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Antología de Juan Cameron: Las entrañas del viaje (tres poemas)

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JORGE BOCCANERA [mediaisla] Esta Antología es un diario de viaje, más concretamente de extranjería; cuaderno de bitácora de aquel que se busca a sí mismo mientras recorre ciudades de extraños nombres…

Entre muchas otras coincidencias que anudan una sólida y antigua amistad con Juan Cameron, nos liga cierta manera de otear el horizonte. Desde niño lo hicimos desde el muelle; somos porteños. Por lo tanto muchos de los temas que desgajamos en el mar blanco del papel tiene que ver con esa usina; el puerto. Y quien nace en un fondeadero lleva el viaje puesto. Es así que este poeta chileno que ha vivido dentro de una travesía, indaga, ve, prueba, husmea, imagina y descubre con los cinco sentidos del viajero.

Lo viene a constatar esta Antología que resume nada menos que dieciocho títulos; una obra que inició en 1971 con Las manos enlazadas y llega, por ahora, hasta La pasión según Dick Tracy aparecido en 2017; sin contar sus varias compilaciones personales. Relaciono fuertemente obra y trayecto por la profusa cartografía que se desprende de sus distintos libros; un agitado desplazamiento que si incluye distintos puntos de Valparaíso el pasaje Favero, el cerro Florida, la plaza Echaurren, la región de Olmué, entre otros― se bifurca en un entramado de sitios distantes del planeta: Glasgow, Hamelin, Cafarnaúm, Ambato, Buenos Aires, Querétaro, Roma, Tensta, Laredo, Upper Tyndrum, Texas. Pero sobre todo, porque el hablante que predomina en la poesía de Cameron es el hombre común extraviado en la muchedumbre, en las antípodas del poeta oracular intermediario e intérprete entre las fuerzas del más allá y la realidad ordinaria. Escribe Leopoldo Lugones “Decidí ponerme del lado de los astros”; Cameron le responde: “en la calle me hice perro”. Y añade: “no soy un buen modelo para el género humano/ mis costuras se abrieron como heridas de guerra”. Lejos del poeta como “un pequeño Dios” de Huidobro, Cameron opta por el poeta mondo y lirondo. Un flâneur que deambula por los suburbios de las ciudades y arrastra sus pasos por baldíos, callejones, bares, estaciones de trenes y plazas. Un flâneur compelido, desde ya, porque sus textos llevan todos los sellos del inmigrante, el refugiado, el transterrado, el exiliado. Esa condición de errancia que subraya en el libro este epígrafe de Ekelöf: “Yo soy un extranjero en esta tierra/ pero esta tierra no es ninguna extraña dentro de mí”.

Creo que la íntima relación entre poesía y viaje ha dado frutos apetitosos como el “Tutúguri” que Artaud borronea en las sierras de México; los textos del primer libro de Borges pergeñado en su recorrido por Mallorca; los poemas de Residencia en la tierra que Neruda corrige en Birmania, los haikus que Matsuo Basho extracta a medida que recorre Japón a pie o García Lorca y su esbozo de Poeta en Nueva York en medio del crack del 29 en Estados Unidos. Los ejemplos abundan y se desgajan en experiencias disímiles; del viaje de iniciación a la búsqueda interior y de autoconocimiento. Aunque, de todas las peregrinaciones y marchas veo a Cameron como un pasajero en el tren portentoso de Blaise Cendrars; ese Transiberiano construido por convictos cuyas vías recorren nueve mil kilómetros entre ciudades y estepas de Rusia y China. También el chileno dice con Cendrars: “Mis ojos iluminaban antiguos caminos”,y también  se desplaza acompañado por alguna petite Jeannette de France. Incluso un verso de Cendrars alude por azar a la ascendencia de Cameron: “Y mi vida no me abriga más que esta manda escocesa”. El chileno se jacta de su estirpe, original de la actual villa de Fort William, cercana al lago Ness, custodiada por un monstruo marino con cuello de jirafa que muchos aseveran haber visto. Escribe Cameron: “Llegamos   balando el mar/ con una lágrima de Escocia”.

Aunque otros fueron los monstruos que visitó Cameron desde sus lecturas iniciales, esta vez, literarios. Los primeros: Darío y Nervo, siguiendo por Pavese, Milosz, Montale, Ginsberg, Szymborska, Cardenal, Yevtushenko, y por supuesto toda la rica tradición de lírica chilena –especialmente Rojas, Parra, Lihn― más otros nombres como Esenin y Eliot, que seguramente le llegaron vía dos autores que dejaron una fuerte impronta en su poesía: Jorge Teillier y Antonio Cisneros, respectivamente. Con Cisneros comparte un modo de orquestar en el que confluyen un hablante precario, un escenario fragmentado, un cruce de discursos y el manejo de la ironía. Ya nos hemos referido al hablante y al viaje como itinerario de aventura y descubrimiento, destierro y sentido lúdico, y sobre todo como herramienta para interrogar la existencia. Por su parte, el lenguaje de Cameron lleva la marca del coloquio urbano en un montaje discursivo en el que intervienen nombres de películas, de escritores, de personajes del comic, de ídolos populares, de programas televisivos de dibujos animados. En su poesía se abrazan Leopoldo Lugones y Anita Ekberg; Tarzán se interna con Madonna en la jungla y Lesbia y Lucho Gatica bailan hipnotizados por un ritmo lento. (El nombre de Gatica nos alumbra otras vecindades de la poesía de Cameron: el bolero y el tango). Respecto al sarcasmo –ese estilete manejado con maestría por Cisneros― coincido con el poeta Aristóteles España en la siguiente apreciación: “Cameron maneja un tipo de ironía difícil de encontrar en los poetas chilenos actuales. Desacraliza la realidad, juega con los mitos urbanos, con el tiempo que está detenido en sus lugares personales y que al mirarlo a través de sus ventanas cobra vida independientemente del texto”.

Es indudable que también en sus comienzos influyó la pertenencia en Viña del Mar al Grupo del Café Cinema que integró a inicios de los años 70 junto a Raúl Zurita, Waldo Bastías y Juan Luis Martínez, al que Cameron considera “un maestro”. Se me ocurre que el aporte del autor de La nueva novela (Lihn la calificó de “delirio lúcido”), fue una vocación de experimentar que llevó a algunos vates chilenos a ampliar su horizonte formal. Cameron entre ellos, al plantear en su obra un entramado de préstamos textuales. De este modo, introduce términos en otros idiomas, sentencias en latín, corta palabras arbitrariamente, coloca sangrías internas a modo de pausas, utiliza la conjunción copulativa &, escribe epigramas, poemas que semejan letras de canciones, utiliza locuciones urbanas, arcaísmos (“a fuer de”, “deste”, “aquestos”, “do estuve”) y con gran originalidad desdobla algunos textos abriéndole una ventana, ya que por medio de una llamada coloca otro poema haciendo las veces de nota al pié. También practica simulacros de identidad: un remedo, “Imitación de Pavese”, y un traspaso de voz en el título de uno de sus volúmenes: Versos atribuidos al joven Francisco María Arquet ―en alusión al rol del gran filósofo, abogado e historiador que adoptó el seudónimo de Voltaire y sumó a sus dones el de poeta.

Cualquier análisis sobre la obra de Cameron estará cruzado como quedó dicho por el tema del roadmovie, especialmente su exilio en Buenos Aires de 1974 a 1977 y la década 1987-1997 que reúne al refugiado y al itinerante en Suecia. Observando este período último, resulta indudable que su poesía se enriqueció al contacto con las culturas nórdicas, experiencia que el poeta desmenuza en sus Crónicas suecas, en cuyas páginas desfilan: Sonja Åkesson, Tomas Tranströmer, Werner Aspenström, Lasse Söderberg, Sun Axelsson, Lars Gustafsson y Gunnar Ekelöf. Para Cameron, los dos últimos son las voces mayores: “considero a Ekelöf la voz mayor de la modernidad sueca, un poeta cercano al budismo zen que introduce elementos nuevos del discurso y su queja social lo lleva a burlarse del estado de bienestar ―la administración pública se fue convirtiendo en capataz del mercado laboral. Los primeros versos en sueco que aprendí fueron de un párrafo suyo mientras estaba encerrado en un campamento de refugiados”. Sobre Gustafsson opina: “es el gran poeta sueco de la Generación del 50. De él he traducido un par de baladas y tomado cierta forma rítmica. Sus temas son comunes, actuales, vitales”.

Toda lectura es subjetiva y por ende también la valoración de sus partes. A mi ver, esta Antología “personal” en tanto la selección responde al autor, alcanza sus picos en los libros Perro de circo (1979), Cámara oscura (1985) y Ciudadano discontinuado (2013), que a la vez señalan distintos momentos en la vida de Cameron. Vale decir que su nueva suma poética posee la virtud de condensar sus ejes temáticos: una voz que viene del último en la cola, el marginal, el aguafiestas, el olvidado, el “cabeza de turco” que nos dice con tono de disculpa: “Perdonad el pelaje descastado/ este brillo es de tanto restregarme/ de la baba   la rabia   la patada… salí cachorro/ en la calle me hice perro”. Es la misma voz del migrante que escribe en “Condiciones del refugiado”: Iré/si acaso me reciben como a uno de ellos/sin fijarse en mi paso/si mis ropas no son causas de la burla/ni el manto que me cubre objeto de miradas”. De esos mismos núcleos se desgajan otros como la soledad, una otredad jalonada por rutinas (“De tan iguales tardes/ el crepúsculo repite el estampido/del último suicidio”), las misivas a los poetas amigos presentes y ausentes, las declaraciones de amor y el ojo crítico sobre una sociedad a la deriva. Con remates que estremecen siempre, como ese diálogo con su padre que instala en su poema “Subway”: “Es tarde en Chile/ la lluvia cruza el mundo como fantasma… ya no leas a Shakespeare/ es mía la calavera sobre tu mano/ & el último tren atraviesa tus ojos”.

Esta Antología es ―no podría ser de otro modo― un diario de viaje, más concretamente de extranjería; cuaderno de bitácora de aquel que se busca a sí mismo mientras recorre ciudades de extraños nombres; un poeta con el nomadismo grabado en las entrañas que sigue escribiendo una obra destacada y reconocida en el mapa de la poesía latinoamericana. [Prólogo al libro Juan Cameron. Antología, que publicará en breve el departamento de ediciones de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina].

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JORGE BOCCANERA [Bahía Blanca, Argentina, 1952]. Poeta, dramaturgo y ensayista. De sus libros de poesía merecen destacarse: Contraseña (1976), Poemas del tamaño de una naranja (1979), Música de fagot y piernas de Victoria (1979), Polvo para morder (1986), Zona de Tolerancia (1998) y Bestias en un hotel de paso (2001).

Tres poemas de Juan Cameron

Perro de circo

Ningún perro de circo mueve la cola
si el chambelán ordena despliegue
Los bufones saldrán a la pista
La reina maga volará en el trapecio
como por un castillo de film
sin red protectora para sus prótesis
El charlatán de turno abrirá las compuertas de la risa
cientos de payasos vomitará la calle
a este recipiente sin sangre
a este recipiente de arena
En realidad ya no hay mandrágoras
ni dragones     ni unicornios
Ningún perro hará declaraciones a la luna
los perros      ya no creen en la luna.

Viejo Hotel de Inmigrantes

Toda la noche pasaron policías y ratas
La cama de cemento no ablandaba sus pasos
Donde carga y descarga el sentimiento había orines
La noche del exilio fue más dura que cárcel
Toda la noche pasaron por la puerta de entrada
agiotistas de sorna      rastacueros del miedo
Una canción fue muerta al final de la fila
por un sol escondido tras el comando en jefe.

Subway
Padre   no leas a Shakespeare
hay estatuas en el Metro   la Pietá
sostiene los huesos del suicida
Esta telenovela no es Hamlet
ni mis somnolientos pasos
tremolan la Venus metropolitana
bajo las venas metropolitanas

Padre   es tarde en Chile
la lluvia cruza el mundo como fantasma
la cultura son rieles   los ángeles
tronan las trompetas en los túneles
azules del ocaso   es tarde   es tarde
la inflación ha causado demasiadas bajas en la tierra de nadie
& yo te lanzo frases
misiles u oraciones después de los ataques
una columna de fantasmas mis palabras
ladridos en ladrillos se deslizan
bajo el neón vernacular

Padre   no leas a Shakespeare
alza tus ojos a los ángeles ateridos de tedio
ángeles subterráneos liberados de pájaros & flores
esperando la daga celestial   la paloma
descendida a la tierra precaria   a la oscura
en el sube & baja de las escaleras mecánicas

Padre   en cuál estación
en cuál tren
dónde?
Las estatuas son ángeles   caminan   salen de las cloacas   bailan
arriba hay un mundo   dicen
Padre   alza tu vista
súbeme en tus párpados   besa esta frente
Es tarde en Chile
es tarde
Quiero ver los días anteriores
quiero la sal del aire alcanzarla
Padre
ya no leas a Shakespeare
es mía la calavera sobre tu mano
& el último tren atraviesa tus ojos.

Los despechados
Porque ya no nos aman con el furor de antaño
no nos abren el alma están abandonadas
por toda la república se les hielan las piernas
las malignas las náufragas las palurdas las ciegas

Porque ya no nos aman con el furor de antaño
ensuciamos las ropas militando en el vino
nos vamos arrugando como gato en acecho
de una Alicia cualquiera

Porque ya no nos aman porque ya no nos aman
el mundo se despuebla   se descapitaliza
las muchachas se duermen marchitando la noche
sin saber que el sol nuestro es más largo
/en invierno

Porque ya no nos aman el mundo se despuebla
porque ya no nos aman con el furor de antaño.


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