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Una carta de amor, o no sé qué

GERARDO CÁRDENAS [mediaisla] Ha llegado incisivo el volumen «Había mucha neblina o humo o no sé qué», de Cristina Rivera Garza, un brillante y lúcido ensayo sobre la literatura y la persona de Rulfo. Es, a mi modo de ver, una carta de amor a las letras de Rulfo.

El centenario de Juan Rulfo está removiendo tantos fantasmas —empezando por el del autor— que se nos van a quedar chicos Comala y Luvina para darles alojamiento.

Entre esos fantasmas, está el del discurso semioficial y masificado a la manera de talking points sobre la literatura y la persona de Juan Rulfo. A saber:

  • A Rulfo le ‘ayudaron’ a escribir y editar Pedro Páramo y El llano en llamas;
  • No volvió a escribir porque se asustó de su propio éxito;
  • No era rival de Octavio Paz, al contrario, Paz hablaba bien de él;
  • Sí era rival de Octavio Paz, que lo criticaba, que no podía verlo.

Y así. Nueve de cada diez artículos que han circulado en torno a Rulfo y su centenario, y la trascendencia de su obra en las literaturas mexicana, latinoamericana y universal, utilizan alguno de esos puntos o variaciones sobre esos temas.

Para crear mayor confusión hay una fundación que ha querido asumir un tono oficial, y ha querido apropiarse —mis participios son intencionales— de los festejos y del discurso, ha querido ser dueño de las palabras que pueden y no pueden decirse sobre Rulfo, casi de la misma manera que el viento maligno de Luvina mataba en la garganta las palabras de la gente.

La ironía que tal vez se nos escape es que se ha escrito, y se seguirá escribiendo, sobre Rulfo mucho más que lo que el propio Rulfo escribió. Eso es una clara señal de la importancia y trascendencia de su literatura y, poniéndonos frente al diván, quizás resulte evidencia de la angustia de muchos que escriben y entienden que jamás lograrán en miles de páginas lo que Rulfo consiguió en las menos de 400 páginas de sus dos libros, combinadas.

En ese panorama ha llegado incisivo el volumen Había mucha neblina o humo o no sé qué, de Cristina Rivera Garza (Literatura Random House, México, 2016), un brillante y lúcido ensayo sobre la literatura y la persona de Rulfo. Es, a mi modo de ver, una carta de amor a las letras de Rulfo, y a las circunstancias que las gestaron, al escritor que recorrió incontables pueblos y senderos, que subió montañas, que escuchó voces en muchas lenguas, que supo oír, y que luego vertió todo en dos libros irrepetibles que definen y describen la literatura mexicana del siglo XX con más peso, fuerza y trascendencia que cualquier otra obra en novela, cuento, poesía, ensayo, o teatro.

Rivera Garza no se abstrae de la polémica en torno a Rulfo —de hecho— su libro ha sido objeto de fuertes críticas de quienes han querido apropiarse del discurso sobre Rulfo; en vez de eso, pone a Rulfo en un contexto histórico, social, político, económico que facilitan, que ayudan a entender (aunque no expliquen) las claves que llevan a la creación literaria.

Si pudiese resumir en unas palabras lo que explica Rivera Garza, diría esto: Rulfo fue ante todo un viajero, un caminante, un hombre que miraba y escuchaba con atención, un hombre inmerso en un país que quería hacerse moderno, que quería dejar atrás no sólo los fantasmas de lo rural, sino especialmente los fantasmas de las guerras (Revolución y Cristiada), que quería desviar el curso de los ríos para desviar el curso de la historia, que quería arrinconar las otras lenguas.

Rulfo fue también un trabajador, un hombre que participaba en proyectos, una rara avis en un ámbito donde rápidamente se co-optaba a la clase literaria y se la hacía entrar en una dinámica de toma y daca, de favores y cobranzas, en un discurso de lo permitido y lo permisible.

Y si en el primer contexto, Rulfo ofrecía un reflejo de un México que la oficialidad quería abandonar o sólo exhibir como histórico, vernáculo, folclórico, en el segundo Rulfo se convertía en un ser indescifrable, un visitante incómodo, un pariente cercano y raro del que se habla pero al que no se mira a los ojos mucho en reuniones familiares.

En torno a ese Rulfo, y en torno a esa transformación de la nación y la literatura mexicanas, una visión de país, que Rivera Garza critica con agudeza y que es un país donde el centro neurálgico se congestiona, y donde la periferia se puebla de fantasmas y silencios.

Rulfo se hace Rulfo en un mundo “caracterizado por un gran auge económico con base en las exportaciones de materia primeras que contribuyó al crecimiento pero no necesariamente al desarrollo y el bienestar de la población del país. Poco a poco y de manera inexorable los pueblos de la provincia mexicana, los pueblos del así llamado interior, especialmente aquellos con población indígena, se fueron quedando sin gente o sin recursos naturales. Algunas comunidades fueron desalojadas de sus lugares de origen para abrir sitio a las obras de infraestructura que requería el flujo de mercancías y de capital: una presa, un puente, una carretera. Algunos pueblos fueron diezmados por la negligencia gubernamental. Otro más, por la represión del Estado. Pronto muchos de esos poblados se convirtieron en fantasmas de sí mismos. Libros vacíos. Las ruinas de un mundo por venir. Estos páramos. Vueltos nómadas migrantes, esos pobladores rurales llegaron a las periferias para conformar las muchas ciudades que siempre ha sido la Ciudad de México”.

Esto no lo dice, creo, Rivera Garza pero lo digo yo: ¿cómo no leer en Rulfo la profecía de lo que vendría, cómo no ver en esos pueblos cargados de fantasmas, de rencores vivos, de odios y de silencios, el germen de la violencia actual, de los espacios robados por el narcotráfico y por los grupos armados, la locura de la imparable migración, el creciente deterioro de las ciudades?

Rulfo sigue siendo un profeta, aunque lo denuesten. Rivera Garza nos lo humaniza, nos lo hace tangible. Y es, insisto, una carta de amor.

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GERARDO CÁRDENAS, escritor y periodista mexicano y reside en el área de Chicago. Su más reciente publicación es Diáspora. Narrativa breve en español de Estados Unidos publicado por Vaso Roto Editorial (2017).


Comments (1)

  • Maricruz Patiño

    Muy buena reseña del contenido del libro de la autora sobre Rulfo, nos invita a ser leído, por el análisis de ese México que entre líneas es el fundamento del México que vivimos hoy.

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