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Máximo Vega: “No soy supersticioso, pero sospecho que René Rodríguez Soriano sí…”

SARAMARÍA RIVAS [mediaisla] «Jugar al sol» es una combinación de los dos aspectos de la obra de René: lo lúdico, dado por el lenguaje, y la realidad de que el autor proviene de una isla en medio del Caribe…

De nuevo he vuelto a esta isla vecina, mi segunda casa. Aquí me siento tan feliz que casi nunca quiero regresar, dejar atrás todo el azul y todo lo que este azul me provoca. Esta vez, como siempre, el placer se sobrepone a los compromisos académicos. El placer es caminar, patear estas calles tan queridas, mirar, escuchar y danzar al calor de las sonrisas y los abrazos de esta gente que es casi como uno.

Esta vez he vuelto a celebrar el nacimiento de mi segundo libro, un proyecto por tanto tiempo acariciado y que finalmente este mes, con el auspicio de la colección editorial del Banco Central de la República Dominicana, sale a la luz: A toda lágrima y a toda sed: Conversaciones con René Rodríguez Soriano, volumen en el que recopilo un fajo de entrevistas realizadas por distintos autores a René Rodríguez Soriano, escritor cuya trayectoria he seguido con interés.

Para sorpresa mía, me encuentro con este título, recién salido del horno: Jugar al sol (más de 13 historias de René Rodríguez Soriano). Vaya sorpresa. Una antología de cuentos del autor que ha sido objeto de mi interés. Quiero indagar, saber más. No soy la única, pienso, y veo que esta vez es otro escritor dominicano, más joven, el narrador Máximo Vega, quien ha seguido casi con el mismo interés que yo la trayectoria de Rodríguez Soriano. Un volumen hermoso, brillante, como su título lo infiere.

Así que, sin darle vueltas a la noria, hice un aparte en el camino para devorar el contenido de la antología. Sobre todo, la ponderación que, con respeto y admiración, hace sobre la obra de Rodríguez Soriano. Y quise más. Busqué y pregunté sobre el paradero de Máximo Vega, hasta que di con él. Fruto del encuentro es la conversación que aquí comparto.

¿Por qué Jugar al sol para una reunión de cuentos de René Rodríguez Soriano? ¿De dónde sale el título? ¿Y el trece, qué relación guarda con Rodríguez Soriano y sus cávalas o manías?

Jugar al sol es una combinación de los dos aspectos de la obra de René: lo lúdico, dado por el lenguaje, y la realidad de que el autor proviene de una isla en medio del Caribe, y que refiere también a la imagen que se tiene del ser dominicano, habitante de una tierra tan clara, tan bella, tan brillante. Pero René es un escritor dominicano, y sus referencias culturales provienen de esta media isla. Eso es inevitable. En cuanto a si el número trece guarda alguna relación con sus cábalas, eso habría que preguntárselo directamente a él. Son más de trece porque casualmente se escogió esa cantidad para la muestra, porque más que una antología es una “muestra” de cuentos de René. Son exactamente 23 cuentos contenidos en el libro. Pudieron ser menos, pero sobre todo más. Podrían ser treinta. O cuarenta. Pero me parece que con esa cantidad el lector puede tener una idea de quién es René como cuentista, no para que se detenga ahí, sino para abrirle el apetito de leer los demás cuentos.

En sus palabras introductorias a la antología usted establece que conocía la obra del autor; que incluso lo había visto en ocasiones, y que no fue hasta el 2005 en que se conocieron personalmente, al presentar su obra en la Feria del libro en Santiago. ¿Se animaría a contarnos un poco, cómo fue ese encuentro y tal vez si tuvo ocasión de hablarle de su obra?

—Voy a contar un poco la historia entre René y yo. Yo publiqué un librito muy pequeño en una edición muy modesta, que se llamó Juguete de madera. René reseñaba libros en la revista Arquitexto, y ahí publicó una reseña muy elogiosa de Juguete de madera. Yo me sentí muy complacido, me sentí muy agradecido, que un escritor de la categoría de René se dignara a reseñar un librito muy modesto mío y que le hubiese gustado… Cuando hice una segunda edición del libro, se iba a presentar en Santo Domingo, recuerdo que fue en el Centro Cultural Español, y le pedí que lo presentara porque obviamente le había gustado. Lamentablemente, esa fue la época en que René se autoexilió en los Estados Unidos, y no pudo presentar el libro, pero ese fue el primer acercamiento entre nosotros. Luego, cuando se organizó la Feria del Libro de Santiago, se le dedicó un día a su obra y yo lo presenté, ahí nos conocimos personalmente porque nunca habíamos hablado frente a frente, siempre hablábamos por teléfono o por e-mail. Claro que yo lo conocía, había ido a conferencias suyas sobre cuentística, por ejemplo, una que hizo en Casa de Arte y yo estaba sentado atrás, como siempre, escuchando y contradiciendo, para después estar de acuerdo: Ah, pero sí tenía toda la razón. Pero él no me conocía a mí, por qué tendría que conocerme. Luego de esa presentación en la Feria del Libro de Santiago ha habido, me parece, una admiración mutua, con el balance favorable hacia él, por supuesto.

Usted sitúa al autor dentro de su circunstancia política conocida como los Doce Años de Balaguer. Enfatiza que, a pesar de tener publicaciones anteriores, es en esta época que comienza a tener notoriedad como escritor. ¿Cómo, a su modo de ver, estas circunstancias históricas afectan o no la obra de Rodríguez Soriano?

—René se aleja de esa literatura de contenido social que predominaba en su generación. Su literatura es más intimista, más ontológica, y ha influenciado a un tipo de literatura que ha llegado luego de la apertura democrática en el país. El caso que yo siempre menciono es el de Andrés L. Mateo, cuya literatura todavía se debate entre una problemática social y otra existencial, sin decidirse a dar el salto hacia lo existencial. Es como si tuviese miedo de hacerlo. Pero René no, él se lanza sin paracaídas. Sus preocupaciones tienen que ver con el lenguaje y lo existencial, y su tema preferido son las relaciones de pareja. Las mujeres. La figura femenina. En la antología se nota cómo su obra evoluciona desde cierto interés social hasta algo puramente lúdico, léxico, hacia la intimidad más total. O sea que es una obra fiel a sí misma, cuyas preocupaciones son existenciales. Claro que sin la sociedad no habría cultura, ni literatura, así que lo existencial se encuentra ligado a lo social, pero en este caso en un proceso mucho más literario.

Me llamó la atención, positivamente, cuando lo considera como una especie de profeta de su época. ¿Qué lo hace arribar a esa apreciación? ¿Cree usted que a la vuelta de estos años se sigue leyendo con interés la obra de este autor?

—René fue uno de los primeros escritores que tuvo preocupaciones que tenían que ver directamente con el lenguaje. Recuerdo el lema de la Generación del 80. Casi por completo era que la literatura era lenguaje. José Mármol lo escribía en todas las paredes. La realidad es que un buen escritor será bueno escriba sobre lo que escriba, y un mal escritor lo será, aunque se preocupe completamente por la forma. Pero la preocupación formal es una preocupación poética, y toda literatura es poesía, o debería serlo, si es verdadera literatura.

Entre las dicotomías que enfatiza en la obra de Rodríguez Soriano, me captan la atención “divertimiento y seriedad”, “humor y melancolía”, ¿qué persiste en usted como lector al adentrarse a su obra?

—Ah, pero es que es así. La obra de René tiene mucho humor, sólo hay que leer los dos cuentos que se encuentran en esta antología sacados de su libro Todos los juegos el juego. El título trata de decirlo todo. Sin embargo, en la obra de René hay una tristeza, un poco de cinismo. La tragedia intrínseca a la humanidad. Con todo y su humor, como somos los dominicanos, una especie de fatalismo que también es muy latinoamericano, sin que quiera con esto generalizar, todos los latinoamericanos no somos iguales. Todos los dominicanos tampoco somos iguales. Pero al mismo tiempo tú lees sus cuentos y te das cuenta de que no son completamente dominicanos. Que hay una preocupación universal en ellos, que tiene que ver con lo existencial.

Es casi impensable hablar de la obra de Rodríguez Soriano sin hacer referencia a Julia. ¿Cómo la percibe usted, siente que puede encontrarla cualquier tarde deambulando por las calles de la Ciudad Colonial, rodeada de palomas? ¿Cómo procesa esta presencia, esta figura, esta metáfora, este símbolo, cómo usted la clasifica?

—Yo creo, aunque es posible que esté equivocado, es más, estoy casi seguro que estoy equivocado, que Julia es un símbolo. No es ni siquiera una mujer. Hay muchas Julia en la obra de René, con otros nombres: hay una incluso que tiene un nombre japonés. Julia representa lo inalcanzable, expresado a través de una relación amorosa pero siempre Julia se pierde, se queda en el nombre y el autor (el protagonista, un alter ego del autor) sólo la tiene a través de la memoria.

¿Sobrevive la obra del autor sin Julia?

—Hay muchas Julia en los libros de René. Cada mujer en cualquier cuento suyo podría llamarse Julia sin ningún problema.

Establece que ha seleccionado los cuentos que conforman esta agrupación por su representatividad, y los coloca en orden cronológico con el propósito de que el lector pueda seguir la trayectoria y evolución de la poética de René Rodríguez Soriano. ¿Siempre visualizó este libro de esta manera organizativa?

—Sí. Es solamente para que el lector pueda organizarse mentalmente. Si al lector le interesa, puede tener una idea de cómo ha evolucionado la obra de René con el tiempo. Si no le interesa, que lea el libro como le dé la gana. Yo lo apoyo.

Me pareció muy revelador como usted percibe la dominicanidad en el autor. Indica que no radica en nacionalismos o intereses sociales; encuentra su esencia cultural en su lenguaje. ¿Cree que este elemento lo hace único? ¿Cree que su generación sigue esta tendencia?

—Yo no creo que esta generación continúe esta tendencia. Ha habido una escisión, un eclecticismo: un grupo que trata de que su obra sea cada vez más universal, y otro grupo que escribe con tantos dominicanismos que a un extranjero se le haría muy difícil comprenderla. Lo que debería haber es un equilibrio, que tenga que ver con la calidad, porque uno lee un libro y se da cuenta de inmediato si está bien escrito o no, independientemente de que su lenguaje tenga que ver con la dominicanidad o no. Pero toda obra debería encontrar su esencia en el lenguaje, un libro está escrito con palabras, no hay nada más ahí.

Lo confieso, conocedora como soy de lo tortuoso y atravesado que es el mundo literario, la relación entre escritores, principalmente en nuestras islas, me llamó mucho la atención su gesto, sus palabras y su reconocimiento por el trabajo de un autor que lo precede (por aquello de Edipo, por supuesto). ¿Por qué René Rodríguez Soriano y no otro narrador de los tantos excelentes con los que cuentan las letras dominicanas? ¿No es muy joven aún el autor, no sería prudente esperar un tiempo más para reconocer su trayectoria?

—Ah, el destino. O el azar. René y yo somos amigos. No debe despreciarse esta condición. Entonces si es un amigo que uno admira… las estrellas se han alineado para que esto sea posible. Y René es un autor vivo. Al que puedo preguntarle cosas, dialogar sobre su obra, preguntarle sobre sus intenciones. Y que me presiona: Cómo va eso, en qué está el libro, vas demasiado lento. No estoy adivinando, el autor me ayuda a entenderlo mejor. Eso no tiene precio.

¿Por qué se debe leer a René Rodríguez Soriano?

—Porque es uno de los escritores más importantes de la República Dominicana. Porque su prosa es impecable, y cualquier escritor que empieza puede aprender muchísimo cómo se escribe un cuento leyéndolo. O simplemente porque cuando uno lee uno de sus cuentos obtiene una sensación placentera que se consigue muy pocas veces leyendo a otros escritores dominicanos.

¿Dónde podemos conseguir el libro?

—En cualquier librería de Santiago y Santo Domingo. En la librería Cuesta, por ejemplo. O en amazon.com, en su versión e-book. O me contactan a mí, y yo se lo hago llegar.

¿Piensa que Rene es supersticioso? ¿Y usted?

—Yo no soy supersticioso. Pero tengo la sospecha de que René sí lo es. Habría que preguntarle.

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SARAMARÍA RIVAS (Ponce, PR), Profesora Asociada de Georgetown College, Kentucky. B.A. en Estudios Hispánicos, Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, M.A en Estudios Hispánicos, Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico. PhD. en Español, University of Illinois. Ha publicado Ciudadano Juliá (2013).


Comments (1)

  • Elizabeth Quezada

    Brillante, Sara M. y totalmente de acuerdo con los conceptos emitidos sobre la obra de RRS por el colega y Santiaguero, como quien escribe, MV…. Ya quiero leer ambos libros.
    Enhorabuena para este gran escritor dominicano y amigo.

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