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Escribir en español, como acto de jodienda

GERARDO CÁRDENAS [mediaisla] En la medida en que Estados Unidos vuelve su mirada hacia adentro, en la medida en que renace el provincialismo, el excepcionalismo, y el chauvinismo, el acto de escribir en español, de hablarlo, se vuelve jodedor, se vuelve iconoclasta, se vuelve a un tiempo resistencia y acción.

Toda escritura es una declaración de intenciones, más si hacerlo constituye una afrenta al status quo. Escribir como vía de enfrentar una hegemonía es clavar la pica en tierra ajena, es un acto de jodienda, similar al vuelo irritante de la mosca que no nos deja dormir, y cuyo zigzagueo y zumbido son indefendibles.

El español compite con el inglés, el mandarín y el árabe como lengua universal, en igualdad de condiciones. De las lenguas romances, es la más extendida. Y Estados Unidos, por virtud de su población de origen hispanoamericano que rebasa ya los 50 millones, se ha convertido en el segundo país en número de hispanohablantes, sólo por debajo de México, y por encima de España, Argentina, o Colombia.

Esto lo sabemos quienes vivimos en Estados Unidos y hablamos esta lengua, pero no siempre comprendemos del todo las implicaciones de este aserto.

Sabemos que el español ha sido repudiado y perseguido, ninguneado por usar un término muy mexicano. Y que en la segunda mitad del siglo XX, impulsado por una masiva migración, ha abierto poco a poco la puerta de la hegemónica cultura angloparlante. En el país que ha vuelto al inglés un idioma global, se ha cocinado también la globalización del español porque al incorporar todas las voces —mexicanas, cubanas, puertorriqueñas, dominicanas, guatemaltecas, salvadoreñas, colombianas, etcétera— ha multiplicado su difusión.

Quienes vivimos en Estados Unidos sabemos que el español es un idioma que se habla más que el inglés en muchas partes de Miami, Houston, Los Ángeles, Nueva York, Chicago; pero que también se hace presente con fuerza en sitios tan impensados como Alaska, Kentucky, o Idaho.

Y sabemos que la fuerza de su presencia se refleja, sobre todo, en los medios: es decir, que la palabra impresa, la imagen, la voz radial, la transmisión televisiva, se han sumado a esta ola. El hispanohablante se ve retroalimentado en su idioma por la vía de periódicos, revistas, radio, televisión, y más recientemente, por el Internet y las redes sociales.

Este español había sido, por mucho tiempo, comercial, coloquial y mediático. Pero poco a poco fue surgiendo la voz literaria.

Aunque hay quien ubica a Naufragios y comentarios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, publicado en España en 1542, como el primer texto en español escrito en lo que hoy es territorio estadounidense, realmente la primera pieza literaria escrita en nuestro idioma, desde y en los Estados Unidos, es la novela ¿Quién lo hubiera pensado?, de la mexicana María Amparo Ruiz de Burton, publicada en Filadelfia en 1885. El dato no nos proporciona, sin embargo, el inicio de un hilo conductor. Por el contrario, se trata de una excepción al no haber continuidad, ni literaria ni histórica, en la producción de narrativa, poesía, teatro o ensayo en español en los Estados Unidos.

A mi modo de ver, la literatura en español como un fenómeno creativo derivado de la migración —no confundir con la literatura hispana en inglés, que obedece a otros motivos— es algo que surge en la última década del siglo XX. No es casual que la primera antología de narrativa en español desde los Estados Unidos sea Se habla español: voces latinas en EE UU, compilada por Edmundo Paz Soldán y Alberto Fuguet y publicada por Alfaguara en Miami justo en el año 2000.

Si se me permite, esa primera antología es más pregunta que afirmación. Los antologadores identifican el fenómeno, lo rastrean, y le dan salida y al hacerlo plantean una presencia pero hacen una pregunta que aún hoy no tiene respuesta: ¿qué tan duradero, qué tan amplio es este fenómeno? ¿Hacia dónde va, o hacia dónde puede ir?

Paz Soldán y Fuguet recogen cuentos; en Chicago, en Los Ángeles, en Houston, en Nueva York estaban surgiendo en esta última década del siglo XX talleres literarios y revistas; se escribe poesía, teatro, cuento, novela; se empiezan a organizar certámenes y premios. El fenómeno se va extendiendo conforme nos adentramos en el siglo XXI.

Escribo esto porque he tenido el orgullo y la satisfacción de coordinar una nueva antología. Bajo el sello de Vaso Roto Ediciones, en esta primavera aparece Diáspora: Narrativa breve en español de Estados Unidos.

Esta antología plantea cuestiones diferentes a la del año 2000, o quizás propone respuestas diferentes a las preguntas de entonces. De forma intencional, hemos recogido cuentos de 25 autores de muy diversas trayectorias, desde aquellos que cuentan ya con una nutrida bibliografía y muchos premios, a quienes están prácticamente inéditos; desde aquellos que han —hemos— decidido hacer de Estados Unidos nuestro hogar, a aquellos que vivieron la dislocación y la diáspora de forma temporal. Hay dos elementos adicionales: la diversidad geográfica, y una mayor presencia de autoras (15) que de autores (10).

En la antología se presentan relatos de, por estricto orden alfabético, Rey Emmanuel Andújar (República Dominicana), Rebecca Bowman (California/México), Pablo Brescia (Argentina), Lorea Canales (México), Xánath Caraza (México), Nayla Chehade (Colombia), Liliana Colanzi (Bolivia), Teresa Dovalpage (Cuba), Rafael Franco Steeves (Puerto Rico), Martivon Galindo (El Salvador), Manuel Hernández Andrés (España), Stanislaw Jaroszek (Polonia), Brenda Lozano (México), Ana Merino (España), Fernando Olszanski (Argentina), Luis Alejandro Ordóñez (Venezuela), Edmundo Paz Soldán (Bolivia), Liliana Pedroza (México), Cristina Rivera Garza (México), René Rodríguez Soriano (República Dominicana), Rose Mary Salum (México), Regina Swain (México, QEPD), Jennifer Thorndike (Perú) y Johanny Vázquez Paz (Puerto Rico), además de quien esto escribe.

La pregunta sigue en el aire: ¿qué tanto puede crecer la literatura en español en los Estados Unidos? ¿Qué futuro tiene, que vía de continuidad puede establecerse con los escritores de origen latino que prefieren al inglés para su creación literaria? ¿Qué puntos de comunicación y diálogo pueden establecerse con los más jóvenes?

Hay un factor adicional. Con la llegada a la presidencia de Donald Trump, estas preguntas se vuelven más importantes. Uno de los primeros actos administrativos del gobierno Trump fue eliminar los sitios en español de las páginas gubernamentales en Internet. En la medida en que Estados Unidos vuelve su mirada hacia adentro, en la medida en que renace el provincialismo, el excepcionalismo, y el chauvinismo, el acto de escribir en español, de hablarlo, se vuelve jodedor, se vuelve iconoclasta, se vuelve a un tiempo resistencia y acción. Las voces literarias se ejercen entonces como un acto político, la diáspora se torna arisca, aguijoneante.

Cinco de los 25 narradores seleccionados en Diáspora. Narrativa en español de Estados Unidos, son colaboradores de mediaisla Reynolds Andujar Rebecca Bowman Gerardo Cardenas Regina Swain y René Rodríguez Soriano

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GERARDO CÁRDENAS escritor y periodista mexicano y reside en el área de Chicago. Su más reciente poemario Silencio del tiempo fue publicado en 2016 por Abismos Editorial


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