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«Cornalina», novela de Miguel Aníbal Perdomo

JOSÉ ALCÁNTARA ALMÁNZAR [mediaisla] El enigma de la máscara robada, resuelto en la última página de la novela, conduce al lector a un lugar que no presentía, aunque lo imaginara, o sea, una solución que abre todo un campo de posibilidades interpretativas.

Miguel Aníbal Perdomo es azuano de origen y escritor dominicano de la diáspora en los Estados Unidos por motivaciones diversas, siendo la principal su búsqueda de un favorable espacio laboral y creativo, más allá de nuestro marco insular. Ciudadano del mundo en el sentido más amplio del término, tanto por su sólida formación académica como por sus vivencias de escritor experimentado, Perdomo inició su trayectoria literaria en 1981, con la publicación de Cuatro esquinas tiene el viento, novela que entonces fue recibida con buenos augurios por la crítica local, y hoy, fruto de múltiples lecturas y trabajo constante, el autor es uno de los escritores de renombre con que cuenta la comunidad dominicana en Nueva York, donde vive con su familia, enseña en varios centros de educación superior y es un dinámico activista cultural.

En esta ocasión, Perdomo ingresa a la lista de autores de la Colección del Banco Central con una novela corta, Cornalina, que no es un nombre de mujer como podría suponerse, sino un «ágata de color sangre o rojiza», según el Diccionario de la Real Academia Española, y primero de los cinco epígrafes colocados por el autor al inicio —los otros provienen de El libro de los muertos, Madame Bovary de Gustave Flaubert, La sangre de Tulio M. Cestero, y «Delicatessen», el provocativo cuento de Miguel Alfonseca—; son cuatro citas que preparan el clima para las andanzas de los personajes de la obra.

He denominado «novela corta» a esta obra, porque estimo que lo es en el sentido estricto del término. Cornalina es, pues, una novella, short novel, novela policíaca fraguada a base de una prosa certera, desnuda, al servicio de una eficacia narrativa exenta de alardes técnicos, porque, como muy bien sostuvo William Faulkner: «Si el escritor está interesado en la técnica, más le vale dedicarse a la cirugía o a colocar ladrillos. Para escribir una obra no hay ningún recurso mecánico, ningún atajo».[i]

La trama de Cornalina se construye sobre un hecho en apariencia corriente: el robo de una máscara que el Museo del Cairo, a través del gobierno egipcio, ha prestado a la Galería Nacional [léase Museo de Arte Moderno] de nuestro país, mediante la estratagema de un extraño personaje que para sustraer la pieza, emborracha a los guardianes encargados de custodiarla y al funcionario que hizo posible su exhibición en Santo Domingo.

La novela está formada por cuatro capítulos y un epílogo, cuya lectura nos conduce a caminos poco transitados por la narrativa dominicana contemporánea, ya que no se trata de una novela histórica, ni sobre episodios como la dictadura de Trujillo, la Guerra de Abril, o la invasión norteamericana de 1965, que han dejado un amplio muestrario de novelas y cuentos. Contada por un narrador omnisciente en tercera persona, el lector se encuentra de repente inmerso en las andanzas del licenciado Osiris Antonio Leclair Santana, director de la Galería Nacional, y del capitán Justo Felipe Martínez, encargado de la investigación para recuperar la máscara robada.

La obra está ambientada en el Santo Domingo moderno, con recorridos por la ciudad, que si bien a ratos pueden parecer arbitrarios, dan una idea de una urbe en crecimiento, agitada, vocinglera. Pero no es la ciudad de hoy la que emerge en estas páginas, con sus violentos contrastes entre opulencia y miseria, sino un Santo Domingo de hace veinte o treinta años, aunque con chispazos de la ciudad actual. Lo que importa, a fin de cuentas, no es la exactitud en la planimetría, de la que podemos prescindir en la lectura, sino la fidelidad al espíritu de la ciudad, muy bien captado por el autor.

Osiris Leclair, el protagonista, escucha música de Beethoven con verdadera fascinación. Así sabemos que es un hombre de aficiones elevadas. Pero esa música no es un alarde de pedantería, sino símbolo del carácter positivo, enaltecedor de la obra de Beethoven, uno de los grandes genios de la humanidad, quien supo sobreponerse a su fatal limitación auditiva para dejarnos un legado imperecedero de belleza sonora; y a su aliento heroico para vencer al destino y continuar adelante hasta el final de su vida. La referencia a la Novena Sinfonía, con su coro pletórico de alegría y solidaridad humana, o a la bucólica Sexta, con sus alegres y reconfortantes melodías campestres, tan propicias a la fraternidad, confirma la perspectiva del novelista mismo, quien, a nuestro juicio, presenta una visión esperanzadora de la vida que es contrario a todo pesimismo nihilista.

El lenguaje empleado por el narrador es de una indiscutible eficacia y de una claridad que sólo encontramos en los escritores que dominan el idioma, sorteando los escollos de la sintaxis y dando en el blanco con en el empleo de vocablos sugerentes. El uso de un español dominicano bien sedimentado, culto, sin concesiones chabacanas o efectistas, asegura un discurso que mantiene siempre su buen ritmo, y que conecta un episodio con el siguiente, sin perder nunca el hilo conductor de una trama construida sobre un hecho, pero de numerosas implicaciones sociales, culturales y espirituales.

Con metáforas y símiles que parecen surgir de un registro cromático tropical, el narrador explora el destino del protagonista y del puñado de personajes que lo acompaña en su periplo citadino, para descifrar el enigma de la máscara robada. Las frases para describir objetos, individuos y situaciones constituyen uno de los aciertos de esta breve obra, por su efecto evocador y cómplice, las miradas refulgentes que nos contagian con su vigoroso decir. En dos momentos de la obra, al principio y al final, una variante dialectal de raíz africana irrumpe con su impronta característica.

Las pulsiones eróticas de Osiris Leclair se ven de continuo encandiladas por la adolescente Yunsia, hija del chino Li Po, dueño del restaurante donde él come de vez en cuando; y por Violeta, mujer que lo introduce en las técnicas de la meditación y quien, llegado el momento, le ofrecerá su cuerpo sin reservas, en dos cortas pero intensas escenas que no tienen desperdicio, de una sorprendente economía de recursos verbales, como si una cámara oculta filmase el encuentro de los amantes.

Cornalina incursiona también en el poder de las creencias populares sobre una parte importante de la población y las prácticas de un nutrido grupo de hombres y mujeres influidos por atavismos africanos. Son creyentes unidos por los mitos de la fe y la milagrería de un panteón religioso al que acuden en busca de paz interior, de auxilio para resolver problemas de diversa índole, pero sobre todo, para comprobar que su existencia adquiere un sentido que escapa a las miserias del presente.

El enigma de la máscara robada, resuelto en la última página de la novela, conduce al lector a un lugar que no presentía, aunque lo imaginara, o sea, una solución que abre todo un campo de posibilidades interpretativas. Lo que al inicio fue solo el robo de un objeto histórico y cultural de valor incalculable, concluye con una interrogante que lleva a otra, cargada de resonancias sobrenaturales. | jaa, santo domingo, rd j.alcantara@bancentral.gov.do



[i] Entrevista en El oficio de escritor. México, D. F., Ediciones Era, S. A., 1982, 4ta ed., p. 174.

 


Comments (2)

  • Maricela Martinez

    Me siento bendecida y sumamente orgullosa de tener como profesor a un escritor de tanta calidad humana e intelectual como el sr. Miguel Perdomo. Lo habia conocido en su faceta de poeta. Genero en el cual muestra gran capacidad y sencibilidad. Ahora tendremos la oportunidad de conocerlo en el genero de novela, y por el comentario que acabo de leer, preciento que es una gran novela y que tracendera los espacios y el tiempo. Lo cual no me sorprende, pues el profesor Perdomo tiene todas las herramientas para triunfar en este arte. Hasta ahora, puedo asegurar que es uno de los intelectuales mas capacitado y dedicado que he conocido. Le deseo mucho exito en su novela Cornalina.
    PS. Gracias profesor Perdomo por compartir con la humanidad sus conocimientos y su tiempo

  • Christopher López

    Ha sido un honor tener a Miguel Perdomo como profesor y leer su novela, Cornalina. Le agradezco mucho por darme la oportunidad de conocer su obra literaria. Muchísimas bendiciones, profesor Perdomo. ¡Qué Dios lo bendiga!

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