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Polibio Díaz… palabra fotográfica maravillosa

[Retratar la paradoja, o de cómo ir de lo anodino y a lo espectacular en un abrir y cerrar de ojos (mientras más local es más internacional)]

Polibio. Detras de la mascaraRUBÉN LAMARCHE [mediaisla] Mientras más me sumerjo en el trabajo de Polibio más me convenzo de que, aunque lleve tres frentes de trabajo paralelos que dan forma a un cuerpo coherente es con la fotografía que se perfilan los otros dos…

“Fotografiamos cosas con el objetivo de sacarlas de nuestras mentes.
Mis historias son la forma que tengo de cerrar mis ojos”.
Franz Kafka

-I-

¿Cómo se logra eso? Ese paso de un estadio de la existencia a otro, no necesariamente de mayor trascendencia, sino todavía otro, un tercero, más sutil… ¿cómo se pasa de una habitación a otra en una casa que se recuerda pero ya no se reconoce, como quien redescubre un paisaje urbano o un recinto amplio, de muchas habitaciones… y, una vez en esa habitación o en ese exterior, a la hora de caminar o saltar o trasladarnos hacia ese otro flanco, ese que se encuentra siempre al otro lado del salón, en el extremo de nuestro tránsito, allá donde es difícil dirigirnos porque lo entendemos lejano, y sin embargo lo sabemos cerca? ¿Eso… cómo se logra? ¿Cómo llegar ahí? ¿Cómo retratar la paradoja?

Confiamos en Polibio Díaz… porque su cuerpo de trabajo se parece a eso. El no solo retrata la paradoja, sino que la encarna. ¿Qué es ser dominicano? ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo explicarlo sin justificarlo? ¿Cómo ser parcial y al mismo tiempo desapasionado a la hora de abordar esos temas decisivos que hacen de la explicación un tema que valga la pena…? La explicación, ¿es una forma de búsqueda en sí misma, por cuanto su motor es la formulación de preguntas más que la búsqueda de respuestas?

Se parece a retratar las cosas como parecen ser… y no como son. Esta parte lleva a una multiplicidad de preguntas que se entrecruzan. No iremos allá. No abriremos esas puertas, por ahora. Eso, y a la gente también. Retratar a las cosas como parecen ser implica muchas cosas. A la gente llegaremos a su momento, aunque abordaremos ese tema, La Gente de Polibio, en un plano altamente dependiente de esas cosas, Las Cosas de Polibio.

Hay un ensayo de Roland Barthes que me viene a la mente cuando veo la fotografía de este artista. Se titula Camera Lucida. Es un librito breve que encontré en casa de Xiomara Menéndez una tarde lluviosa y caliente en que fui a visitarla. En él, Barthes, con una elegancia expresiva rayana en desborde lírico, hablaba sobre las infinitas posibilidades que (dentro de su rigurosa mentalidad de francés de la guerra fría, de la cual Michelle Foucault era un eco directo), en el sentido de las posibilidades de la palabra y del abordaje organizado, tiene la fotografía. En sus estudios (los de Foucault y los de Barthes) todo quedaba sin espacio para el caos o la improvisación, o más bien, tanto caos como la improvisación pertenecían a un espacio determinado, a un confín con su propio análisis, su propia disquisición, una que ellos le daban a cada tema, fotografía incluida; Barthes, de su lado, organizaba tanto sus ideas que las vemos desmontarse frente a nosotros, y volverse a recomponer en cuanto a placer fotográfico se refiere… todo placer (aunque su libro se refiere a la fotografía, creo firmemente que es extensible a todo arte) se divide, así, en “studium”, o  eso a lo que nos aplicamos, y “punctum”, eso que nos hiere (volveremos sobre este tema más adelante), eso que desata nuestra sensibilidad, que la motiva a irse en su propia disquisición.

Polibio. Polibio DiazLa razón por la que el ensayo de Barthes me viene a la mente con la fotografía de Polibio Díaz, y con el resto de su trabajo visual, como son videoarte, instalaciones y demás artilugios y denominaciones acuñados dentro del confín del arte moderno, es sencilla y guarda muy poca relación con el artista. Quiero aproximarme a su arte por los medios propuestos por Barthes… es decir, que juzgo necesario y válido un experimento de esa naturaleza por la profundidad del corpus de trabajo de Polibio, que requiere un abordaje disciplinado y riguroso, y por otro lado que no nos impide el disfrute que como fanático de las artes visuales pueda yo darle a dicho corpus… un corpus que es riguroso en tanto que la ingeniería del mismo, su diseño, así lo propone.

Ingeniería… ingeniería es un término que no es ajeno a Polibio, tanto porque la estudió (graduándose de ella), como porque la misma permea todo su quehacer, en dos planos. El primero es un derivado de su periplo en la academia, y le permite a Polibio (y yo lo puedo distinguir en toda la línea narrativa de su trabajo) abordar cada proyecto con disciplina y rigor intelectual. El segundo, es la descomposición del primero, y se verifica de manera interdependiente; es decir, que puede ser tanto una consecuencia como una causa de su trabajo y de la concepción de cada proyecto. Léase, que puede darse (la descomposición) como una consecuencia del tráfago, de ese trajín mismo de la concepción de un proyecto, a la hora misma en que este se gesta, como a la mitad, cuando este ya está pormenorizadamente concebido, y le faltan pocas cosas, pocos elementos de carácter operativo o cognoscitivo, para tener terminación tanto en la mente de Polibio como en su entorno inmediato, como al final (aunque este es más raro) cuando Polibio decide concluir de una vez por todas con un proyecto, ya sea porque lo elimina como porque lo termina… en ambos casos, y esto es muy importante, el proyecto se convierte en otra cosa.

Mientras más me sumerjo en el trabajo de Polibio más me convenzo de que, aunque lleve tres frentes de trabajo paralelos que dan forma a un cuerpo coherente es con la fotografía que se perfilan los otros dos… es decir, que es la fotografía la que provoca que su trabajo tenga ese sentido de lo inminente para comentar sobre temas como la desigualdad social, los flujos migratorios la cultura vernácula, la ecológica, y la arquitectura, en el contexto de la de-colonización… y así, provoca el nacimiento de las dos otras ramas de su quehacer, el performance y el video. Este sentido de lo urgente lo da el Fotoperiodismo que Polibio estudió en la Universidad de, Texas A &M.

-II-

Para su trabajo Interiores (nada que ver con la película de Woody Allen), Polibio Díaz puso un radito de transistores en el Museo de Arte Moderno, con una nota que decía que probablemente alguien se lo robaría, y que antes de eso aprovecharan y subieran el volumen. Esto es puro Polibio. De hablar estridente, él, sin embargo, no avisa su llegada. Él asume este rasgo de la dominicanidad, el “hablar duro”, como uno dentro de un extenso catálogo de rasgos que nos colocarían en posición desventajosa si Polibio mismo no hablara “duro”. Pero la pregunta es, ¿con quién habla el dominicano “duro”? ¿Con quién nos ponen en una posición de desventaja (leer desventaja como vergüenza)? ¿Con respecto, digamos, a los belgas?… no, con respecto a nosotros mismos. Porque él ha vivido desnudándonos de manera sistemática, desde siempre. Su anecdotario personal está repleto de anécdotas en las que la cultura dominicana se pone en entredicho a través de las normas de la civilidad, como si en realidad tuvieran algo que ver. El cuestiona porque sí, no porque tiene que hacerlo.

Aquí entran en juego la gente de Polibio. El resto son las cosas de Polibio.

Ahora vamos a hablar de su historia personal.

Polibio. Sin Amor“Tenía 12 años cuando viajé a New York por primera vez. Visitaba Queens con mi primo cuando, al pasar por la Jamaica Avenida, él me comentó que desde esa calle hacia arriba vivían los blancos y hacia abajo los negros”, relata Polibio. Y continúa… “Para mí, que crecí como “blanco” en mi Barahona natal, tal información fue chocante y desde ese momento me empecé a enfrentar con una serie de preguntas con las que nunca había lidiado y con las cuales sigo lidiando todavía”.

Sigue, aún más. “Cuando regresé a mi país todo me resultó diferente. Comencé a observar detalladamente el cabello, el color de la piel de mi padre, mi madre, mis primos, amigos, en fin, de todos los dominicanos. Fue entonces cuando me encontré con la realidad de que somos el producto de una mezcla racial, algo que muchos ignoraban, como en mi caso, y muchos otros simplemente no lo quieren reconocer”.

Muchos no entenderán la gravedad de la situación que Polibio describe. República Dominicana es un país que no asume la paradoja en la que existe porque esta funciona a nivel operativo como una dimensión desconocida que se cruza con eso que conocemos. Algo así como el Upside Down de Stranger Things. En República Dominicana ves la descripción en la cédula de una persona aventajada de la sociedad decir que su color de piel es “indio claro”… aun cuando sabemos que aunque tenga un color café la nomenclatura sirve al propósito de un monstruo interno, que él no reconoce. El dominicano dice “pelo bueno” como si fuera una bondad de fábrica, y “pelo malo” un castigo infernal… y eso viene de la colonia, al igual que muchas cosas que se podrían calificar de complejos pero son mucho más profundas que el simple calificativo, en este caso, sociológico, porque combinada con la falta de educación el asunto se crece desproporcionadamente… entonces, ves en una guagua o en un carro público que alguien, “indio oscuro”, se refiere a otra persona como un “maldito negro”, y te dice que está orgulloso de su negritud. Aquí, lo afro, para ser socialmente pasable, es indio, y lo indio es “lavaito”, o de lo contrario es feo, indigno, socialmente passé. En pocas palabras, de lo socialmente pasable a lo socialmente passé hay que lavarse la piel con brillo grueso.

Eso llega profundo. Llega tan profundo que nos desborda y llega al otro lado. A Ayití… a un tiempo justo antes de la Independencia de Haití cuando toda la isla pertenecía a ese reino, cuando todos éramos negros y no nos habían vendido el sueño de los blanquitos… porque eso era en ese entonces, un sueño. Ese sueño se convirtió en pesadilla. Ahora ya son muchos, demasiados, y no nos acordamos de por qué fue el pleito en primer lugar… yo creo, creo saber, que fue un malentendido, y luego una venta mal hecha, un sueño mal soñado… pero ese es otro tema.

Sigamos con Polibio:

Polibio. altar de la patria“Los dominicanos nos consideramos blancos y sólo vemos negros a los haitianos. Debe recordarse que nuestra lucha por la Independencia fue contra Haití y no contra España. Utilizo mi cámara mis performances e instalaciones como herramientas para comunicar mi declaración artística, orientado principalmente a mis compatriotas, para que podamos vernos tal y como somos”, dice.

Su padre fue un mulato elegante que nunca se asoleó para así verse más blanco, e irónicamente murió de cáncer en la piel. Su madre es blanca y de ojos azules. “Sentí, luego de mi experiencia en la Jamaica Avenida, que no era lo suficientemente blanco como para vivir en la parte de arriba, ni lo suficientemente negro para vivir en la de abajo”.

Pero ese sentimiento se formó en él después de pensar en esas diferencias evidenciadas en la ubicación de la gente en la calle. En Polibio Díaz, los sentimientos se forman después de pensar, como elemento a distinguir que queda dispuesto, en su quehacer operativo, en su habla después de decidir qué decir… los impulsos se disparan luego de que se ha pensado.

Lo interrumpo. Le pregunto por su padre y la casa Díaz, allá en Santa Cruz de Barahona. “En el sur predomina el matriarcado, sin embargo o a propósito y a contrapeso, mi papá era y es el ser más cariñoso que todo hijo quisiera tener, con una inteligencia muy por encima de la media; exitoso abogado tanto en el sector privado como en el público, sus colegas le pusieron como mote ‘El Pontífice’, con una sencillez que te desarmaba, y una gran don de servicio sin esperar nada a cambio”. Le pido más. Le digo que eso no es suficiente. Una vez el arranque de cariño y nostalgia ha terminado, Polibio se repone. Dice, “mi padre fue un hombre de muchos frentes, de mucho accionar, un negociador y un conciliador…” El recuerda de manera puntual sus contribuciones a la legalización del Partido Comunista, ¿en tiempos de BALAGUER?, sus esfuerzos para actualizar el Código Civil, y “aquella vez que le salvó la vida a Peña Gómez…”

De él Polibio, junto a sus dos hermanas, heredó el amor a la naturaleza… y como dijo Polibio senior, “yo vi una mata de mango y me enamore de ella y le hice una casa y mi hijo vio un río y se enamoró de él y le hizo otra casa, la Casa de Tarzán”.

¡Corte! Volvemos a Polibio Díaz en New York…

Está perdido en el MoMa, esa masa monumental llena del pasado y el presente, y por lo tanto del futuro, en el arte contemporáneo. “Conocer el MoMa  con apenas 12 años”, dice Polibio, y hace un gesto con las manos… denotando grandeza, y sus ojos y su discurso se llenan de una emoción palpable, de las que se pueden cortar tajadas con un cuchillo… solo para entonces quedarse callado, dejando que yo piense en ese retrato del artista como un jovencito que decide su futuro, que piensa “yo quiero ser eso”, señalando a Rauschenbergh o a Nan Golding o a Ansel Adams o a Mapplethrorpe, o quizá a Charles Clifford, o a Richard Avedon… y lo que va a ser será. “Ya adulto visitar el Museo de San Francisco, California, ahí recibí una gran influencia del expresionismo abstracto americano que luego lo digerí en la serie Espantapájaros del sur. Madrid, el Prado, la obra negra de Goya, Velázquez, el primer fotógrafo, Florencia, Italia, París…” y hace nuevamente una pausa que contiene todos sus viajes puestos en una balanza, millas y millas caminadas y miles de cosas vistas y momentos vividos que, sumados no le dan ni por los tobillos a lo vivido en su país, a esa multitud de dominicanos que él contiene, como artista, como hombre, como ente social, que lo convierten en el cedazo original, en esa voz única que se traduce en fotos e instalaciones y video artes que tienen el sello de Polibio Díaz. Y dice entonces, “sobretodo haber vivido mi infancia entre ríos y playas, me permitió diferenciar, lo verdadero de lo maquillado, y me impidió descubrir América en el mapa”.

Luego concluye… “Nadie puede salir de su casa sin verse a sí mismo en el espejo y reconocer quién realmente es, descubrir todo lo bello que hay en sí”.

Y se calla.

Polibio. HOMEY callado prepara su próxima embestida. Dice “yo era un actor infantil, ¿ves?”. “Siempre tenía largos parlamentos que actuaba con emoción en compañías multitudinarias de niñas que asombraba a mi natal Barahona”.

A esas obras de teatro Polibio asistía junto a sus hermanas. Pero de todos, la que recuerda como el disparador de sus fantasías, el gatillo cósmico, aquella que estimuló con sus cuentos “mi mágica imaginación”, fue Deseada, su nana. “Ella sabía que yo podía volar, ya se lo había demostrado a todo Barahona, a través de las veladas infantiles donde yo actuaba en el colegio Divinas Pastoras, dirigido por monjitas españolas”, dice, describiendo su relación con Deseada en términos poco específicos. La memoria es así, desdibuja a nuestro antojo, perfilando otro carácter, una extensión de uno mismo. Deseada permanece en la memoria de Polibio, gentil, impertérrita, esperando.

“Hasta que mi papá, que yo era su alter ego, suspendió mi carrera artística ya que supongo tenía otro plan para mí”, comenta, haciendo referencia a las luchas de poder que se daban en todo hogar dominicano. La mujer, que sí. El hombre, que no. La mujer, que sí. El hombre, que no. Así duraban meses, y nadie le preguntaba al chico o chica que quería realmente. Hasta que uno de los dos ganaba, o se reunían en la mitad (del camino, de la contienda), a negociar. Así fue en el caso de Polibio. “Ella (Deseada) se encargó de que me volvieran a crecer y en la intimidad estimuló mi creatividad hasta más no poder, hasta me preparó una varita mágica. Cogió una rama de pino del jardín de mi casa y lo puso en un pequeño altar que mis padres tenían (siempre con un velón encendido), y lo puso encima del cuadro de la virgen de la Altagracia…”, y ganó la batalla Deseada, por sobre el patriarca, Polibio Díaz padre.

Polibio Díaz hijo da un salto en el tiempo.

“Mi primera exposición colectiva la tuve en el hostal Nicolás de ovando del grupo Melies. ¡Paradójicamente el único miembro de mi familia que fue a la inauguración fue mi papa!” El resto es un merengue… y un recuerdo de días de lluvia bañados en cunetas y chorros, allá en Barahona, y haber crecido en las faldas de su tía Casandra Damirón, verla visitar su casa y el continuo burlarse de su papá, y su papá de ella, oírla hablar y cantar… hasta el punto de que la Isla del tesoro, un “performance” que comienza con escenas de El Padrino y termina con la multitud comiéndose un bizcocho con forma de la República Dominicana, termina con una de sus canciones.

-III-

¿De dónde te sale el ser artista?, le pregunto a Polibio.

Él me contesta de manera convencional. “Creo que todos nacemos artistas, (el niño es el que crea) según las decisiones que uno va tomando a través del tiempo y la energía y educación que pongas en el arte da pie a llegar a ser un artista”. Suena sincero. Hurgo más profundo… aunque suene cursi. “En mi caso, esa suerte estaba echada desde niño, lo tenía claro, por supuesto el camino no es lineal, con muy poco estímulo, además he tenido una suerte de olfatear a varios pigmaliones que han posado sus miradas en mí y mi obra y como un barro le han ido dando forma hasta llegar a lo que hoy soy. Sin ellos no estaría aquí”, dice.

Le digo que no, que él estaría aquí por cuanto es un producto de la dominicanidad. Las culturas son así. Se transforman a partir de fuerzas insospechadas que ellas mismas crean. Los artistas son, quizás, eso. Fuerzas. Polibio se piensa. Lo veo. El estaría aquí de todas formas. Sería otro, quizá. Por lo tanto la pregunta nos lleva a un callejón sin salida. Un aquí es, por lo tanto, relativo, ya que aquí-aquí falta mucho por llegar, y “creo que de ellos (de los pigmaliones) aprendí mi capacidad autocrítica y a saber que, el artista hace siglos que salió de la cueva y de la torre de marfil y que es importantísimo que el artista se permee de la sociedad que le ha tocado vivir y haga todo lo que pueda (dentro y fuera del canvas) para hacerla mejor”.

Polibio define su carrera en términos simples. “Sin saberlo, ese episodio marcó el inicio de mi conceptualización, de mi peregrinación hacia una concientización personal y colectiva del mulataje dominicano, ya que ese episodio me develó que no solo yo era una mezcla de razas al haber nacido de una mamá con los ojos azules, blanca, y un papá con los ojos negros y piel negra; que, en diferentes grados, esa mezcla se daba no sólo en mi familia, sino también en vecinos y en todo el país en un mayor a menor grado”, dice. Sus palabras parecen surgir de una fuente inagotable pero que recicla. Polibio parece haber dicho esto muchas veces… esto es, hasta que dé con la clave, con la respuesta.

Polibio. Retrato ed familia¿Cuál es la diferencia? Que “allí aprendí que en los EEUU si tienes un cc de negro, tú eres negro; mientras que aquí, si tienes un cc de blanco, tú eres blanco…”. Descubrir eso tiene muchas implicaciones, la mayor de las cuales es cuán pequeño es tu país. Siendo dominicano eso solo es una gran cosa si se está consciente de nuestra insularidad, cosa de la que no están conscientes en muchas otras importantes islas, a no ser que sea para una campaña publicitaria. Ahí sí…

“No obstante, empecé a quererlo apasionadamente aun con sus imperfecciones, pero tratando a través de mi arte de hacerlo mejor…”, dice.

-IV-

Una vez en la universidad, en Estados Unidos, ¿qué descubriste?

—luego en la universidad de Texas A&M, descubrí que si tu no estabas de acuerdo con algo, se podía protestar. Allí viví lo de Kent State University… en Ohio. También viví, en primera persona, el Black Is Beautiful Movement, me dejé crecer un afro a lo Angela Davis, también allí tomé un curso de fotoperiodismo, que me ha servido de zapata para mi formación artística. Y leí Raíces de Alex Haley. ¡A través de ese libro, fue la primera vez que pasó por mi mente que en mi árbol genealógico yo podía tener antepasados esclavos!

cuéntame de algún hecho memorable de tu vida… un hecho que recuerdes de manera específica.

Polibio Diaz—cuando cumplí 15 años, Sócrates Nolasco me regaló el cuento “El Diablo ronda en los Guayacanes”. Años después pude intelectualizar cuán importante fue ese regalo, ya que sin saberlo marcó el inicio de un maridaje que he tenido a través del tiempo con intelectuales de la talla de Junot Díaz, Julia Álvarez, Chiqui Vicioso, Ylonka Nacidit-Perdomo, Jeannette Miller y Manuel Rueda (este último me escribió el poema “Polibio y el Viento”)… a él le pedí unas palabras para mi libro Una Isla, un paisaje, y mira cómo me sorprendió… Todavía hoy no me he recuperado de la emoción.

tiene que haber algo…

—en los ’70 desnudé a una negra y la fotografié en la Casa de Tarzán…

ahí hay algo.

—posteriormente Lil Despradel las exhibió en un encuentro en su casa, donde convocó a la intelectualidad dominicana de ese momento. Lil fue mi primera Pigmalión. La pieza final consistió en una instalación interactiva, compuesta por 36 diapositivas que el público prendía, puestas como si fuese una radiografía sobre los aparatos fluorescentes que usan los médicos para esos fines, más una ampliación de una de ellas. La pieza se llama Caoba, y la presenté en el 2do encuentro de fotografía de Casa de Teatro. María Ugarte me dedicó la portada del suplemento de El Caribe. También fui invitado por la SummerStage de Central Park a exhibir mi serie Dominican York, durante el conversatorio de Junot Díaz y Aleksandar Hemon, que nació en Sarajevo.

el Caribe: ¿cómo se clasifica tu obra dentro del espectro caribeño de habla hispana?

—hoy en día, el Caribe es un estado mental que puede sentirse, y vivirlo tanto dentro como fuera de él, ya que las fronteras propias del Caribe están desenfocadas. Lo social y el mulataje que son elementos distintivos de mi obra, lo han trabajado magistralmente artistas no caribeños; así como el uso del color que es un fuerte componente en mí… También mi obra se pudiera ubicar dentro del Caribe no hispano, de hecho algunas personas, tanto en mi serie Interiores como en el performance Manifiesto, me preguntan que si fue en Haití que las hice.

en tu página de internet hay una pregunta interesante. ¿Cómo ha manejado este reto cultural?

—haciendo de la negritud y el mulataje las bases de mi trabajo, y cuestionando los estereotipos artísticos Greco-Latinos en los cuales pretendemos basar nuestro concepto de belleza. Doy un ejemplo: la Catedral Católica Dominicana es la primera en toda América y símbolo de nuestra  herencia hispánica, de la colonización universal. Fotografié el reflejo de la Catedral a través de la vitrina de un viejo cinema que se encontraba enfrente (el cine Capitolio); en adición, el reflejo de una mulata, algunos pregoneros, automóviles y los cables eléctricos de la calle, todo en la misma toma, y, por tanto, desacralicé o trastorné el simbolismo sagrado de la Catedral y su asociación con el componente blanco de nuestra sociedad. A esta serie le llamé Catedral Santa María de la Encarnación 6 AM – 6 PM. Actualmente he desnudado al mulato dominicano en medio de la calle. Desde allí me he colado en sus hogares, con o sin habitantes, en una serie fotográfica llamada Interiores.

-V-

Volvemos a Barthes y, tirado por los pelos, sí (salvo por lo de la máscara y el mito) esta cita de Manuel Rueda…

Bullas de Carnaval y otros esperpentos

Qué rostro
o qué máscara
eres  tú 
          verdad final
que miraras por sobre el día abolido
con ojos sin asombro.
Y yo qué parte tuya
Seré.
En cuál sitio de la máscara
Se imprimirá mi rostro
en cual sitio de tu rostro
se imprimirá mi mascara
para que seamos juntos
—fin y principio de todo lo creado—
la única  máscara posible
en el único rostro verdadero”.

Manuel Rueda
(Del libro Imágenes de Carnaval, de Polibio Díaz)

Polibio. despues de la siesta¿Cómo has desarrollado estos ensamblajes fotográficos? Polibio es simple, al punto de ser cándido. “Seduciendo a mis personajes y convenciéndolos de que me permitan sumergirme en su intimidad”. Parece fácil. Insisto… y ellos ceden. “Entro a sus hogares, tomo una secuencia de fotos, luego armo el rompecabezas con una dos tres, o hasta seis fotos, creando una nueva imagen; ensamblo estas imágenes y las amplío para obtener como resultado final lo que mostraré al público”.

En su trabajo introductorio a un estudio fotográfico de Polibio que está en proceso, titulado Detrás de la Máscara, Ricardo Ramón Jarne, ex director del Centro Cultural Español, elabora sobre el particular, al preguntarse qué hay detrás de la máscara, si existe lo verdadero o eso que llamamos cierto es la máscara, “¿y lo que está detrás lo aparentamos? Siempre que hay un disfraz, hay un equívoco, pero ese equívoco no sabe muy bien de qué lado está”.

“Con mi Video-performance desarrollo el concepto partiendo de la creencia de que si un hombre blanco (extranjero) decide crear una isla artificial frente a nuestro Malecón en la parte colonial de Santo Domingo, nos comportaremos como los nativos estupefactos al ver por primera al hombre blanco”, dice Polibio.

El artista continúa. “En mi foto-video-performance: La Isla del Tesoro, mi enfoque fue directo, frontal, sin mediaciones, porque el arte es un lenguaje que expresa lo que el artista quiere comunicar según el alcance de su visión”. El artista como mediador entre su trabajo y el sujeto ya no existe. El público que asiste al foto-video-performance solo cuenta con el código propuesto por el artista y su mensaje, contenido en las imágenes; no importa cuán simples sean, escondidas detrás. Por eso separo al Polibio fotógrafo del Polibio instalador y video artista… por un asunto del artificio aparente. “Mi arte está orientada hacia mis compañeros dominicanos, para que nos reconozcamos y nos aceptemos como somos: La maravillosa y compleja mezcla de varias civilizaciones con sus distintas tonalidades de color reflejadas y proyectadas en la complejidad de nuestra piel y nuestra cultura”.

Polibio. Doña deseadaLa fotografía (y volvemos al corpus de trabajo del artista que nos ocupa), es el medio principal de expresión de Polibio. Si alguna vez el hombre salió de la cueva de Platón, brevemente, fue gracias a la fotografía. La fotografía resume el perfecto estado por medio del cual se perpetúa la memoria histórica, por medio de la noticia, y se ponderan los equívocos de la existencia por medio de la teatralidad fotográfica (Barthes). Este es el mito revisado a través de las edades.

Tengo la sensación de que ese equívoco, propuesto por Ricardo Ramón, es personificado por Polibio en este su proceso. Verán, tengo pruebas (pero dejémoslo en la sensación)… el contrato que es la cultura, ese acuerdo por medio del cual el suplidor acuerda con el consumidor proveerle de información y, sobre todo, de goce, entra aquí a jugar un papel determinante pero al revés. Barthes lo dice claro, cuando afirma que es “como si yo tuviera que leer sobre los mitos del fotógrafo en la fotografía misma, fraternizando con ellos pero sin creerles”. Esto es el studium. Esta suerte de cordialidad con que llegamos a examinar una foto de Polibio entra en una interacción intensa con el espectador. Esto es, el punctum. El punctum es fácilmente distinguible en las fotografías de Polibio. En casi todas es provisto por el elemento humano. Podría decirse que es hacia donde el ojo va cuando se coloca cualquier fotografía delante de nosotros… eso que atrapa. Esa historia oculta, soslayada por la máscara, que logra cierto nivel de empatía con nosotros, y que nos hace mirar, más allá, con espanto o con satisfacción, no importa, por cuanto siempre es con gula… en el caso de Polibio, es un apetito bestial que nos hace querer tomárnoslo todo, a tragos agigantados.

Polibio Díaz Básico

Artista contemporáneo oriundo de Barahona, República Dominicana. Empezó sus estudios de fotografía en la Universidad de Texas A &M, EE.UU. donde se graduó de Ingeniería Civil; desde el 2003 se dedica a la fotografía, la performance y al video arte.

Ha participado en las Bienales de la Habana, Venecia y del Caribe, así como en Infinite Island: Contemporary Caribbean Art, en el Brooklyn Museum; Primer Festival Cultural ACP, Museo de Arte Moderno de Santo Domingo .MAM y en Kréol Factory en el Grand Halle de la Villette de Paris. Sus fotos fueron incluidas en 100 años de Fotografía, 1899-1999: Una visión personal del siglo XX, en el Discovery Museum, Bridgeport, Connecticut, Estados Unidos.

Ha recibido premios y reconocimientos internacionales como: Premio, Climarte de Casa de América, Cuba; Premio editorial de la V Bienal del Caribe MAM; Mención  Especial del Jurado en la 9na Bienal de La Habana; Salón Internacional de Fotografía de Japón, del The Asahi Shimbon; así como en el Centro León de Santiago y en el  Museo de Arte Moderno de  Santo Domingo. MAM, recientemente  su video MANIFIESTO  fue premiado en la Bienal Nacional del Museo de Arte Moderno de Santo Domingo .MAM. 2013.

Polibio Díaz ha colaborado con varios escritores como Junot Díaz, Manuel Rueda , Julia Álvarez y Chiqui Vicioso. Parte de su producción se encuentra en los libros Interiores, 2006; Una Isla, Un Paisaje, 1998; Imágenes de Carnaval, 1993 y Espantapájaros del Sur, 1984.

Hoy día, vive y trabaja en la República Dominicana, donde dedica parte de su tiempo a enseñar fotografía a los niños de los barrios más pobres. Ha trabajado sobre el tema de la identidad del pueblo dominicano.  Sus fotos forman parte de la colección permanente de la UNESCO. http://polibiodiaz.com.do

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RUBÉN LAMARCHE, escritor, editor de revistas y periodista. Colaborador radial de El Matutino Alternativo y All We Need Is Love. Profesor de Escritura Creativa y Guion Cinematográfico de Altos de Chavón La Escuela de Diseño. Nació en 1970.


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