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La memoria de un nombre


La memoria. 2BERNARDO NAVIA [mediaisla] Recordar a Neruda y su despliegue de versos para expresar amor y solidaridad constituye, quizás, el mejor ejemplo de unidad. Algo que debiéramos practicar los latinoamericanos que, por alguna u otra razón, vivimos lejos de nuestras patrias.

¿Qué significa el nombre Pablo Neruda? Desde lo personal, me voy a atrever a esbozar respuestas.

Pablo Neruda significa un nombre literario; un sonido poderoso de versos e imágenes. Pablo Neruda significa un nombre que, como chileno, me enorgullece. Neruda es el segundo premio Nobel para Chile de literatura, lo que no es jamás poco; el otro lo recibió Gabriela Mistral. Ambos dicen que la poesía es la manifestación más compleja y artística de la idea escrita. Tener en Chile a dos maestros de este arte llena de orgullo. Volviendo a la imagen del poeta en su ciudad natal, Temuco (al sur de Chile), recuerdo que paseando una vez por las calles de esta ciudad, comenzó a llover y corrí a guarecerme bajo un portal. Resultó ser un local que se llamaba Café Pablo Neruda. Entré, me presenté a una señora que parecía ser la dueña y luego del clásico intercambio de comentarios sobre el típico lluvioso invierno regional, le pregunté si había sido ese un lugar favorito del poeta. Ella sonrió y me dijo: “El niño Pablo se fue de Temuco cuando andaba por los 17 años. Los dos éramos muy jóvenes entonces… Yo abrí este lugar años después. Le puse así porque sé que le hubiera gustado”. Esas historias dan alegría, cómo no.

También el nombre Pablo Neruda me da un poco de tristeza (“Siempre estoy triste…”, escribió él). Piénsese, por ejemplo, cuando fue su funeral, poco después del fatídico 11 de septiembre de 1973. Ametralladoras, uniformes de guerra y rostros ocultos tras pintura negra acosaron hostilmente a los miles de chilenos que se volcaron a las calles para darle el último adiós al poeta. Esta imagen triste simboliza el día del funeral de la inocencia y los sueños, dos formas de ver la vida que él siempre defendió.

Pablo Neruda también evoca Sur. Él sentía una especial predilección por la ya mencionada austral ciudad de Temuco y su carga de historia y leyenda. Temuco es la región cuyos indígenas más firme y sostenidamente resistieron la conquista española. Todavía hoy esta ciudad está asociada al nombre de La Frontera; España podía dominar prácticamente todo el continente, excepto esa pequeña zona. No es de extrañar que Neruda le hubiese dedicado versos a los más notables caciques araucanos: Lautaro, Caupolicán, Colo-Colo, Galvarino, Lincoyán…

Neruda llegó a vivir a Temuco cuando tenía 6 años. Su padre trabajaba como maquinista. Todavía hoy se conserva la vieja maestranza, que es el sitio donde iban a parar los viejos ferrocarriles. El pequeño Pablo jugaba en ese lugar y seguro comenzaba ya a fraguar los versos que, a los 16 años, le valdrían el reconocimiento nacional. No es de extrañar entonces que hoy, a más de 40 años de distancia de su muerte, haya tantos artistas que han compartido su talento con la obra del poeta. Por ejemplo, gente como el escritor y crítico de arte, Antonio Skármeta, quien escribió una novela llamada Ardiente paciencia, que narra la historia de un joven cartero que traba amistad con el poeta. El cine italiano recogería más tarde esta idea para rodar Il postino (1994), bajo la dirección de Michael Radford; habría que mencionar también a la coreógrafa y bailarina argentina Elizabeth De Chapeaurouge, quien ha logrado con éxito representar en ballet la obra nerudiana La magia de la danza. Habría que mencionar también a Goran Ivanovic, el guitarrista croata residente en Chicago y quien, en alguna ocasión, ha acompañado al jazzista y también guitarrista Fareed Haque. Goran ha lanzado un disco compacto (The Poet), en donde lee poesía de Neruda. La lista, en verdad, no sería corta. Lo que importa señalar es que para estos artistas está claro que vale mil veces la pena mantener viva la llama de la belleza, la libertad, la inocencia; en fin, facultades con las que contamos para enfrentarnos a la vida con la entrega sin reservas con que lo hace un niño. Una vez, sobre un caballo de madera que poseía, Neruda escribió: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él”.

La memoria. 3Pablo Neruda significa también la imagen siempre antigua y legendaria de Valparaíso, ciudad-puerto de Chile. En uno de sus tantos cerros (verdaderos laberintos de calles, viejos caserones, calles empedradas y colores), Los Placeres, se encuentra La Sebastiana. Habría que ser un segundo Neruda para describir ésta, su casa. Nadie lo hace mejor:

La casa crece y habla,
se sostiene en sus pies,
tiene ropa colgada en un andamio
y como por el mar la primavera
nadando como náyade marina
besa la arena de Valparaíso.

Saltan a la vista de quien visite la casa mascarones de proa, innumerables botellas, libros, conchas marinas, y algunas fotografías memorables que adornan la casa. Una anécdota, aparecida en un boletín de la Fundación  Neruda, cuenta que cuando el poeta trajo hasta la puerta de acceso a la terraza de La Sebastiana las fotografías de Walt Whitman, Charles Baudelaire y de Arthur Rimbaud (sus poetas favoritos), el carpintero que enmarcaba la de Whitman le preguntó si esa era la “fotografía de su papá” y Neruda, luego de titubear un instante, contestó: “sí, es mi papá…. en la poesía”.

Recordar a Neruda y su despliegue de versos para expresar amor y solidaridad constituye, quizás, el mejor ejemplo de unidad. Algo que debiéramos practicar los latinoamericanos que, por alguna u otra razón, vivimos lejos de nuestras patrias.

Así, la mejor manera de honrar la memoria del poeta es hacer algo que a él le hubiera hecho sonreír y sentirse bien: juntarse a leer y/o a escuchar sus versos; que son, sin lugar a dudas, inmortales. Y, por supuesto, intentar mirar el mundo con la misma humildad y cariño con que lo hizo él.

Así, como lo señalara en Estocolmo, será ésa tal vez la única forma en que “la poesía no habrá cantado en vano”.

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BERNARDO E. NAVIA es doctor en literatura hispanoamericana y hace más de 20 años que se ha desempeñado como profesor en diferentes universidades de Estados Unidos. Actualmente trabaja en la Universidad de Illinois en Chicago.


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