OPHIR ALVIÁREZ [mediaisla] “Hay poetas de vísceras, de técnica, y de duende. De igual forma que hay poetas que lo son y muchísimos que quieren serlo.”
Insaciable en su búsqueda, atenta a lo que se escapa a la mayoría, dispuesta a confrontar y a confrontarse, Luci Garcés (Córdova, 1949) nos brinda una obra signada por la rebelión interior, la vehemencia de la confesión, el autodescubrimiento y la simbiosis entre la periodista y la poeta que por sobre toda la cosas, se atreve a decir. La palabra diáfana pero hiriente, desnuda y sin falsos atavíos se vuelve protagonista y como ella, levanta la voz para que nos adentremos en su universo y escudriñemos en él:
—En estos tiempos marcados por la velocidad y el desasosiego, por el cerco de la información irrelevante, por la urgencia de poseer y de aparentar, cuando se incrementan la insolencia y la miseria y la vida íntima tiembla ante lo público en comunidades virtuales como Facebook o Twitter, ¿dónde está esa poesía que, como dice Eugenio Montejo, “no sirve para nada, salvo para vivir”?
—No creo que sea preciso que la poesía tenga que servir para algo. Simplemente sirve. Creo firmemente que la poesía es la transmisión oral de sentimientos, noticias, ideas…Defiendo que las primeras poesías fueron recitadas, canturreadas por mujeres que trataban de sosegar a sus hijos. Las que llamamos canciones de cuna, nanas. Después se pasó a contar historias, leyendas, y así se obtuvo otro tipo de poemas más alejados del intimismo.
—Recientemente, en una de las actualizaciones de tu perfil en Facebook escribiste: “En la fragilidad de la vida, cuando se está perdiendo”, lo que me remitió a Hemingway y a su mágica pregunta: ¿Cómo podemos vivir sabiendo que vamos a morir? Teniendo claro que la muerte nos ronda y habita los mismos escenarios por donde transitamos, ¿es ella la que logra que los pequeños detalles cobren sentido transformándolos en actos de magnificencia o seguimos encerrados en la paradoja del viaje y lo que significa nuestro paso por este cuerpo?
—Todos sabemos que vamos a morir, puede que unos antes que otros, pero no todos aceptan el hecho de que no somos eternos. Nacer, vivir, morir forman un círculo, en el que están también incluidos el crecer, madurar y envejecer. Pero la muerte, la nuestra, ha nacido al mismo tiempo que nosotros. Es nuestra compañera siamesa. Algunos de mis poemas hablan de esa compañía y de mis diálogos con ella. Supongo que es una forma de enfocar la propia vida, debo vivirla intensamente, lo más perfecta posible, para que mi fin no me cause angustia sino que sea llegar al remanso, a la paz soñada, a tener respuestas a infinidad de preguntas. Porque no es fácil aceptar que uno vive sin haberlo pedido o deseado.
—Siendo tu país la cuna de Unamuno, Valle-Inclán, Machado, Juan Ramón Jiménez, Lorca, Miguel Hernández, Cernuda, Ángel González y Gamoneda por citar sólo a algunos de los exponentes de la poesía moderna española del siglo XX, ¿qué te dicen nombres como Luna Miguel y Batania?, ¿es ése el tipo de poesía que se está haciendo en España en la actualidad o son ellos representantes de una minoría que ha logrado hacer bulla y llegar hasta América?
—No sé que poesía se está haciendo. Cada poeta es un mundo. Lo que es cierto es que actualmente hay editoriales nuevas que buscan a personas jóvenes y utilizan las redes sociales y la Red para buscar lectores, porque depende de éstos el estar en el candelero. Pero hacer las Américas es genial. A mí me conocen más allá que aquí, donde me han leído prosa y de vez en cuando me preguntan ¿pero tú escribes poesía?
—En Literatura suele establecerse una relación íntima entre lo que se lee y el autor que en la mayoría de los casos promueve la curiosidad e impele a ir en pos de información que nos diga quién está detrás de las letras y nos de una visión del que escribe, personalidad, apetencias, posturas políticas y sexuales. Intentando satisfacer al ojo lector en su afán de develar a Luci Garcés, para alguien que ha escrito con el desparpajo de «Versus Perversus» o los artilugios de «De yantares y yaceres», ¿persiste en el día a día algún tabú al que darle tijera?
—Siempre existen tabúes porque cada persona o grupo de personas o culturas o… tienen distintos puntos no tocables. Eso se aprende pronto cuando se viaja a otros países de habla hispana. Hay palabras que tienen hasta diez o doce significados diferentes según sea la procedencia del que habla. En mi último viaje a México estuve con 50 poetas de 16 países distintos, e insistía una y otra vez que lo que no me comprendieran me preguntasen de la misma forma que yo lo hacía. Figúrate mi sorpresa cuando en un lugar me dijeron que no me entendían porque yo hablaba inglés y hace años después de haber vivido una semana en casa de un escritor éste me soltó que no me entendían mucho porque pronunciaba ces, zetas y eses, demasiadas para él.
—Aprecio en tus versos una descripción que perturba y podría parecer transgresora. El desparpajo de la voz develando una realidad presente en la cotidianidad no sólo española sino latinoamericana en la que la mujer es tratada como objeto, es puesto de manifiesto en tus poemas. El intimismo, el desenfado y la obscenidad podrían tomarse de manera autorreferencial, ¿cómo lidia Luci Garcés con las pasiones que se elevan desde las miserias humanas y hacen uso de las letras para lograr un final sin desperdicios, una obra que se venderá en los anaqueles?
—Cuando empecé a dar a conocer mis versos en un foro me consideraron una voz nueva (así me presentaron en Sonora), y entonces yo ya había superado el medio siglo. Me he pasado muchas décadas escribiendo noticias, reportajes, entrevistas, no precisamente culturales, sino sobre catástrofes, política, economía, sucesos. Empecé a escribir versos después del trabajo, la mayoría desconocidos aún, sobre cosas que ocurrían, la muerte de un terrorista, una boda principesca, la muerte del dictador. El primero de todos ellos fue sobre un avión que se estrelló cerca, muy cerca de mi casa. Pero no escribía para publicar, de hecho mis cosas terminaban en la papelera o regalándoselas a alguien. Porque tal y como he dicho en un poema yo no soy poeta, sólo observo, miro, y hablo de lo que ven mis ojos. Y una cosa tengo clara, nada es obsceno, son obscenos los ojos que mal-miran.
—En alguno de tus textos has manifestado asombro ante las posturas que mencionan Internet como el fenómeno devorador que haría desaparecer la era del papel y sus derivados. Se ha reconocido que el desarrollo y la expansión de los medios digitales amenazan la vida del libro impreso, ¿hay en tu mesa de noche un tablet o una montaña de libros? ¿Te conformarías con que las expresiones artísticas de un futuro no lejano se resumieran en un twit de 140 caracteres?
—Tengo montañas de libros por todas partes. Cd’s en los que almaceno libros que probablemente no lea nunca. Y también poseo ebook, tablet, ipab, carnet de un par de bibliotecas, ordenador portátil y de mesa. Conservo mi última máquina de escribir. No sé si me conformaría. Ten en cuenta que yo lo que soy es periodista y creo en que lo bueno si breve, doblemente bueno.
—En el 2011 participaste en el Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, ¿cómo explicas la devoción y la entrega de los habitantes de la Mixteca Oaxaqueña, una de las regiones más pobres de México signada por un alto grado de analfabetismo y marginación a un evento al que acuden escritoras de todos los rincones del mundo en el que el mayor intercambio se da a través de lecturas y de esa convivencia con el pueblo? ¿Bajó el poeta del pedestal o hay un rencuentro con la esencia de la vida, con los valores y la sencillez?
—Aprendí muchas cosas en ese viaje. Desde el intercambio de ese español que nos une y nos separa al que hacía referencia antes, a conocer partes de nuestra historia que desconocía. Hicimos la ruta dominica y eran escalofriantes esas inmensas iglesias fortaleza, la iglesia abierta, las cruces atriales, pero lo conmovedor fue, sobre todo, como acudían a escucharnos recitar, como bailaban y cantaban para nosotras, como nos pedían talleres los más jóvenes, el ser invitadas a las escuelas, a la universidad técnica. El que compartiesen sus casas, su comida.
—En uno de tus poemas nos dices que: “Lo cotidiano es hermoso/ Hay placidez en las cosas que se repiten/ incluso cuando son horrores pequeños” y cierras con un verso que podría parecer muy simple: “Lo terrible es lo desconocido”. Suponiendo que una mujer ¾o un hombre¾ que lleva casada(o), digamos, 20 años y a quien la monotonía de la rutina hinca los dientes y planta un abismo que sólo se nutre de costumbre lo lee, ante lo terrible de lo incierto, ¿se hace válida la premisa de que es preferible malo conocido que bueno por conocer o vale la pena el salto y el riesgo?
—¿Por qué rutina? Hay que saber vivir, cada instante es un mundo nuevo. Compartir no tiene porque llevar a la rutina y mucho menos amar, aunque a veces una se aburra. Desde mi punto de vista hay que arriesgarse siempre y si se equivoca el destino, pues rectificar. Esa es la salsa de la vida. Si uno es capaz de reconocer sus errores vive mejor.
—En alguno de sus ensayos, Mario Vargas Llosa describe uno de sus encuentros con Neruda y hace hincapié en “el hermoso espectáculo que era verlo comer pues se tenía la impresión de que la vida valía la pena, la dicha era posible y su secreto chisporroteaba en la sartén”. En «De yantares y yaceres» tú añades la cama a la cocina y nos regalas un manual para endilgar lo uno a través de lo otro y viceversa. En el 2004 me dedicaste el libro diciendo: “Ophir y amado, Disfrutad leyendo, cocinando, paladeando y yaciendo”. ¿Existe una disposición perfecta para los placeres o definitivamente el orden de los factores no altera el producto?, ¿con qué receta rematarías la hora del preludio amoroso?
—Cada cual tiene su orden para el placer y cada edad para el suyo. La receta picarona merengue con nata y chocolate.
—Witold Gombrowicz en su célebre ensayo «Contra los poetas» se refiere de manera irónica al culto de la poesía y sus artífices: “Ah, la palabra del poeta, la misión del poeta, el alma del poeta…” ¿Cómo se defiende una escritora del siglo XXI ante lo manifestado en el texto?, ¿es la poesía un experimento o una necesidad?, ¿cuánto de duende o de musa y de orfebrería hay en una obra para que traspase los límites de la experiencia y nos siga invitando a pensar?
—Hay poetas de vísceras, de técnica, y de duende. De igual forma que hay poetas que lo son y muchísimos que quieren serlo.
—A manera de cuestionario psicológico, dime una palabra que describa la noche, el amor, la vigilia, los hijos.
—Esperanza.
—Cuando el día a día se encuentra aliñado por los índices de desempleo, inseguridad, hambre, violencia y se realizan manifestaciones, cacerolazos y protestas alrededor del mundo convocadas a favor o en contra de las acciones de quienes detentan el poder, ¿qué opinión te merecen los que se atreven a salir a la calle a implorar cambios?
—Son valientes y espero que sean votantes en las próximas elecciones.
—Circuló por la red un Test de alguien que se hacía llamar Bonifacio. Ya para que concluyamos, dos preguntas tomadas de ahí: ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio? Y, hablando de uno de los males que ha tocado al hombre a lo largo de la historia, ¿es la soledad el principio o, muy al contrario, es el fin de todo lo que existe?
—Primero habría que dilucidar qué es la locura. Pero los genios son considerados locos por ir a contracorriente. Pienso que la soledad es un estado que se elige y que no significa falta de compañía. | oa, houston, tx ophir_alviarez@yahoo.com
Hola Luciana y mucho gusto Ophir, charlar con Luciana es un manantial inagotable. Saludos a ambos.
Luci es una poeta, una narradora, una ensayista, una mujer que como escritora tiene innumerables aristas: brillante, plena, con una mirada que desborda la belleza y lo real. De luci siempre hay algo que aprender.
Las entrevistas, como las autobiografías, son armas de alto poder explosivo que pueden abrir caminos o cerrar senderos. En este caso en particular, amiga Luci, no abriste ni cerraste nada, más bien pusiste las cosas en perspectiva. Somos, en esencia, lo que pensamos, y lo que proyectamos. Esta entrevista mínima porque, como dices, “lo bueno, si breve, doblemente bueno,” cumple el doble propósito, según yo, de ratificarte y proyectarte, en/como eres: poeta irreverente y latente. Un abrazo y un besote. JSC