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Haití y República Dominicana, ideas sobre sus relaciones históricas y literarias (y 2)

Haiti. columpioMIGUEL ÁNGEL FORNERÍN [mediaisla] El Estado haitiano no surge de las ideas de nación, ni de una diferenciación lingüística ni de la apelación a un territorio prometido; surge de la fuerza, de la vigencia, que como una forma de oposición a la esclavitud van a poner en ejecución Toussaint Louverture, Jean Jacques Dessalines y Alexandre Pétion

La invasión estadounidense a Haití creará una escuela de pensamiento de la que surgirán las simbolizaciones identitarias que refuerzan las ideas de la haitianidad, los escritos de estos intelectuales haitianos aparecen en la revista Indígena de 1927, y se destacan los trabajos de Jean Price-Mars, autor de un libro emblemático de la cultura haitiana, Así habló el Tío (1928). En esta obra Price-Mars define una identidad haitiana a partir del folklore, el vudú y el creole, lengua hablada por las clases populares haitianas. En este texto aparece no sólo una relación de los elementos que definen la haitianidad, sino la exposición más acabada de la singularidad de la cultura haitiana y su relación con la cultura africana.

Price-Mars brilla también con su libro La Republica de Haití y la República Dominicana (1953) en el que expone la historia y las relaciones entre los dos países. Price-Mars tuvo contestatarios dominicanos entre los que sobresalen, los historiadores Arturo Peña Batlle y Emilio Rodríguez Demorizi. Para los haitianos Price-Mars es el fundador de los estudios etnológicos sobre su país. Pensó que sus escritos deben valorarse como parte de un movimiento caribeño que buscaba definir lo nacional, tanto desde el aspecto racial como desde la lengua y la religiosidad. Junto a Fernando Ortiz, en Cuba y Ricardo Alegría, en Puerto Rico, Price-Mars puede ser considerado como la cumbre de los estudios culturales en el Caribe.

Pero Price-Mars no estaba solo, de la cantera de pensadores haitianos surgieron escritores de importancia capital para entender la cultura, la sociedad y la política haitianas. Me refiero a Jacques Roumain, autor entre otras obras del clásico Los gobernadores del rocío, obra realista que pone en perspectiva la situación haitiana, centrada en el problema de la tierra y el retorno de los haitianos que fueron expulsados de Cuba por el gobierno de Machado éstos habían sido contratados como braceros para trabajar en las zafras azucareras cubanas. En Los gobernadores del rocío (1944) se puede atemperar el problema el telurismo del problema haitiano, que sería central en Las semillas de la ira (1949), de Anthony Lespès.[1]

Otro autor importante de la literatura haitiana es Jacques Stéphen Alexis, autor de la novela Mi compadre el general sol (1955) En esta obra se pone de manifiesto la situación social haitiana, en los días finales de la invasión americana y la matanza de haitianos por el dictador Rafael Leónidas Trujillo. Desde un realismo cruzado por el existencialismo y lo real maravilloso, inaugurado en las letras caribeñas por Alejo Carpentier en El reino de este mundo, Alexis pone en juego una serie de contradicciones mediante la simbolización de unos personajes que sufren. El primer flagelo que los mortifica es el hambre. Metáfora de la situación presente en Haití, luego, el poder dictatorial y el destino existencial que lo condena. Frente a esos males sólo aparece la redención social en la ideología socialista y la emigración a la República Dominicana a trabajar como braceros en el corte de la caña en los centrales del Este[2].

Los haitianos emigraron como braceros a Santo Domingo durante la intervención estadounidense que se inició en 1916 y terminó en 1924. También, entonces, fueron llevados a trabajar como obreros agrícolas a Cuba y, debido a la miseria que azotó ese país en la década de 1930 durante la Gran depresión, fueron expulsados por el dictador Machado. La tragedia de los que regresaron fue narrada en Los gobernadores del rocío por Jacques Roumain (1944). Debido a la demanda de azúcar que provocó la Primera guerra, también entraron en el escenario migratorio caribeño los trabajadores provenientes de las Islas Vírgenes Británicas (Tórtola), conocidos como cocolos. Si el consumo de azúcar de caña en Europa sustituyó la ausencia del azúcar de remolacha durante la Primera guerra, debido a la destrucción de las plantaciones, en la década del treinta, la producción se había reducido dramáticamente.

Haiti. La rep haiti y la rep domLos héroes haitianos de Mi compadre el general Sol encuentran la solidaridad dominicana, el apoyo de los sindicalistas, mostrando que el mundo de los explotados tiene concreción sin importar la nación, pero se ven frente al autoritarismo del presidente Trujillo, que no deja de ser parangonable con el autoritarismo que vive la vecina República haitiana. Los acontecimientos de la matanza de haitianos en la frontera de 1936, ponen en tensión la vida de los personajes y su huida constituirá el desenlace del texto de Alexis. Al final han crecido en su entendimiento de la sociedad y en misticismo de su destino que no es otro que el Haití mítico, el Haití Thomas de los cuentos tradicionales. Al final, la muerte llega, pero va creciendo ese hermano mítico que es el general Sol, el que ilumina los campos y da vida a todo lo existente.

Alexis también es el autor de un discurso sobre el realismo maravilloso y de un libro de tradiciones donde se pueden apreciar sus ideas sobre ese tenor. Su colección de relatos Cancionero de las estrellas[3] desborda en las costumbres y tradiciones de Haití, es como si el autor quisiera encontrar en el pasado, en la memoria de las tradiciones del pueblo haitiano su propia identidad. Algunos temas de su novela se pueden encontrar aquí, como el tema del hambre que simboliza en dos personajes emblemáticos de la haitianidad como lo son Buquí y Malicia. El despliegue de recursos del realismo mágico en esta obra ponen en primer plano la ovación de estilo de Alexis, a un autor malogrado por la lucha política, pero tal vez, el que la representa con mayor fuerza expresiva y dominio del oficio de escritor.

Es de importancia capital expresar que en el debate por la identidad haitiana, Alexis podría verse un poco alejado de aquellos que ponían mucho énfasis en el origen africano de la cultura haitiana. Pienso que Alexis vio más la creoleté, o la criollidad de lo haitiano en América. Posiblemente es el discurso de los marxistas haitianos que llega al punto máximo con René Depestre (“Saludo y despedida de la Negritud”) en África y América Latina[4]. Este creo que se puede observar en su búsqueda de una identidad haitiana en el indigenismo, como se puede apreciar en el relato en que aparece la reina del Jaragua Anacaona. Esto pone en evidencia la existencia de un indigenismo haitiano y que su apego a la tierra los conduce a ver como sus antepasados a los antiguos habitantes de la isla Española que a sus lejanos ancestros africanos.[5]

Estas dos polaridades se presentan en el desarrollo de la identidad cultural en el Caribe. Por una parte, el movimiento de la Negritud, fundado en París por los estudiantes editores del periódico El Estudiante Negro y por el Movimiento de Legítima Defensa con la participación de León Gotain Damas, Leopoldo Seghar Sengor y Aimé Césaire, que tendrá a un grupo replicante importantísimo en las cinco décadas después, los de Éloge de la creoleté (Elogio de la criollidad), Jean Bernabé, Patrick Chamoiseau y Raphaël Confiant, quienes toman el latinoamericanismo de René Depestre como despedida del movimiento de la Negritud. Alexis se encontraba tal vez más adelante del movimiento nacido en Francia en los años cincuenta.

La presencia haitiana en Santo Domingo pasa por la dolorosa experiencia de la masacre de haitianos ordenada por el dictador Rafael Leónidas Trujillo en 1936. El ambiente de entreguerras parecía propicio para la difusión de ideas racistas y xenofóbicas[6]. En este marco se da la matanza de haitianos, como obra de un dictador que se oponía a todo elemento liberal tanto en Haití como en la Republica Dominicana.[7] Es el escritor dominicano Freddy Prestol Castillo el que mejor configura el ambiente de aquella época en su novela El masacre se pasa a pie.[8] Esta obra es de suma importancia y ha ocupado el interés de los lectores dominicanos en las últimas décadas. Eso así porque es el testimonio más cercano a los acontecimientos muchas veces velados por la dictadura y que históricamente han sido presentados por distintos ángulos en el libro de Bernardo Vega, Trujillo y Haití.[9]

El masacre se pasa a pie es una novela testimonial y de denuncia. En ella presenta Freddy Prestol Castillo en forma autobiográfica la vida de un joven abogado, miembro de una familia de clase alta venida a menos, exiliado en la ínsula interior de Dajabón. Para el régimen de Trujillo, la frontera era un espacio lejano en el que podían ser recluidos letrados y soldados no apreciados por el régimen. Y esto le ocurre a la voz narrativa identificada con el autor de la novela de referencia. Él es un joven letrado, destinado a seguir la suerte de los letrados liberales que colaboraban con Trujillo o tenían que salir exiliados al exterior a combatir la dictadura trujillista. Es significativo establecer que ese destino liberal no había sido inaugurado con Trujillo sino que cruza toda la historia dominicana desde que el dictador Pedro Santana desterrara al padre de la Patria, Juan Pablo Duarte en 1843. Asunto que continuó bajo los regímenes de Báez y Ulises Heureaux. Así que nuestro héroe se siente como un expatriado en su propio país, en la ínsula interior que era la frontera dominicana.

Haiti. El masacre se pasa a pieMientras se encontraba ejerciendo el papel de juez de la justicia dominicana en el pueblo fronterizo de Dajabón, tiene la oportunidad de ser testigo de la matanza de haitianos. La obra es el más claro y fidedigno documento de la tragedia puesta en función por el régimen dictatorial. Muestra cómo la presencia de haitianos en un espacio reclamado por la República Dominicana desata una enmascarada querella que pone en acción el aparato militar de la dictadura para realizar una de las obras más espeluznantes que se haya llevado a cabo en el Caribe, un crimen colectivo de lesa humanidad.

Debe observarse en la obra que, además de las contradicciones aparentes, las querellas de los propietarios dominicanos frente al supuesto abigeato cometido por haitianos allende la frontera, el innombrable odio del dictador a los haitianos y su interés de resolver de forma violenta el diferendo limítrofe con la vecina república de Haití, estaba la lucha de elementos del ejército de Trujillo por apropiarse de los bienes que poseían los haitianos en la frontera. Esta lucha se puede observar en que personeros del ejército se apropiaban de esos bienes y que la presencia de ex presidiarios en la masacre y el machete como forma de encubrir las acciones que supuestamente era un pleito entre campesinos, como luego alegó el régimen, estuvieron acompañadas de un desprecio racial del haitiano.

Una novela haitiana narra un aspecto relacionado a la masacre de más de 18 mil haitianos en la frontera entre República Dominicana y Haití. Es la ya mencionada Las semillas de la ira de Anthony Lespès.[10] En esta obra se narra el intento de conformar una finca agrícola con el dinero pasado por el dictador Trujillo como compensación por la masacre. El narrador es un agrónomo que intenta organizar un espacio de cultivo para los antiguos braceros. La finca agrícola se convierte en una metáfora del Estado haitiano contemporáneo. Es que la tierra no da, la tierra no sirve para el cultivo y para alimentar a su población. El final es el fracaso de la finca, como se podría pensar análogamente sobre el fracaso de Haití como país. Una tierra de labradores en la que la tierra no da para producir los frutos que permitan el funcionamiento del proyecto agrícola. Es la contradicción entre hombre, tierra, producción que ha marcado la historia de esa nación. Los labriegos implicados en el proyecto utópico de la hacienda agrícola van a terminar pasando de nuevo la frontera, a sabiendas de que el dictador Trujillo, el discrimen y la opresión están de ese lado. El destino haitiano está marcado por la situación de la tierra, el efecto telúrico domina toda simbolización de la haitianidad.

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MIGUEL ÁNGEL FORNERÍN (Higüey, RD). Departamento de Estudios Hispánicos de la UPR Cayey, es autor de Ensayos sobre literatura puertorriqueña y dominicana (2004), Entrecruzamiento de la historia y la literatura en la generación del setenta (2009), Las palabras sublevadas (2011) y Los letrados y la nación dominicana (2013), entre otros.

[1] Lespès, Anthony. Las semillas de la ira (traducción de Diógenes Céspedes). Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana, 1990.

[2] Alexis, Jacques Stephen. Compére Général Soleil. Paris: Gallimard, 1955. Hay varias ediciones en lengua Española. Véase Mi compadre el general Sol. Santo Domingo, quinta edición: Editora Taller, 1981.

[3] Alexis, Jacques Stephen: El romancero de las estrellas. Santo Domingo, primera edición dominicana: Editora Taller, 1982.

[4] Véase Depestre, René. “Saludo y despedida de la Negritud” en Manuel Moreno Fraginals (relator) África en América Latina. México: Siglo XXI, 1996, págs. 337 y ss.

[5] Véase Laroche, Marc Leo. La tragédie de la reine du Xaragua. Montréal. Éditions Cramoel, 2002.

[6] El historiador Franklin Franco Pichardo refiere al ambiente racista de la época y los intentos de Trujillo de buscar una emigración ‘blanca”, en la que participan el licenciado Julio Ortega Frier y Vicente Tolentino Rojas. Véase Franco Pichardo. Historia del pueblo dominicano. Santo Domingo: Sociedad Editorial Dominicana, 1992, Págs. 523-525.

[7] Para contrastar los discursos sobre la masacre, véase: Price-Mars, La República de Haití y la República Dominicana, op. cit. tomo II. y Bernardo Vega: Trujillo y Haití (1937-1938). Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana, 1995.

[8] Prestol Castillo, Freddy. El masacre se pasa a pie. Santo Domingo: décima edición: Editora Taller, 1998.

[9] Vega, Bernardo. Trujillo y Haití (1937-1938). Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana, 1995, vol. II.

[10] Lespès, Anthony: Las semillas de la ira. Santo Domingo: (traducción del francés de Diógenes Céspedes) Fundación Cultural Dominicana, 1990.


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