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Miguel Ángel Fornerín: “No sólo somos un país de buenos poetas, sino de excelentes narradores”

SARAMARÍA RIVAS [mediaisla] Quiero que este libro sea leído por todo aquel que esté interesado en la literatura dominicana. Y, también, deseo que analicen la expresión de las ideas de una humanidad en busca de su propio proyecto.

El incansable escritor y catedrático dominicano, Miguel Ángel Fornerín, ha sido muy amable en cederme esta entrevista en la que responde a mis inquietudes ante al lanzamiento de su libro más reciente: Antología esencial del cuento dominicano.

En esta antología, Fornerín realiza una cuidadosa selección dentro de la cuentística dominicana y ofrece una nueva perspectiva al alejarse del tradicional acercamiento, que suele organizar la literatura y autores por generaciones. En lugar de valerse de estos parámetros, al hacer su selección, se ha fijado más en la estética.

Esta entrevista es de gran valor ya que logramos ver la trayectoria que conlleva un proyecto tan ambicioso y bien logrado. No es un accidente, ni una sorpresa que Fornerín haya tenido éxito al plantear su innovadora perspectiva, tomando en consideración su larga trayectoria como estudioso y catedrático de literatura caribeña.

En su ensayo de introducción, que me parece tan importante y útil como la selección, explica detalladamente cómo se diferencia esta antología de otras que la precedieron. Además, lleva de la mano al lector al explicar por qué incluye cada autor y cada cuento que no siempre son los más conocidos ¿Podría hablarnos un poco del proceso de concepción del libro, para aquellos que no han tenido la oportunidad de leerlo?

—Realicé una detenida investigación sobre el cuento dominicano que se publicó en el libro colectivo Aproximaciones a la literatura dominicana (1981 – 2008), que editó el Banco Central con una edición de doctor Rei Berroa de la Universidad de Pittsburgh. Luego lo completé con otras investigaciones puntuales: René Rodríguez Soriano, Juan Bosch, Marcio Veloz Alcántara Almánzar, Enriquillo Sánchez, y otros escritores, sobre todo los clásicos como Virgilio Díaz Grullón y los más jóvenes como Aurora Arias y Rey Emmanuel Andújar. Organicé un coloquio sobre el cuento puertorriqueño y dominicano en Cayey, en el que participaron los doctores Nivia de Lourdes Torres (El enigma de las Máscaras, la narrativa de José Alcántara Almánzar, 2002) y Ramón Luis Acevedo (Del silencio al estallido: narrativa femenina puertorriqueña, 1991) y el escritor Edgardo Nieves Mieles. Luego, publiqué el libro que recoge esta trayectoria El cuento dominicano y la generación del ochenta, 2009. También publiqué varios artículos en MediaIsla y el suplemento Areito del diario Hoy de Santo domingo sobre el cuento dominicano y la narrativa de Marcio Veloz Maggiolo. Finalmente, trabajé el libro Para leer a René Rodríguez Soriano. Enseño varios cursos que tocan el cuento y su teoría. En la Universidad de Puerto Rico en Cayey, trabajo un curso subgraduado que estudia el cuento hispanoamericano. Una selección que he venido trabajando desde hace varios años. Y en el Centro de Estudios avanzados ofrecí un curso graduado sobre el cuento dominicano y otro el cuento del Caribe. Todos estos ejercicios son los que me han permitido tener la opinión que tengo sobre el tema. Entonces, vi la necesidad de realizar una antología diferente. Los editores impusieron la cantidad de páginas por unas razones editoriales y en ese marco y teniendo en cuenta la tradición de la flor, espigué una antología con lo más granado de la cuentística dominicana. El objetivo último es que se vea que tenemos una tradición del cuento con logros significativos dentro de la literatura hispanoamericana.

Me parece innovador e interesante su propuesta de alejarse de preceptos como lo son las generaciones y enfocarse más en la estética, ¿nos podría explicar cómo y desde cuándo se va gestando esta perspectiva o alternativa en su mente?

—Creo que es una negación de lo que nos ha formado. Hemos surgido con una cierta tradición de los estudios literarios que está acompañada de rupturas muy importantes. Pero que al final retornamos a una visión más clásica en el sentido que tiene este concepto de permanencia. La estética podría parecer algo muy vago para los que imbuidos en una epistemología literaria han buscado que los estudios de la literatura se bajen en nociones formales, estructurales o en representaciones de autores, del autor o en la expresión de ciertas ideologías y maneras de ver el mundo. La estética aquí vuelve a su origen sensibilidad, subjetividad. No tenemos ya ningún temor en expresarlo. Volvemos a crear una reflexión literaria donde se da relevancia a la apreciación del investigador. Es una síntesis entre sentir el arte y conocer sus distintas manifestaciones. Para ello no hacía falta entrar en las generaciones, porque estas son coyunturales, nos referimos a lo que queda. A aquello que está fundado poéticamente.

He hablado con varios escritores dominicanos de renombre, unos incluidos en esta antología y otros no; sin embargo, todos coinciden en que el libro representa un gran aporte no solo por la selección sino por la perspectiva. ¿Es este un gran logro personal, saber que a pesar de ser posible crear enemistades haya sido aplaudido por la intelectualidad de la República en general?

—Uno debe sentir satisfacción por el logro pudiera tener una propuesta de lectura para todos los amantes de la literatura dominicana y caribeña. Trabajamos siempre con propósitos muy modestos como la posibilidad de ser leído por profesores de secundaria y sus alumnos. Es un proyecto pedagógico que inicie hace varias décadas. Ahora se ha ampliado a las universidades. El mundo actual es muy veloz y debemos hacer libros muy puntuales para promover una lectura de calidad.  En cuanto a la recensión que hacen los intelectuales, no creo que ningún proyecto de este tipo logre mucho consenso. Cada uno se hace una opinión de acuerdo a sus lecturas y es algo legítimo, desde el punto de vista crítico, y también provechoso para la literatura. Mi posición es que yo también soy un lector y he realizado la lectura siguiendo ciertos métodos y con una serie de requisitos y estándares que se han venido logrando en este proyecto.

En esta antología, usted se enfoca en el cuento dominicano. ¿Por qué decide favorecer este género?

—Pienso que, debido a su desarrollo económico periférico, tanto la República Dominicana como Puerto Rico vino a tener imprentas y periódicos que favorecieron la creación de ciudades letras muy tardías en América. Cuba nos aventajó. La educación formal tuvo su despegue en los últimos tres décadas del siglo pasado. Ello provocó la existencia de comunidades de lectores que posibilitan el cultivo de la narrativa breve. El cuento fue parte muy importante de la literatura que se cultivó a fines del siglo XIX y ya en el veinte aparecía una cultura literaria en esta materia con la publicación de varios libros. Entonces, al darme cuenta de esto pude contestarme una pregunta que me hacía con insistencia de donde había surgido un narrador con las dotes artísticas de Juan Bosch. Así que mis estudios no han sido más que una arqueología de una tradición de lectura y escritura de la narrativa breve. De una literatura significativa que se ha realizado en República Dominicana y que tiene como próxima la narrativa puertorriqueña y la cubana. En las que Juan Bosch también ha influido.

Usted menciona en el reciente artículo en Mediaisla, “Historia, narratividad y poética en la cuentística dominicana”, que lo que buscó incluir [en la antología de referencia] fue lo fundamental, ¿cree usted que, de alguna manera, esta antología subsane omisiones injustas de pasadas antologías?

—No creo que este sea su mérito ni me propuse llenar lagunas. Tal vez en el caso de Ángel Rafael Lamarche, porque Los cuentos que Nueva York no sabe (1949) no se conocían en Santo Domingo o muchos antólogos no leyeron el libro completo y no se dieron cuenta que el cuento antologado no era el mejor. Creo haberlo seleccionado posiblemente con unos criterios distintos. Ver a Lamarche como un vanguardista al estilo del vanguardismo del grupo de poetas que publicó la Revista de La poesía sorprendida. Lamarche trabaja en la narrativa una teoría construida por los poetas sorprendidos; Así como elabora Sanz Lajara, una teoría sobre la negritud desde la narrativa. En fin, este es un aspecto que motiva la selección del cuento “La tarde en que Di pensó en el tren”, en lugar dePero él era así”, antologado por primera vez por Sócrates Nolasco en El cuento dominicano: selección antológica, tomo I, 1957.

Además de Pedro Peix, importantísima figura de la cuentística dominicana, ¿cuál otro autor no fue incluido en esta flor por esta u otra razón logística.

—Se refiere a una razón editorial. Trabajar con muchos autores lo cual hace que se multipliquen las diligencias editoriales; y si tenemos en cuenta la forma en que se produce, circula y se lee en nuestro medio, todo proyecto editorial que quiera seguir todas las normas que este oficio demanda, se hace sumamente complejo. Queríamos respetar de manera estricta la propiedad intelectual. Y lo logramos de una manera muy profesional, cosa muy difícil en República Dominicana. Intentamos infructuosamente conseguir los derechos de los cuentos de Peix y entonces nos sorprendió su muerte. Decidimos seguir sin Peix, en fin, los cuentos de Peix que seleccionaremos son de todos conocidos. Hicimos la mención en la introducción. Este fue el único excluido por razones editoriales. Otros no estaban dentro de los parámetros de selección. Y podrán estar en otro tipo de antología, pero no en la esencial, de acuerdo a nuestros criterios estéticos.

En el ensayo de MediaIsla, que mencioné anteriormente, explica por qué quedan fuera figuras muy reconocidas y lo atribuye a que, en algunos casos, el cuento no ha sido el género mejor logrado por dichos autores, ¿piensa que, en el futuro, le interesaría darle una suerte de continuación a esta antología, enfocando en otro género?

—Como usted bien sabe, cuando se realiza una investigación literaria se caen muchas ideas preconcebidas o muy reiteradas, y se vienen abajo algunos altares. Todo el mundo se hace una idea de lo mejor de su cultura, pero necesariamente estas ideas no se quedan paradas cuando hacemos una lectura que va desde los elementos productivos de los textos, su teoría, los logros formales y la expresión de una poética del decir y apreciar el arte literario.

Al mirar la lista de escritores seleccionados y los cuentos escogidos, notamos la exquisita selección que ha hecho de la cuentística dominicana. ¿Le parecería buena idea, que se usara como libro de texto en las universidades tanto dominicanas como fuera del país?

—Pienso que eso sería la culminación de proyecto: dar a conocer una tradición de la narrativa breve en la República Dominicana; establecer que no sólo somos un país de buenos poetas, sino de excelentes narradores. Ojalá que los colegas de Santo Domingo, Puerto Rico, de Europa y Estados Unidos se animen a poner este libro como lectura en sus cursos de literatura del Caribe.

Considerando el gran aporte de esta antología, ¿no se animaría a hacerlo con la cuentística puertorriqueña, ya que es profesor en Puerto Rico y conoce su literatura y cultura?

—Contrario a Santo Domingo, Puerto Rico tiene un estudio muy actualizado sobre su narrativa breve. Lo realizó doña Concha Meléndez y en cada época se ha actualizado desde Cuentos puertorriqueños de hoy (1959), de René Marqués, hasta El rostro y la máscara (1995), de José Ángel Rosado y Mal(h)ab(l)ar: antología de nueva literatura puertorriqueña, (1997) Mayra Santo Febles, pasado por un clásico que muestra la producción de la generación del setenta, como la Reunión de espejos (1983) de José Luis Vega y de Silencio al estallido, ya citada de Ramón Luis Acevedo sobre la narrativa femenina. Todas estas antologías poseen estudios puntuales sobre la producción literaria. Recientemente se publicó en España Puerto Rico indócil. antología de Cuentos portorriqueños [sic] del Siglo XXI (2015) que trae las últimas publicaciones de los autores jóvenes. No vendría mal poner al día toda esta tradición, pero no me animo mucho. Porque los problemas editoriales son muy difíciles de llevar.  

Editar un libro es un proceso muy arduo y una interpretación muy personal, como también, lo es la dedicatoria y me gustaría saber, si no rayo en la indiscreción, ¿por qué escoge dedicarle el libro a Marcio Veloz Maggiolo, y no a Bosch considerado el maestro por excelencia del cuento dominicano?

—Es un homenaje a un narrador muy particular. A Bosch le han hecho muchos homenajes. A Marcio no se le ha reconocido como debiera. Él también está entre nosotros y queremos que sepa cuánto le apreciamos y cuál es el valor de su incansable trabajo. Es lamentable que en nuestra cultura una gloria como él no se lea más. Creo que con los trabajos que sobre su obra hacen los dominicanistas en todo el mundo, las cosas pudieran cambiar. Es una dedicatoria homenaje que nos engrandece mucho por un trabajo muy singular de Marcio, que se le reconoce más como novelista.

Dice en su introducción que su misión fue hacer una selección de lo mejor que se ha publicado en la República. ¿Se siente satisfecho una vez terminado el proceso?

—Todo proyecto artístico queda inconcluso o mejor dicho es un horizonte abierto. Pienso que se podría incluir otros autores y cuentos más adelante. Toda lectura es parte de un horizonte móvil de la comprensión del texto. Probablemente dentro de unos años incluyamos a otros autores o tengamos la posibilidad de una edición distinta. Yo prefiero no explicar cada cuento para dejar que los lectores tengan sus propias perspectivas sobre los textos. Ya la imposición de corpus es de suyo una influencia muy grande.

Desde su perspectiva, ¿cuál sería el mayor logro de este libro? ¿Quién le gustaría que lo leyera?

—Doy una respuesta a sus dos preguntas. Quiero que este libro sea leído por todo aquel que esté interesado en la literatura dominicana. También aquello que les interese saber cómo hemos plasmado nueva visión del mundo en narraciones que son significativas desde el punto de vista de la construcción de un objeto artístico. Y, también, deseo que analicen la expresión de las ideas de una humanidad en busca de su propio proyecto. Es decir, que los lectores deberán encontrar en estos textos: el arte de la palabra y luego los elementos referenciales a la expresión lingüística de lo que somos como cultura y como humanidad. Ojalá que los estudiantes, profesores y amantes del arte puedan encontrar en este libro, y estoy seguro que lo harán, modelos para pensar el mundo dominicano, caribeño y universal.

¿En dónde y cuándo se hará la presentación formal del libro? y ¿cuál es el esquema de presentaciones? ¿Piensa presentarlo en Puerto Rico y, tal vez, en Cuba y América Latina?

—Modestamente ya realizamos un lanzamiento en Puerto Rico y estaremos allí donde nos inviten y donde, a pesar de las carencias, nos lleven las buenas intenciones y el fervor de los lectores.

¿Dónde podemos conseguir el libro?

—En las librerías de Santo Domingo, San juan de Puerto Rico y en amazon.com

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SARAMARÍA RIVAS (Ponce, PR), Profesora Asociada de Georgetown College, Kentucky. B.A. en Estudios Hispánicos, Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, M.A en Estudios Hispánicos, Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. PhD. en Español, University of Illinois. Ha publicado Ciudadano Juliá (2013).


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