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Puertas y ventanas

Como yo no hay quien baile el carabiné | El precio del libro no se pacta | Los muchos libros | Miami Beach Blues | La condena de la memoria en ’El hombre no mediático que leía a Peter Handke’ | Pedro Camilo presenta «Un hombre en Ruicala» | Coloquio caribeño con Marcio Veloz Maggiolo | «Tres cosas te ofrezco» de Manuel Salvador Gautier | Ese chispazo | Único y repetible | Lecturas santas y otras que no lo son | Que el invierno le bendiga, señor Auster | La novela maldita de Hammett | Hasta que vino Parra | Mario Vargas Llosa: “Las pasarelas y la cocina están suplantando al arte ” | La era de la sospecha | Cuentos de idolatría y adoración | Bolaño y Parra | Alessandro Baricco: “Si tengo un vicio…” | Tres ciudades de soledad | Larga y acalorada lucha para combatir el cambio climático | Con la mente vacía | Historia oral de los libros | María Luisa Bombal: Geografías imaginarias | En Babilonia | El cuento clásico de la semana | Imágenes del mundo

El precio (fijo) del libro no se pacta

Estados Unidos, Australia y la Unión Europea investigan la práctica de Apple Amazon aprovecha el revés al iPad para anunciar rebajas en su catálogo

Amazon bajará el precio de los libros. Si el mayor vendedor de libros del mundo (por Internet y por correo) necesitaba un titular, ayer lo consiguió en Internet y hoy en papel.

Fue su astuta reacción a la bofetada que el Departamento de Justicia de Estados Unidos propinó a Apple y a las editoras que pactaron el precio de los libros, “provocando una subida de precios de entre dos y tres dólares”, según el fiscal que lleva el caso. Varias editoras prefirieron un acuerdo extrajudicial, mientras que otras seguirán adelante en los tribunales que, incluso, les podrían dar la razón.

En cualquier caso, fue un triunfo de Amazon, aunque no estuviera implicado directamente en la batalla. Pero así como el acuerdo de Apple y las editoras era un triunfo de estos sobre Amazon, ahora el triunfo del Gobierno de EE UU lo es también para el almacén Amazon.

Miniebooks’ de gran literatura

Editorial Anagrama se lanza de lleno al mercado digital… en versión mini. El sello de Jorge Herralde aprovechará el próximo día de Sant Jordi para presentar el lanzamiento de Zoom, una colección de minilibros de entre 10 y 50 páginas. Se trata de un acercamiento a las joyas pasadas, presentes y adelantos de publicaciones futuras del catálogo de la editorial, que incluirá cuentos, reportajes, textos ineditos y fragmentos de obras de algunos de los mejores autores de la casa.

También el precio de la colección será mini: entre 0,99 y 1,99 euros, y sus títulos estarán disponibles en todos los canales de venta de ebooks. La serie arrancará con cuatro títulos: Diego Armando Maradona. Vida, muerte, resurrección y algo más, una brillante crónica futbolística de Juan Villoro;Fabricación casera, de Ian McEwan, una perturbadora historia adolescente de sexo y obsesión; Entre las doce y la una, de Quim Monzò, un relato de un humor sarcástico y cruel sobre la relación hombre-mujer; y Una breve historia de la peluquería, de Julian Barnes, la divertida historia de Gregory a traves de los cortes de pelo en tres momentos distintos de su vida. Seguirán textos de Sergio Pitol, Pierre Michon, Tim O‘Brien y P.G. Wodehouse.

El acuerdo de Apple con los editores no nació por un repentino amor de Steve Jobs —corría el año 2010— hacia el gremio de editores. Simplemente se trataba de fastidiar a la competencia que, en el caso de la venta de libros, se llamaba Amazon y su lector electrónico Kindle.

En abril de 2010 se puso a la venta la tableta iPad. Steve Jobs la anunció como el aparato multimedia que iba a acabar con otros aparatos, como los miniportátiles (acertó) y los lectores electrónicos (aquí, de momento, falla). El iPad nacía para ver películas y oír música (ya existía la tienda iTunes), pero también para leer. Desde los correos, a la prensa, las revistas y también libros.

El iPad llegaba con una nueva tienda, iBook, donde la gente podría descargarse libros; pero mientras el catálogo de Amazon rozaba el millón de títulos, el de Apple nacía con muy pocos, aunque atractivos. Jobs anunció acuerdos con grandes editoriales, como Macmillan, Penguin, Hachette, HarperCollins o Sion&Schuster. Jobs les había convencido para que se cambiaran de escaparate con un poderoso caramelo: los editores fijarían el precio del libro (eso no es ilegal, lo que es ilegal es que todos se pongan de acuerdo en pactar un precio). Siga leyendo El precio del libro

Los muchos libros  

MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN [mediaisla] Siempre llegan. No siempre podemos (ahora) ahondar en su espesura. Tal vez podamos (por ahora) dar noticias, festejar. Buscar —de momento— el sentido de su presencia. Luego (mañana) ensayar con ellos a hacer piruetas, a colgar papalotes en el viento.  

«Doce versiones de soledad» de Janette Becerra

Poeta y compositora, Janette Becerra, quien ha sido galardonada como narradora en Puerto Rico y España, da a la estampa una colección de relatos que ha tenido ya una grata acogida por la crítica. Sobre la obra ha escrito Arturo Echavarría: “… es un libro de cuentos excepcional. Janette Becerra maneja con singular destreza los instrumentos del escritor para crear relatos que no solo conmueven, sino que también perduran en la memoria.” También el novelista Javier Ávila ha señalado sobre esta obra: “La narración de Janette Becerra logra construir, con suma maestría, un perverso laberinto de soledad. Habitan aquí relatos que nos vuelan la cabeza, verdades escalofriantes, personajes inolvidables…” Volveremos sobre este libro.

«PALABRAS en Santa María Magdalena de Pazzis» de Jan Martínez

Con una bella edición donde la poesía y la fotografía crean la atmósfera de un lugar luminoso, lleno de estatuas de serafines y ángeles, Jan Martínez vuelve a uno de sus temas principales: la muerte. El poeta no solo escribe y describe los espacios de la muerte, sino que nos presenta la ciudad de los muertos y el mundo de los vivos. La ironía que funda El sur y su siniestra, animada por Ignacio Dorna, es en esta obra la corroedora de un mundo apariencial de gente plástica en el que se debate la puertorriqueñidad. Lo que significa que el autor de Jardín y Prosas perversas no ha dejado, a pesar de la facturara universalista y esteticista de su obra, de hincarle el diente a los temas de este mundo. Volvemos sobre este libro.

«Ejército de rosas»  (mujeres poetas de Puerto Rico)

La Revista Boreales, dirigida por Yolanda Arroyo Pizarro, ha publicado esta antología mínima de la poesía escrita por mujeres en Puerto Rico. Es reducida por la cantidad de poemas seleccionados y amplia por las poetas incluidas, cincuenta y siete. Es un horizonte poético variopinto, sirve como iniciación pero no permite hacerse al lector una idea de conjunto sobre la poesía escrita por mujeres puertorriqueñas. La variedad de voces poéticas que nacieron en un amplio período —desde los cincuenta hasta los ochenta—, no ayuda a ver una poética en movimiento, sino un fragmentado lienzo. Parece que el tema de la sexualidad y su eclosión particularizan esta selección. Independientemente de los juicios críticos del tenor de los arriba presentados, la poesía puertorriqueña escrita por mujeres es de gran calidad, lo que inclina a su favor la balanza estética de esta antología. La presentación y la selección la realizaron Arroyo Pizarro y  Mairym Cruz- Bernal, quien escribe: “A la rosa de Ángela María Dávila quien en su magno poema Será la rosa dejó para siempre entre nosotras el camino de pétalo de la boda nupcial con una misma. A la inmensa mujer puertorriqueña, poeta, que levanta su voz nunca crucificada, en ella celebro su libertinaje, y me atrevo a decir, la escritura más transgresora y vital, esa que el cuerpo ha pasado a seducir la muerte y ha nacido patria y verbo, hija en el poema”.

La biblioteca perdida I

«Los enemigos de la tierra» de Andrés Francisco Requena

Existe en la literatura dominicana una biblioteca perdida. Es amplia. Y está constituida por obras que han pasado al olvido por la falta de editores y lectores, pero también por la carencia de academias rigurosas y de la investigación literaria misma. Una de ellas es Los enemigos de la tierra de Andrés Francisco Requena, obra que presenta en el plano de la simbolización un discurso que ya en ensayística culturalista trabajan José Ramón López y Américo Lugo. La relación ideológica de la novela con López es a contracorriente, solo porque trata el tema emblemático del autor de La alimentación y las razas, no así sus ideas primigenias, la haraganería del campesino, la inmovilidad del campo, su falta alimentación. Tampoco tiene Requena las ideas de motivar la integración del campesino a los procesos modernizantes, como intentó López en La paz en la República Dominicana.

Así que la relación de la obra de Requena con las ideas de López es muy tangencial. Más bien se acerca a las ideas de Américo Lugo, como un discurso de resistencia a los procesos modernizadores, oposición que también se encuentra en Peña Batlle. Todo esto tiene una explicación económica que está sedimentada en el tiempo. Peña Batlle y Lugo reaccionaron contra la modernización en la mediada en que esos procesos que se inician con el gobierno de Ramón Cáceres en el siglo XX, tienen como fuerza a la Convención Dominico Americana que significó una pérdida parcial de la soberanía (la intervención de las aduanas) y un nuevo ordenamiento de la propiedad privada y por lo tanto una toma de poder de la burguesía absentista estadounidense de los espacios tradicionales de la oligarquía dominicana.

Buquiniando

«Muestra gratis» de René Rodríguez Soriano

Este libro de René Rodríguez Soriano plantea una serie de rupturas con la poesía anterior y afianza la poética que surge en los años ochenta como un nuevo decir la vida y la cotidianidad. Los contextos socioculturales que los ochenta llevaron al discurso literario constituyó una quiebra con la representación de una realidad marcada por el conflicto vertical (de clases y gobiernos, obreros, campesinos) en un tiempo de reposicionamiento oligárquico y burgués que dio a la pequeña burguesía el carnet de paso al mercado. Lo que quedó atrás como práctica fue la utopía revolucionaria, el intento de construir una nación democrática. El  desmontaje de los arneses que la crisis del treinta y la guerra le pusieron a los sueños liberales que fundan la dominicanidad. Envíe su libro directamente a «Los muchos libros». Apartado 375124. Cayey, PR 00737. Puerto Rico | maf, cayey, pr trabajosparafornerin@gmail.com

Miami Beach Blues (For your eyes only)

JAIME CABRERA GONZÁLEZ [mediaisla] Una noche cualquiera me pasó como al narrador-protagonista, empecé a escribir una carta a una amiga que terminó siendo para Janet aunque otro nombre apareciera en el encabezado.

1.

La gran mayoría de mis libros vienen acompañados de una anécdota. No sólo los que me han regalado, sino los que he prestado en la biblioteca, los que me he encontrado en el camino o los que he comprado. Mi relación sentimental con la obra del recién fallecido escritor italiano Antonio Tabucchi tiene un nombre propio: la poeta Janet Núñez. Fue un amor a primera lectura. Todo después que un día Janet, que por entonces era asistente de dirección de la película Juana tiene el pelo de oro de Pacho Bottia, me prestó un libro que le había prestado alguien de la producción: Sostiene Pereira. Y fue tanto el entusiasmo que inclusive, como Pereira, sostengo, llegué a aficionarme a omelettes a las finas hierbas (sólo faltaron la limonada a toda hora y hablarle a un retrato). Es curioso, hay un pasaje del libro en que el doctor Cardoso pone al tanto al protagonista sobre Janet, por supuesto, no se trataba de mi amiga, sino del apellido del famoso médico y psicólogo francés. Como pasa en estos casos, me la pasé hablando de la obra por días y noches.

2.

El segundo libro de Antonio Tabucchi que leí en mi vida me lo regaló Janet Núñez en 1999. Venía con dedicatoria. Se trataba de El nocturno hindú. Con ese tomito publicado por Anagrama regresé a Miami Beach después de vivir año y medio en Barranquilla. Antes había estado siete años por fuera de Colombia. Por esos días “caí en paracaídas” en West Ave., en el apartamento de la fotógrafa Virginia Bennett y me convertí en su asistente. Con los equipos, telones y luces cargaba el libro y entre una foto y otra lo releía ya que la primera vez lo había leído de un solo tirón —devorado— en el avión de Avianca que me trajo de regreso. Una noche cualquiera me pasó como al narrador-protagonista, empecé a escribir una carta a una amiga que terminó siendo para Janet aunque otro nombre apareciera en el encabezado. Le hablaba de Xavier. De pronto me di cuenta que estaba mezclando la historia del libro con la realidad. Había un Xavier en la novela. Había otro Xavier al que nadie andaba buscando. O mejor, al que ya le habían salvado la vida.

3.

La idea de ir a Portugal fue de Janet Núñez. Pensé que era un buen marco para que habláramos de Tabucchi, sin embargo, nos interrumpieron Pessoa y Saramago. En Lisboa cuando visitamos la Basílica da Estrela en cuyo jardín Pessoa se citaba con Ophélia Quiroz intenté referirme a Los tres últimos días de Pessoa (que comparte el libro con Sueños de sueños), pero ya venía el tranvía y la conversación no se dio. En Oporto, a pesar del sopor del verano que me adormecía, abrí los ojos cuando el automóvil de Fede estuvo frente a uno de los puentes metálicos que atraviesan el Duero para hablarle de La cabeza perdida de Damasceno Monteiro y no sé qué pasó. La misma suerte sufrieron Réquiem y Tristano muere y El ángel negro y Dama de Porto Pim (con su adaptación cinematográfica filmada en Asturias). En esos 21 días que duró mi visita nunca pude mencionar a Tabucchi. Ahora cuando ella lea estos bocadillos se enterará que lo que todas las veces se me quedaba en la punta de la lengua era: “Gracias por haberme presentado a Tabucchi”. Anótamelo en la cuenta.

½

Janet Núñez Marroquín nació en Barranquilla, Colombia. Ha publicado los poemarios Equipaje para desahuciados (con prólogo del traductor Claude Couffon), Pecados de intención (con prólogo mío) y Alacranes sobre el piano (con prólogo del poeta y novelista haitiano Louis-Philippe Dalembert), todos en Ediciones Elogio del Horizonte de Yáganes Producciones S.L. Ha sido animadora permanente del Salón del Libro Iberoamericano que comanda el novelista chileno Luis Sepúlveda. Vive desde 2002 en Gijón, Asturias, en donde alterna su madera literaria con la labor de profesora de talla en la Escuela de Artesanía Asturtalla. Sus poemas han sido traducidos al portugués, francés e italiano.

Y hasta aquí alcanzó el papiro. | jcg, miami beach, fl kabreraj@aol.com

La condena de la memoria en ’El hombre no mediático que leía a Peter Handke’

Leer a Edgar Borges, a partir de este maravilloso testimonio sobre las nuevas formas de la censura en el siglo XXI, es asumir una obra novedosa, impactante y profunda que apuesta a la imaginación y nos conmueve con el diario de un pensamiento sobre la esencia misma de la condición humana.

Recordar es también una forma cautiva de saber lo que debe ser olvidado. Cada sociedad construye, desde el trauma o el entusiasmo, una imagen parcial de su pasado y bloquea de modo voluntario o involuntario sus recuerdos.

A lo largo de la historia se conocen numerosas estrategias para manipular, recrear o modificar la memoria colectiva e implantar una nueva: entre las más utilizadas está la “damnatio memoriae” o “condena de la memoria”, un término de origen latino definido ante todo como una sanción ejercida contra el recuerdo de un individuo o acción social. Es una suerte de olvido decretado y una reprimenda implementada para proteger el dominio político o cultural. De alguna manera, su efecto más inmediato consiste en neutralizar la vitalidad de un nombre o acontecimiento mediante la supresión oral o escrita de toda referencia que pueda despertar interés.

Las sanciones contra la memoria son antiguas. En Éxodo (17,15) Yavé le comenta a Moisés: «Escribe esto en un libro para que sirva de recuerdo, y haz saber a Josué que yo borraré por completo la memoria de Amalec de debajo de los cielos”. Es el olvido como castigo.

En Egipto, el reformador Akhnaton, como buen monoteísta, quiso crear una religión dedicada a Atón y para consolidarla ordenó que se destruyeran todos los textos que aludieran a los otros dioses. Y el resto es conocido: en venganza, sus sucesores borraron incluso su rostro de las piedras, su nombre, y restituyeron de memoria el contenido de muchos de los papiros antiguos. A Demetrio de Falero le erigieron 300 estatuas en Atenas. El año 307 a.C. su gobierno finalizó y las estatuas fueron derribadas, se convirtieron en urinarios y su nombre fue borrado de todos los registros: mientras estaba en el exilio fundó la Biblioteca de Alejandría. En Roma se institucionalizó la damnatio memoriae o abolitio memoria (“condena de la memoria” y “abolición de la memoria”) de todos aquellos considerados infames, y entre otras cosas, se borraba el nombre del afectado por la medida de todas las inscripciones, libros y monumentos para que fuera olvidado por las nuevas generaciones. El poeta Cornelio Galo, creador de la elegía amorosa romana y Praefectus Aegypti, cayó en desgracia y, perseguido, se suicidó el 26 a.C. De inmediato, su memoria fue proscrita: tanto fue el odio que apenas quedan algunos versos de su obra.

El paradigma romano del linchamiento de la personalidad ha sido una constante durante siglos. La Revolución Francesa, por ejemplo, fue pródiga en eliminar los nombres de los autores que habían sido clásicos en el Antiguo Régimen; Lenin emitió un decreto el 14 de agosto de 1918 para pedir que se desmantelaran los monumentos zaristas; Josef Stalin y sus comisarios culturales ordenaron borrar todo recuerdo de Trotsky o Isaac Bábel de la antigua Unión Soviética; Pol Pot dirigió en la década de los setenta en el siglo XX una campaña para eliminar en Camboya toda prueba del pasado y vetó a decenas de escritores cuyos nombres no podían citarse que terminaron en el exilio. En la República Checa un grupo de funcionarios prohibió que se nombrara a Bohumil Hrabal (1914-1997) y periodistas que lo leían en secreto dejaron de reseñar sus libros por el contagio epidémico que suele tener la cobardía.

Hoy sigue vigente esta terrible práctica: el silencio mediático manejado por grupos corporativos o estados es el equivalente a la damnatio memoriae. La aniquilación de un intelectual se cumple casi siempre en melancólicas fases que se alternan: restricción, exclusión, censura e intimidación. En el proceso de degradación social de la obra de un intelectual, funcionan además otros lamentables factores. Lo primero, el desprestigio como método de descalificación pública (basado en el rumor pagado, una nota sin firma, la descontextualización de sus obras); lo segundo, su condena moral legitimada por seccionales inquisitivas asalariadas que deciden lo que es correcto o incorrecto aprovechando el poder voraz y corrupto de sus tribunas o instituciones dentro del marco de un sistema de complicidades pasivas. Siga leyendo La condena de la memoria

Pedro Camilo presenta «Un hombre en Ruicala»

Santo Domingo, RD.- Un hombre en Ruicala, el más reciente libro de relatos del dominicano Pedro Camilo se pondrá a circular dentro del contexto de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.

El acto de presentación tendrá lugar el viernes 4 de mayo de 2012, a las 10:45 de la mañana en el Pabellón “Autores Dominicanos”. El libro consta de seis cuentos: Una cena con Dustin Hoffman, La consagración del payaso, La agonía del suicida, Una tumba en la colina, El maestro y el canario, y Un hombre en Ruicala.

En el trasfondo de estos relatos hay un cúmulo de referencias socioculturales y políticas, que se refieren a los afanes de movilización social, al vía crucis del empleado público entrampado no sólo en la burocracia sino también en su vida matrimonial, al hombre absurdo que lucha por no caer en el suicidio, la evasión religiosa o el racionalismo puro, y al desfase de una sociedad metida en la confusión que surge del choque entre el ruralismo y los alardes posmodernistas –simulacro, simulación, consumismo y espectáculo.

El bordoneo constante, que le da peso a cada anécdota, lo aporta la meditación que la permea, la mayoría de las veces una reflexión acerca del hombre como animal contingente que ha sido puesto en el escenario del mundo, provisto sólo de una razón, de una voluntad, y de una libertad casi siempre eclipsada por las servidumbres familiares, sociales e históricas.

Pero, sobre todo, en el libro Un hombre en Ruicala existe un reducto de esperanza, soportado por la decisión de respetar una moral, esa moral que sustenta el filósofo Alain, y que no es otra que la que surge de la dignidad de ser hombre, es decir, del hecho de pensar y poder diferenciarse de una piedra o de un clavel, y que apela a la voluntad para hacer que el cuerpo tenga un espíritu que lo eleve hasta alcanzar su máxima aspiración: la sabiduría.

Pedro Camilo, Salcedo, República Dominicana, integrante de la promoción de narradores que emergió en los 80, ganó el Premio Nacional de Cuento con su libro Ritual de los amores confusos, en 1994. Ha publicado además: El caballito de cartón y otras crónicas de asombro (1995), La impecable visión de la inocencia (2001) y Chat (2001).

Coloquio caribeño con Marcio Veloz Maggiolo

San Juan, PR.- A través de los tiempos la literatura se ha nutrido de otras disciplinas y a su vez esta ha enriquecido otras artes y ciencias. Esa simbiosis la conoce muy bien el intelectual dominicano Marcio Veloz Maggiolo, arqueólogo y literato.

Con más de 60 obras a su haber y un sinnúmero de artículos, se puede destacar en el área de la arqueología sus libros Arqueología Prehistórica de Santo Domingo, Panorama histórico del Caribe precolombino, Antropología portátil y La isla de Santo Domingo antes de Colón. En el campo de la literatura entre sus novelas más reconocidas se encuentran Los ángeles de hueso, La biografía difusa de Sombra Castañeda, De abril en adelante y Ritos de cabaret. A esto se le suma su obra poética, cuentística y ensayística.

Siendo Veloz Maggiolo una importante autoridad en estos saberes en el área del Caribe, es que la Fundación Cultural Educativa (FCE), presidida por el Dr. Sebastián Robiou Lamarche, y el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe (CEAPRC), por medio de su rector Arqlo. Miguel Rodríguez López, se complacen en invitar a los estudiosos de estas materias y al público en general al Coloquio Caribeño con Marcio Veloz Maggiolo que se llevará a cabo el próximo 18 y 19 de abril en la sede del CEAPRC.

El miércoles 18 de abril se celebrará la Mesa Redonda de Arqueología. Además de la conferencia magistral que dictará Veloz Maggiolo, participarán el rector del CEAPRC Miguel Rodríguez y el Dr. Reniel Rodríguez Ramos. A la vez, se le rendirá un homenaje al arqueólogo don Luis Chanlatte Baik.

El jueves 19 de abril será la Mesa Redonda de Literatura con los distinguidos académicos la Dra. Carmen Centeno Añeses y el Dr. Miguel Ángel Fornerín. Igualmente, Veloz Maggiolo ofrecerá una conferencia magistral sobre literatura y la escritora Mayra Montero será reconocida en dicha actividad.

Hace años que Veloz Maggiolo no visita la isla y esta es una oportunidad única para compartir con él y disfrutar de su conocimiento, al igual de estrechar una vez más los lazos con nuestros hermanos caribeños. Ambos eventos comenzarán a las 7:00 p.m. y la entrada es libre de costo.

«Tres cosas te ofrezco» de Manuel Salvador Gautier

Santo Domingo, RD.- Tres cosas te pido, la nueva novela de Manuel Salvador Gautier comenzó a circular esta semana. El nuevo texto del destacado novelista narra la historia de Lucas Sánchez, un dominicano mafioso, radicado en Chicago, tiene que pasar preso diez años por distribución de drogas. En prisión, sueña con salir y hacer las cosas que nunca hizo antes, tales como casarse con la mujer que ama, vivir la ciudad de Chicago como un ciudadano cualquiera, juntarse con la gente, con sus familiares en Nueva York.

Sin embargo, cuando termina su condena, es deportado junto con otros convictos directamente a Santo Domingo, sin que le dé la oportunidad de comunicarse con nadie, mucho menos con uno de los contactos de su “familia” mafiosa, que debía estarlo esperando en la puerta de la prisión. Durante el viaje por los distintos aeropuertos por donde lo llevan y en el avión que lo trae, tiene que decidir lo que va a hacer. Su primera intención es la de volver, sea como sea, a Chicago, a su oficio de dealer, el único que conoce; pero, ya en su país, la República Dominicana, pasará por una serie de situaciones que se lo impedirán.

La novela de Manuel Salvador Gautier, Tres cosas te ofrezco, es la historia de un hombre dedicado al mal que se ve obligado a hacer el bien. Lucas Sánchez se verá envuelto en la realidad de su país, su pobreza, sus limitaciones, sus supersticiones, de las cuales quiso escapar cuando emigró clandestinamente a los Estados Unidos, treinta años antes, y a las cuales tendrá que enfrentar. Se trata de la continuación de la novela Un árbol para esconder mariposas, veinte años después.

Manuel Salvador Gautier, ingeniero arquitecto de la Universidad de Santo Domingo y doctor en arquitectura de la Universitá degli Studi, de Roma, hoy por hoy es reconocido como una de las grandes figuras de la narrativa dominicana contemporánea; inició su carrera literaria en 1993, cuando publicó la tetralogía Tiempo para héroes, con las novelas El atrevimiento, Pormenores del exilio, La convergencia y Monte adentro; obra, en su conjunto, ganadora del premio de Novela Manuel de Jesús Galván 1993. En 1995 publicó la Toda la vida, ganadora también del Premio de Novela Manuel de Jesús Galván 1995. En febrero de 1999 publicó su novela Serenata, escogida por la Pontificia Universidad católica Madre y Maestra (PUCMM), Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y Universidad Iberoamericana (UNIBE) para ser leída por los estudiantes en sus cursos de literatura. En octubre del 2001 recibió el Premio de Novela de la Universidad Central del Este por su obra Balance de tres.

Ese chispazo

“Una de las maravillas de vivir en estos tiempos es la posibilidad de asistir a la confluencia entre la poesía y el conocimiento”

De pronto hay algo donde antes no había nada. De un momento a otro la desolación se ha convertido en fervor y la esterilidad en deslumbramiento. En la conciencia vacía o en la hoja o en la pantalla en blanco ahora hay una primera frase o un verso completo. En la imaginación ha surgido una música llegada de no se sabe dónde. Las horas o días de trabajo tedioso quedan cancelados por una súbita sensación de ligereza. Lo imposible ahora se ha alcanzado sin apariencia de empeño. Lo que era difícil se ha vuelto fácil o ha resultado ser difícil y fácil a la vez. El esfuerzo consciente se ha revelado superfluo porque alguien que no parece exactamente uno mismo ha susurrado una solución. A partir de ahora el trabajo no será menos exigente, pero sí más fluido y más grato.

La palabra susurrar es adecuada: la inspiración es un soplo. Las imágenes que aluden a esa experiencia contienen el aliento y también la luz: la claridad súbita que revela lo hasta entonces oculto. En el querido vocabulario de los cómics la idea súbita es una bombilla que se enciende en el cerebro o encima de él, quizás derivada de las lenguas de fuego que señalaron la presencia del Espíritu Santo sobre las cabezas de los apóstoles. Los símbolos evolucionan con la tecnología: la inspiración es una llama cuando la noche se iluminaba con candelas de aceite y una bombilla en la era de la electricidad.

Cualquiera que haga tareas que requieren algún tipo de invención conoce tales momentos, pero elude mencionarlos, por miedo a los malentendidos: a no ser tomado en serio, a ser tomado por un místico o un romántico, a que se piense que si todo depende de una ocurrencia súbita no hay mayor mérito en el logro, o cualquiera puede aspirar a él. El problema se agrava en sociedades ásperas que desconfían de la inteligencia y consideran parásitos o estafadores a quienes de un modo u otro dedican sus vidas a trabajos relacionados con ella. Siga leyendo Ese chispazo

Único y repetible

Nuestro extraño sino es creernos seres singulares al tiempo que para el mundo somos en verdad insignificantes

El otro día sentí una opresión en el pecho, concretamente en el costado izquierdo. Intoxicado por esas informaciones dispersas que acerca de la salud los ciudadanos comunes recibimos por vías oficiosas, enseguida sospeché de varias enfermedades posibles, todas ellas letales. Al final me diagnostiqué un infarto, quizá uno múltiple, y comprendí que mi vida corría serio peligro.

Mientras me dirigía a las urgencias del hospital más cercano rememoré mi paso por la tierra. En esos momentos se cae en la cuenta de hasta qué insospechado punto uno está entrañablemente enamorado de sí mismo.

Ese querido mundo interior donde vertemos con demorada delectación la ambrosía de nuestras experiencias, aprendizajes, sentimientos, recuerdos, convicciones, acostumbramientos, opciones existenciales, todos esos hilos delicados que se trenzan para formar la guirnalda del individuo único e irrepetible que soy yo, ese mundo entero podría desaparecer para siempre, cavilé en un rapto de autocompasión, si una enfermedad descomponía estúpidamente su soporte corporal, del que depende por completo para subsistir. Cuando informé de mis dolencias en la recepción del hospital, la enfermera completó sin mirarme una ficha en el ordenador y me señaló la sala de espera. Estaba atestada. Dispuse todavía de una hora larga de ensimismamiento y profundas meditaciones antes de que me recibiera el médico en una pequeña y funcional consulta. Era el final de su turno y ofrecía signos de estar exhausto tras haber atendido a docenas de enfermos enamorados de ellos mismos como yo, individualidades únicas e irrepetibles cuyo soporte corporal sufría algún malestar parecido al mío.

En estos tiempos científicos en los que el ojo clínico ha sido sustituido por burocráticos protocolos médicos de obligado cumplimiento, la sensación de tener una individualidad invisible para el médico (por lo demás un profesional respetuoso) y ser para él sólo un caso despersonalizado, me dominó en todo momento. Siendo lo peor de todo que la mayoría de nosotros, en esas circunstancias, nos comportamos de modo que merecemos el dictado de “pacientes”, pues quienes sólo unos minutos antes estábamos ebrios de nuestra mismidad, basta una bata blanca para que nos rindamos ante la autoridad facultativa con la mansedumbre del cordero que va al matadero. Siga leyendo Único y repetible

Lecturas santas y otras que no lo son

Con tanta devoción, tanta calle vacía y tanto bar de copas cerrado, a mi natural bigardo no le quedó más remedio que encerrarse a leer durante los días santos

Pese a que las “difíciles” circunstancias auguraban un limitado éxodo semanasantino, mi barrio volvió a quedarse bastante vacío, de modo que llegué a sentirme como aquellos marineros a los que sus compañeros abandonaban en islas desiertas como castigo a sus faltas. Como Filoctetes, a quien los aqueos arrinconaron en Lemnos porque no podían soportar el pestazo de la herida de su pie, causada por la mordedura de una serpiente (Ilíada, II, 716); o como el alienado bucanero Ben Gunn, a quien sus compañeros marronearon (marooned) en la isla innominada por haber sido incapaz de encontrar el tesoro de Flint (La isla del tesoro, capítulo XV). Con tanta devoción, tanta calle vacía y tanto bar de copas cerrado, a mi natural bigardo no le quedó más remedio que encerrarse a leer durante los días santos, mientras rumiaba incesantemente aquella sentencia de Kierkegaard que asegura que la fe comienza precisamente donde el pensamiento se detiene. Y el mío se detuvo estupefacto cuando leí que el Vaticano, a través de la Conferencia Episcopal Italiana, ha expresado su decidida preferencia por la inhumación sobre la incineración como método de gestionar los cuerpos de los difuntos.

Advierte la CEI que “la sepultura del cuerpo es la forma más adecuada para expresar la fe en la resurrección de la carne” y que, en todo caso, si se opta por la cremación, el rito debe terminar “cuando se deposita la urna en el camposanto”. De modo que se terminó lo de esparcir las cenizas en el estadio, en el mar color de vino o sobre la tumba de Proust: el muerto al hoyo y sanseacabó (al menos hasta la prometida resurrección). Por cierto, tengo que enterarme de cómo está afectando a las finanzas vaticanas esta policrisis que puede acabar en policatástrofe, según los apocalípticos neologismos inventados por Edgar Morin, que ha vuelto a conchabarse con Stéphane Hessel y algunos otros (Rocard y Sloterdijk, por ejemplo) para publicar un nuevo manifiesto con un título como para hacer las maletas y largarse a la isla desierta: Le monde n’a plus de temps à perdre (“el mundo ya no tiene tiempo que perder”). De política vaticana trata precisamente El siglo católico (RBA), de Manlio Graziano, que describe minuciosamente la estrategia geopolítica implementada por la Iglesia, a partir del Concilio Vaticano II, para aumentar su influencia “moral” entre los grandes poderes de la Tierra. Siga leyendo Lecturas santas

Que el invierno le bendiga, señor Auster

El escritor se lanza a tumba abierta y utiliza un lenguaje muy hermoso en su ‘Diario de invierno’. En el libro libro se muestra complejo, hipersensible y torturado aunque también reconoce que ha sido bendecido por la suerte

La perversa anécdota la cuenta Christopher Hitchens en la impagable antología de sus ensayos, reportajes, perfiles y artículos titulada Amor, pobreza y guerra. Asegura que en París se acercó a James Joyce una dama de gesto embelesado y le suplicó que le permitiera besar la mano que había escrito Ulises. Él le contestó: “Permítame recordarle, señora, que esta mano ha hecho otras muchas cosas”. Vuelvo a encontrarme con esa aclaración sugerente, realista y cruel de Joyce en Diario de invierno, de Paul Auster, aunque este lo describe de forma más púdica. Según él, la señora no pretendía besar la mano del creador de Leopold Bloom sino algo más convencional como estrecharla.

Auster cita la frase de Joyce para hablar de la relación que él ha tenido a lo largo de la existencia con sus manos, sus pies, su boca, sus piernas, sus sueños, su tos, sus resacas, sus ronquidos, ante la inminencia de que va a entrar en el invierno de su vida, de que como en la novela de Martin Amis ya sabe en qué consiste La información, en despertar a cierta edad en medio de la noche y que te asalte la inapelable revelación de que vas a morir, que eso puede ocurrir en cualquier momento, que lo que quieres se está yendo.

Que nadie se alarme pensando que la búsqueda del tiempo perdido (y ganado) es un ejercicio narcisista

Que nadie se alarme pensando que la búsqueda del tiempo perdido (y ganado) que ha emprendido ese escritor con pinta de estrella de cine, tan leído y admirado, tan cool, que comprensiblemente siempre ha estado de moda y llamado Paul Auster, es el ejercicio narcisista de alguien encantado consigo mismo cada vez que se mira en el espejo. Además de hablar de los órganos de su anatomía y las trascendentes cosas que le han ocurrido a estos, de trombos en sus piernas, cicatrices de los accidentes de infancia y adolescencia, lacerante sequedad de ojos y persistentes roturas de córnea, Auster describe con un lenguaje muy hermoso y la sensación de lanzarse a tumba abierta y no permitirse en ningún momento el lujo del autoengaño su recuerdo de todas las casas permanentes y lugares que ha recorrido en su vida, de su penosa convivencia con los ataques de pánico (“el pánico es la expresión de una huida mental, la fuerza que surge espontáneamente en tu interior cuando te sientes atrapado, cuando no puede soportarse la verdad, cuando resulta imposible afrontar la injusticia de esa verdad ineludible, y por lo tanto la única respuesta es la fuga, desconectar la mente transformándote en un cuerpo jadeante, crispado, delirante”, asegura Auster), de la mosqueante insistencia de toda su familia en morir de un repentino ataque al corazón (aunque en algún bendito caso, como el de su padre, este le enviara al otro barrio mientras estaba fornicando), de la desconexión con tu verdadera identidad (está convencido de que “todos somos extraños para nosotros mismos y si tenemos alguna sensación de quiénes somos, es solo porque vivimos dentro de la mirada de los demás”), de lacerantes enigmas familiares, de la paternidad, de amantes de las que deseaba enamorarse y no pudo y al revés, del infame descubrimiento de la gonorrea y del milagro de encontrarse con una puta que además de follar maravillosamente le recitaba a Baudelaire, de amores por los que luchó sin poder evitar su amarga extinción, de su genética capacidad para equivocarse de dirección al tomar cualquier camino, de la angustiosa imposibilidad de llorar ante las verdaderas tragedias y las pérdidas que sufres en la vida en un hombre cuyos ojos se humedecen frecuentemente con el cine, los libros, su tristeza o su soledad, de esa eterna máquina de escribir de segunda mano en la que ha intentado plasmar todo lo que le dictaba su imaginación, su cabeza y sus sentimientos. Siga leyendo Que el invierno

La novela maldita de Hammett

Si existe una novela maldita de Dashiell Hammett, esa es Cosecha roja. A pesar de ser uno de los títulos pioneros del género negro, con su detective rocoso y su femme fatale, su realismo sórdido y su corrosiva carga contra la corrupción, nunca ha sido llevada al cine. La novela, que se acaba de publicar en una nueva traducción al castellano en el volumen Todos los casos del agente de la Continental (RBA), es la única de sus cuatro grandes que carece de película, aunque es pura carne de celuloide. Y para probarlo ahí están las dos enormes películas en las que palpita su espíritu: Yojimbo, de Kurosawa, con su samurái indestructible que limpia de bandas criminales un pueblo del Japón decimonónico, y Por un puñado de dólares, de Leone, donde el cowboy Eastwood hace lo propio en un polvoriento villorrio del Oeste mexicano. Nadie, sin embargo, se ha atrevido con la historia original y esa condena oficiosa ha rodeado a Cosecha roja de un aura de obra de culto.

Según cuentan los expertos, la maldición de Cosecha roja empezó muy pronto. Poco después de su publicación, en 1929, el superproductor David O. Selznick compró los derechos y le encargó el guión al prestigioso Ben Hecht. Pero cuando el estudio se fijó en el veneno que supuraba el relato, se echó atrás. Al parecer no les gustó nada esa historia con grandes empresarios que compran a senadores y congresistas, que acumulan medios de comunicación y que contratan matones para reventar protestas sindicales. Por no hablar de la decena de muertos que caen abatidos a tiros entre sus páginas. Así que rescribieron el libreto y lo dejaron en una comedia (!) con poco que ver con el original. Ellos se lo perdieron, porque Cosecha roja es un hito literario que fijó las señas de identidad del género: su atmósfera, sus personajes y su estilo, como recuerda Eduardo Iriarte, traductor de la nueva edición. “Es uno de los títulos fundacionales del género”.

Las otras tres grandes novelas de Hammett no tuvieron esos problemas (La maldición de los Dain ocupa un lugar menor). La adaptación de El halcón maltés, dirigida por John Huston en 1941 con un reparto difícil de repetir, fue un taquillazo; y en la década anterior, El hombre delgado triunfó y dio lugar a varias secuelas, y La llave de cristal (esa estupenda reflexión sobre si es posible la amistad en el inframundo del hampa) fue llevada al cine dos veces, y más tardé influyó en la citada Yojimbo (reversionada en Por un puñado de dólares y El último hombre) y en la muy negra Muerte entre las flores, de los hermanos Coen. Pero la primera novela de Hammett sigue resistiéndose. Siga leyendo La novela maldita

Hasta que vino Parra y se instaló con su montaña rusa

La Casa de América celebra un Antidiálogo en torno a Nicanor Parra, que este mes recibe el Cervantes. Sus participantes arrojan algunas claves sobre su obra y la tardanza del galardón

Contaba viernes pasado Ignacio Echevarría que había ido a la casa de Nicanor Parra a felicitarle por el Cervantes, premio que el escritor casi centenario recibirá de forma tardía -coinciden todos- este 23 de abril. Escribía el colaborador de El Cultural que el chileno andaba a vueltas con el discurso del galardón, acompañado de un ejemplar del Quijote lleno de anotaciones. Es que la fecha se acerca y no sólo es él quien se prepara, aquí en España comienza ya a dispararse el calendario de actos, charlas, lecturas. Porque si para algo sirve el Cervantes es para levantar una letanía de palabras en torno al premiado que dura hasta el anuncio de un nuevo ganador. Es una denuncia resignada que lanza el escritor y ex ministro de Cultura César Antonio Molina, que esta tarde participará en uno de estos homenajes a Parra, el que celebra la Casa de América bajo el epígrafe Antidiálogos sobre Nicanor Parra. Junto a él, a las 19.30 horas, estudiosos, poetas, profesores y el embajador de Chile en España debatirán sobre el fundador de la antipoesía.

En una conversación previa con algunos de los participantes en el coloquio, Molina expone otra queja más. ¿Qué falta por peinar de Parra? ¿Qué debates puede suscitar su palabra hoy? Y contesta él: “Queda leerlo, que es lo que hay que hacer con los poetas fundamentalmente. Y a él muy pocos lo han leído”. Dice bien, el nombre de Parra nos ha seguido llevando, durante demasiado tiempo, al de su hermana Violeta. Y aún hoy, con la larga estela del premio, sigue siendo un desconocido en España. Sus versos, una experiencia fuerte y en nada complaciente ni con el lector ni con el sistema literario y ni siquiera con el autor, no le han puesto fácil la popularidad. Tal vez, continúa Molina, sea culpa de sus raíces, más norteamericanas o inglesas que propiamente españolas: Parra ha cultivado más ese mundo del norte de su continente. Quizá debido a eso también se retrasó la llegada del premio, del que era merecedor desde hace muchísimos años. Ese vínculo con la generación beat y la literatura anglosajona lo apartó de nuestro ámbito a pesar de ser un gran poeta de nuestra lengua”, prosigue Molina, que en la cita de esta tarde hablará de sus encuentros con él en su casa de Cartagena, que recuerda plagada de artefactos, “de objetos sorprendentes de ese mundo de la ironía de los objetos y del surrealismo”. Siga leyendo Hasta que vino Parra

Mario Vargas Llosa: “Las pasarelas y la cocina están suplantando al arte y la filosofía”

Con sus 76 años recién cumplidos (“no me felicite, déme más bien el pésame”), Mario Vargas Llosa tiene previsto llegar hoy a Madrid para presentar su último ensayo, La civilización de espectáculo (Alfaguara), un libro nacido de la certeza de que gran parte del arte, la literatura, la cultura de nuestros días son una “tomadura de pelo” en las que “abundan las imposturas, la frivolización, faltan valores y sobra banalización”.

Seductor como siempre y como nunca, Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) no baja la guardia ni descuida su gentileza. Tiene ganas de hablar. De decir, por ejemplo, que si ha publicado este libro, en el que combina artículos ya aparecidos en Prensa con reflexiones nuevas, es por esa “sensación creciente de incomodidad frente a algunas manifestaciones culturales en el arte, en la literatura, en la música” que le parecen “verdaderas tomaduras de pelo”. Ese desasosiego fue el punto de partida. También lo fue la sensación “deprimente -nos insiste- de que la cultura se estaba convirtiendo en algo muy distinto de lo que había sido, que se estaba banalizando y eso, en una época de un desarrollo tan extraordinario de la ciencia y de la tecnología, puede tener consecuencias que amenazan a toda la sociedad”. Y nace también de la certeza de que hay demasiados impostores, demasiados fraudes, “aunque al menos en la literatura aún se mantienen vigentes unos valores que permiten distinguir lo que es original y auténtico del puro engaño, del fraude del impostor”. Sin embargo, afirma, “no creo que el libro sea pesimista, sólo describe una etapa. Créame, la historia no está escrita, pero si no hay una reacción crítica, puede tener consecuencias negativas para la supervivencia de la cultura democrática”.

¿Adiós a la alta cultura?

Mientras trabaja en su próxima novela, “ambientada en el Perú de nuestros días, en Lima y Piura. Llevo escribiéndola desde hace varios meses y probablemente se titulará El héroe discreto”, confiesa el Nobel que la primera vez que tuvo esa sensación de estafa “fue hace muchos años, visitando la Bienal de Venecia, considerada una vitrina de la modernidad en el campo de la creación artística: me pareció una especie de circo en el que prevalecía una falsa modernidad hecha de gestos, de exhibicionismo, de frivolidad. Era como la justificación del facilismo, de la impostura”. Pero el fenómeno, denuncia, está en todas partes. Basta revisar “la influencia que tiene hoy la chismografía, y cómo ha creado un mundo periodístico de enorme influencia a base de escarbar en la vida privada de las gentes, que es una especie de pasión malsana de grandes masas en las que no están excluidas las supuestas élites culturales”. Siga leyendo Mario Vargas Llosa

La era de la sospecha

El psicoanalista francés Gérard Wajcman analiza en El ojo absoluto las consecuencias de vivir en una sociedad donde prima una vigilancia total

Es conocido el epitafio grabado en la tumba de Kant, tomado de su Crítica de la razón práctica : “Dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”. Gérard Wajcman, psicoanalista francés, profesor en la Universidad de París VIII, se vale de esta frase para reinterpretarla a la luz de la sociedad actual, que denomina “civilización de la mirada”. ¿Qué hay en ese cielo estrellado que tanto fascinaba a Kant? Decenas de satélites que conforman una fabulosa red de vigilancia; ojos electrónicos que cubren centímetro a centímetro la superficie de la Tierra. ¿Qué decir entonces del interior del hombre, esa otra zona que despertaba la admiración y el respeto del filósofo alemán en el siglo XVIII? Tomado el término en sentido literal, podría decirse que ya no hay un interior del hombre. La ciencia ha logrado penetrar las cavidades más ocultas del espacio y del tiempo humanos. Hasta no hace demasiado tiempo, había que esperar a que un hijo naciera para conocerlo. Hoy, dice Wajcman, los niños nacen en una pantalla casi nueve meses antes de salir del cuerpo de sus madres. Claro está que Kant hablaba de otro tipo de interior. Del interior que concierne a los pensamientos y las acciones del hombre. ¿Queda allí todavía un espacio para el asombro y la expectación? No por mucho tiempo. El autor nos recuerda que ya existe una serie de programas, como el del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia, cuya pretensión es detectar posibles “desviaciones” morales con la suficiente anticipación para neutralizarlas. En dicho programa, un ejército de psicólogos, neurocientistas y biólogos ponen a punto instrumentos para prever el comportamiento moral de un sujeto a partir de sus ¡36 meses de vida!

Para poner en evidencia la relación entre violencia e imagen, el autor compara tres acontecimientos que resultaron conmocionantes para la humanidad, y los asocia con tres imposibles: las trincheras de la Primera Guerra Mundial (imposible de decir); las cámaras de gas (imposible de ver); el atentado a las Torres Gemelas (imposible de no ver). Retomando a Walter Benjamin, Wajcman recuerda el mutismo al que fueron condenados los testigos del horror de las trincheras de 1914. A su vez, en el film Shoah , de Claude Lanzmann, encuentra el psicólogo francés un claro ejemplo del único modo posible de “mostrar” aquello que no podía verse de los campos de concentración: “esta película de nueve horas y media referida al exterminio de seis millones de hombres, mujeres y niños no muestra una sola imagen de un cadáver. Muestra su ausencia”. El atentado contra las Torres Gemelas, en cambio, responde a la lógica de otra época. Su sentido último se encuentra en que se planeó para que fuera imposible de no ver. Más que los propios aviones, sostiene el autor, “la televisión fue un instrumento fundamental de los asesinos”. Fue la transmisión en vivo y en directo del espectáculo siniestro lo que provocó un terror jamás imaginado. Siga leyendo La era

Cuentos de idolatría y adoración

Los sables, libro que reúne relatos de Yukio Mishima inéditos en español, permite rastrear cambios y recurrencias de una obra tan fascinante y controvertida como la vida de su autor

Kimitake Hiraoka lo tenía todo para ser una suerte de Marcel Proust (niñez enfermiza, hipersensibilidad), pero se reinventó a sí mismo: proveniente de una familia burguesa y nieto de un campesino, puso especial acento en su abuela descendiente de samurais, escogió como seudónimo el de Yukio Mishima y, mediante una práctica obsesiva del ejercicio físico, remodeló y robusteció su cuerpo. Acabó siendo una especie de Lord Byron o Hemingway japonés, es decir, un escritor cuyo innegable talento ha quedado bastante a la sombra de una personalidad arrolladora, un escritor cuya muerte tuvo una mezcla de heroísmo y sacrificio. La biografía de Mishima fue una obra cuidadosamente creada, tanto o más que sus libros; no es extraño, en consecuencia, que una y otra parezcan consustanciarse y que en la biografía de Mishima sea posible ver elementos de su ficción y viceversa. Ejemplo cabal es el cortometraje que dirigió, escribió y protagonizó ( Yokoku o Patriotismo ), y en el que anticipó su seppuku , mal llamado hara-kiri : ritual que empieza con el corte del propio vientre y acaba con la decapitación en mano de un ayudante.

Tal vez porque el imán de su biografía fue tan fuerte (sobre todo a partir de la década de 1980, tras una película algo hagiográfica de Paul Schrader), parte de la obra de Mishima quedó inédita en castellano hasta estos últimos años. Sus Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis (textos de no ficción donde se lee, por ejemplo, que “apostar con prudencia no tiene sentido”) se conocieron casi tres décadas después de su suicidio de 1970; dos novelas de juventud ( El color prohibido y Los años verdes ) fueron editadas en 2009, la segunda de ellas en su primera traducción a una lengua occidental. Llega el turno, ahora, de una serie de cuentos inéditos en español, agrupados bajo el título de Los sables.

En total son siete relatos, algunos memorables, correspondientes a diferentes etapas de su vida. Los primeros (“Tabaco” y “Martirio”), escritos antes de los veintidós años, retratan un mundo escolar muy próximo al de su primera obra exitosa, Confesiones de una máscara (1949), y según el traductor Carlos Rubio (también autor de un formidable prólogo) conforman una suerte de trilogía cuyo tema central es la homosexualidad.

Los tres relatos siguientes (“Arreboles en el mar”, “Los sables” y “Pan de pasas”) datan de 1963. El último, una perla rara, ya que Mishima presenta el ambiente beatnik japonés de aquellos tiempos, contrasta en especial con “Arreboles?”, otra especie de anomalía: un relato histórico que narra las peripecias de un francés que sobrevivió a la Cruzada de los Niños de 1212 y terminó en un templo budista, en Japón. En ambos cuentos se muestra, de manera muy dispar, la tensión entre Oriente y Occidente, clave en un escritor que, al decir de Marguerite Yourcenar (en Mishima o la visión del vacío ), fue un “auténtico representante de un Japón violentamente occidentalizado, pero marcado, así y todo, por ciertos rasgos inmutables”. Siga leyendo Cuentos de idolatría

Bolaño y Parra: amigos en el pasillo sin salida aparente

Roberto Bolaño admiraba a Nicanor Parra y hace más de una década, después de su sonado regreso a Chile, le dio impulso a la publicación de Las Obras completas del antipoeta. Hoy, el crítico Ignacio Echevarría, testigo de sus encuentros, planea un libro sobre Bolaño con eje la amistad entre estos dos personajes de la literatura chilena.

Se conocieron en 1998 en Las Cruces, ese balneario chileno rodeado de bosques y cerros donde vive Nicanor Parra. Para describir la influencia que tenía en su trabajo y en una muestra de ferviente admiración, Roberto Bolaño había afirmado: “Todo se lo debo a Parra”. Aunque aquel encuentro promovió una amistad que siguió tejiéndose a la distancia, la relación del autor de Los detectives salvajes con su país fue otra cosa: había vuelto a Chile después de 25 años de ausencia y el regreso le provocó un cúmulo de sentimientos contradictorios.

Ignacio Echevarría, crítico literario y promotor de algunas ediciones póstumas de Bolaño, revivió hace algunos días, en una conferencia en la Universidad Diego Portales de Santiago de Chile, el momento de aquel viaje en que el escritor fue homenajeado por personajes de la izquierda y la derecha: Roberto Bolaño se veía callado, amable y medio ausente. Luego escribió “Fragmentos de un regreso al país natal”, una crónica sobre sus primeras impresiones que publicó en la revista Paula. Hablaba de la cordillera vista desde el aire y de los periodistas chilenos, en términos cordiales.

Meses después, cuando ya había masticado mejor las sensaciones de la primera visita, en la desaparecida revista española Ajo blanco se publicó “El pasillo sin salida aparente”, donde asomó su esencia… Y la historia ya es conocida: la cena en la casa de Diamela Eltit y los disparos contra los escritores, esos que quieren ser escritores y la facilidad con la que se monta un taller literario en Chile. Esa casta amiga de las instituciones que buscaba la respetabilidad: la nueva narrativa chilena. “No hay carne. Alguien en la casa es vegetariano y presumiblemente ha impuesto su dieta sobre los demás […]. A un escritor le basta publicar un libro de cuentos en una editorial de ínfima categoría para a continuación poner un anuncio en el periódico o en una revista y que de la nada surja otro taller literario más”.

Comenzaban a aparecer las ronchas. En su segundo viaje a Chile y durante la Feria del libro de 1999, Bolaño fue declarado algo más que persona non grata. Incluso la prensa lo ignoró. Al año siguiente se editaba Nocturno de Chile, con personajes como Sebastián Urrutia Lacroix (un cura del Opus Dei y crítico literario) y María Canales (alter ego de Mariana Callejas, una agente de la DINA que organizaba fiestas en su casa). El libro iba a titularse “Tormenta de mierda”, pero finalmente Bolaño aceptó cambiarlo, a raíz de un sueño en el que se veía a sí mismo regresando en tren hasta la Estación Mapocho, y al bajarse se daba cuenta que no tenía ni pasaje de vuelta, ni dinero; llovía y él andaba en ropa de verano. Una sensación parecida a la que debe haber experimentado en la Feria del Libro, que todos los años se realiza en la Estación Mapocho, el paraje de su pesadilla. Nicanor Parra lo acompañó en aquella tormenta, o por aquel pasillo: en medio de esos episodios la amistad entre ambos crecía. Siga leyendo Bolaño y Parra

Alessandro Baricco: “Si tengo un vicio, es el del futuro, no el del pasado”

De paso por la ciudad, el autor de “Seda” habló del fútbol y la felicidad. Razones: un comentarista de fútbol es el protagonista de su próxima novela.

Viaje fugaz, literario y futbolístico. Alessandro Baricco estuvo unos pocos días en Buenos Aires. Firmó libros en una librería ante una fila ordenada pero apasionada de fans: lectores fieles y conocedores de su magnetismo, surgido de los libros y de una presencia física que deja ver a un hombre seguro en su expresividad y humano en su totalidad. Este hincha del Torino de Italia, vino a ver el partido que Boca empató con Lanús desde la cabina desde donde lo transmitía Víctor Hugo Morales. Razones: un comentarista de fútbol es el protagonista de su próxima novela.

-¿Qué importancia han tenido en su vida los comentaristas de fútbol?

-Esa pasión viene de lejos porque cuando tenía 10, 12 años, el fútbol no se veía. Se iba poco a la cancha porque era costoso. Todo era voz porque en la radio se oía todo. La voz del comentarista tiene algo divino, sacerdotal. El comentador veía, en cambio, uno no. Él podía decir lo que quería y uno no podía controlarlo. Nos pegábamos a la radio. Los domingos, aparecían las parejas en las plazas y el marido tenía la radio en la oreja. En sus ojos veías que estaba “mirando” el partido. Y esa es la marca, de algún modo, de la épica del fútbol. Me fascina.

-¿Y hoy cómo se vive?

-Hoy es otra cosa porque ves todo. De todos modos sigue existiendo esa cosa fascinante, porque la mediación sacerdotal lo es y el comentarista sigue siendo una figura muy particular, es el hombre de los partidos de verdad. Y eso hace enloquecer a los hinchas.

-¿Pero se puede conocer una cultura, un país, a través del fútbol?

-Hay un nexo profundo.

-¿Y los italianos cómo son?

-Son astutos. Los italianos no piensan que se gana si se juega mejor. Piensa que se gana si se hace un gol más. Algo que los holandeses no piensan, los españoles tampoco. En Madrid, si el equipo juega mal y gana, no están contentos. No les gusta. A nosotros eso nunca nos pasó. Del mismo modo los ingleses tienen cierta idea de dominio del terreno, un dominio físico, que forma parte de su tradición.

-Hubo una guerra en América Latina entre El Salvador y Honduras después de un partido. ¿Puede el fútbol convertirse en una pasión al punto de matar y morir?

-La cancha es un lugar popular en todos los sentidos. Un lugar violento, vulgar, irracional al que se carga con una enorme energía colectiva, más bien primitiva. No está totalmente fuera de la lógica el hecho de que alguien muera pero la guerra me parece demasiado. Sí, hay, por ejemplo en Italia, choques entre hinchas. Forma parte, además, de un ecosistema que debemos corregir. Siga leyendo Alessandro Baricco

Tres ciudades de soledad

El contexto de los lugares donde nacieron y vivieron Jorge Luis Borges, Fernando Pessoa y Flann O’Brien sellaron de algún modo su literatura. “Estas ciudades los desarmaron y les dieron inmensa fuerza imaginativa, los envenenaron y nutrieron”, reflexiona Colm Tóibín, uno de los más consagrados novelistas irlandeses de la actualidad.

Eran tres ciudades, cada una de las cuales había conocido cierta gloria. En cada una de ellas se sentía que la gloria estaba ausente o era fantasmal, que el mundo real estaba en otra parte, que las ciudades en las que había emoción, integridad cultural o editoriales y lectores estaban en otro lado. La Segunda Guerra Mundial dejó intactas las tres ciudades; no se las bombardeó, ni las transformó la reconstrucción cuando la guerra terminó. Hasta en los años 80 y 90 era posible caminar por muchas partes de esas ciudades y advertir que nada había cambiado gran cosa durante muchas, muchas décadas.

Eran tres capitales en las cuales la mejor manera de abordar la política y la cultura era como un chiste, o un juego entre grupos torpes, en las que un grupo predominaba de forma latente o, en cierto sentido, indigna, durante muchos años. Eran ciudades difíciles para jóvenes con ambiciones literarias; eran lugares donde tanto el presente como el futuro parecían cien años de soledad. Esas tres ciudades, en las que tres genios se sintieron atrapados, aislados y consternados, ingresaron, de forma lenta e inevitable, a la esencia del trabajo de los escritores. Las ciudades los desarmaron y les dieron inmensa fuerza imaginativa, los envenenaron y nutrieron, les dieron un espíritu travieso pero llevaron a dos de ellos a ocultar parte de su mejor trabajo, a dejar que se cubriera de polvo.

La sensación de que no había quien leyera el trabajo que esos escritores producían se abrió paso en el tono y la estructura de su propio trabajo. Sus libros no procedían del mundo, sus libros pasaban a ser el mundo. En el principio fue el verbo, pero con frecuencia no había nada excepto el verbo y sus ecos vacíos, y eso dio a sus espíritus un sesgo a menudo melancólico, a menudo obsesivo. El hecho de que esas ciudades fueran las capitales de países ostensiblemente católicos no ayudaba. Sin embargo, a partir de la vacuidad, de la profanidad, en el corazón de donde se encontraban, los tres escritores hallaron palabras y formas literarias, viejas e híbridas, fascinantes. Algún sueño los animaba a trabajar, a producir trabajos que terminarían por hacerlos famosos. Siga leyendo Tres ciudades

La larga y acalorada lucha para combatir el cambio climático

El Pentágono lo conoce. Las principales empresas de seguros del mundo lo conocen. Los gobiernos pueden ser derrocados a causa de él. Es el cambio climático, y es real. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, en marzo se registraron temperaturas récord en Estados Unidos, lo que lo convierte en el marzo más caluroso desde que comenzó a llevarse registro en 1895. Las temperaturas promedio estuvieron 4,8 grados Celsius por encima del promedio y se batieron más de 15.000 récords de temperaturas máximas a nivel nacional. La sequía, los incendios forestales, los tornados y otros eventos climáticos extremos ya están afectando al país.

Al otro lado del mundo, en las islas Maldivas, el aumento del nivel del mar continúa amenazando a ese archipiélago del Océano Índico. Se trata de la nación más baja del mundo, a un promedio de tan solo 1,3 metros sobre el nivel del mar. La grave situación de las Maldivas fue noticia a nivel mundial cuando su joven presidente, el primer presidente electo democráticamente en el país, Mohamed Nasheed, se convirtió en una de las principales voces del mundo que se alzó en contra del cambio climático, en particular en la etapa previa a la conferencia sobre cambio climático de la ONU realizada en Copenhague en 2009. Nasheed realizó una reunión ministerial bajo el agua, en la que su gabinete vestía equipos de buceo, para ilustrar el potencial desastre.

Nasheed declaró: “El cambio climático es un problema real y está sucediendo ahora. No es un problema del futuro. Cualquier desequilibrio en la naturaleza tendrá impactos enormes en las Islas Maldivas y no solo en estas islas, en otras regiones costeras del mundo también. Creo que alrededor de una tercera parte de la población mundial vive en zonas costeras y se verá gravemente afectada si no hacemos algo para combatir el cambio climático en los próximos años. Se debe alcanzar un acuerdo internacional para reducir las emisiones de carbono”.

En febrero de este año, Mohamed Nasheed fue derrocado de la presidencia a punta de pistola. El gobierno de Obama, a través de la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland, dijo acerca del golpe de Estado: “Se actuó dentro del marco constitucional”. Cuando hablé con el presidente Nasheed el mes pasado, me dijo: “Fue muy sorprendente y muy preocupante que el gobierno de Estados Unidos reconociera de inmediato el restablecimiento de la antigua dictadura. Tenemos que reinstaurar la democracia en nuestro país. Es una democracia muy joven. Recién logramos tener elecciones multipartidarias en 2008 y tan solo duró tres años. Luego hubo un golpe de Estado muy bien planeado. Nos sorprendió que Estados Unidos reconociera tan rápido al nuevo régimen”. Hay un paralelismo entre las posiciones nacionales sobre cambio climático y el apoyo o la oposición al golpe en Maldivas.

Nasheed es el personaje principal de un nuevo documental denominado “The Island President” (El presidente de la isla), que hace un recorrido a través de su notable trayectoria. Durante la dictadura de Maumoon Abdul Gayoom fue un destacado militante estudiantil que fue arrestado y torturado, como muchos otros. En 2008, cuando finalmente se celebraron elecciones en el país, Nassheed derrotó a Gayoom y resultó electo presidente. Sin embargo, me dijo: “Es fácil derrotar a un dictador, pero no es tan fácil librarse de una dictadura. Las redes, las dificultades, las instituciones y todo lo que fue establecido por la dictadura sigue en pie, incluso después de las elecciones”. El 7 de febrero de 2012 por la mañana, Nasheed renunció luego de que generales rebeldes del ejército lo amenazaran de muerte a él y a sus seguidores.

Si bien aún no se ha hallado ningún vínculo directo entre el activismo contra el cambio climático de Nasheed y el golpe, quedó claro que, durante la cumbre de Copenhague en 2009, fue una piedra en el zapato para el gobierno de Obama. Nasheed y otros representantes de la APEI , la Alianza de Pequeños Estados Insulares, asumieron la postura de defender la futura existencia de sus países y de construir alianzas con grupos de base como 350.org, que se oponen a las políticas sobre el clima dominadas por las empresas. Siga leyendo La larga y acalorada

Con la mente vacía

Wang Wei es junto a Li Po uno de los poetas más célebres de la dinastía Tang. Intimamente ligado a la vida pública de su tiempo, también emprendió un camino de meditación abstraída y solitaria. Hasta llegar a destilar el lenguaje de la mente vacía.

En una sociedad feudal, en un tiempo de impuestos vampíricos, reclutamientos forzosos y batallas, la viuda del mandarín Wang, madre de dos nenas y dos nenes, culta y budista, instruye a los varones huérfanos proporcionándoles una formación que les permita abrirse un camino en la vida y rendir los exámenes para ingresar como funcionarios a la corte del emperador. A los ocho años, Wang Wei, todo un niño prodigio, ya era conocido por sus escritos. A los veintidós es designado como Asistente en la Oficina de la Música Imperial. Acusado en un enredo protocolar, se lo deporta al monte Song como administrador de graneros. Más tarde, reparado su prestigio, es otra vez nombrado funcionario. Por entonces traba amistad con los poetas Pei Di, a quien dedicara numerosos versos, y el consagrado Tu Fu. Junto con Li Po, Wang Wei integrará el elenco de poetas famosos de la dinastía Tang. Wang Wei tiene treinta años cuando muere su esposa. El duelo lo aleja de lo mundano. Si bien se le conceden rangos importantes, Wang Wei sólo piensa en el retiro a la vida natural y la meditación.

El vínculo entre los poetas y el poder proviene del fondo mismo de la historia china. Desde la dinastía Shang (1523 a 1122 a. C.), la escritura china se conecta con lo oracular y adquiere un carácter sagrado. Con el correr de los siglos, compartiendo sin perder la intención adivinatoria, la escritura poética se bifurcará instalándose como lírica de la vida diaria. La mejor demostración está en la vasta y prolífica Edad de Oro de la dinastía Tang (618-907). Si el concepto “trascendencia” tiene un significado en esta sociedad, es la representación de lo cotidiano evitando remilgos y omitiendo cuanto se pueda al sujeto. De más de dos mil poetas Tang, llegaron a la actualidad casi cincuenta mil poemas. Componían poemas los aldeanos, los cantantes, los soldados, los letrados, los gobernantes. Los consagrados eran amigos y coincidían en una misma visión del mundo, el respeto por la naturaleza, el desapego, el vacío como búsqueda. Pero Wang Wei, a diferencia de sus compañeros, no se limitaba sólo a la poesía y era también dibujante y pintor, un adelantado en lo que más tarde, en Japón, se consideraría el arte sumyé: el dibujo en un papel poroso que no ofrece chance de corrección sin que se note la enmienda, la mínima chapucería queda al descubierto si se pretende arreglar aquello que falló en el primer trazo. Esta actitud de riesgo y apuesta, la exigencia en el trazo espontáneo que requiere el sumyé, es la misma que trasunta su poesía. Justificadamente se ha dicho que cuando Wang Wei pintaba, escribía. Y cuando escribía pintaba. Siga leyendo Con la mente vacía

Historia oral de los libros

Nació en los agitados meses de 1969 que siguieron al Cordobazo y llegó a su fin con el golpe de 1976. Fundada y dirigida por Héctor Schmucler, la revista Los libros bebió de fuentes y modelos de la semiología, la lingüística, la filosofía, en especial del estructuralismo y el marxismo, hasta convertirse en uno de los laboratorios de literatura y política clásicos de las décadas de los ’60 y ’70. La Biblioteca Nacional publica la edición facsimilar completa, con un agregado fundamental no sólo para esta edición sino para la historia intelectual argentina: la historia de aquel emprendimiento contada por varios de sus participantes más destacados como Ricardo Piglia, Carlos Altamirano, Germán García, Guillermo Schavelzon y el propio Schmucler y de la que en estas páginas se reproducen algunos de sus mejores momentos.

El epígrafe con que se inicia este artículo da cuenta del singular recorrido de Los Libros, desde sus inicios en los agitados meses de 1969 que siguieron al Cordobazo, hasta su abrupta fnalización poco después del golpe de Estado de 1976.

A treinta años de aquella experiencia, las voces de sus protagonistas, prestigiosos intelectuales del campo cultural, prestan una lúcida mirada retrospectiva sobre aquella intervención cultural y política que signifcó una renovación en el campo de la crítica. La idea de recuperarlas y reunirlas está orientada menos a la imposible tarea de reconstruir el itinerario de la revista que a presentar sus versiones e interpretaciones efectuadas desde el presente sobre una historia compleja y conflictiva. A partir de entrevistas individuales, sus voces fueron puestas a conversar en un collage de citas alrededor del eje convocante de lo que la revista fue para ellos. Siga leyendo Historia oral

María Luisa Bombal: Geografías imaginarias

65 años han transcurrido desde la publicación en inglés de House of Mist -Casa de niebla- por la editorial Farrar Straus & Giroux de Estados Unidos. Pese a haber sido editada también en Inglaterra, y traducida al portugués, francés, sueco y japonés, recién ahora aparece en castellano, bajo el sello de Ediciones UC. Sobre ella escribe el Premio Cervantes Jorge Edwards y habla Lucía Guerra, especialista en la obra de María Luisa Bombal y traductora de este libro.  

En la literatura chilena de mi tiempo, la prosa de María Luisa Bombal era excepcional, secreta, de minorías. Daba la impresión de que ella había pasado por el mundo de Neruda, por el de los surrealistas criollos, por el de mujeres escritoras como Margarita Aguirre y María Carolina Geel, y de que había quedado al margen, en un espacio propio, reservado, mágico. Es probable que el episodio de Eulogio Sánchez Errázuriz, que la llevó a la Casa Correccional de Mujeres y después a un largo proceso penal, haya dejado en ella, hasta el final de su vida, una marca insuperable. Neruda hablaba de María Luisa como de un recuerdo remoto, emotivo, complejo. Solía aconsejarle a Margarita Aguirre que no se dejara influenciar por los “lados malos” de María Luisa. Sabíamos a qué se refería con esto de los “lados malos”: al abuso del alcohol, a la emotividad enfermiza, que la había conducido a descargar una pistola contra su ex amante.

Parecía claro, sin embargo, que no había intentado matarlo ni herirlo en forma grave. Pero había un factor, o varios factores, que se añadían: María Luisa se había ido a vivir a Nueva York, se había casado con un financista de sociedad y estaba en vías de convertirse en ciudadana norteamericana. Algunos años más tarde, en plena guerra de Vietnam, Neruda insinuaba que María Luisa era un caso político perdido, una partidaria entusiasta del “imperialismo yanqui”.

Descubrí en esa época, me parece que en la librería Studio del centro de Santiago, un ejemplar de House of Mist . Era una edición de Farrar Strauss, de 1947, y estaba dedicada a su esposo, que le había ayudado a escribir ese libro en inglés. En mi lectura de entonces, me pareció una prolongación y un intento de refundir en un solo texto sus dos novelas anteriores, La última niebla , de 1935, y La amortajada , de 1938. Leí House of Mist con indudable interés, pero sin encontrar los elementos de sorpresa, de originalidad, de estilo, de los libros anteriores. Fue una lectura que me permitía reconocer fragmentos, atmósferas, situaciones, pero donde no había descubrimiento. En su género, en cambio, las dos primeras novelas eran obras maestras. En el relato en inglés de 1947 daba la impresión de que la autora, en su exilio neoyorquino, se plagiaba a sí misma, y de que trataba de hacerlo con un propósito extraliterario: el de ingresar en el universo de las fantasías de Hollywood, es decir, el de servir de base para una película del género amoroso y fantástico, producto que solía llegar de cuando en cuando hasta nuestras tierras. Siga leyendo María Luisa Bombal

En Babilonia

La muerte de Tabucchi me hace pensar que hay escritores que no deberían morir, no tan pronto, al menos. Hay escritores para los cuales nuestra prodigiosa sociedad hipertecnológica debería destinar bancos con vísceras de recambio.  

Hay cosas que le entristecen a uno el mes. Aunque sin llegar al dramatismo del famoso verso de Vallejo: “hay golpes en la vida/ tan fuertes/ yo no sé…”, por ejemplo, enterarse un domingo por la mañana de que Antonio Tabucchi ha muerto es una triste manera de abordar abril, no se me dirá lo contrario (a menos que Tabucchi hubiese tenido más que detractores, gente desalmada que pudiese alegrarse de su muerte, cosa que no creo en lo más mínimo, pues ese Tabucchi hubiese sido más bien un personaje de Buñuel, que estaba convencido de que la jerarquía de un hombre se medía en función de la importancia de sus enemigos, pero Tabucchi más que de Buñuel, tenía algo de Pessoa, era como él, un perplejo y melancólico poeta de los puertos del sur de Europa).

En fin, digo esto porque la muerte de Tabucchi me hace pensar que hay escritores que no deberían morir, no tan pronto, al menos. Hay escritores para los cuales nuestra prodigiosa sociedad hipertecnológica debería destinar bancos con vísceras de recambio: hígados, pulmones, cerebro, corazón, de manera que pudieran acompañarnos unos añitos más (si ese fuese su deseo, claro). Imagínese si hubiésemos podido otorgarle a Cervantes veinte años más, salvar a Garcilaso de la Vega de esa pedrada que lo mató mientras escalaba una torre enemiga en Fréjus, librar a Balzac de la gangrena y a Stendhal de la apoplejía que lo derrumbó en el boulevard des Italiens (no podía morir en otra calle, claro).

Es que cuando muere un gran escritor, uno se siente más solo. Más confrontado a eso que algunos llaman la “hiperrealidad”. O sea, a la civilización de la simultaneidad y la ligereza, el dinero que todo lo llena y todo lo vacía, la banalización de la política y del arte, la “espectacularización” de todas aquellas dimensiones de lo humano que otrora daban “sentido” a la vida. Aunque uno no estuviera de acuerdo con ese o esos “sentidos” -Dios, Marx, el Partido o “los partidos”, la familia, el valor del arte y las ideas-, era una matriz cultural que hoy día tiende a volar en mil esquirlas: hay fragmentos de todo en todas partes y, en especial, en las pantallas, sin las cuales nuestro mundo ya no sería mundo: redes sociales, internet, mensajes de texto, balbuceos, silabeos… Pero pasan cosas extrañas en este mundo hipermoderno. Siga leyendo En Babilonia

El cuento clásico de la semana

Incluimos el cuento clásico de la semana, seleccionado por Luis López Nieves: La reticencia de lady Anne, por el autor escocés Saki (1870-1916). Pulse sobre el título para leer el cuento en Ciudad Seva.

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