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Letras vueltas

 Si el poeta eres tú | En julio, René Rodríguez Soriano regresa a Santo Domingo | Noam Chomsky: “A cambiar el nuevo orden mundial” | La verdad a cualquier precio | Claves para leer las novelas bíblicas | García Lorca no estaba en Urquinaona | Ventanas indiscretas | Claudia Piñeiro. “En la soledad del poder, lo que te calma puede venir del lado de la magia” | Arte supremo de un gran novelista | La desertificación engulle 23 hectáreas por minuto | ¿Prohibir las armas nucleares o la arrogancia de EE. UU.? | El diario de un loco – Lu Sin| La música de las palabras.

René Rodríguez Soriano vuelve a jugar al sol en Santo Domingo

Santo Domingo, RD. Julio, 2017- Sin una pizca de rencor y dispuesto a jugar al sol, René Rodríguez Soriano regresa este verano a Santo Domingo. El autor cubrirá una apretada agenda de encuentros y lecturas relacionadas con el lanzamiento de sus libros más recientes No les guardo rencor, papá y Jugar al sol (más de 13 historias…).

Rodríguez Soriano, quien ha tenido desde principios de este año una destacada presencia editorial con la salida de al menos siete volúmenes relacionados con su obra, iniciará su recorrido en la capital dominicana con una presentación de sus textos narrativos el sábado 15 de julio en la Librería Mamey de la Zona Colonial. Para el miércoles 19 de julio está pautado un encuentro con su colega Miguel Ángel Fornerín en la Sala Aída Bonnelly de Díaz del Teatro Nacional para el lanzamiento de las obras Antología esencial del cuento dominicano y Para leer a René Rodríguez Soriano (sin maestro).

Procedente de Houston, Texas, el escritor estará en el país del 12 al 19 de julio para realizar una serie de lecturas y coloquios con estudiantes de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), UNAPEC y otros centros educativos.

Sobre las obras que presentará en el país el autor oriundo de Constanza, destacan los editores:

No les guardo rencor, papá es una narración emblemática de René Rodríguez Soriano; es un trozo de los duros días de la dictadura de Rafael L. Trujillo. Tres voces, un niño, una joven casamentera y un estudiante universitario dan cuerpo a una especie de coro a través del cual llegamos a percibir los ecos de una historia de terror y mutilaciones. Todo sucede en un pueblito de la sierra, el 14 de junio de 1959 un grupo de dominicanos, acompañados por otros latinoamericanos empeñados en derrocar la sangrienta tiranía trujillista, desembarcan en las montañas de Constanza (Editorial Santuario).

En cambio, Jugar al sol (más de 13 historias de René Rodríguez Soriano), es un volumen que contiene 24 narraciones de Rodríguez Soriano. El mismo fue recopilado y editado por el narrador Máximo Vega, está integrado por narraciones extraídas de los libros Todos los juegos el juego (1986), Su nombre, Julia (1991), La radio y otros boleros (1996), y El nombre olvidado (2013), entre otros (Ediciones Juguete de Madera).

René Rodríguez Soriano es escritor y editor. Ha recibido la distinción del Talent Seekers International Award 2009-2010. De sus libros publicados en todos los géneros destacan: Nave sorda (2015), El nombre olvidado (2015), Solo de flauta (2013), Tientos y trotes (2011), Rumor de pez (Premio UCE de Poesía, 2008), Apunte a lápiz (2007), El mal del tiempo (Premio UCE de Novela, 2007), Sólo de vez en cuando (2005), Queda la música (2003), La radio  y otros boleros (Premio Nacional de Cuento José Ramón López, 1997), Su nombre, Julia (1991), Todos los juegos  el juego (1986) y Canciones rosa para una niña gris metal (1982). Se radicó en Estados Unidos en 1998, desde donde desarrolla una intensa labor de difusión y promoción de la literatura iberoamericana a través de la revista mediaIsla.

Noam Chomsky: “A cambiar el nuevo orden mundial”

Para el intelectual estadounidense, los ciudadanos de a pie tienen un lugar clave en la construcción del futuro. Le asusta que no se le preste la debida atención a la posición de Trump frente al cambio climático.

El mundo arde. Atentados terroristas siembran el temor a diestra y siniestra. No sólo los países europeos sienten el rigor de la violencia irracional, sino que, en los territorios alejados de las cámaras, como en África, el fuego consume las esperanzas de democracia y fraternidad que se tenían con el cambio de siglo. Por supuesto, el terror en algunos casos es capitalizado políticamente por los sectores más recalcitrantes de la sociedad para llegar al poder. Dispuestos a defender sus privilegios, el miedo se ha convertido en una herramienta eficaz. El resurgimiento de la xenofobia, la fuerza de los movimientos antisemitas y neonazis amenazan a quienes aman, creen y piensan diferente. Frente a estos retos, el pensador Noam Chomsky habla de la necesidad de dejar los lugares de confort para construir un futuro decente, pero sobre todo pensar en el medio ambiente como un tema político apremiante. “Los efectos del calentamiento global pronto podrían ser más meridianamente evidentes de lo que ya son. Sólo en Bangladesh, se espera que diez millones de campesinos de las llanuras bajas tengan que marcharse en los años venideros por el aumento del nivel del mar y un clima más severo, lo cual generaría una crisis migratoria que haría que la actual parezca insignificante”, resalta Chomsky en su libro ¿Quién domina el mundo?

Noam Chomsky nació en Filadelfia el 7 de diciembre de 1928. Desde sus primeros años como profesor tomó nombre por renovar la lingüística y ser una figura visible de intelectuales que se oponían a la Guerra de Vietnam. La mayor parte de su trabajo lo ha realizado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, uno de los centros de pensamiento más importantes del Norte Global. Con versatilidad ha tratado temas como la religión, la política internacional, la ciencia y el deporte. También ha sido un crítico acérrimo de los medios de comunicación, como evidencia su libro Los guardianes de la libertad, junto a Edward S. Herman, en el que confronta las líneas editoriales y la forma en que los principales diarios de Estados Unidos cubrieron conflictos bélicos dependiendo de los intereses económicos. A pesar de su avanzada edad, continúa colaborando activamente con los movimientos sociales de campesinos, estudiantes y trabajadores. El Espectador lo consultó para conocer su opinión frente a la coyuntura política y social que atraviesa el mundo.

¿Qué tan peligroso es el resurgimiento del nacionalismo alrededor del mundo?

Muy desafortunado por la forma que está tomando: una alineación de nosotros contra ellos. Si el nacionalismo es una forma de reforzar un sentido de comunidad e identidad cultural, puede ser inofensivo o incluso benigno. Pero no es así cuando es expresión de hostilidad, miedo y amenaza. La historia de esa forma de nacionalismo tiene un registro de horror que no necesita ser revisada.

Frente a este escenario de caos, muchos se preguntan qué sucederá con el Estado, teniendo en cuenta la globalización que tiene lugar al mismo tiempo que la xenofobia…

Actualmente, en las principales sociedades, el poder privado y el poder estatal están estrechamente vinculados. En Estados Unidos, el Estado más poderoso de la historia, las concentraciones de poder privado han tenido durante mucho tiempo una influencia abrumadora en las elecciones y la formulación de políticas, mientras que al mismo tiempo dependen del Estado para sostener su poder y alcance global. Para mencionar sólo uno de innumerables ejemplos, un estudio del FMI encontró que las ganancias de los principales bancos estadounidenses derivan casi por completo de las ventajas que les proporciona la política implícita de subsidio gubernamental llamada “demasiado grande como para caer”.

¿Por qué el miedo desempeña un papel tan importante en la política de hoy?

Hay muchas razones, pero una significativa es el impacto de 30 años de políticas neoliberales. Esto ha llevado al empobrecimiento de la gran mayoría de la población, mientras que la riqueza se ha concentrado impresionantemente en un pequeño grupo y la democracia ha decaído. Siga leyendo Noam Chomsky

La verdad a cualquier precio

Pasolini se dio cuenta antes que nadie de la devastación espiritual que la economía de consumo masivo podría traer consigo.

Porque Pier Paolo Pasolini no tenía miedo de nada, ni siquiera lo tenía de aquello que más puede asustar a un literato o a un artista de las últimas décadas, casi del último siglo: que lo acusaran de retrógrado, de anticuado. La ortodoxia de la modernidad, lo mismo en las artes que en la política, es la celebración incondicional de lo que se considera avanzado, lo contemporáneo, lo más nuevo, lo último. Quizás por eso las artes plásticas han adoptado tan jovialmente los papanatismos de la moda, sin más que espolvorearlos con una capa cada vez más ligera y más atolondrada de intelectualidad, y los dirigentes políticos de todos los partidos encargan directamente sus eslóganes a las mismas empresas de publicidad que incitan a comprar teléfonos o coches. Tienes que asegurarte de que te has hecho con el último modelo de algo, un smartphone o el nombre de un artista o la consigna ideológica que más va a llevarse esta temporada. Y como la velocidad de la moda hace imprescindible y hasta inevitable el olvido, no habrá el menor peligro de que nadie te acuse de veleidad o de incongruencia.

Hace unos años, por ejemplo, la ortodoxia de lo último exigía augurar con impaciente alegría la desaparición de los libros en papel y el triunfo del lector electrónico. El mismo espacio que en esa época dedicaban casi a diario los medios al triunfo inminente de esa maravilla tecnológica lo dedican ahora, sin estupor ni autocrítica, a la sorpresa halagadora de que los libros en papel han resistido a la crisis, a la piratería, incluso a la brutalidad de las autoridades culturales españolas. Durante largos decenios, arquitectos y urbanistas predicaron, y desdichadamente pusieron en práctica, el dogma lecorbusiano de la destrucción de la ciudad, en nombre de lo nuevo: los coches, las autopistas, los centros comerciales eran el porvenir. Ahora cantan las virtudes de los espacios caminables, el transporte público, la mezcla de los usos urbanos, las bicicletas. Bienvenidos sean. Pero el mundo sería ahora algo menos inhabitable si las cabezas pensantes de la modernidad urbana no hubieran actuado durante tantos años como si cobraran directamente de las compañías petrolíferas y los fabricantes de coches.

Los partidos políticos españoles no parece que acaben de enterarse, pero la más abrumadora de todas las ortodoxias, la del crecimiento económico ilimitado y el bienestar definido exclusivamente en términos de consumo, está siendo ya puesta en duda por mucha gente: gente joven, sobre todo, que ve derrumbarse sus expectativas de porvenir y está muy alerta a las consecuencias de una prosperidad cada vez más desigual y basada en la explotación de recursos que no son renovables, en el pillaje, el envenenamiento y la destrucción del mundo natural.

Leídas ahora las palabras airadas de Pasolini cobran una inquietante cualidad de profecías cumplidas. Lo que él vio venir y contra lo que clamó en solitario fue la Edad de la Basura

Ahora ya se corre algo menos de peligro de ser llamado retrógrado o antiguo o nostálgico si no se aprueba con fervor incondicional cualquier novedad que traiga el sello del progreso. En los años sesenta y los primeros setenta, cuando Pasolini alzó en solitario su voz para poner en duda lo que todo el mundo acataba, para denunciar la parte de devastación y de empobrecimiento espiritual que había en el capitalismo de consumo y en la omnipresencia de la televisión comercial, su heterodoxia enfurecía por igual a la derecha y a la izquierda. Era, para unos y otros, para sus adversarios de siempre y sus camaradas de otro tiempo, un retrógrado, una especie de profeta irritante, un defensor de causas no ya perdidas, sino obsoletas, más molesto aún porque ejercía su disidencia en los años deslumbrantes del milagro económico. Siga leyendo La verdad

Claves para leer las novelas bíblicas

La refiguración del hipertexto

Escribir sobre la Biblia y lo bíblico siempre será una tarea difícil. Sin embargo, pidiendo la indulgencia del exégeta, vamos a plantear algunas ideas teóricas que nos permitan pensar de qué manera nos acercamos al ciclo de novelas bíblicas y otros textos bíblicos que conforman un corpus muy particular en la literatura dominicana. Para ello tomaremos como referente los trabajos de Paul Ricoeur basados en una hermenéutica que, a partir del ‘giro lingüístico’, se deshizo de los presupuestos de la heurística romántica que fundaron Schleiermacher y Dilthey.

En “Temps et récit, 1. l’intrigue et le récit historique” (1983), Ricoeur introduce una especie de círculo hermenéutico en el que ve la producción textual en un desplazamiento horizontal (Gadamer) o ‘mundanal’ en tres grandes momentos: la anticipación y organización del plan del texto, que él llama prefiguración; la redacción de la obra, o configuración y, en tercer lugar, la refiguración que realiza el lector.

La hermenéutica de Ricoeur se diferencia de la romántica por dar un espacio a la lingüística y a la narratología y alejar el análisis textual de la intención del autor. Sin olvidar que todo texto fue planificado y que todo autor dirige el sentido de su obra. Este primer asunto podríamos ampliarlo a partir de un acercamiento a “Lectures” de Ricoeur y en “De l’interprétación, Essai sur Freud” (1965) en el que avanza otro desplazamiento hermenéutico del símbolo al discurso, como lo trabaja en ‘La Métaphore vive’ (1975), siguiendo la lingüística de E. Benveniste.

Ricoeur como pensador se sabe parte de una tradición y uno de sus logros ha sido pensar con los otros y pensarse a sí mismo. Lo que implica una revisión de su propio pensamiento dentro de la tradición. Por su parte, lo bíblico también tiene la complejidad de ser textos cuyos orígenes son muy lejanos a los lectores y están reconfigurados desde distintas tradiciones. Ricoeur refuerza la línea de los lectores bíblicos que provienen de una base de fe.

Cuando nos enfrentamos al corpus bíblico que conforman las novelas “El buen ladrón”, “Magdalena”, “El testimonio” de Veloz Maggiolo, Deive y Reyes, a las que podemos agregar las biografías bíblicas de J. Bosch, no leemos estos textos como producto de una tradición en una primera parte del análisis, sino que tomando en cuenta la experiencia del formalismo ruso, las concebimos como textos, como objetos literarios. Dejamos entre paréntesis dos cosas importantes: el sentido trascendente de estos textos, su carga religiosa, su lectura a partir de la fe y la posición en el mundo de los lectores que, desde su experiencia religiosa de base, sacan de ellos la ‘Palabra’, es decir, el mensaje divino.

Cuando Veloz Maggiolo, Deive y Reyes escribieron sus obras se estaba desarrollando este tipo de literatura en Europa, mientras que en América encontramos una mezcla entre novela de corte social y existencial, que podemos llamar el contexto literario y cultural en que se dio la escritura bíblica. Esta es una razón más para que podamos coincidir con la lectura de clave política que realiza Giovanni Di Pietro en “La novela bíblica y el fin de la Era y otros escritos afines” (2010).  Siga leyendo Claves para leer

García Lorca no estaba en Urquinaona

‘La Vanguardia’ descubre que la famosa foto del poeta en Barcelona fue tomada en el Portal de la Pau.

Esta fotografía apresurada de Federico García Lorca es un documento básico de un momento crucial en la relación con Salvador Dalí. De ahí que merezca ser documentada con rigor. Y el rigor ha faltado.

El poeta escribió a mano, arriba a la izquierda, la palabra Urquinaona, reforzada con un punto de admiración. Siempre que se reproduce, el pie de foto indica que fue realizada en la mencionada plaza barcelonesa en 1927. Libros canónicos, como los de Antonina Rodrigo y de Ian Gibson, mantienen intacta esta información. Yo la había dado por buena.

Sospechaba que el edificio que se vislumbra al fondo podía ser la casa Sentmenat (se levantaba entre Ausiàs Marc y la ronda de Sant Pere), pero un día me percaté de que no lo era. Y barrunté entonces si sería el edificio de la España Industrial (se encontraba en el número 6 de la plaza, esquina Roger de Llúria, 1). Así lo creía hasta que recientemente di con la fotografía de tal casa, y deseché esta posibilidad.

Insistí en la pesquisa, al perfilarse ya como un desafío. Un argumento más añadía incertidumbre: el autor de la fotografía. ¿Un fotógrafo callejero en la inhóspita plaza Urquinaona? Nunca hubo allí clientela, a diferencia de la plaza de Catalunya o los aledaños del monumento a Colom.

La fotografía tiene poca calidad y encima el fondo aparece muy desenfocado. Por si fuera poco, las ramas de los árboles ocultan una parte. Pero dos niveles superpuestos de arcos alineados no forman un conjunto común en las fachadas barcelonesas, y se ofrecía como una pista fácil de seguir. De ahí que me inclinara por comprobar si correspondía a la actual sede de la Autoritat Portuària, en el Portal de la Pau, cabe las Golondrinas.

Una buena y nítida imagen frontal de este edificio, al poco de ser inaugurado como embarcadero y restaurante Mundial Palace en 1907, me confirmó que iba bien encaminado. Y lo facilitaba el hecho de que en aquel entonces aún no hubieran sido plantados los árboles, lo que ofrecía una visión clara de la fachada. Para más seguridad, un fotomontaje podía aportar mayor certeza a la teoría. Y así se confirmó, al término de su realización.

García Lorca recién arribado a Barcelona a finales de abril o principios de mayo de 1927, estaba de paso, al proponerse ir presto a Figueres para pasar unos días junto a un Dalí en trance de soldado. Hacía un año que no se veían.

Esta imagen, convertida en fotografía-tarjeta bien realzada con textos y dibujos, fue enviada por correo a Figueres. El significado de lo trazado a mano por el poeta enamorado y transfigurado en “sansebastián” rebosaba alusiones crípticas que sólo ellos podían interpretar. Y en este contexto hay que situar la alusión a Urquinaona reforzada con un signo de admiración; me pregunto: ¿un error o un mensaje? Siga leyendo García Lorca

Animales antiguos de Rubén Lamarche

JOSECARLOS NAZARIO [mediaisla] Animales antiguos es un libro para leer con la mente virgen y despreocupada. Una antología de picaportes de la ciudad antigua. Monstruos cotidianos que devienen monstruos marinos. Leer a Rubén Lamarche es, sin dudas una mirada a los abismos, a la parte subterránea de la Nueva York chiquito antes de ser.

Un adolescente con cara de perro dingo te toca la ventana para decir “Cristo te ama”. Estás en el centro del desastre: un tapón de la Kennedy con Lincoln. Te agarra leyendo a Rubén Lamarche y sus Animales antiguos. Te dejas rasgar por sus imágenes. Te olvidas de todo para entrar en todo. Dejas al cristiano al costado de las cosas y te sumerges.

Con la música entretejiendo un hilo entre la historia y el sabor de la historia. Con frases largas y ritmo disruptivo, Rubén Lamarche mira a las costuras con una luz bañada en surrealismo. Sus ecosistemas comentan nostálgicos la falta de tiempo para la nostalgia. En Animales antiguos la prosa es también parte de la fauna. Los personajes están abiertamente tocados por la desdicha y sin embargo el color y sus miradas son terriblemente mágicas.

Una antología de picaportes de la ciudad antigua. Monstruos cotidianos que devienen monstruos marinos. Criaturas aplastadas por el medio ambiente que alimentan en el desaliento. Violencia hermosamente narrada. Barrio, droga, miedo y música que canta un detective cansado, un bólido rabioso, un parroquiano en cualquier bar cool de la ciudad colonial.  Con el filo cristalino de los ojos borrachos en el pulso, con la destreza de quien ha devorado todos los libros naufragio tras naufragio. Cuentos desde la tela de araña del mostrador de un colmado en Ciudad nueva. Desde la interzona. Los colores que despliega Lamarche son distintos en intensidad y tonos. La realidad permeada por las cosas que son un poco más ciertas. La herida de lo cotidiano cosida a pulso con ritmo bárbaro.

Animales antiguos es un libro para leer con la mente virgen y despreocupada. Uno que le cuenta a su amigo cómo están las cosas en casa después de su muerte. Un dolor en el costado. A su vez un juego interesantísimo de miradas, de luces y sombras proyectadas en seres de cualquier presente. Reflejando en la mano la lumbre de un viejo fuego alrededor del cual ya nadie quiere bailar.

Leer a Rubén Lamarche es, sin dudas una mirada a los abismos, a la parte subterránea de la Nueva York chiquito antes de ser. Es mirar al cuarto oscuro buscando siempre ganas de seguir. Mirando, lijando, rompiendo tradiciones desde la tradición. Se asoma al espejo de la lluvia, a la soledad del vendedor de friofrío, a cualquier espacio en que las cosas permitan hacer música. Historias sobre la evasión del tedio y del silencio aterrador de las palabras cuando no son música. Haciendo espacio a los seres mitológicos: el poder del estilo de un jazzista que escribe. Se mueve entre los objetos y las caminatas, entre las ganas de volver al origen y las horas que pasan. Y escribe las historias como quien enciende un cigarrillo y se deja matar, lentamente por ellas.

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JOSECARLOS NAZARIO es escritor y estratega en comunicación. Su libro Carne cruda fue publicado por Editorial Parábola en Argentina. Ha publicado ensayos y cuentos en libros y revistas nacionales y extranjeros.

Ventanas indiscretas

A veces nos olvidamos que los vecinos siguen ahí, a un par de metros, y que pese a todo se ­cuelan en nuestras vidas lo queramos o no.

Hace poco vi La ventana indiscreta, de Hitch­cock en Netflix. James Stewart, como L. B. Jefferies, es un aventurero fotógrafo que comienza a espiar a sus vecinos tras un accidente laboral que lo obliga a permanecer en una silla de ruedas. La ventana de su departamento da a un patio interior vívido en personajes e historias que él sigue “pasando” de ventana a ventana. Obsesionado con la vida de los otros, cree estar seguro de que uno de sus vecinos asesinó a su esposa y vuelca todas sus energías en resolver el crimen. Dicha obstinación, como en muchos personajes masculinos e impotentes de Hitchcock, funciona como una excusa para no responder a la propuesta de matrimonio de Lisa, interpretada por una sublime Grace Kelly.

Pero más allá de analizar psicoanalíticamente las tramas de Hitchcock, lo que pensé cuando vi esta pelícu­la de 1954 fue en sus similitudes con la experiencia de las redes sociales, especialmente con las historias de 15 segundos de Instagram, en donde nos regocijamos con un voyerismo que es parte del ser humano, pero que ha cambiado las ventanas reales por las virtuales. Si uno lo piensa, no hay muchas diferencias entre una anciana que pasa tardes enteras mirando por la ventana y cualquiera de nosotros refrescando Instagram a cada hora, cómodamente sentados. Pero, claro, suena anticuado, y hasta poco interesante, espiar a los residentes que tenemos cerca cuando podemos husmear un ratito en las vidas de Naomi Campbell o Alexis Sánchez. Y a veces pasa que, así como con los amigos que no están en Internet, olvidamos que los vecinos siguen ahí, a un par de metros, y que pese a todo se cuelan en nuestras vidas lo queramos o no.

Vivo en un edificio de 1929 en el centro de Santiago. El primer piso es una de las galerías comerciales más antiguas del país, que actualmente alberga joyerías, pequeños restoranes, peluquerías, sex shops y cafés con pierna (locales con vidrio polarizado y música fuerte en donde mujeres en minifalda o biquini sirven café). La mayoría de los departamentos de las torres del edificio funcionan como oficina, así que los residentes son pocos, pero se hacen —­nos hacemos— notar.

Arriendo en el último piso, que es una especie de buhardilla con dos departamentos, originalmente destinados a los mayordomos o cuidadores del edificio, y que son más pequeños y baratos. Mis vecinas son una pareja de mujeres, y sus gritos y golpes se escuchan nítidos pese a los 30 centímetros de espesor de las paredes. A veces me río con frases como “Eres weona con w mayúscula”, pero mi corazón se aprieta con los llantos y los pasos decididos y violentos en el piso de madera, pulsos que los tapones para oídos no pueden silenciar. El dramatismo de sus peleas raya la psicosis cuando cambian sus voces, tal como Jack en El resplandor o el mismísimo Norman Bates. Siga leyendo Ventanas indiscretas

Claudia Piñeiro. “En la soledad del poder, lo que te calma puede venir del lado de la magia”

En su novela Las maldiciones, la escritora explora el mundo de la “nueva política”, homenajea a Raúl Alfonsín y a una generación de dirigentes, y abre preguntas incómodas sobre las formas de la paternidad

En un momento de la charla, cuando estemos a punto de entrar en el tema de las supersticiones y las brujas en la política argentina, Claudia Piñeiro apoyará los codos sobre la mesa, se agarrará la cabeza con las manos y, como si hubiera visto algo aterrador en los árboles del Botánico, se lamentará y pedirá cortar la entrevista.

-¿Estás bien?

-Me olvidé?

-¿De qué?

-De devolverle el llamado a Duhalde.

-¿Duhalde?

Sí, Eduardo Duhalde. Ocurre que el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires y ex presidente de la Nación tiene un cameo en la nueva novela de Piñeiro, Las maldiciones (Alfaguara), que se enfoca en el universo de la política para contar la historia de Román Sabaté, el atribulado secretario de Fernando Rovira, un exitoso empresario inmobiliario que decide dejar todo para fundar su partido, Pragma, presentarse a elecciones para gobernador y, como personaje ambicioso que es, en un futuro llegar al sillón de Rivadavia. No es el único personaje real de la política vernácula que aparece en la novela. También incluyó a Ricardo Alfonsín, ya que Piñeiro decidió rendir una suerte de homenaje al ex presidente radical Raúl Alfonsín y a esa raza de políticos que no estaban tan influenciados por el marketing, los gurúes o los focus groups.

Como en todas las novelas de Piñeiro, el germen de Las maldiciones fue una escena. Aquí fue la de un hombre que le hace a otro un extraño pedido. La tensión que genera la propuesta será clave en el desarrollo de esta historia. A partir de ella, la escritora empezó a delinear la psicología de los personajes y a construir el suspenso de una narración coral en la que se abordan tanto la cuestión de la paternidad como ciertos mitos que circulan en el mundillo político, como la maldición de Alsina, esa leyenda que dice que el gobernador de Buenos Aires jamás podrá ser presidente. Maleficio que, para algunos, Duhalde con sus meses de presidencia logró romper.

Pero hubo otra escena, del orden de la intimidad, que llevó a Piñeiro a interesarse por una historia que transcurriera en ese universo. “Un día encontré a mi pareja, Ricardo Gil Lavedra, con los ojos llenos de lágrimas porque estaba viendo el video del cierre de campaña de Alfonsín en el Obelisco, en octubre de 1983. Aquel que dice: ?Y si alguien distraído, al costado del camino, cuando nos ve marchar nos pregunta hacia dónde marchan, por qué luchan, tenemos que contestarle con las palabras del preámbulo: que marchamos, que luchamos, para constituir la unión nacional?’, y empieza a recitar. Te lo digo y se me cierra un poco la garganta”, cuenta la autora. “Me impresionó esa emoción de Ricardo por ver a un líder con un discurso político tan potente centrado en el bien común. Un discurso que sentíamos verdadero frente a otro tipo de líderes, como los actuales, que tienen discursos menos consistentes. Esa conjunción hizo que empezara a escribir esta novela.”

Cuando surgió esa escena en tu cabeza, ¿ya tenías definido que Fernando Rovira fuera político?

Sí, porque venía viendo algo: cuando a alguien, en cualquier partido político no importa cuál, lo ves haciendo ciertas cosas y te preguntás: ¿le habrán pedido tanto a este muchacho? Porque da la sensación de que está haciendo más de lo necesario para apoyar a ese partido o a ese líder. Entonces pensé: ¿hasta dónde uno está dispuesto a hacer determinadas cosas por un partido político?

Rovira tiene connotaciones muy actuales, empezando por el marketing político en la figura de ese asesor, Sylvestre, que se parece mucho a Durán Barba y esa construcción de un discurso con conceptos abstractos. Pero a la vez tiene reminiscencias del menemismo con el tema de las brujas y la superstición de la política. Hay un juego con un pasado que vuelve.

En todo momento quise construir un político que estuviera armado como se arman los nuevos políticos. Mencionás a Durán Barba y esa relación está, porque es al que más conocemos, pero todos los políticos tienen un Durán Barba. Las declaraciones de Daniel Scioli hace unos días, con respecto a su paternidad, parecían escritas por el Sylvestre de mi novela. Era impresionante. Lo que digo es: sí, uno puede hacer una relación directa con Durán Barba porque conoce a Durán Barba, porque Durán Barba es un personaje público y la política que está teniendo éxito en distintos lugares, desde Trump hasta Macron, se maneja de esa manera, pero todos tienen un Sylvestre en las sombras. Con respecto al tema de la magia, en el menemismo estaba claro porque se hablaba abiertamente de eso, pero Perón también tuvo a López Rega. Ahora hay otros conceptos, quizás más cool, que son la sanadora, el guía espiritual, el profesor de meditación. Hoy son palabras que parecen mucho más del orden de la normalidad, son más digeribles, pero no dejan de tener la misma función. En la soledad del poder, donde ya no hay nada que te ayude a saber qué hacer, quizás hay alguien que te calma y que viene del lado de la magia.

En algún punto Sylvestre, con sus focus groups, también funciona de ese modo, con algo más de ciencia, pero trata de entender qué lleva a millones de personas a votar a un candidato.

Todo eso no es magia, porque se supone que detrás hay trabajo, pero hay un punto en que sí tiene que ver con la magia, como estudió Claude Lévi-Strauss en Antropología estructural, entre la magia y el hechicero. La maldición de Alsina funciona en la novela de esa manera. Si todos creen que el gobernador de la provincia de Buenos Aires nunca llegará a ser presidente, a lo mejor no lo votan. Entonces no es que la magia funciona: lo que funciona es la forma de convencer al votante. Y ahí el marketing, la publicidad y los focus groups calzan perfecto. Siga leyendo Claudia Piñeiro

Arte supremo de un gran novelista

LD Technologies Inc. V1.01

A cien años del nacimiento del escritor paraguayo, se reeditan Yo el Supremo e Hijo de hombre y se publican los cuentos de Encuentro con el traidor.

Uno de los efectos del boom editorial de la literatura latinoamericana de los años 60 que este año festeja su cincuentenario favoreció el nacionalismo capitalizador y monopólico. Para cada nación ilustraba en los catálogos y en las librerías cosmopolitas, un novelista best-seller; preferentemente, unos pocos, con tendencia a concentrarse en un solo nombre, como una sola bandera lucía en los mapas políticos coloreados del subcontinente. En el Urupabol, el Benelux de Sudamérica, a Uruguay correspondió Juan Carlos Onetti, a Bolivia acaso el hoy menos recordado Néstor Taboada Terán, a Paraguay, sin duda alguna, Augusto Roa Bastos, cuyo centenario y cuya vigencia festejan este mes de junio la lengua castellana y todas las lenguas, incluso, no sin renuencias de algunos de sus hablantes, el guaraní.

Primer exportador mundial de energía eléctrica y primer importador mundial de whisky, Paraguay es el país americano que protagonizó más guerras internacionales y civiles. En 2011, un presidente de un signo político nuevo, el obispo Fernando Lugo (derribado al año siguiente por un golpe legislativo express) celebró el Bicentenario de una patria que se había vuelto también ella monopólica. El 2% de la población es dueño del 98% de las tierras, y en siglo y medio de historia gobernó casi sin interrupciones mayores, con elecciones y dictaduras, el mismo Partido, el Colorado, el que gobierna hoy, el que había liderado esa concentración terrateniente después de la guerra genocida (1864-1870) en que Paraguay fue derrotado por Brasil, Argentina y Uruguay con connivencia británica.

Estas convulsiones y parálisis bicentenarias atraviesan como tema y problema constante, bajo y alto continuo, los cuentos, los ensayos y las grandes novelas de Roa Bastos: entre éstas, Hijo de hombre (1960) y Yo el Supremo (1974) destacan por sobre las otras cuatro.

En Paraguay, país oficialmente bilingüe, único del mundo donde la bandera tiene dos lados diferentes, el monopolio de Roa Bastos como representante literario exterior parece inconmovible. Con la lucidez sin desfallecimientos que la caracteriza, la crítica, poeta y narradora Montserrat Alvarez observa qué suscita y regurgita Roa a cien años de nacido: “un banquete de epítetos –todos un tanto obscenos– proferidos, para decirlo con la debida pompa, por ‘referentes’: nuestro más profundo escritor / sublime artífice del verbo / trágico paraguayo de úlceras recubiertas por fino papel / devoto artesano de la palabra / paraguayo universal / alquimista titánico del verbo / orfebre de la prosa cintilante. En un juego especular, Roa se mira en Paraguay, que se mira en Roa: una nación, una obra”.

El narrador Javier Viveros no contradice a la editora del Cultural del ABC Color, y dice a Ñ desde Asunción: “Decir que Roa Bastos es la figura señera de nuestras letras es menos un axioma que una verdad de Perogrullo. Nuestro supremo escritor es un faro que abrió caminos a la literatura paraguaya, que la colocó en el mapa, en un lugar de preeminencia. Roa poseyó el castellano en un nivel en el que nadie lo había hecho hasta entonces (tampoco después de él). Solo alguien profundamente enamorado del lenguaje pudo ser capaz de firmar esa monumental obra de brillo cervantino y quevediano como sin dudas lo es Yo el Supremo”. Concuerda José Pérez Reyes, autor de Asuncenarios: “Una vez que pase el ‘trueno’ de su centenario habrá que volver a las ‘hojas’, ir al origen de sus obras más allá del mito”.

Un padre, un parricidio Con sobriedad, con atención al detalle, Carla Daniela Benisz, especialista en el ámbito cultural paraguayo, apunta sobre el autor centenario: “En sus últimos años y ya caída la dictadura stronista, Roa Bastos fue una especie de divisor de aguas en el campo intelectual paraguayo. Su consagración internacional y sus propias declaraciones polémicas alimentaron ciertos gestos ‘parricidas’ por parte de algunos escritores paraguayos que vieron en él el tótem con el cual se debía confrontar. Cuando regresa al Paraguay en los primeros 90, Roa intenta participar activamente de la vida política de la transición y para ello hace valer ese peso de escritor que se había ganado fuera de su país. En ese contexto, Roa realiza un balance pesimista del estado de la literatura paraguaya, que muchos escritores sintieron como una impugnación personal. Sin embargo, más allá de ciertas ambivalencias intelectuales de Roa y su ajuste de cuentas personal, creo que hay ciertas discusiones que él despertó y que la literatura paraguaya todavía se debía. La principal es la de centrarse en el conflicto colonial como factor estructural de la cultura paraguaya y, en consecuencia, de su literatura”. Siga leyendo Arte supremo

La desertificación engulle 23 hectáreas por minuto

La agricultora urbana Margaret Gauti Mpofu está dispuesta a hacer cualquier cosa por proteger la productividad de su tierra en esta ciudad del norte de Zimbabwe. Un suelo saludable garantiza una buena cosecha y suficientes alimentos e ingresos para mantener a su familia.

Todas las mañanas, esta mujer de 54 años camina unos 20 kilómetros hacia su terreno de 5.000 metros cuadrados en Hyde Park, al oeste de Bulawayo, con un balde de 20 litros de estiércol de vaca. Mpofu toma un poco del abono y lo esparce al lado de las cebollas y de las verduras de hoja que crecen en filas todo a lo largo del terreno, irrigado con aguas residuales tratadas.

“No debería estar haciendo esto”, reconoce en diálogo con IPS, señalando los surcos dejados por el agua del riego que corre por la pendiente.

“El suelo pierde fertilidad cada vez que regamos porque corre rápido, llevándose la valiosa capa vegetal superficial. Tengo que agregarle abono constantemente para mejorar la fertilidad; eso mejora mi producción”, explicó.

El trabajo de alimentar la tierra que hace Mpofu es mínimo para luchar contra el gran problema de la degradación de tierras. Pero si todos los agricultores lo replican a gran escala, puede ayudar a recuperar la productividad de las tierras cultivables, que en la actualidad están en peligro por la desertificación y la degradación.

La desertificación obedece al avance de las dunas de arena en tierras cultivables, pero también a las prácticas agrícolas no sostenibles, como los métodos de tala y quema para limpiar la tierra, la incorrecta irrigación, la erosión del agua, el sobrepastoreo, que elimina el pasto y erosiona la capa vegetal superficial, además del cambio climático.

El fenómeno avanza dejando a muchas personas con hambre por la degradación de tierras cultivables, una fuente clave de ingresos y de alimentos en la mayor parte de África.

Más de 2.600 millones de personas viven de la agricultura. La degradación afecta a más de la mitad de las tierras cultivables del mundo, alertó la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD).

Además, señala que se pierden 12 millones de hectáreas de tierras cultivables al año, en las que se podrían cultivar 20 toneladas de granos, por la sequía y la desertificación, mientras 1.500 millones de personas sufren las consecuencias en más de 100 países. Frenar este fenómeno es uno de los problemas globales más acuciantes.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima que África perderá las dos terceras partes de las tierras cultivables si no se frena el avance de la desertificación. Siga leyendo La desertificación

¿Prohibir las armas nucleares o la arrogancia de EE. UU.?

En un contexto de indiferencia casi total, marcada por abierta hostilidad, los representantes de más de cien países de los menos poderosos del mundo están participando en la tercera semana de sesiones de Naciones Unidas con el objetivo de alcanzar una prohibición legal del uso de armas nucleares. Muy poca gente se ha enterado de esto.

¿Prohibir las armas nucleares? ¡Otra vez con eso! Mejor cambiemos de tema.

En su lugar, hablemos de los hackers rusos, de los derechos de los transexuales para usar el baño de su preferencia, e incluso podemos hablar de algo realmente importante, como es el cambio climático.

Pero, espera un momento. El daño a la sociedad y al planeta, ocasionado por el incremento proyectado de unos pocos grados en la temperatura global, aunque comúnmente descripto en términos apocalípticos, sería menor comparado con el resultado de una guerra nuclear total. Adicionalmente, determinar el nivel de responsabilidad del ser humano en el cambio climático ha sido más controversial entre los científicos expertos en el tema de lo que sabe el público, debido al rol de factores como las variaciones solares. Pero el grado de responsabilidad del ser humano en las armas nucleares es indudablemente total. El peligro de la guerra nuclear depende de los humanos, y algunos de esos hombres pueden ser nombrados, como James Byrnes, Harry Truman y el general Leslie Groves. El gobierno de Estados Unidos de manera deliberada ha creado este peligro para la vida humana en la Tierra. Enfrentados a la capacidad evidente y la disposición moral para arrasar con ciudades demostrada por EE.UU., otros países han construido sus propios dispositivos letales disuasivos. Estas armas disuasivas nunca fueron usadas, y por ello, el público se engaña al creer que no hay peligro en el presente.

Pero Estados Unidos, el único poder culpable de matanzas nucleares, continúa perfeccionando su arsenal nuclear y continúa proclamando su “derecho” a lanzar el “primer ataque”, cuando así lo quiera.

Estados Unidos obviamente promueve el boicot a la conferencia para la prohibición de las armas nucleares.

A raíz de una conferencia anterior de este tipo, el pasado mes de marzo, Nikki Haley, la necia embajadora del presidente Trump ante las Naciones Unidas, encubrió sus pálidas justificaciones con un manto de femineidad: “Como madre e hija, no hay nada que desee más para mi familia que un mundo sin armas nucleares”, dijo con total descaro. Y agregó: “Pero tenemos que ser realistas. ¿Quién puede creer que Corea del Norte apoyaría una prohibición de armas nucleares?

Bueno, sí. Hay mucha gente, que obviamente ha pensado más en este tema que Nikki Haley y que analizan que Corea del Norte, cercada por las agresivas fuerzas estadounidenses durante siete décadas, considera que su pequeño arsenal nuclear es disuasivo, y que ciertamente renunciaría a él a cambio de que finalizara la amenaza estadounidense.

Corea del Norte es un país muy extraño, un heredero del “Reino Ermitaño” de la época medieval, con una ideología forjada en la resistencia comunista al imperialismo japonés del siglo previo. Su extremadamente excéntrico liderazgo usa la tecnología avanzada como una imitación de la Gran Muralla. Un acuerdo de paz entre Corea del Norte y del Sur resolvería el problema.

Es absurdo decir que la amenaza de guerra nuclear proviene de Pyonyang y no del Pentágono. Se exagera la “amenaza” coreana para hacer creer que el arsenal nuclear estadounidense es “defensivo”, cuando en realidad es exactamente lo opuesto. Siga leyendo ¿Prohibir las armas o la arrogancia?

El diario de un loco | Lu Sin

[Cuento clásico de la semana en Ciudad Seva, seleccionado por Luis López Nieves. El diario de un loco, por Lu Sin (1881-1936), destacado autor chino del siglo XX, considerado el padre de la literatura china moderna.

El diario de un loco

Dos hermanos, cuyos nombres me callaré, fueron mis amigos íntimos en el liceo, pero después de una larga separación, perdí sus huellas. No hace mucho supe que uno de ellos estaba gravemente enfermo y, como iba de viaje hacia mi aldea natal, decidí hacer un rodeo para ir a verlo. Solo encontré en casa al primogénito, quien me dijo que era su hermano menor el que había estado mal.

-Le estoy muy agradecido de que haya venido a visitarlo -dijo-. Pero ya está sano desde hace algún tiempo y se marchó a otra provincia, donde ocupa un puesto oficial.

Buscó dos cuadernos que contenían el diario de su hermano y me lo mostró riendo. Me dijo que a través de ellos era posible darse cuenta de los síntomas que había presentado su enfermedad, y que él creía que no había ningún mal en que los viera un amigo. Me llevé el diario y al leerlo comprendí que mi amigo había estado atacado de “delirio de persecución”. El escrito, incoherente y confuso, contenía relatos extravagantes. Además, no aparecía en él fecha alguna y solo por el color de la tinta y las diferencias de la letra se podía comprender que había sido redactado en diferentes sesiones. Copié parte de algunos pasajes no demasiado incoherentes, pensando que podrían servir como elementos para trabajos de investigación médica. No he cambiado una palabra a este diario, salvo el nombre de los personajes, aunque se trate de campesinos completamente ignorados del mundo. En cuanto al título, conservo intacto el que su autor le dio después de su curación. Siga leyendo El diario de un loco

La música de las palabras

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