Un grito en la tormenta

Un grito en la tormenta

SEBASTIÁN JORGI [mediaisla] «Las fronteras posibles» de Graciela Bucci: un grito en la tormenta que no pide auxilio, sino que es desafiante, en un conato de ínsita ¿o explícita rebeldía?. Fuerte textura neo-romántica, a través de la auto-interrogación…

¿Por dónde empezar la lectura de Las fronteras posibles? Se adivina un reestablecimiento de jerarquía de valores ante la mirada de la poeta, ante la íntima instancia de estar en el renacimiento de un verso de alas nuevas. Me puedo engañar, pero si me engaño, existo, expresa Michelle Sciacca en su libro ¿Qué es el idealismo? Viene a cuento de esos insondables abismos y de soñar con la propia bruma de la infancia, íntimas evocaciones que el yo-poético, autoconciencia, subjetividad sufrida trata de constatarse entre espejos empañados.

De pronto me detengo en el poema Cuaderno para cuentas, que tiene una cita de la gran narradora Ana María Matute, “cierro el cuaderno en el que solía apuntar la vida”, donde lo intertextual parece acomodarse a la vida misma de nuestra poeta. Acaso pueda advertirse una especie de contra-arte poética, ya que hoy las letras resbalan. En este poema la acumulación encabalga algún dolor, para decirse que la vida es un vidrio roto que araña las gargantas (obsérvese que el yo se desdobla en la pluralidad de los otros, en las gargantas de los próximos ¿como imagen del controvertido mundo?)

sólo quedan hebras
recortes de historia
mentiras jugando a ser verdades
               algunas ironías
alguna estafa oculta desde la frase ambigua
también hay un cuaderno
y hay silencios necesarios y francos
hoy la vida no se deja escribir
es un vidrio roto que araña las gargantas
encubre
ingenia trampas hoy las letras resbalan
sin pretensión de dar sentido a la palabra
sin pretensión de ser coherentes
son tan solo
remolinos
gritos
una farsa un tajo una llaga
y otra
y otra
 entonces me obligo
cierro el cuaderno
hoy la vida no me deja escribir    

¿Ha cerrado el cuaderno nuestra poeta? Me digo no, pues ella me contesta y me dice con un título de otro poema: Mejor el silencio. Y aquí pujan causalidad y teleología, el porqué del origen y el para qué, el fin, acaso ambas cuestiones quedarán ocultas tras las sombras. Pero se trata de un silencio estoico, con un remedo de rebeldía, pese a esa voz en medio de la tormenta de la vida que acontece o que ya pasó, pese a esos gritos sin destinatario. Pese a que la vida puede quedar suspendida en los recuerdos. Más allá de mi identificación (como narrador uno suma y suma recuerdos) me sigo aproximando a estas fronteras de lo posible y coincidir en que el tiempo no claudica, el tiempo me resuelve.

Un grito en la tormenta que no pide auxilio, sino que es desafiante, en un conato de ínsita —¿o explícita rebeldía?—. Fuerte textura neo-romántica, a través de la auto-interrogación, escribe uno se pregunta cómo explicar el tiempo y ese yo viajero continúa ese derrotero insondable y de pronto uno se pregunta en el camino. Estoy detenido en ese poema tremendo, Explicar el tiempo, donde el fraseo, esa respiración tan peculiar en nuestra poeta, cada verso, constituyen unidades mínimas, detonantes, de un andamiaje poético a la postre contundente, me digo, sustancioso, en el que podemos atisbar modulaciones de un alma estoica, acaso en busca de un equilibrio existencial sobre una cuerda inútil. Explicar el tiempo en el camino de la vida. De una poeta En marcha —como para recurrir a otro título de su libro— y la palabra es el faro donde se instala la contemplación, en la tristeza pura, para constatar-se, en los días que carecen de frontera. Este poema dedicado a su mamá, lleva un acápite de Alejandra Pizarnik (Y es su sonrisa la última sobreviviente, no mi memoria): es lo que queda de madre, la última sonrisa como contra-metáfora de memoria. La inter-textualidad de Graciela Bucci en la cita de aquella muchacha, siempre abstraída, ensimismada, escribiéndose a sí misma, nada de componer el poema, al igual en un cuasi paralelo —se me ocurre, arriesgo— que Graciela, en una especie de narratio automática.

Digo esto, más allá de toda “corrección” posterior, lo que, pertenece al secreto, a la intimidad de nuestra poeta. La aventura intertextual de Graciela Bucci, en un espectro de citas, conjugan lecturas selectas que hacen a la historia de la poesía y también al reconocimiento de los pares, de amigas poetas, con los que Graciela transita el viaje en vida: un homenaje a la amistad. El conato de rebeldía puede intuirse en varios tramos de Las fronteras posibles: en el silencio y en el grito haré trizas la copa del prejuicio, que se va afirmando, en ese soy yo, puesto existencial, férrea resistencia para poder vivir/finalmente/sin muros que me exilien. (del poema Aún es tiempo). A propósito, ha escrito Laura Massolo en la contratapa: “Porque el tiempo no puede suceder en los espacios que nos determinan, porque la poesía que dice amor infancia muerte es la que verdaderamente resume nuestra pertenencia a una historia” Acertada visión para mí.

Cuerpo, deseo, génesis, éxtasis, personificaciones logradas (detrás de las paredes que jadean), ingenioso numen de imágenes creacionistas, uno puede ir encontrando, placenteramente en lecturas y re-lecturas. Excelente define Bertha Bilbao-Richter el mundo de la  poeta: “Relevo la búsqueda de la verdad como fin de la vida en contraste con la vida como transcurso, la derrota de la condición angélica por el mal, la animización del cuerpo por la palabra…el triunfo de la memoria sobre el olvido”

Y sí, tienes mucha razón y comparto esa fuerza, Graciela, esa Fe filosófica que delineó Karl Jaspers, cuando escribes: “y a pesar de todo/ estamos listos para seguir viviendo”. | sj, mar del plata, argentina sebastianjorgi@hotmail.com

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