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La relación padre e hijo en «El olvido que seremos»

Relacion padre e hijo. foto REBECCA BOWMAN [mediaisla] Para los exiliados que anhelan regresar a la patria el principio de este libro es un ungüento […] Abad Faciolince comparte en esta memoria el recuerdo de su padre, un ser generoso, exacto, que es un disfrute conocer.

Leo los libros en desfase, tiempo después de su publicación, cuando ya han dejado de ser novedad, y entonces me emociono por textos seguramente ya conocidos, pero mi emoción por el escrito no se debe a lo innovador de su forma o contenido, sino por su calidad. Sin embargo, esto muestra la gran vitalidad de lo que encuentro de notar pues no por ser actual me capta un escrito sino por lo duradero, por la capacidad de ese texto de ser relevante años después, en fin, de ser un texto que resuena.

Así, por una amiga llegó a mis manos la novela de Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos, y al leerlo veo que es un texto que, ya por encima de la treintena de ediciones, promete ser de los que ocuparán los estantes durante mucho más tiempo.

¿Por qué? Porque Abad comparte en esta memoria el recuerdo de su padre, un ser generoso, exacto, que es un disfrute conocer. Irónicamente el texto en sí desmiente su título, pues no hay manera de poder olvidar a este hombre que tanto le dio.

Pero no es solo por retratar a un gran hombre que es de valor este recuerdo sino por la voz del narrador, por su perspectiva. El autor creció en un ambiente embebido por lo humano y es el punto de vista asolado del autor lo que nos ilumina. El texto, escrito en una prosa transparente y elegante, narra cómo un hombre ha sido figura pública, pero sobre todo cómo ha figurado de tal manera en la vida de su hijo que le ha regalado el mundo.

La relacion padre e hijo. PortadaPara los exiliados que anhelan regresar a la patria el principio de este libro es un ungüento. El principio de la memoria refleja una vida estática y burguesa, de parecer como la de la novela de Mann, Los Buddenbrook. Es una casi naturaleza muerta de otra época, de un tiempo más pacífico, un estado de gran felicidad, una infancia protegida y amorosa. Las buenas memorias nos sumergen en la vida de otro, y este texto recuerda la obra clásica de Nabokov, Habla, memoria, en la que se describe una niñez iluminada, una soltura y bienestar que permite que uno crezca y que llegue a tener la sabiduría tierna de valorar a lo humano, que rescata lo bueno de la tradición sin caer en el dogmatismo.

La figura del padre es de un hombre de compromiso social y de gran civilidad, un ser ilustrado y competente que no se toma demasiado en serio. El libro remarca la relación padre e hijo, pero una muy particular que debería de formar parte de todas nuestras vidas.

Hay un contraste entre lo dulce y lo amargo, la abundancia y la bondad y la sobria realidad de la muerte física. El presagio, la certidumbre de la inminente tragedia del asesinato que vendrá da suspenso y permite que uno lea de los primeros años felices sin repelar, sin sentir que se cae en el sentimentalismo sino más bien como si fueran un tónico fortalecedor para lo que seguirá.

Como Nabokov, Héctor Abad Faciolince perdió a su padre, y al igual este hecho áspero permea todo el texto. Y sin embargo ninguno de estos libros es de amargura. Más bien sirven para contrarrestar la maldad.

El padre es admirable pero fallido. Tiene sus errores, pero son errores no del egoísmo sino por amor. Hay momentos muy conmovedores que hacen que al lector le repiquen los ojos. Pero la habilidad narrativa del escritor también queda muy en evidencia. Por ejemplo, crea un buen contraste entre una de las escenas más tristes de la memoria y la siguiente palabra, comienzo de un nuevo capítulo, alegría, que luego vuelve a representar una gran ironía pues en la escena la palabra no dulcifica, sino que amenaza y golpea.

Habla, memoria se publicó en 1951, y sin embargo aún ahora el lector que lo abre descubrirá algo tan novedoso que le enseña a ver de otra manera. Predigo que así pasará con El olvido que seremos, pues de igual manera enseña a apreciar la relación padre e hijo.

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REBECCA BOWMAN [Los Ángeles, CA]. Ha publicado varios libros incluyendo Los ciclos íntimosLa vida paralela, Horas de visita y Portentos de otros tiempos. Sus cuentos se han incluido en antologías y sus obras de teatro se han puesto en escena varias veces. Actualmente vive en San Marcos, Tejas y es profesora de español en Texas State University.


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