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PoemaRío 2017, Río y Mar de palabras y emociones

RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO [mediaisla] En julio 2018, otra vez, voces de Chile, Argentina, Eslovenia, Panamá, Nicaragua, Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico y, por supuesto, de Colombia y otros contornos volverán a soltar sus potros en las sedientas noches de Barranquilla.

Plaza de la Aduana, 26 de julio. Diez años después, muchos de los que estuvimos aquí la memorable noche del 9 de julio de 2008, en la que bajo la consigna «A más poesía, menos policía», Aníbal Tobón dejara inaugurada la primera edición de PoemaRío no pudimos disimular el orgullo de hacer parte de esa «felicidad clandestina» que, año por año y desde entonces, se apropia de Barranquilla, su gente y sus espacios.

Es mi tercera vez aquí. En esta ocasión, aunque sé que ni Aníbal Tobón ni Alberto Rodríguez Tosca estarán para abrazarlos e intercambiar quién sabe cuántas miradas y picardías, salgo a las calles artillado de esperanzas, con la mochila abierta, repleta de palabras.

Sin lugar a duda, en cada una de sus diez convocatorias el Festival Internacional de Poesía en el Caribe crea un hervidero de sensaciones y emociones que se desbordan por las cuatro esquinas de Barranquilla. Poetas internacionales, nacionales y locales, confundidos con un cada vez más ferviente grupo de seguidores, generan una corriente de energía única, una verdadera bacanal de la palabra.

«Día a día y noche a noche ―como dijera la reseña de El Espectador hace diez años―, la ciudad se vació de policías. La poesía lo llenaba todo, lo copaba todo; no faltó ni un rincón de Barranquilla que no se llenara de magia y de asombro».

En cada plaza, en cada convocatoria, un mar de gente se dio cita con el río de palabras que liberaban los poetas.

Para Miguel Iriarte, cabeza visible del Comité organizador del Festival, luego de cinco días en que la poesía y los poetas transitan e interpelan la ciudad y sus espacios, “queda la sensación de una inmensa gratitud”.

“Este año, como en todos los anteriores, no tuvimos la necesidad de aplazar, suspender o reprogramar ninguno de los más de 27 eventos programados oficialmente, sino que pudimos realizar dos eventos más de los programados. Todo se cumplió como estaba previsto. Y de esto caí en cuenta porque más de un poeta invitado me lo hizo notar elogiando el modelo organizativo del festival, la calidez y la amabilidad general en el trato. Y algo más para lo cual uno quizá no alcanza a tener la suficiente distancia y lucidez para percibirlo, pero que fue un comentario muy recurrente en diversas voces de poetas invitados y personas asistentes: la sensible calidad de los poetas participantes. Esto es en realidad muy gratificante”, concluye.

Uno de los invitados internacionales, el neoyorquino Robert Sawyer, honrado de hacer parte del evento reconoció sentirse impresionado no sólo por el número de poetas participantes en el evento, sino por la calidad del conjunto. “Esta es una gran oportunidad para muchos poetas y desafortunadamente no hablo español, porque si lo hiciera, estaría en el cielo. Hay muchas personas para conversar acerca de la poesía, que viven de eso y saben además del género”.

Para Sergio Rodríguez Saavedra, poeta invitado por Chile:

“Barranquilla es una ciudad todavía a escala humana de Colombia, donde poetas de diferentes partes del mundo pueden leer en plazas y colegios, hacer que este mundo parezca sentir lo que piensa o reflexionar sobre las sensaciones que deja la calle. Esos encuentros con acción y palabra son nutricios para un autor que, desde el extremo sur del mundo, en un invierno con frío y nieve, viene a llenarse de ese calor con el cual se construye el lenguaje. Demás está decir que sólo participar de las actividades es una experiencia inolvidable, llena de estímulos positivos, ésos que tañen las emociones que nos hacen escribir”.

“¡Han sido 10 años de mucho Mar y mucho Río es tiempo de seguir río arriba!”, destaca Kell Pozo, quien al frente del grupo de apoyo logístico ha tenido sobre sus hombros la encomienda de poner colores, matices y sonidos… “sobre todo, consentir a los poetas” para que cada PoemaRío sea memorable tanto para la ciudad como para los poetas invitados.

“PoemaRío es un evento de esos que subsiste como una brisa alentadora que ya casi no alcanza refrescar el desértico ambiente cultural de la ciudad de Barranquilla. Que un grupo de soñadores pueda seguir llevando a cabo este evento, es asombroso y de paso, provee un poco de sombra a esta ciudad que habito”, confirma Mónica Gontovnik, poeta barranquillera.

Para el nicaragüense Francisco Larios, el hecho de coincidir poetas de, Eslovenia, Chile, el Caribe y otros lugares del mundo en este punto de la Colombia del Caribe, es algo más que una mera coincidencia:

“No ha sido solo el espectáculo glorioso de seres humanos reunidos en una conspiración de paz y belleza mientras el mundo coquetea morbosamente con la catástrofe. Más que todo, ha sido el brillo de la esperanza en los ojos ilusionados de los colegiales para quienes el festival es —lo sabrán de verdad un día— una bendición, el abnegado esfuerzo de los voluntarios, los dulces acentos musicales que Estefanía plantó en nuestro camino, y por supuesto, la magia de mi cuarto embrujado, donde el agua de la ducha empezaba a correr cuando se abría el lavamanos. ¿Qué más puede uno pedir?”.

Para Carolina Zamudio, de Argentina, este décimo encuentro tiene su encanto:

“Luego de algunos años de contar con la suerte de ser parte de él, no dudo en decir que el Festival Internacional de Poesía en el Caribe genera un deleite intenso de cinco días que va mucho más allá. Superada la caída posterior a la fiesta (si alguien no la hubiera tenido que por favor dé el primer testimonio), comienza la comprobación de que la familia PoeMaRio es para siempre. La edición de este año no rompió la regla. Tratándose de su décimo aniversario, el festival le mostró a Barranquilla y a ese mundo sin fronteras de la poesía que está fuerte y sano. Sus creadores, grandes poetas y amigos, año a año me hacen seguir creyendo en esta religión de incrédulos. Así siga siendo”.

José Zuleta Ortiz, de Cali, con escasos trazos lo envuelve todo, lo revuelve y a puros pincelazos nos devuelve una fina imagen del encuentro y de esa felicidad sin melindres que provoca en la ciudad el grupo de conjurados que, por fortuna, durante cinco días se alojan en el legendario Hotel Génova.

“El Hotel Génova en Barranquilla está una zona poblada de moteles y residencias, lugares para urgencias amorosas, refugio de una incontenible “felicidad clandestina”.  Allí en medio del asedio de dichas ocultas, el Génova resiste con su antigua dignidad, sus lámparas de alabastro, sus pisos de mármol y la forja de su escalera. Para la canícula un jardín y una piscina. En el comedor, al amparo del aire que nos lleva de 37 grados a 20 con solo franquear una puerta, nos fuimos conociendo los poetas de PoemaRío 2017. Tratados con un afecto profundo y sobrio como el que se le tiene a algo que se valora de verdad vivimos cinco días de dichas y placeres. Bajo la sosegada voz de Miguel Iriarte y la amorosa presencia Tallulah Flores, nos reunimos noche a noche para gozar las palabras. Gracias por brindarnos la dicha de esos días, por permitir que la poesía viva. La poesía, esa urgente felicidad clandestina”.

Algo que en cierto modo confirma, de manera concluyente Luis Fernando Macías, de Medellín:

“PoeMaRio es un encuentro íntimo con la poesía. La naturaleza misma del festival permite la camaradería entre los poetas. Gracias a los anfitriones, a la ciudad y a la calidad de los poetas invitados, la vivencia de la poesía que allí se da es de orden superior; se aprende de los otros y se vive la hospitalidad de una ciudad amable. Deseo que este festival siga siendo brillando desde el Caribe colombiano, por el bien de la poesía y del lugar ganado en la cultura del país”.

Entre los dedos y entre un abrazo y otro quedan las imágenes y las palabras; han pasado diez años y el mar Caribe y el Río Magdalena siguen. PoemaRío sigue. En julio 2018, otra vez, voces de Chile, Argentina, Eslovenia, Panamá, Nicaragua, Estados Unidos, República Dominicana, Puerto Rico y, por supuesto, de Colombia y otros contornos volverán a soltar sus potros en las sedientas noches de Barranquilla.

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RENÉ RODRIGUEZ SORIANO, escritor


Comments (1)

  • mery sananes

    MÁS POESÍA MENOS POLICÍA

    Cuando conocimos inicialmente la convocatoria a PoemaRío en Barraquillas, Colombia, a través de la presencia en ella de RRS, escribimos esto: “Qué maravillosa noticia. Si a alguien le puede corresponder ese título de Río y Mar de las palabras, es a RRS. Porque ese ha sido su recorrido por las letras.

    Una travesía que nunca concluye en la última página ni en el último libro. Se sigue extendiendo en el lector, pero también en el autor, que sabe que aún hay muchas imaginerías para echar a andar en ellas esos arroyos que después de convierten en ríos caudalosos y verdaderos océanos de poesía, Celebramos esta nueva actividad y tenemos la certeza que navegando en El Caribe, la voz se hace más sonora que nunca.”

    Hoy, al leer la nota que el mismo RRS hace de esa actividad, no hacemos sino corroborar la magia de la poesía, la fuerza del río de palabras que allí se derramó y la consistencia y logros de una esperanza, una ilusión bordada en las alas de la poesía y los poetas.

    Esta reseña deja un sabor de agua dulce en el paladar, unas ganas de ser río, verso bullanguero que esparza alegrías, que testimonie el dolor y que se siembre en los cauces arteriales del mundo, como una propuesta de no acabar con ese torrente, hasta que la poesía pernocte en cada casa.

    La nota de RRS da cuenta del acercamiento, la amistad, la afinidad que la poesía genera y que tanto quisiéramos que se extendiera a una sociedad de hermanos, trabajando conjuntamente en labores de belleza y libertad.

    En su recuento, RRS nos narra ese primer encuentro del año 2008, cuando quedó inaugurada la primera edición de PoemaRío, al cual asistió, sin poder “disimular el orgullo de ser de esa «felicidad clandestina» que, año tras año y desde entonces, se apropia de Barranquilla, su gente y sus espacios.”

    Y da cuenta de un fenómeno al cual hay que prestarle toda la atención. Durante diez años se ha producido este encuentro. Y que la poesía mantenga vivo su fuego y que en torno a ella ya haya un público que le da prioridad a su participación en esos eventos, es algo que causa asombro y algarabía, en medio de un mundo que se siente cada vez más alejado de todo lo que tenga que ver con la propuesta poética.

    Festejamos esta magnífica nota de RRS quien, como siempre, recoge con creces esa felicidad clandestina, ese río de palabras que llenó esos lugares de manera inolvidable.

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