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Letras vueltas

Insensatez | Alejandra Pizarnik: un mito literario nacional | Cernir y discernir (con café, por supuesto) | “El ‘e-book’ convierte cualquier cosa en ‘best seller” | Rimbaud, un rebelde de hoy | Rafael Gumucio: “La literatura tiene esa única función, hacerte sentir menos solo” | Renace un verdadero león | Infancia de esteros, lagunas y palmares | Otros y otras El misterioso autor de Don Quijote | Pere Gimferrer: “No aspiro en absoluto a que el lector me entienda” | Una flor del cuento dominicano | Poesía material | Alain Badiou, fiel a la filosofía | ¿Se puede vivir sin religión? | Siete libros de la semana | María | Kjell Askildsen | Los mejores libros en español de los últimos 25 años.

Alejandra Pizarnik: hora de revisar un mito literario nacional

Alejandra PizarnikA 44 años de la muerte de la escritora nacida en Avellaneda se realizaron las primeras jornadas en el país dedicadas a su obra, organizadas por el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la UBA.

En un ensayo publicado por Beatriz Viterbo, César Aira definió el “personaje alejandriano” protagonizado por Alejandra Pizarnik (1936-1972) con estas palabras: “La clave de su funcionamiento era la juventud, que seguiría siendo su rasgo esencial hasta la muerte, y más allá. Se fue perfeccionando a partir de rasgos espontáneos, todos los cuales se envolvían de una justificación poética, que tomaba la forma de una amplificación metafórica”. Esa expansión de la figura y la obra de Pizarnik, con su repertorio de niñas, autómatas y miniaturas verbales, favoreció el ingreso al mundo de la poesía de muchos jóvenes y adolescentes, que la leyeron con fervor y admiración. A cuarenta y cuatro años de su muerte, varios de esos lectores le rindieron tributo el martes y el miércoles en las primeras Jornadas Alejandra Pizarnik celebradas en el país, organizadas por el Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Buenos Aires.

El martes en el Museo Nacional de Bellas Artes y el miércoles en el Malba, participaron de las jornadas Cristina Piña, Andrea Ostrov (la hija del psicoanalista de Pizarnik, León Ostrov), la poeta Laura Estrin, Ivonne Bordelois, Roberto Ferro, Silvana López, Jorge Monteleone, Daniel Link y María Negroni. López, una de las organizadoras junto con Ferro, comentó que habían sido convocados los especialistas más importantes en la obra de la autora de Árbol de Diana. “Pizarnik conmueve con su escritura tanto en el ámbito académico como en la inconmensurable movida poética que hay en Buenos Aires y la Argentina”, agregó.

Piña, autora de la primera biografía de Pizarnik, inauguró las jornadas. En su conferencia se refirió al modo en que, a lo largo del tiempo, había ido cambiando la imagen y significación de su obra literaria. “Lo fui dividiendo por décadas y señalando qué libros y artículos fueron fundamentales en el 80, 90, 2000 y 2010. También señalé la importancia del acceso a su biblioteca y a sus manuscritos de Princeton. Si bien ahora la leemos como poeta, crítica literaria, autora de textos en prosa transgresores, diarios y correspondencia, todavía queda mucho por incorporar de su acervo depositado allí. Quise abrir así las jornadas dedicadas a ella, que son las primeras en la Argentina, mientras que ya se han hecho tres en el exterior, en Italia, Francia y España”, señaló Piña. ¿Hay tantas Alejandra Pizarnik como lectores? Siga leyendo Alejandra Pizarnik

Cernir y discernir (con café, por supuesto)

Moliendo cafe bCernido pieza a pieza, como si del más gourmet de los cafés se tratara, Moliendo café constituye el alegato mejor articulado de Eduardo Lantigua para justificar la pasión y el celo con los que por años se ha entregado a la tarea de leer y entresacar lo que a su juicio conforma el sumun de la literatura dominicana; sus lecturas y discernimientos sobre la narrativa de autores fundamentales como Juan Bosch, Hilma Contreras —y su admirado René del Risco Bermúdez—, así como la de sus contemporáneos Manuel Salvador Gautier, René Rodríguez Soriano, Mélida García y Rubén Sánchez Féliz, hablan claramente del bagaje y el rigor con los que aborda la escritura un autor que normalmente pasa desapercibido en las kermeses y maitines oficiales.

Con la pericia y precisión que ya le conocemos al urdir y cincelar, artera y minuciosamente, sus artefactos narrativos y poéticos, en Moliendo café Lantigua pone en práctica todo el arsenal acumulado a través de sus múltiples lecturas para, con todo lujo de detalles, facilitarnos vías de aproximación al tejido que conforma y da cuerpo a un texto literario. Sus exploraciones, su mirada y la forma sosegada en que comparte los hallazgos y fisuras en la construcción de las piezas que disecciona, nos darán una nueva perspectiva más allá de lo real y lo aparente. Este libro de ensayos literarios, sin lugar a dudas, constituye el secreto mejor guardado del universo escritural de ese autor cuasi desconocido que responde al nombre de Eduardo Lantigua. Adquiéralo en Moliendo café.

Réquiem por el libro digital

Requiem por el libro digitalLos que no leen no van a empezar a hacerlo porque exista un nuevo formato.

“El libro digital ha muerto”. Algún día tendremos que acostumbrarnos a titulares así. ¿Por qué no? En 2008 un millar de profesionales consultados por la Feria de Fráncfort puso fecha al momento en que la venta de libros electrónicos superaría a los de papel: 2018. Nos quedan dos años. Tal vez pecaron de optimismo —en EE UU supone el 25% del negocio y en España apenas supera el 5%—, pero algún día otros optimistas dirán que el e-book será superado por el invento que toque. Los libros no siempre fueron como los conocemos. De hecho, antes de que lo fueran hubo que escuchar que el alfabeto terminaría con la memoria o que la fragilidad del papel nunca podría competir con la solidez del pergamino.

La lectura ha pasado por tantos avatares que no merece la pena perder el tiempo siendo integrado o apocalíptico, pero los apóstoles del futurismo harían bien en contar con las predicciones de los mil de Fráncfort y con el hecho de que casi la mitad de los españoles confiesa no leer nunca. Y, sobre todo, que el 20% de esa mitad reconoce no hacerlo porque no les gusta. Parece difícil que un nuevo formato les haga cambiar de gusto.

Hay quien dice que la imaginación no es más que memoria fermentada, y en el acto de leer se dan la mano esas dos capacidades: imaginar y recordar. Puede que un día la sociedad se divida entre lectores, en el formato que sea, y no lectores. La cuestión es saber quién tendrá no más cultura sino más memoria con la que producir imaginación. Entre otras cosas para saber que el mundo no siempre fue así y para imaginar que puede ser de otra manera. También puede que un día se invente algo que nos lleve al mismo sitio que un libro sin necesidad de leerlo. ¿Nos daría igual un cuadro que una inyección que produjera los mismos efectos que ese cuadro? Algo así se preguntaba Wittgenstein. Siga leyendo Réquiem por el libro

“El ‘e-book’ convierte cualquier cosa en ‘best seller”

El ebookEd Nawotka, gurú estadounidense del libro, cree que a Amazon no le interesa el sector y que los escritores se están empobreciendo

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Lo del Nobel a Bob Dylan es un reflejo de los tiempos, de cómo ha mutado la industria del libro, que está perdiendo su esencia y valores muy deprisa en los últimos 10 años; la literatura hoy se está reduciendo a deslizar el dedo por una pantalla y la industria, a hacer esos cuadernos para colorear tan exitosos, nuevo capítulo de la infantilización de la cultura”, comenta, provocativo, el periodista estadounidense Ed Nawotka (Detroit, 1972), uno de los grandes expertos del sector editorial, fundador de la revista Publishing Perspectives, hoy cotizado consultor y colaborador de la muy influyente Publishers Weekly.

Los autores están pagando los cambios

Ed Nawotka opina que el escritor profesional “se está empobreciendo por la tiranía del mercado: antes, las editoriales le hacían un contrato por dos o tres libros y así podía desarrollar su carrera con cierta tranquilidad; hoy, si no venden un libro, no hay siguiente”. En el último eslabón de la cadena, cree Nawotka, también habrá cambios: “Las librerías pueden quedar como punto de venta de los autoeditados, aunque el papel se reservará para la alta edición, con productos de gran calidad”.

El fallo del Nobel a su compatriota cantautor le sorprendió, invitado por la plataforma digital de derechos The Spanish Bookstage, en la Feria Internacional del Libro, Liber, en Barcelona, adonde acudió para desmenuzar las tendencias del sector. Lo hizo con especial atención al libro electrónico y las editoriales de autopublicación, proceso de pingüe crecimiento (“en EE UU se han incrementado un 375% desde 2010”), pero que, admite, diluye la calidad literaria: “Ese bajón de calidad ya está dándose, pero a los grandes editores les preocupa poco, porque van a la búsqueda del mercado masivo; el término best seller en el e-book es irrelevante; la fragmentación del mercado llega a tales extremos en las plataformas que cualquier cosa puede ser un superventas”. Y remacha, contundente: “Los compradores consideran muy a menudo que esos libros son suficientemente buenos para lo que los quieren y el precio que pagan, unos 5 o 6 euros frente, al menos, los 9,99 de los lanzados por editoriales clásicas… El e-book está redefiniendo a la baja la calidad literaria, pero el sector ha entrado en este juego”. Siga leyendo El e-book

Rimbaud, un rebelde de hoy

RimbaudMozart murió a los 35 años y cambió la música para siempre. Rim­baud murió a los 37, pero a los 19 años ya había escrito toda su poesía, una poesía que abrió el camino de la modernidad, con un solo libro publicado en vida. Desde entonces, jóvenes inquietos de todas las generaciones siguen siendo influidos por la obra y la vida del primer rebelde moderno, el primer escritor maldito, pasional, imprevisible, nómada de bares, vagabundo por los caminos de Francia, un poeta vidente, reinventor del amor, insurrecto en la Comuna de París, para enrolarse en un barco ebrio en un viaje hacia el infierno, blasfemo e insolente que, en la cumbre de su genio, se hundió en el silencio para dedicarse al tráfico de armas, café y marfil en Harar y morir pobre, como vivió.

Atalanta publica una nueva hazaña editorial: la edición de la obra completa de Rimbaud. Toda es toda. Poemas, variantes, borradores, obras en prosa, cartas, notas, cuadernos, declaraciones judiciales… El editor, Jacobo Siruela, dice que “este joven feroz revoluciona toda la poesía establecida y representa como nadie la esencia de lo moderno, de lo nuevo. Él es un poeta del siglo XX, no del XIX. Pero su grandeza estriba en que abomina de todos los artificios de la cultura, que el llamaba ‘el espíritu de las cosas muertas’, para buscar la absoluta unión entre el arte y la vida; algo que se desarrollará a lo largo del siglo XX, no siempre con buenos resultados”.

“La belleza que él perseguía –dice el editor– trata de alcanzar a lo desconocido de la vida, que sólo el vidente, como dice en una de sus cartas, y el verdadero poeta pueden experimentar. Por todo ello, el misterio de su poesía radica en que nunca pierde su juventud. Quizá porque provenga de lo que él denominaba, sin saber bien de lo que estaba hablando, ‘lo otro’”.

Mauro Armiño reconstruye una biografía que podría tener ecos en las vidas de artistas que se rebelan contra un orden social caduco y quieren devolver la poesía a la experiencia de vida. “Se trata de llegar a lo desconocido mediante el desarreglo de todos los sentidos. Los sufrimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, haber nacido poeta… no es culpa mía en absoluto. Es falso decir: ‘Yo pienso’, se debería decir: ‘Se me piensa’… Yo es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín”. Frase más turbadora que el Je suis l’autre, de Nerval.

Rimbaud, antes de enviar al asilo a los poetas parnasianos, aprendió exhaustivamente las normas de la poesía clásica. Para innovar hay que conocer la tradición: fue premio extraordinario en las composiciones latinas. Después, un historial precoz de fugas en busca de la experiencia de la libertad plena que acaban en la cárcel. Al poeta Teòphile Gautier le reprocha: “No ha visto más mundo que el que se ve por la ventana, y no ha tenido ganas de ver más”. Él, en cambio, vive la vida intensa en un país primero en guerra (con Prusia) y después inmerso en el caos de la revolución. En la Comuna de París la policía le ficha como uno de los francotiradores del batallón Vengadores de Flourens, chicos de quince a diecisiete años. Siga leyendo Rimbaud, un rebelde

Rafael Gumucio: “La literatura tiene esa única función, hacerte sentir menos solo”

Rafael GumucioEl escritor chileno presentó su última novela, Milagro en Haití, que indaga en el universo femenino, uno de los misterios que desvelan al autor

El escritor Rafael Gumucio cree que el misterio de nacer ha ocupado gran parte de su vida. Y dice que su literatura puede resumirse en su partida de nacimiento. Sonríe con la ocurrencia, pero va en serio. “Rafael Gumucio nació en 1970 en Santiago de Chile. Ahí está todo. Ese fue el motivo de mi literatura”, dice, en el bar de un hotel de Palermo Hollywood. Lo invitaron a esta ciudad que le resulta conocida por las referencias de Cortázar, Borges y Piglia para participar del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba) en la mesa “Violentos, sucios y dominados: el cuerpo en América Latina”.

En Milagro en Haití (Random House), su última novela, recientemente editada en la Argentina, hay alguien que pone el cuerpo, la protagonista, Carmen Prado, una señora rica casada con un embajador que agoniza en una clínica de Puerto Príncipe luego de haberse sometido a una cirugía estética. “Ella siente que en su cuerpo hay algo que no le pertenece y quiere operarse de su propio cuerpo, deshacerse de él; es una locura pero lo hace”, dice su creador. Y también está la cocinera haitiana Elodie, que la cuida en esa pieza de hospital en la que también habita un niño con una ametralladora y un grupo de adolescentes refugiados allí en medio de un país convulsionado: durante esos días del verano de 2004, los sonidos del carnaval haitiano se mezclan con el de la revuelta armada que destituyó al presidente Jean-Bertrand Aristide.

“En América latina no tenemos una mirada teórica del asunto de la biopolítica, sino más bien real. Se habla de políticas públicas, pero hay muchas que son políticas privadas, que pasan por el cuerpo humano, que nos repercuten adentro”, dice. En la literatura de Gumucio, lo político es siempre un destino. Tal vez se explique con su biografía ampliada: debió exiliarse con su familia en Francia cuando tenía tres años, tras el Golpe pinochetista del 73; volvió a Chile en su adolescencia y participó del movimiento cultural post dictadura -un aire a lo vivido en la Argentina con el alfonsinismo y la vuelta a la democracia; luego vivió en España y en EE.UU., hasta regresar a radicarse nuevamente en Chile. Siga leyendo Rafael Gumucio

Renace un verdadero león

Renace un verdadero leonReediciones. Tres obras del novelista, cuentista, dramaturgo y cronista Jorge Ibargüengoitia, figura original y notable de la literatura mexicana.

Los movimientos editoriales de nuestra época son difíciles de anticipar. En la medida en que los sellos se han aglutinado masivamente en grupos transnacionales, a veces los libros quedan encapsulados en el territorio de distribución de su propio país y otras veces, sin una lógica aparente, los textos más extraños saltan la frontera y llegan a otro país del continente, a otras librerías. Ese es el caso de tres libros del mexicano Jorge Ibargüengoitia que han aterrizado en estos días en las estanterías argentinas en ediciones de bolsillo. Los colofones indican que se trata de ediciones mexicanas, quizás un remanente que viajó en avión y que, más por accidente que por diseño, nos repone a un escritor importante del siglo XX mexicano.

Nacido en 1928 en Guanajuato, Ibargüengoitia empezó a estudiar ingeniería, pero el interés por esa disciplina no le duró demasiado. Se consagró entonces a la escritura pero lo hizo primero desde el teatro, porque algunos amigos le habían dicho que tenía buen oído para los diálogos. En efecto, como novelista incorporaría como una marca de fábrica esa suerte de oído absoluto, aunque los suyos son textos que no están cargados de diálogo (no es Puig, digamos), sino que los usa en instancias narrativas muy puntuales, como si el diálogo fuera su bala de plata, el as de espada, una moneda que no hay que sobreimprimir para que no se devalúe. El teatro fue sin embargo un puente: duró poco y se pasó rápidamente a la escritura de prosas de todo tipo, de artículos a cuentos, de ensayos a novelas. Entró al mapa vivo de su época con Los relámpagos de agosto, para muchos su mejor novela, una parodia de la Revolución mexicana en la voz de un general caído en desgracia que dicta sus memorias. Publicado en 1964, no es tanto una desacralización de la Revolución como un giro paródico de la novela de revolución como género, muy difundida y prestigiosa en la literatura latinoamericana de aquellos años. En 1969 haría lo mismo con Maten al león, pero esta vez el género que se devora y escupe con una carcajada es la novela de dictadores, sacándole solemnidad a un tema del que todavía nadie se animaba a reírse. Siga leyendo Un verdadero león

Infancia de esteros, lagunas y palmares

Infancia de esterosPoesía.  Una edición extraordinaria reúne la obra completa de Francisco Madariaga, introducida por Liliana Ponce, Reynaldo Jiménez y otros poetas.

Desde mediados de los años 50, Francisco Madariaga ocupó un lugar destacado en la renovación de la poesía argentina. Si bien participó en revistas y movimientos de vanguardia, procuró mantenerse al margen de cualquier encasillamiento estético y lo consiguió a través de la conjunción de un paisaje, la comarca de esteros, lagunas y palmares del norte correntino donde transcurrió su infancia, con la elaboración de un lenguaje de cuño personal. A casi veinte años de la publicación de su último libro, la editorial de la Universidad de Entre Ríos recopila el conjunto de su obra en una notable edición en dos volúmenes a cargo de Roxana Páez.

El primer tomo comprende los libros publicados entre 1954 y 1988, precedidos por las memorias de Madariaga, Solo contra Dios no hay veneno, mientras el segundo contiene sus últimos cuatro títulos, más poemas dispersos e inéditos y lecturas de poetas contemporáneos sobre la obra. La edición incluye textos liminares de Diana Bellessi y Arturo Carrera, fotografías, reproducciones de manuscritos, papeles y copias mecanografiadas, miscelánea, un CD con registros de lectura y un aparato de notas que, lejos de apabullar al lector como podría ser el caso, constituyen un complemento indispensable para apreciar en detalle y paso a paso los procesos de Madariaga como escritor, las líneas centrales de su poética y las características de las distintas ediciones de sus libros.

Cuando tenía catorce días de vida Madariaga fue llevado por sus padres al norte de la provincia de Corrientes, donde vivía la familia. El viaje, en un “tren casi fluvial” que atravesaba el río Paraná y hacía parte del recorrido a bordo de un ferry, quedó como un poderoso motivo en su historia personal y como un núcleo de indagación poética que se reveló con el transcurso de la escritura hasta madurar en el libro Tembladerales de oro. Tan importante como esa experiencia de vida fue la lectura del brasileño João Guimarães Rosa, una de las figuras tutelares de su poesía, de quien tomó la idea del escritor como alquimista y “brujo de las palabras” que debe estar formado con la más plena conciencia de su oficio y en contacto íntimo con el espacio humano en el cual abreva. Siga leyendo Infancia de esteros

Otros y otras

Otros y otrasEn Otro logos, un ensayo dedicado a elaborar una relectura crítica de gran parte de la tradición filosófica occidental, Elsa Drucaroff logra abordar un aspecto soslayado en este tipo de trabajos: desactivar los mecanismos de dominación masculina de la razón, abordando la cuestión de género y recurriendo a un atrapante anclaje narrativo.

Una página famosa de Platón refiere que Tales de Mileto (a quien los griegos consideraron el primer filósofo) cayó en un pozo por caminar mirando hacia arriba para estudiar los astros; esta situación provocó la risa de una criada tracia, porque el filósofo quería “saber las cosas del cielo, y se olvidaba de las que tenía a sus pies”. La tradición entendió que detrás de esa risa había algo más que una mera burla. Se sucedieron incontables reflexiones, tan diversas como infructuosas, para conjurar ese misterio. Las explicaciones de los filósofos (varones todos ellos) suelen apuntar a la actitud teórica de Tales, pero dejan en un cono de sombras a la muchacha y su triple condición de mujer, extranjera y esclava. ¿Acaso no hay relación entre esas condiciones y la risa que causa un logos atareado en lejanías pero indiferente a lo más urgente de la propia vida? Hacer visible esta ceguera del logos dominante es quizás la primera de una serie de apuestas que constituyen el valor (y el coraje) de Otro logos.

Este ensayo de Elsa Drucaroff, escrito a partir de su tesis de doctorado en ciencias sociales, sostiene sus conceptos antes que en su encadenamiento formal o meramente lógico, en el anclaje a un sustrato cuasi narrativo, un orbe de experiencias que intentan apuntalar esas significaciones a la vida. En esa dirección quizás vaya el llamativo uso de la primera persona, que más que afiliarse a la tradición de las meditaciones parece buscar que la reflexión no pierda el suelo bajo sus pies. A partir del funcionamiento de dos grandes bloques conceptuales íntimamente dependientes, se despliega una esforzada relectura de gran parte de los textos fundamentales de las teorías críticas de nuestro tiempo, que van desde Marx y Freud hasta Kristeva, Butler, Rubin, Derrida o Deleuze. Esas relecturas se empeñan, además, en desactivar los efectos de dominación masculina de la teoría lacaniana. Pero el punto descollante acaso sea la original articulación de los pensamientos, tan potentes como invisibilizados, de las filósofas Luce Irigaray y Luisa Muraro, junto a algunos importantes aportes de León Rozitchner.

En el Manifiesto comunista Marx y Engels sostuvieron que el desarrollo de la historia se fundaba en el principio conflictivo de la lucha de clases. Elsa Drucaroff continúa esa tradición, pero modificada en algo esencial: la lucha de clases (Orden de clases) es uno de los motores primordiales de la historia, pero no el único. Habría un segundo orden conflictivo, tanto o más antiguo que el de clases: el Orden de géneros. Allí se produce a lo largo de la historia la minuciosa opresión de las mujeres; y no sólo de ellas, a través suyo se dará también la de todo aquello que difiera de (y con) la forma dominante de la masculinidad. Todo conflicto se inscribe en ambos planos contiguos, el de géneros y el de clases, pero de un modo específico. La relación entre ambos órdenes, que constituye lo esencial del primer bloque conceptual, podríamos graficarla entonces como un sistema de coordenadas: latitudes y longitudes que sitúan todo conflicto. Ninguno de los dos ejes puede reducirse al otro. Si alguno prevalece perdemos la localización del conflicto, pero cada orden exige la política específica de su propia lógica.

El otro bloque conceptual consiste en la relación entre las palabras y las cosas, entre semiosis y no semiosis. Sostiene Drucaroff que la relación del cuerpo y la palabra se da como un corro en perpetuo movimiento (Muraro); cada extremo reenvía al otro incansablemente, como las caras titilantes de una moneda que gira sobre su eje. Pues si los cuerpos sostienen la existencia de toda significación, una vez iniciado el movimiento de la vida humana ya no podremos encontrar cuerpos sin significación, como así tampoco significaciones que no se sostengan en algún cuerpo. La separación entre semiosis y no semiosis, que jerarquiza el lugar del sentido por sobre el de los cuerpos, es la forma misma de la dominación masculina: el falo-logocentrismo (Irigaray). El Verbo que crea la carne de la nada. Un logos, entonces, que como el inverosímil barón de Münchhausen se levanta a sí mismo tirando de sus propios cabellos.

La expropiación de las capacidades significantes del cuerpo femenino se da principalmente a través de la sustitución del origen del sentido: ya no será el cuerpo de las madres gestadoras y sus enseñanzas (la lengua materna), sino la palabra del padre. Es por esto que “orden simbólico y opresión de las mujeres están profundamente ligados”. Drucaroff encuentra en la figura de la Virgen María la forma cabal de esta usurpación (Rozitchner), la “confiscación del orden simbólico de la madre, de su potencia creadora por parte del Orden de géneros falo-logocéntrico.” Siga leyendo Otros y otras

El misterioso autor de Don Quijote

El misterioso creador de El QuijoteHay un asunto ya muy debatido, aunque siempre afectado por la intriga,  relacionado con cierta flexión deliberada en la voz narrativa de las obras de ficción, utilizada quizás por primera vez en la historia de la literatura por Miguel de Cervantes: el misterio y la ambigüedad respecto al verdadero narrador de Don Quijote.

En medio del andamiaje narrativo construido por Cervantes en su novela, quizás el punto básico, la polea fundamental de transmisión de ese sentido relativo de la obra y de la propia vida –o de la ficción literaria en general–, sea el irresuelto problema de quién es el auténtico narrador; o bien, quién es su verdadero y original “autor”.

Es bastante conocida ya la observación acerca de la ambigüedad inicial del narrador en el arranque del primer capítulo de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. La memorable frase en la que un aparente narrador-protagonista dice: “En algún lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, llega hasta cierto momento a parecernos una especie de engaño.

Y es que, en adelante, empieza a producirse en la novela una evidente y paulatina mutación hacia un narrador omnisciente que de hecho llega a establecer cierta distancia, durante los ocho primeros capítulos, entre el narrador y lo narrado.

Pero luego de las intromisiones de una primera persona del singular en los capítulos ocho y nueve, se vuelve a producir una mutación hacia un narrador diríamos omnisciente, o a un cierto “punto de vista objetivo”, que predomina en casi toda la obra.

Si no me equivoco, las intromisiones del narrador en primera persona se producen puntualmente así:

  1. En la primera frase de la obra. 2. Al final del octavo capítulo y comienzo del noveno de la primera parte. 3. Al inicio del primero y del veinticuatro capítulo de la segunda parte. 4. Al inicio y al final del último capítulo (LXXIV) de la segunda parte.

En Cartas a un joven novelista (1997), tratando de ilustrar la versatilidad de los autores de narrativa y la capacidad de “mutación” de sus voces narrativas, el peruano Mario Vargas Llosa dice que en el Quijote la voz principal no es, en absoluto, la de un narrador-protagonista, sino la de un narrador omnisciente que sufre las intromisiones ocasionales de un narrador-personaje, quien, a su vez, desde un “yo exhibicionista” se muestra al lector y lo distrae de lo que ocurre en la historia.

Durante una conferencia denominada Don Quijote y la modernidad literaria, impartida en la Universidad Centroamericana de Managua, el poeta y crítico nicaragüense Iván Uriarte (Phd. Pittsburgh University), describió con detalle el funcionamiento de lo que en la academia suele llamarse intertextualidad en la emblemática obra de Cervantes, de la cual probablemente se deriva (o viceversa) el problema del narrador en Don Quijote. Siga leyendo El misterioso autor

Pere Gimferrer: “No aspiro en absoluto a que el lector me entienda”

Pere GimferrerMedio siglo de alta creación literaria avala una de las obras poéticas más importantes de nuestro país. Pere Gimferrer, poeta en varios idiomas y miembro de aquella generación que reconoció Castellet, mantiene con El Cultural una charla salpicada de versos, clásicos y modernos. Lo hace con motivo de No en mis días, su último poemario, del cual se ofrecen a continuación, como contrapunto a la entrevista, tres de las piezas más queridas por su autor.

 

Para Pere Gimferrer (Barcelona, 1945), No en mis días (Fundación José Manuel Lara) es un libro “reposado”, de lenta escritura: se trata de una característica a destacar en un autor que ha llegado a escribir todo un volumen, si bien que compuesto de un solo y largo poema (Rapsodia), en sólo seis días de trabajo frenético. Gimferrer regresa al castellano, idioma en el que empezó a publicar versos allá en los sesenta, y con el que ganó -con Arde el mar– el Premio Nacional de Poesía en 1966.

No es que sus poemas no hayan querido “decirse” últimamente en nuestra lengua, cuenta, pues recién publicado Alma Venus (2012), su último poemario en castellano, el poeta y académico empezó a escribir ya, sin prisa, el libro que se publica ahora, y que reúne veintiocho poemas fechados entre entonces y abril de este 2016. Mientras tanto, Gimferrer publicó El castillo de la pureza/ Per riguardo (2014) que incluía poemas en catalán e italiano. Son estos, junto al francés, los idiomas en los que el poeta y editor puede escribir poesía. “Pero no los elijo yo”, aclara. “Cada idioma tiene su propia vida. Los poemas, cuando vienen, vienen con un ritmo, con una acentuación que se manifiesta en unas palabras concretas. Ahí, en esas palabras, en ese idioma, es donde se termina el poema”.

Pregunta.- ¿Pero no piensa el poeta en imágenes?

Respuesta.- El poeta y cualquier persona. Me temo que esto lo dijo alguien un poco más sabio que yo: lo dijo Goethe. Pero yo no tengo ningún poema en el que no domine un idioma. Puede haber injertos, frases, citas en otras lenguas. Pero hay siempre un idioma que domina y determina el poema.

P.- ¿Lee traducciones?

R.- Muy pocas. Prefiero no hacerlo. Las leo del ruso, que es un idioma en el que, por desgracia, no he llegado a profundizar. Leo sobre todo a Pushkin, que me interesa extraordinariamente. Pero soy consciente de que, al leerlo traducido, hay cosas que se me pasan. Siga leyendo Pere Gimferrer

Una flor del cuento dominicano, problemas para una Antología esencial

AntologiaRealizar una selección  de los mejores cuentos dominicanos pone en función la solución de un problema teórico.

El texto artístico es un producto de nuestra inteligencia y de nuestra cultura. Es, en fin, un resultado de la lectura, como si dijéramos de la manera en que leemos el mundo. De lo que se desprende un deseo de pensar con los otros y de compartir nuestro ‘estar en el mundo’ a partir de lo que Paul Ricoeur llamó normatividad. La práctica común en nuestra cultura literaria es realizar un panorama de la narrativa breve, incluir a todos. Pues en “Antología esencial de cuento dominicano” [Santuario, 2016] hacemos lo inverso. Comenzamos por excluir la idea de totalidad. Sin el ánimo de hacer una panorámica del cuento dominicano desde los días en que Virginia Elena Ortea diera a la estampa “Risas y lágrimas” hasta la fecha, pensemos una selección antológica meramente construida a partir de criterios estéticos donde únicamente la calidad de los textos sea la que determine su presencia. Una antología que no busca canonizar, sino poner en manos de los lectores más exigentes una selección de lo mejor que se ha publicado de la cuentística dominicana.

Los cuentos de Juan Bosch seleccionados aquí pertenecen en su mayoría a su última etapa como cuentista, y versan sobre asuntos latinoamericanos. Por la hondura en la cultura que trata, por el ritmo, la acción y un constante peligro, además, del dominio técnico que poseen, estos forman parte del canon de la mejor escritura de Juan Bosch. Sabemos el riesgo que entraña semejante selección, pero, para el propósito de esta antología, se cumple con ello dar una mirada al entorno latinoamericano que nuestra literatura breve dio con Bosch y José Mariano Sanz Lajara, de cuya obra hemos seleccionado “El candado” y “Curiosidad”.

Virgilio Díaz Grullón, figura importantísima en la literatura dominicana y de una primera participación en el Boom latinoamericano, con textos que abrevan en el realismo y lo absurdo, participa en esta flor con los textos “El pequeño culpable”, “Edipo” y “Círculo”. Díaz Grullón es uno de los autores que con mayores aciertos ha cultivado el género breve en nuestras letras.

De Marcio Veloz Maggiolo seleccionamos dos de sus cuentos más emblemáticos: “La fértil agonía del amor”, un texto extraordinario por el lenguaje, la relación de parejas, por lo maravilloso del amor como fuerza transformadora, y por la presencia de una situación que ella misma desborda el sentido poético; va seguido de “Odiseánica”, una especie de bolero latinoamericano en el que el amor, una vez más, sigue ganando. Veloz Maggiolo, mejor conocido por sus novelas, es un narrador extraordinario y un autor que trasciende la literatura dominicana para encontrarse con la hispanoamericana por sus temas y logros estéticos.

De René del Risco Bermúdez, el clásico moderno “Ahora que vuelvo, Ton”, tan conocido por su publicación en la Edición Latinoamericana, aunque pudimos también seleccionar “Se me fue poniendo triste, Andrés”; lo mismo decimos de Miguel Alfonseca, quien participa aquí con “Delicatessen” y pudimos haber seleccionado “Los trajes blancos han vuelto”. Estos dos escritores, a pesar de su corta participación en la escritura del cuento, muestran los retos de la narrativa breve en Santo Domingo por beber agua en las nuevas corrientes estéticas a partir de la década del sesenta. Algo parecido debemos decir de Armando Almánzar Rodríguez y su cuento primerizo “El gato”, un texto que trabaja los distintos planos de la narración, como lo hicieran Sanz Lajara en “Curiosidad” y Alcántara Almánzar en “Lulú o la metamorfosis”. Siga leyendo Una flor del cuento

Poesía material

Poesia materialGanadora del Pulitzer de poesía en 2013, Sharon Olds se plantea heredera de un linaje que se sostiene en dos pilares fundantes, Walt Whitman y Emily Dickinson, una voz masculina y otra femenina que encauzaron su propia voz. La materia de este mundo reúne ocho libros en un volumen y plantea un recorrido por su obra desde los años ochenta hasta la actualidad.

Sharon Olds publicó su primer libro de poemas cuando tenía 37 años. Y la experiencia de una mujer que ya se había enamorado muchas veces, había sido madre de dos hijos, había hecho sus lecturas principales, había pensado largamente en su familia de origen, se deja ver en cada verso. Como una voz profunda, ronca, que va a decir solo lo esencial de cada cosa. La complejidad condensada y a la vez limpia de todo atributo superfluo, es la manera en que se expresa Olds, una de las poetas norteamericanas más importantes de la actualidad. Graduada en Stanford, ha realizado un doctorado en Columbia y hoy dicta clases de creación literaria en la Universidad de Nueva York. Olds recibió numerosos premios, entre ellos el The National Books Critic Award y el Premio T. S. Eliot. En 2013 ganó el Pulitzer de poesía por su último libro, Stag’s Leap. Pese a todo se mantenía inédita para los lectores locales, que con su primera traducción vernácula La materia de este mundo (Gog & Magog), saldan con creces su ausencia hasta el momento. El volumen propone un extenso recorrido por su producción desde la década de los ochenta hasta ahora, pasando por ocho de sus libros, en una traducción atenta y de gran sensibilidad realizada por Inés Garland e Ignacio Di Tullio.

¿Cómo describir el camino que esta poeta desarrolló a lo largo de sus libros? Pareciera que desde el comienzo hubo un foco sin demasiadas distracciones. En su primer libro, Satán dice (1980) hay un texto que podría pensarse como presentación y ars poética. El poema Estación. Allí la poeta vuelve a su casa luego de pasar la tarde escribiendo, ve a su marido por la ventana, que la descubre observándolo y de ese choque de miradas separadas por un vidrio, ella anota: “La esposa que se escapa a escribir al muelle ni bien uno de los niños se va a la cama y deja al otro a tu cargo. (…) Nos pasamos un largo rato/ en la verdad de nuestra situación, los poemas/ pesados como presas de una caza furtiva colgando de mis manos”. Curiosamente se trata de un asunto muy parecido al del poema “Cierras la puerta por fuera luego tratas de entrar” de Raymond Carver, en el que el escritor también queda fortuitamente fuera de su casa y ve su propio escritorio iluminado en la noche como si todavía estuviese ahí. La especificidad de Olds, sin embargo, va más allá de la epifanía de verse a si misma como una extraña. Ella se describe a partir de sus vínculos primarios y se define escritora desde ese núcleo afectivo en el que los textos toman forma de animales muertos, cazados con violencia y amor. Muchos de los temas de su obra pueden desplegarse desde aquí. La intimidad de una casa percibida como una escena que se ilumina por su escritura, la trascendencia vital que un paseíto vespertino adquiere cuando ella lo vuelve material de la poesía. No se trata de una domesticidad serena, contemplativa, sino más bien de una que se vive y se escribe como una epifanía salvaje.

Olds suele ser pensada como una poeta del cuerpo. Los nacimientos, las muertes y el sexo abundan en sus versos. Como escribe Victoria Schcolnik en el prólogo de esta edición: “El cuerpo es un laboratorio de sensaciones que nos revela marcas en el ambiente, difíciles de tocar si cuando uno mira ve formas, razonamientos, secuencias”. Es que ninguna de estas cuadraturas mentales o espacio-temporales sucede en Olds. Hasta tal punto es así que en cada uno de sus libros hay poemas que recuerdan a sus hijos cuando eran bebés, a ella misma cuando era una niña, a su padre anciano o a su padre joven y atractivo. Como si la vida fuera un gran globo donde los hechos significativos flotan y se desvanecen mezclados unos con otros. Como si el cuerpo fuera un coctel permanentemente en movimiento y no un espacio donde cada órgano tiene una función.

El cuerpo es el receptor (y no la mente) de modo tal que su traducción en poesía es también material (y no abstracta). Las experiencias privadas se trasuntan con una lengua áspera y concreta que pude decir cosas como: “Ni bien mi hermana y yo salimos de la casa/ de nuestra madre, lo único que queríamos/ hacer era coger, borrar/ su pequeño cuerpo de gorrión y sus patitas de grillo”. En Los vivos y los muertos (1984), al poderosísimo poema sobre su hija púber que cierra: “A la hora de dormir, / cepillo su pelo enredado y fragante, es una vieja/ historia -la más vieja del mundo–/ la historia de una sustitución”, le sigue otro llamado “Madre primeriza” en el que cuenta su retorno a la casa y a su marido luego del nacimiento de esa misma niña: “Todo tú tan tierno, te inclinaste sobre mi, / sobre el nido de puntadas, sobre/ lo rajado y desgarrado, con la paciencia de alguien que/ encuentra un animal herido el el bosque/ y se queda con él, a su lado/ hasta que vuelva a estar entero, hasta que pueda correr de nuevo.” Es esa misma sustancia sensible de los días pasados y presentes, de la que está hecha su poesía. La materia de este mundo. Siga leyendo Poesía material

Alain Badiou, fiel a la filosofía

Alain BadiouEl filósofo enfrenta los demonios de este tiempo para demostrar que no hemos llegado “al fin de ninguna historia”, más bien a un “nuevo comienzo”

Alain Badiou no teme bajar al ruedo para enfrentar los demonios de este tiempo, los nuevos totalitarismos, los prejuicios, la falta de ideas, la alienación, para demostrar que no hemos llegado “al fin de ninguna historia”, más bien a un “nuevo comienzo” que se inicia justo cuando se piensa que todo está ya dicho. La labor de un intelectual: nunca dejar de hacerse preguntas. Convencido que parte de nuestros males provienen del fracaso histórico del comunismo y de la dominación ideológica de una sola forma de entender el mundo (la mercancía, la ganancia, la acumulación de riqueza), su trayectoria es accidentada, muchas veces agredida por sus detractores, aunque él se mantiene fiel al tema fundamental que ocupa gran parte de su trabajo, el sujeto. En un mundo sin contornos, plano, por donde rueda la moneda fatua del capital, el sujeto padece el ruido ensordecedor del canto de sirena. Filósofo, hijo de padres normalistas, una de los centros de producción de la elite francesa, Badiou, a sus 79 años, no puede evitar involucrarse en el devenir acelerado de nuestro tiempo para ubicarse del lado de los excluidos del sistema (por vocación y elección, escribe) y luchar contra la vulgata instalada: no hay otra forma de vida más que la propone el capitalismo, la propiedad privada es sagrada. La propiedad privada es un robo, escribió Proudhon.

Aunque Badiou es de un pensamiento matemático y sus libros mantengan las reglas clásicas del discurso, toca todos los temas, desde el amor, en su Elogio del amor, hasta el tema fundamental de su último libro (La vraie vie, Fayard 2016), ¿qué es la verdadera vida, cómo accedemos a la vida buena? De ahí podremos deducir que si elegimos lo que sería verdadero, podríamos estar en el proceso de una transformación fundamental. Si para Marx la filosofía no solo debía explicar el mundo sino transformarlo, para Badiou solo se transforma si nosotros lo hacemos con él. Es el tema de sus reflexiones, “filosofar es buscar, dentro de las circunstancias de una época, el tema obsesivo de la verdad”. De hecho, la modernidad en Occidente rompió con la tradición, aquella del mundo antiguo, de castas, noblezas, monarquías heredadas, obligaciones religiosas, ritos iniciáticos de la juventud y sometimiento de mujeres iniciado en el Renacimiento, consolidado en el Siglo de las luces, y materializado con esta larga profusión de tecnología y medios de comunicación que libran un combate político entre el capitalismo globalizado y las ideas colectivistas y comunistas que han abortado varias veces. Siga leyendo Alain Badiou

¿Se puede vivir sin religión?

Yuval Noah Harari, autor del fenómeno ‘Sapiens’, reflexiona sobre el futuro de la humanidad en ‘Homo Deus’, un libro de prosa inteligente, fresca y libre de prejuicios

Yuval Noah Harari es un joven profesor de Historia que ha escrito dos libros sobre la condición humana y que ha pillado al mundo académico con el paso cambiado. El primero, titulado Sapiens (más de un millón de ejemplares en 30 idiomas), despliega una gran narrativa de lo que ha ocurrido hasta ahora. El segundo, titulado Homo Deus, acaba de aparecer en español y reflexiona sobre lo que puede ocurrir a partir de ahora. ¿Se puede decir algo nuevo sobre la historia de la humanidad? ¿Se puede decir algo sobre su futuro que la prospectiva científica o la ciencia-ficción no haya explorado ya? Se puede. Pero para ello se necesita un raro talento que bien podríamos nombrar como prejuicida. Los juicios de la inteligentísima prosa de Harari no manan de prejuicios cultivados por sus mayores. Sus argumentos recién hechos fluyen frescos como si el autor acabara de aterrizar en el planeta. Dos son las preguntas iniciales. ¿Qué es un humano? ¿Qué es la religión?

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Un humano, como cualquier animal, vive en un mundo de objetos físicos (rocas, ríos, plantas…) y de emociones (placer, dolor, euforia, depresión…). Un humano, como cualquier animal, tiene un lenguaje para comunicarse con su entorno. Sin embargo, el lenguaje humano es único en una cosa: sirve para crear ficciones, cosas que no están en los objetos ni de las emociones, como el dinero, los mitos, los dioses… ¿Y para qué sirven las ficciones? Pues nada menos que para cohesionar elásticamente un colectivo numeroso de individuos. Los leones, los chimpancés o los neandertales solo forman colectivos de pocos individuos porque el líder necesita invertir mucho tiempo y energía para actualizar su autoridad. Los insectos sociales sí pueden reunir­se en colectivos homogéneos de millones de individuos, pero de una manera deses­peradamente rígida. En cambio, un humano solo tiene que montar una buena ficción (un dios, una bandera o unos colores deportivos) para conseguir, cómodamente, una fuerte unidad colectiva. Por su mayor corpulencia y por su mayor cerebro, un neandertal superaba con creces a un sapiens en el combate uno a uno, pero este último lograba mantener unidos colectivos más numerosos gracias a su habilidad para crear mitos, bulos y chismorreos. (La prensa del corazón tiene raíces más profundas y antiguas de lo que parece). Según esta original teoría alternativa, el neandertal no desapareció por el cambio climático, sino por su incapacidad para contar mentiras.

De aquí surge una brillante definición de religión: todo conjunto de normas para la conducta humana garantizado por una autoridad suprahumana, lo cual a su vez puede lograrse de dos modos: por vía sobrenatural (una divinidad) o por vía natural (una ley de la naturaleza). La física cuántica no es una religión porque, aunque se basa en leyes naturales, de ella no se derivan juicios morales o reglas de convivencia. Y el ajedrez tampoco es una religión porque, aunque dicta reglas que regulan el comportamiento, estas son humanas y las podemos cambiar si hace falta. El gran mérito de esta definición extendida es que sirve para releer la historia de la humanidad de punta a punta: religión es el paganismo griego, religiones son los monoteísmos tradicionales, religión es el budismo (aunque no hable de dios), el estalinismo, el nazismo o el humanismo liberal. Los faraones dominaron el mundo con sus ficciones durante tres milenios, los papas con las suyas durante más de un milenio y el humanismo con las suyas durante dos o tres siglos. Las religiones teístas ofrecen un paquete compacto y completo de certezas para garantizar la cohesión colectiva y para calmar el ansia de inmortalidad individual. El mayor descubrimiento de la ciencia ha sido la ignorancia. Pero ha tolerado la emergencia de otros mitos. El crecimiento indefinido por ejemplo es una ficción de cualquier economía moderna que contradice descaradamente el segundo principio de la termodinámica. Siga leyendo Vivir sin religión

Siete libros de la semana

Se puede vivir sin religionDe la cara oscura del capital erótico a la enfermedad de Alzheimer, las críticas de Babelia.

No olvides recordar “Lo que olvidamos, un firme al tiempo que delicado artefacto literario que el talento de Paloma Díaz-Mas construye alrededor de una experiencia terrible y emocional: la enfermedad de Alzheimer de la madre de la protagonista. El tema de la recuperación del pasado, de la recreación, invención y reescritura de los recuerdos es un lugar común en su literatura. Ya estaba en Como un libro cerrado: lo literario como resorte del olvido, como catalizador de la invención y el recuerdo. Como un libro cerrado no dejaba de ser narraciones autobiográficas, pero es que también en cualquiera de sus novelas —El sueño de Venecia, por ejemplo— ambientadas en épocas pretéritas, la idea es la misma: la historia que se narra es la que se mueve entre la luz y la oscuridad, el azar sobre qué recordamos y olvidamos y cómo inventamos o reconstruimos la historia y las historias.”

Yo en ‘off’ “El segundo libro de Guillermo López Gallego relata la crónica de un diplomático en Monrovia (Liberia) a través de un sampler discursivo donde el ruido de la realidad contrasta con “la paz muda” del nombre propio. Frente a las tentaciones del exotismo y del miserabilismo, el autor no adopta el hábito del turista occidental ni aspira a convertirse en portavoz de los que no tienen voz. La estrategia del sujeto consiste en “abandonar el disfraz de yo” para disolverse en la efervescencia del mundo poetizado o atomizarse en un caleidoscopio de identidades sucesivas. De hecho, la intrahistoria vital se sintetiza en unas notas finales en las que coexisten el apunte informativo, la precisión geográfica y hasta el historial clínico: “Encadené tratamientos contra el paludismo y la fiebre tifoidea […]. Posteriormente, me diagnosticaron también infección tuberculosa latente”. Siga leyendo Siete libros

María | Kjell Askildsen

askildsen_kjell[Cuento clásico de la semana en Ciudad Seva, seleccionado por Luis López Nieves. María, por Kjell Askildsen (1929), uno de los más influyentes y reconocidos autores noruegos de la actualidad].

Un otoño me encontré por sorpresa con mi hija María en la acera delante de la relojería; estaba más delgada, pero no me costó nada reconocerla.

No recuerdo ya por qué estaba yo en la calle, pero tenía que tratarse de algo importante, porque fue después de que la barandilla de la escalera se hubiera roto, así que en realidad ya había dejado de salir a la calle. Pero fuera como fuera, me encontré con ella, y se me ocurrió pensar: Qué casualidad tan extraña que yo haya salido justamente hoy.

Pareció alegrarse de verme, porque dijo «padre» y me dio la mano. Ella era la que más me gustaba de mis hijos; cuando era pequeña decía a menudo que yo era el mejor padre del mundo. Y solía cantar para mí, por cierto bastante mal, pero no era culpa de ella, lo había heredado de su madre.

-María -dije-, eres realmente tú, tienes buen aspecto.

-Sí, bebo orina y soy vegetariana -contestó.

Me eché a reír, hacía mucho que no me reía; imagínate, tenía una hija con sentido del humor, incluso con un humor un poco atrevido, quién lo diría. Fue un momento hermoso.

Pero me equivoqué, qué fastidio que uno nunca consiga quitarse las ilusiones de encima. Mi hija se quedó como embobada y con la mirada perdida.

-Te estás burlando de mí -dijo-, Pero si yo te contara…

-Me pareció haberte oído decir orina -contesté.

-Orina, sí, y me he convertido en otra persona. Siga leyendo María

 

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