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Paulina Vinderman: La poesía es una vasija llena de memoria

Paulina Vinderman 1
RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO
[mediaisla] Busco un lenguaje de encantamiento para un mundo desencantado. El conejo blanco de Lewis Carroll siempre corre apuradísimo mirando su reloj, y yo, no dejo de seguirlo hasta la madriguera donde todo puede volver a empezar. 

Después de recorrer casi toda centro y sur América por Scalabrini Ortiz a pie tenía la certeza de  llegar de nuevo tarde a un café. Había quedado con Paulina de encontrarnos en el Oporto, en Scalabrini con Paraguay. Siempre llego más al sur de lo debido. Por supuesto, el café estaba frío y tuve que hacer malabares para sacarle palabras y sonrisas a la ‘Señora de los abrazos”. Y eso que abordé el Metro bien temprano; seguí al pie de la letra las instrucciones: bajar en Santa Fe con Scalabrini; caminar de tres a cuatro cuadras hasta Paraguay. Pero, ido como soy, seguí de largo y crucé Honduras, Panamá, El Salvador. Pregunté. Claro que le pregunté a más de uno más despistado que yo. Después de mucho caminar, alguien se condolió y me dijo la verdad. Tuve que desandar todo el trayecto. Y ya era tarde.

Era octubre. Yo solo tenía la certeza de que Paulina era una mujer al borde de un camino y que todos sus gestos eran los de partir. Para colmo la primavera había desaparecido y veía más de un pájaro irreal posado otra vez en lo que quedaba de una rama. (Chicas, por supuesto, iban de sur a norte, oeste a este). Con suavidad de humo la convencí de hablar. La asedié con mis preguntas. Quise saber y que me contara sobre la cuidada artesanía de sus versos, de sus libros. Sus títulos. La serenidad con la que traza puentes en los que se balancean las palabras. La pintura. Sus poetas. Ya la había escuchado leer junto a Jorge Alejandro Boccanera en el Centro Cultural K.

Pendiente quedaron el almuerzo y las cientos de palabras que aplazamos para el próximo encuentro. Por ahora, un poco de lo poco que logré rescatar de aquel café: 

En qué momento, antes o después de comprobar que eras “una mujer al borde del camino” (Rojo junio), ¿encontró Paulina a la poesía o la poesía a Paulina? 

—Todo empezó cuando era una niñita; aprendí a leer y escribir mucho antes de la escuela.  Me convertí en una lectora voraz y precoz. A los ocho años fundé y dirigí un club literario con mis amiguitas del barrio. Escribía cuentos; poco después apareció el primer poema y sentí una conmoción: ese era mi lugar. De todos modos la mujer al borde del camino ya estaba incubándose; a los ocho-nueve decía que quería ser escritora y exploradora y, para horror de mi madre y mis tías, agregaba que no me iba a casar pero sí tendría hijos. El sueño de exploración se cumplió en parte en mis viajes aventureros por tierra, en la Latinoamérica profunda. 

Dentro del inmenso continente de la poesía argentina, ¿dónde se ubicaría Paulina Vinderman? ¿Cuál es el linaje de su heredad? 

Paulina Vinderman. Rojo Junio—Alfonsina (Storni) fue una figura importante en mi infancia, no sólo por su poesía sino por su lección de vida, su coraje. Mi gratitud a Oliverio Girondo, Juan L. Ortiz, Amelia Biagioni, Olga Orozco, Enrique Molina, Arnaldo Calveyra, Antonio Requeni, Alejandra Pizarnik.  Pero me reconozco hija de “Poesía Buenos Aires”, esa revista que entre 1950 y 1960 revolucionó la poesía argentina, un verdadero movimiento. Con mi primer humilde libro bajo el brazo, busqué a sus hacedores: Raúl Gustavo Aguirre y Edgar Bayley, quienes me recibieron con generosidad. Eran grandes poetas y grandes personas. Joaquín Giannuzzi, poco después, poeta admirado, se volvió un verdadero padre. 

En «Pisadas sobre el vidrio», de tu libro Hospital de veteranos (2006) dices: «La única poesía que ilumina es la que arde/ y ningún mar será más extenso que mi imaginación.» Intuyo una poética, una apretada síntesis de tu relación con el mundo que te rodea y la poesía. ¿Sí? ¿Qué es para Paulina el poema, la poesía? 

—Gracias por tu percepción, René, sí es un arte poética esencial. Con ardor hago referencia a  la pasión; mis grandes motores fueron siempre la pasión, la curiosidad y la imaginación. La imaginación nos da una verdad sobre el mundo mucho más poderosa. La poesía es una aventura en el corazón del lenguaje (la sangre del idioma). Un relámpago de percepción para aprehender el mundo, para zambullirse en él, para comprenderlo. Una manera de descorrer las cortinas de lo real, de iluminar los rincones oscuros de la existencia. La poesía es el lugar donde sucede lo imposible. Se vuelve a nombrar, se vuelve  al origen y, en ese viaje, parafraseando a John Berger, el poema verdadero toca una ausencia de la que, de no ser por él, no seríamos conscientes.

La poesía: una vasija llena de memoria, un agua de resistencia. 

¿Y el poeta, los poetas sin género, sin sexo? 

—El poeta: la persona que se compromete a fondo con su “arte u oficio” (Dylan Thomas dixit). Es un ser que ha sido marcado tempranamente por el lenguaje, marcado hasta una herida. Me uno humildemente a Joseph Brodsky en esta aseveración; él lo escribió a partir de un bello verso de Auden sobre Yeats: “la loca Irlanda te hirió hasta la poesía”. 

¿Es cierto que “No hay ciruelos en Ciruelo? 

Paulina Vinderman 3—Ciruelo es una pequeña ciudad que inventé en base las que conocí en mis viajes. “No hay ciruelos en Ciruelo”, supongo que fue escrito para quitar convenciones y dar algo de misterio a su origen. Pero tal vez, por su gracia castellana; lo fónico pesa en mi poesía. 

Dice Octavio paz que la poesía es «avidez que sólo en la sed se sacia», de ser así, ¿cuáles son los asuntos que normalmente te rondan y que atiendes cuando abordas el poema? 

—El poema es un lugar de reunión; allí confluye todo: lo vivido, lo soñado, lo inventado, lo leído. No hay temas, “La poesía es el tema del poema” escribió Wallace Stevens. Sí hay obsesiones: el viaje, los personajes marginales, la fugacidad, el dolor, la infancia, las ciudades como personajes, la escritura en sí. 

¿Tienes resguardos o manías a la hora de escribir? ¿Cómo es el proceso de parto de un poema en tu experiencia personal? 

—Necesito pocas cosas: papel y lapicera (de preferencia pilot negra) y soledad. Me encanta escribir en los cafés porque la soledad no es total; la vida bulle alrededor. No puedo escribir si hay música; ella me seduce y no me deja oír la voz del lenguaje. Escribo el poema en manuscrito; adoro la sensualidad de la mano y el dibujo que hace. Artículos, traducciones, etc. pueden ser escritos directamente en la computadora. 

¿Sufres o te divierte escribir? ¿Qué deseas que sienta el lector frente a un poema tuyo? 

—Nada de sufrimiento al escribir. Sufrimiento es NO escribir: esos períodos de sequía, generalmente entre libro y libro. Esperar el poema, alerta y paciente, eso es difícil. No es diversión la palabra que yo usaría; tal vez alegría, plenitud. La sensación de que el universo se ha cargado de sentido, aunque después nos demos cuenta de que el interrogante se convirtió en otro interrogante adicional. ¿El lector? Que encuentre vivo al poema, que se una a su respiración y su inquietud. 

Acontecimientos o personas han dejado su marca en ti y por ende, en tu obra. Por ejemplo Sylvia Plath. Háblame de Tulipanes (2011). 

—Acontecimientos: todos, los íntimos y los sociales, aún de modo elusivo. Creo que aunque no se lo proponga, el poeta siempre es cronista de su época. Amén de las influencias afectivas que especifiqué anteriormente (las personas que estimularon la obra) están las influencias puramente literarias, más difíciles de desentrañar. El vuelco sobre la mesa de lo recordado-olvidado, suele ser anárquico y misterioso. Imposible dilucidar los porcentajes en el fogoncito alquímico. En mi formación tuvieron relevancia los clásicos españoles del Siglo de Oro, Cervantes, Shakespeare, los modernistas americanos (Darío, Asunción Silva) y la poesía norteamericana en especial, desde Emily Dickinson en adelante; aprendí de ellos a ver la naturaleza como fuente de reflexión, de especulación filosófica. Sylvia llegó más tarde; me subyugó, la traduje y me hizo feliz la edición de Tulipanes por parte de la Universidad de Nuevo León. Traducir es un verdadero desafío; es hermoso dar voz en mi lengua a otro poeta. Una influencia que conseguí distinguir es la de los cuentos de hadas de la infancia (los originales, no las versiones edulcoradas posteriores), tan crueles como maravillosos. Una vez dije que busco un lenguaje de encantamiento para un mundo desencantado. El conejo blanco de Lewis Carroll siempre corre apuradísimo mirando su reloj, y yo, no dejo de seguirlo hasta la madriguera donde todo puede volver a empezar. 

Y la fotografía, los retratos: muchos de tus poemas se me antojan escenas bien prolijas que retratan y dan vida a espacios, lugares y momentos, ¿cuál es tu relación con la cámara fija o en movimiento? 

Paulina Vinderman. La epigrafista—Más que la fotografía y el cine, es la pintura la que se cuela en mis escenas. La pintura me fascina, estudié Historia del arte y me interesa la relación poesía-pintura. En ciertos poemas de viaje, es verdad, la cámara se mueve intentando una road movie. 

¿Tiene sentido acaso escribir poemas? 

—Tanto sentido como cantar, danzar, pintar. El arte es una necesidad profunda del ser humano. 

¿Crees que se lee menos poesía ahora? ¿Cuáles son los desafíos que encuentra el poeta para la mejor difusión de su obra en estos días? 

—La poesía nunca fue de público masivo, aunque los Festivales, casi increíblemente, lo desmienten. La poesía circula, a veces voz a voz. Aparentemente es frágil; sólo aparentemente; en realidad es poderosa. 

¿Te animas a contestar la decimotercera pregunta? ¿De qué forma puede ayudar la poesía a resanar el mundo? 

—Sana el mundo con su sola presencia; es una palabra liberadora que nos habla de verdad y de belleza. Bucea en el lenguaje y el lenguaje es lo humano por excelencia: el único lugar de residencia que no puede ser hostil al hombre.

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RENÉ RODRIGUEZ SORIANO, escritor


Comments (3)

  • Pablo Ridriguez

    Motivadora y desafiante entrevista para los lectores viajantes sin libros y sin la poesìa en el asiento colindante.

  • fior rodriguez

    Poesía…puerta de escape a tanta indiferencia e impotencia en un mundo a oscuras.
    Línea divisoria entre el ” no puedo” y la esperanza.

  • Evelyn Mejía

    Excelente. Que profundidad y realidad en sus sentir y modo de describir la poesía. Escribir te lleva a descifrar lo que otros no ven pero que tu lo sientes y percibes. Te transporta a lo que tu quieres en realidad.

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