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Psicoanálisis de la feminidad: Dialéctica y función de la falta en el ámbito de la Estética

Psicoanalisis de la feminidad 2CLARIBEL DÍAZ Paul Valery, con sus Ensayos de Poética y Estética, plantea que también artísticamente, la metáfora ocupa el lugar de la falta. En sus propias palabras: “el arte corresponde a una necesidad de completar, de llenar un tiempo vacío o un espacio desnudo…”

Hablar de lo femenino desde el Psicoanálisis nos lleva a una revalorización y a una reelaboración del discurso de la Histeria en tanto esta vertiente de la Neurosis, aunque no exclusivamente, es fundamentalmente femenina. De todas formas, esto último podría redundar pues a partir de Sigmund Freud sabemos que en lo que al fenómeno se refiere en este ámbito no es necesario hacer una estricta diferenciación de género porque lo femenino y lo masculino no han de ser atribuidos a mujer y hombre respectivamente por separado, sino que se entiende que ambos sexos poseen lo uno y lo otro en distinta proporción. Sobre esta base, entramos en algunas disquisiciones sobre un discurso que es de alta relevancia no sólo para el terreno de lo clínico y filosófico sino también para el área de las artes.

El discurso de la Histeria se elabora desde la falta inaugurada por el efecto o marca del lenguaje. El mismo apunta al término de la “hiancia” o división utilizados por Jacques Lacan para explicar el proceso de la constitución del sujeto mediante la dialéctica alienación (en) y separación (del) otro (1). El de la histeria es el discurso que replantea sus búsquedas en medio de esa brecha o “abrir y cerrar” de las palabras o ideas implicadas en una historización que instaura el placer de lo escrito. Esta última expresión la acuñamos de Roland Barthes quien en su famoso ensayo que tituló de la manera siguiente, discute los distintos aspectos que él considera son los que proporcionan: “el placer del texto” (2). Para el filósofo del lenguaje, es el erotismo el que se encuentra en ese lugar entreabierto capaz de producir un decir a medias con el que se crea la expectativa de una revelación. Me gustaría desde ahí volver a los orígenes del descubrimiento freudiano.

Psicoanalisis. FreudEn sus inicios, la misión de la disciplina, y sobre todo antes de ser Psicoanálisis propiamente dicho (3), era obtener la cura de los pacientes afectados por severos trastornos emocionales por la vía de hacerlos evocar mediante la palabra los eventos reales, generalmente de carácter traumático, asociados con la queja. Es en este discurrir que Freud nota la vacilación o ambigüedad de sus pacientes con respecto a los sucesos narrados y a partir de aquí cambia el empeño: ya no se trata pues de la recuperación al pie de la letra de lo acontecido en tanto se descarta que exista en todos los casos una experiencia traumática real como fuente del síntoma. La práctica o intervención clínica consiste entonces en sostener las libres asociaciones del sujeto del tratamiento y con esto una etapa de lo NO-VELADO en el proceso psicoanalítico comienza. Es una etapa en la que la libertad expresiva en torno a la historia que se cuenta y la creatividad se entrelazan. El síntoma, producto de la represión originaria que conlleva a la falta en ser, habrá de ser sustituido por un nuevo contenido en la palabra de la clínica psicoanalítica. Enredadas en sus “mentiras”, las histéricas revelan el camino de una verdad que guarda toda la belleza de la metáfora: “Ya no creo en mis histéricas”, decía Freud ante el discurso errante de sus neuróticas y aquí es preciso tomar la palabra prestando atención a lo múltiple de la acepción: inestable/perdido/errático. Además, en este trecho, y yéndonos al ámbito literario, tendríamos que señalar que Paul Valery, con sus Ensayos de Poética y Estética (4) plantea que también artísticamente, la metáfora ocupa el lugar de la falta. En sus propias palabras: “el arte corresponde a una necesidad de completar, de llenar un tiempo vacío o un espacio desnudo…” (pág. 229).

¿Qué quiere la mujer? es una pregunta fundamental del Psicoanálisis (5). Pues “la mujer lo que quiere es un “amo” que responda al saber por el que ella se cuestiona”. Pero ese “amo de la verdad” y del discurso al que ella interroga, o sea el analista, no es tan dueño del saber como se supone pues él también padece la “castración” que marca a todo hablante al entrar en el mundo del orden y/o del lenguaje. El amo también posee su propia falta y, en tanto es así, éste le retorna la pregunta que ella resolverá con su propio saber y mediante sus propias búsquedas (6). En fin que cuando el psicoanalista, se instaura de esta forma, más que como “amo del análisis”, se ubica como “sujeto supuesto saber” en el sentido de que responde mediante un saber que le es otorgado por el otro en vía de transformación o en transición hacia otra posición subjetiva. Esa es la dialéctica del proceso, la de aquel que sostiene el discurso o saber de la histérica que es el de la ambigüedad, el de la duda, el de la falta, mediante la asunción de su propia división.

Psicoanalisis de la femeninidad 1Sería distinto si el analista se posicionara mediante el sostenimiento del “discurso propio del amo” pues en éste, la “verdad” es impuesta por la vía del saber de aquel que se ampara en lo absoluto. En el libro 8 de El seminario, La transferencia, Jacques Lacan (7) establece sus disquisiciones acerca lugar del analista con respecto al neurótico. A la luz de la más celebre alocución sobre el amor, esto es, El Banquete de Platón, él discute la dualidad amante/amado en la que, como parangón, se destaca para el analista una postura diferente a la del amo de la verdad: el analista, amado por el saber que se le supone, no es llamado a aceptar, ni a imponer, ni a rechazar la demanda de amor, sino a permitir que el otro determine los elementos de su “verdad” y construya el saber propio por la fuerza que en la diada analítica se denomina “Amor de Transferencia”. Es de esta manera que el analista habrá de “dirigir” la cura. Desde el “discurso del amo” se entiende que la verdad está en el saber que éste posee. En el discurso de la Histeria, en cambio, la verdad se encuentra en el saber que se completa a partir de un saber que se supone el otro ostenta.

Desde la producción de la histeria, entonces, la cual responde más a un saber que a un conocer y que por tanto está más ligada a un enigma que a una verdad (ciertamente, lo que está en juego es la falta) la respuesta vendrá como fantasía porque la posibilidad de recuperación del evento como tal se ha perdido bajo la máscara de ocultamiento propia de la palabra (recordemos que es la palabra/ley la que somete a la represión). Podemos aplicar aquí, si se quiere, las argumentaciones de Theodor Adorno (8) en torno a sus reflexiones sobre la imaginación y la creatividad desde Kierkegaard, en donde señala la imposibilidad de este fenómeno para alcanzar el lugar de la realidad. De esa manera, “la imaginación, o la imagen que la imaginación reproduce o retiene, no es, en un sentido, sino irrealidad; le falta, en relación a las dificultades y los sufrimientos, la realidad del tiempo y de la temporalidad y la realidad de la vida terrena…” (pág. 174). Ante ese fracaso de la imaginación o de la fantasía per sé, sólo la imaginación creativa puede reponer la fisura (escisión causada por la barra del lenguaje o la censura) con elementos superiores que harán de lo que se intenta evocar una nueva historia. Y es por eso, como señala Ortega y Gasset (9) que “la literatura no es mímesis de la realidad”. De hecho, tal mímesis es imposible pues, como lo estudia el Psicoanálisis, la represión y la palabra con su manto impiden que tal producción pueda ser llevada a cabo sin la división de por medio que les da a los eventos su aura fantasmal. Es esto precisamente lo que ha hecho la histérica con su discurso: producir un significante nuevo que es, no sólo el de la cura, sino que es el de la resignificación y por tanto el de la ficción.

Psicoanalisis. LacanTenemos con esto, no sólo un vínculo muy importante de la clínica con la ficción, sino también de la cuestión femenina con el saber y las inquietudes creativas. Al análisis se entra por el síntoma y habremos de salir por el fantasma, tal y como lo dice Lacan. Lo mismo sucede con el fenómeno de la creación. De esta manera, podemos parafrasear el planteamiento lacaneano diciendo que en Estética entramos por la falta y salimos por la obra creativa, lo cual también conlleva a un parafraseo de Valery (ibíd. p. 229). Lo mismo que el sujeto ha de construir en el proceso analítico la restitución de su historia, en Literatura esa historia tiene el diseño o la estructura de una obra que ha de ubicarse dentro de un género estético, a saber: poesía, novela, cuento, teatro, etc., en el lugar de la castración o del goce. El mito alude a lo que tiene que ver con lo Real, propone Lacan en el libro XVII de El seminario, El reverso del Psicoanálisis (5). Pero “lo Real no es representable y debido a que los hombres quieren representarlo existe una historia de la literature”, dice Barthes en su Lección Inaugural (ibíd., p. 58). Eso no representable, según Barthes, es lo imposible propio de lo real lacaneano (pues es eso que no puede ser capturado por la palabra). Y así, lo imposible es sustituido por la metáfora que habrá de transformar la historia vivida o recordada que la histérica quiere manifestar mediante sus vacilaciones, volviendo a Freud en los inicios del Psicoanálisis.

Sobre la argumentación anterior, en tanto existe la pregunta sobre “la mujer” existen las disciplinas ligadas al saber: Literatura, Arte, Filosofía. El discurso es el saber con el que ella responde a su amo. El discurso NO-VELADO de la Histeria deviene fuente de creación estética.

Bibliografía:

(1) Jacques Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, 1964, en El Seminario, libro 11, Buenos Aires, Paidos, 2008.

(2) Roland Barthes, El placer del texto y Lección inaugural, Madrid, Siglo XXI, 2007

(3) Sigmund Freud, Estudios sobre la Histeria, 1900, en Obras Completas, tomo I,  Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 1981

(4) Paul Valery, De Poe a Mallarme, Ensayos de Poética y Estética, Buenos Aires, El Cuenco de Plata, 2010

(5) Jacques Lacan, El reverso del Psicoanálisis,1969, en El Seminario, libro 17, Buenos Aires, Paidos, 2008.

(6) Isidoro Vegh, clases sobre El Seminario de Jacques Lacan, Grupo de Estudio Nueva York, ciclo Septiembre 2015-julio2016.

(7) Jacques Lacan, La Transferencia, 1960-1961, en El Seminario, Libro 8, Ibid

(8) Theodor Adorno, Kierkegaard: Construcción de lo estético, en Obra Completa, Tomo 2, Madrid, Ediciones Akal, 2006, p. 174

(9) José Ortega y Gassett, La deshumanización del arte, Madrid, Editorial Castalia, 2009.

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CLARIBEL DÍAZ (Santo Domingo, RD, 1963). Poeta, ensayista, psicóloga clínica y educadora dominicana. Reside en Nueva York desde 1996. Posee trayectoria de psicoterapeuta y docente universitaria. Tiene publicados los poemarios: Ser del silencio/Being of Silence (edición bilingüe 2003) y Orbita de la inquietud (2010).

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