruto las marrullas del Ramón y el René o las de los dos juntos, que es otro vacilón y literatura de la buena. Sin intentar ser presuntuosa ni nada que se le parezca, se la recomiendo para la digestion y el mal humor. Pero, por favor, no se e-n-o-j-e y léase otra vez la cita de Faulkner de la página 28 de la edición dominicana y 31 de la internacional: “Tenía la sensación de que ella y yo y todas las personas que tuve que mezclar en este asunto, sólo éramos palabras, detrás de las cuales no había nada”. William Faulkner, “Luz de Agosto”. Por nada.

  • Luis Felipe Rodriguez

    Si te refieres a mí, cosa que no creo, pienso que reuhuyes hablar del punto tal como René ha rehusado hablar de la narración de Ramón. Ya dije: es fácil para los asiduos lectores como ustedes articular palabras. Más sigo sin ver la relación (después de tu último comentario) más acentuadamente. No podría yo compararme con el poeta René y el sociólogo Ramón, por lo que hace usted bien en preferirlos frente a cualquier enfermero que se viste para impresionar. Yo hago lo propio. Por eso los leo y si me refiere sus artículos también los leeré de mil agrado. De otra Manera no podría opinar que es a lo más que aspiro.
    Nota 2: no sé por que Leyda G se me parece a René.
    Nota 3: nada de “seriotes” ni de “sufridos”, al igual que el enojo, son poses que dejamos para otros escenarios.

  • Leyda G

    Ni lo uno ni lo otro. Todo el tiempo he estado hablando sobre la obra, sobre el texto y la obra que, en definitiva es lo que nos interesa. No se le pueden pedir peras al olmo ni andar con presunciones por ahí, creo que lo que importa ya está dicho. Valga este divertimento para ponerle un poquito de sazón al asunto, tal vez no seamos más que personajes de los tantos que desfilan por los textos que conforman “La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar”, “extras mal pagados” perdidos en el “mundo de lo efimero, de lo nimio”. Lo unico que vale es que tenemos voces y opciones para “presumir” o preferir un texto sobre otro, a fin de cuentas siento que usted tiene la razón cuando sin quererlo me otorga la razón (La literatura se lee con los ojos de leer literatura). Desde un lado o del otro, todos juntos o por su lado, no hacemos otra cosa que invitar a la lectura del libro de Ramón. Un gusto, lg

  • Luis Felipe Rodriguez

    Leyda G., Aprovecho para decirle que desde ayer he sentido la necesidad de hacer un meaculpa. Leí nuevamente el texto del poeta y lo cierto es que hubo algo de incomprensión en mi lectura. Debo agregar que dije lo que dije solo por…. Aunque no lo dice con estas palabras, tienes usted razón cuando dice que ayer había sido “mi mañana de domingo”. Esa a la que se refiere Ramón con toda y “evocación”. (Ver la verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar, Edición dominicana, pagina 27).

  • Elizabeth Quezada

    Mi querido y admirado René, como siempre, manteniendo tu altura, tu prestancia, tu ecuanimidad y tu singular mirada-lectura a lo R.Barthes, en cuanto a ese placer que sientes y transmites, ya como lector-crítico, ya como narrador, ya como poeta. Retratas magistralmente (bueno, y tu amistad de años con el autor,muestro querido sociólogo y escritor RTH, te evita el discurso psicológico y de presupuestos-imaginarios). Evocas el tiempo de Lo real, la realidad (que no es lo mismo en los discursos semióticos Derrida-Lacan)de la lengua. Y presentas el hombre (frank=Ramón) de la época. Un hombre moderno, víctima del nihilismo nietzscheniano y de la monocromía vivencial de lo real-imaginario. Y lo dejas claro en tu frase final: “Sólo una historia que cuestiona y se burla de su tiempo, su espacio y de nosotros, que nos creemos “parte del mundo real”” Eso sí, debo decir algo más que dejas y es la facilidad plástica de Ramón para mostrar la ciudad-habitad-vida que nosotros conocemos pero que el que no la conoce puede reconocer en su obra. Como siempre un placer leerte.

  • tony nunez

    No me extrana que los escritos de mi amigo, y tengo derecho a decirlo, RRS causen el impacto de la ciberconversacion que me precede. Mas bien me causa alegria infinita y sirva como alago al poeta, a quien de confianza llamo novel, pues , para mi supera a muchos a quien se les ha otorgado el galardon, solo que sigue siendo humilde mi amigo. Ahora bien, mis queridos Luis Felipe Rodrigues y Leyda G., aunque creo que Leyda ya lo ha hecho, los invito a leer toda la obra de Rene, disfrutaran un mundo y viajaran por espacios de este pais que esta en la misma trayectoria del sol.
    Abrazos.
    tony

  • tony nunez

    Elizabeth, buen comentario

  • pilarpujolspenn

    Aparte las excusas,por obligación aceptadas,los humanos tienen derecho a equivocarse, se pierde todo y se gana nada cuando con una pasión tan exacerbada como impulsiva se expresan juicios a diestra y siniestra. Perdón el pequeño sermón.

  • Vyana

    Me ha encantado todo; el texto, la sorna, el ritmo trepidante al que sometes al lector. Un fenòmeno. Enhorabuena, gracias por compartir.
    “Mea Culpa”

Leave a Comment

© 2011 Media Isla. Todos los derechos reservados

Scroll to top