Razones para que no exista el olvido Reviewed by Momizat on . Rating: 0
You Are Here: Home » En su tinta » Razones para que no exista el olvido

Razones para que no exista el olvido

[Conversación imaginaria con René Rodríguez Soriano, a propósito de su libro «El nombre olvidado»]

MARIO DE SAN JUAN [mediaisla] El autor, guiado por la cábala del número 13 o seducido por los trece nombres propios atraviesa el texto, y lee. Se lee. Trata de contarnos una historia o las infinitas trece historias que René Rodríguez Soriano deja de contar en «El nombre olvidado».

Sade

“La soledad es un territorio vasto y pleno de matices que sólo podemos ver los que aprendemos a descifrar los códigos y símbolos que adornan las paredes de las tardes sin fondo”[i]… Esta es la clave para entender este texto, y no disgregarnos persiguiendo lo que no está contenido en el mismo. Diremos, de manera muy sincera, que la nostalgia no mata; mas el mal de la soledad, sí. Cuando nos adentramos en la historia que nos relatas, es como irse de viaje por tu imaginación. ¿Hacia dónde? Con la destreza del hilandero, ofreces una visión certera de la ruptura, montándonos en un tren atiborrado de recuerdos que has puesto en marcha con nosotros sentaditos dentro. Debo precisar que, siempre hay una partida, forzosa o voluntaria. Continuamente estamos en tránsito, sea retornando o yéndonos. Fíjate a qué me refiero. Los personajes son quienes nos comunican con la ida, que es la trama, el objetivo de la narración. Este fotógrafo, elegido para transmitir las imágenes reales (o ficticias y trágicas, según se las vea), nos conecta con su inframundo: surge la necesidad de traslado a enfrentar otra realidad. El deber por la vida llama, que es lo normal. Quien se va, produce una consecuencia inevitable: atrás queda la razón del apego, esa fijación que se va con nosotros adondequiera. Por esta circunstancia tan especial es que nadie se va entero, alguna fracción se deja atrás, y esta es la vinculación con el suicidio, u otras resultantes no deseadas. Aquí mencionaré algo que dijera alguna vez sobre tu narrática: “Uno entra a su juego pensando que realmente es eso: un juego; pero resulta que no es un juego nada, sino una trampa. Y una trampa muy bien orquestada. Ocurre que, uno va identificándose con la trama, le va tomando confianza al personaje y anda con él por todo el texto, para luego caer en cuenta de que solo fue un ardid del cuentero, que uno fue conducido de la mano impunemente, adonde él quería”[ii]. Con estos atinados recursos, propios de tu exquisita forma de contarnos las buenas y las malas, nos pones a mirar por una ventana ideal y no, a través de la cual, deseas que participemos en la tragedia concretizándose. Es mi punto de vista, ¿no?

Juana

Para mí, desarrollas la historia en tres planos limítrofes. Primero, el personaje hace un delirante ejercicio de memoria, catapultándose y retrotrayéndose, para ofrecernos ángulos nostálgicos de un pasado que se niega a relegar. Esa manifestación sentimental colinda con mi segunda perspectiva. Por la otra parte, los vínculos familiares y amistosos tiran desde el fondo, por salir (por eso los retornos al primer plano). Estos han sido suplantados por las ruedas del progreso, trepidante, sistemáticamente moliendo la continuidad de la otra realidad: la esencia del ser, su historia, su herencia. En la tercera vertiente, lo vivencial y escritural se conjugan para hacernos cómplices de la invención femenina, transfiguración que nos aproxima el gran narrador que eres. Ese juego de planos nos va situando en el espacio que tú has prefigurado: aproximarnos a tu juego. Lo entiendo muy bien, es tu estructuración creadora, tu óptica sobre la belleza. Otro aspecto a destacar es que, el personaje es modelo, cronista y fotógrafo de su propia trama a la vez. A viva voz, este nos va relatando un pasado, el cual nos va sometiendo a su rigor. El entrecruzamiento de planos lo manejas de manera excelente, para que adquiera sentido el concepto de verosimilitud en la historia. Es un planteamiento estético ideal para filtrar la añoranza, esa vivencia irreemplazable, porque es imposible ser sin arraigo, aunque pretendan sumergirnos en la realidad más posmoderna que sea.

Amalia

Amalia es un fino juego con el olvido. O mejor, un desafío a la memoria, per se. En este texto, breve por demás, te retas a retrotraer escenas de viajes, no necesariamente a otros pueblos o países, sino a la experiencia del fotógrafo/creador que va registrándolo todo con su cámara visual, con el archivero abierto, para que acoja esa materia exquisita que es el recuerdo.

Ruth

Ruth parece la continuación de Amalia. Sin embargo, en este relato está más acentuada la finura poética que habita en ti: “(…) hasta que percibí una densa sensación, como si se hubieran detenido los relojes, atenuado los sonidos, las luces, un estado de limbo, de enrarecimiento y como endulzamiento del aire, del ambiente”. Aquí, el juego es a perder la razón, y en ese tránsito, reaparecer en la otra esquina del submundo que guardas, patria personal que va contigo a todas partes. Este es un acierto narrático tuyo, que reconozco como un gran hallazgo escritural. “Y la seguí encandilado por sus ojos, guiado por sus pasos, por sus manos” … Habla el aeda, indefectiblemente. Y como la patria múltiple no emigra de la integridad, sino que se agranda según las experiencias, el texto lo culminas de forma espectacular. En un plano de la consciencia, allí donde la razón no domina, la inesperada realidad se vuelve transmutación, es un viaje infinito hacia la belleza.

Nathalie

Este es un relato escrito con cierta maña. Me sabe a hielo y bohemia, a flash que se expande con tus ojos detrás. El viaje imaginario me deja varado en algún lugar desconocido, del cual no quisiera salir. Paradoja, ¿no? Este texto niega los anteriores, solo en cuanto a la forma, te aclaro. En este, la propuesta escritural es completada con hipertextos, aporte que vuelve la historia mucho más actual, y nos acerca un cosmos creativo distinto, resultado del prestidigitador que eres. Va matizado por tu experiencia cultural, por el sol y música caribeños, por el paisaje y sabor vernáculos (arraigo que no permite la negación del ser), y la educación universal, recurso que siempre deberá validar la intención creadora, suministrándole visos y aires valiosos, así como diferentes. El trasfondo que dimana de este relato me deja un regusto clásico, como si fuera el resultado de una mano metódica, la cual va ordenando la contemporaneidad a su antojo. Puedo errar en esta percepción apresurada, y no me disculparía en lo absoluto: me he dejado arrastrar por la onda expansiva que brota del libro El nombre olvidado (Ediciones Callejón, San Juan, 2015). Este volumen de cuentos me ha dejado como en el final de “Nathalie”: “Quizás no era esa ciudad ni otra ciudad ni 10, la mujer perfecta, la ausencia perfecta, la que no estaba allí, en aquella mañana fría de Chiasso cuando después de dar tantos traspiés por las calles, seducido por el paisaje y la arquitectura de la Suiza italiana, conversaba con Livio sobre las intervenciones arquitectónicas de Mario Botta, tomaba café y fumaba para matar no sé si el frío o algún recuerdo de otra plaza, otras palomas” …

Isabel

¡Vaya viaje! Porque esto es “Isabel”: un tránsito, un ida y vuelta a través de la reminiscencia. Grata evocación, vuelo de palabras sin otra dirección que sitiarnos a propósito, para nostalgiarnos, para envolvernos en su atmósfera de paso. ¿Qué es un cuentero, sino un mago que entrampa a los lectores? Aquí debo hacer un alto, y darte las gracias, René, por regalarnos esta fascinante manera de contar.

Laura

“Laura” es el fino resumen del recuerdo, de una época lírica, netamente artística. Es la metáfora de un viaje escalonado en la planicie del calendario. El enfoque somete la memoria a la sutil tortura de la experiencia, de la convivencia en camaradería, siempre en contacto con el arte, en todas sus expresiones. Me ‘sobran los motivos’ (como expresa Joaquín Sabina), para pensarme en este paisaje citadino, que es tu fino homenaje al vínculo amistoso. No hables, no estás aquí para contestar a nada. Además, es mi visión sobre Laura, razón para no contradecirme la visión particular que tenga del mismo. Desde mi perspectiva, más lectoral que analítica (como te acabo de manifestar), observo cómo se revelan tus conocimientos intelectuales, el bagaje cultural, lo bello del contacto amoroso, así como la intención experimental del recorrido por el paisaje. Me place la forma expedita de abandonar un plano y aterrizar en el otro, sin apretujamientos ni rimbombancias, solo valiéndote de la maestría en el puño y la finura en el pensamiento. Al final, ¿qué es “Laura”? Me parece que es una divagación por el recuerdo, amparándote en una prosa poética que contagia, natural en ti. De igual manera, sería válido asumir que es un viaje a través de unos hechos que se resisten a perecer, que te siguen sin importar las nuevas vicisitudes. Es mi conclusión.

Elsa

Elsa es pura filigrana del recuerdo, una síntesis bellísima de la memoria, relatada por una mano certera.

Hebatalla

“Hebatalla”: historia versátil que narras en tres planos radioconcéntricos. Es decir, la acción fluye de tres periferias distintas hacia un centro común. Es posible que el lector inexperto se confunda con estos ángulos realizándose simultáneamente, te advierto. Sin embargo, me retracto: este (el lector) debe asumir los riesgos, para que pueda alcanzar el disfrute de tu decir literario, que es una expresión artística posmoderna. “Es frágil, tan delgada e inasible la distancia entre el olvido y el recuerdo”. Tres vértices, tres realidades. Míralo así: 1. “Es frágil”… ¿Quién? 2. (…) “tan delgada” ¿Cuál? 3. (…) “e inasible”… ¿Qué? 1. (…) “la distancia”2. (…) “entre el olvido”3. (…) “y el recuerdo”. No deseo tipificar a “Hebatalla” como un acto de magia pura; mas me atrevo a preguntarte: ¿la experiencia que relatas se dio? Los hechos existen, y las ciudades, también, lo mismo que la mujer. En resumen, ¿qué es verdad y que es ficción? No respondas, que esta es una necedad de mi parte. Y ya lo sabes: A palabras necias… Asimismo, deseo confesarte mi admiración por la ruptura escritural que ¿propones? Creo en las herramientas con las cuales trabajas, esos artilugios muy poco conocidos en los sordos y bizcos. No olvides mi característica de campesino, cazador y pescador. Solo te pido que tengas paciencia conmigo.

Keiko

El crítico se fue, o nunca ha morado en mí. Te planteo lo visto en tus textos, la sensación de bienestar que me producen. En esta pieza, le pones nombre a la ausencia: “Keiko”. Del mismo modo, lo tienen recuerdo y travesía: Keiko. Pareces un trotamundos… ¿O el libro es para viajeros? Salto atrás (como explican los sexólogos). Este es un volumen que contiene las mismas características de libros predecesores: esa capacidad de yuxtaponer planos y acciones, para ofrecernos un estilo vigoroso de contar. Sin embargo, la imposibilidad de borrar lo vivido de un manotazo, o transformarlo en presente, es insalvable. De ahí que, el texto esté permeado por ese polvillo interior llamado nostalgia, resultado natural de la pérdida o de un final imprevisto. Lo vislumbrado jamás es un adiós. Precisamente, el discurso narrativo se nutre de la experiencia, de lo vivido, masa intocable que nos conforma. Esta es la materia prima ideal, porque lo externo, es verdad que puede impactar e influir en el escritor; pero jamás como el cúmulo vivencial, la vida entera de alguien. A mi ver, tu expedición discursiva nos revela otras esquinas del quehacer literario, algo que se nos queda por dentro, y esto es lo valioso de tu hacer. Digamos que me sometes a vivir tu expedición hacia el amor, y yo caigo en esa hondura textual, gano en el tránsito, traslación que se vuelve un logro para ti. “Keiko” nos ha ganado a los dos, sin embargo.

Jimi

“Jimi” es de esos recuerdos impostergables, que, de tanto florear en la superficie, para hacerse sólidos referentes, se tropiezan hasta con la realidad política de la época; mas ella no sabía discernir. Como El nombre olvidado es un homenaje a la ausencia, Jimi deviene en presencia a tomar en cuenta. Era la ‘maravilla negra’ estableciéndose en el ambiente, por lo que, sería el recuerdo de tantos. La compañía no es otra cuestión que esa, compañía. Es un hermoso relato sobre la fidelidad y el aprecio, sin importar que, a quien se quiera, sea un animal.

Helga

“Helga” es una línea imaginaria entre la ficción y la realidad. “Acá ella; allá yo, los dos, eterno tránsito en la búsqueda de ese otro que no nos dejaba estar ni aquí ni allí, sin dejar de ser el centro de un universo sensorial y elusivo. Una ilusión sonora, borrosa imagen de una mujer y un piano frente al Ávila”. La realidad nos da perspectivas que adelgazan la imaginación. Solo hay que permanecer mosca para captarla, y asumirla como un bien donado por la naturaleza. En la otra vertiente, la ficción posibilita un abordaje inverosímil de aquella realidad. Comoquiera, son ángulos para una misma trama: viabilizar una idea a través del espacio virtual o el papel. La línea divisoria entre una y otra opción, ya se sabe, hay que percibirla a través de un ojo claro y desprejuiciado. A causa de esto, la actitud crítica ante la ausencia, ante un presente horripilante que desgaja la ciudad, el país, lo mismo que la esperanza. ¿Adónde se fue Helga? “Helga” es una raya en la imaginación, que la pierde el horizonte.

Glup

¿Juegas con las cartas del azar? 13. Me parece que “Glup” es un texto híbrido. En el mismo convergen variados tópicos, los cuales posibilitan que tengamos a mano la suerte. Un poeta se nos deshace en esta historia, la memoria hace su recorrido por los recovecos de la ciudad, una canción dice la patria, el hastío escupe el disparo de la cámara, porque la imagen no termina de fijarse al papel. La cruda realidad del país sitia imaginación y recuerdo, para que suceda la lluvia, y se haga el milagro: “Prefiero traerlo todo en la memoria y mezclarlo como zumo y recordar que una vez en una calle de una ciudad que no recuerdo me encontré con una chica muda cantando amor como pan de azúcar”. ¿Dónde está Glup? “…no se deja ver porque no es modelo ni le interesa ser algo menos que el olvido”. Ahora puedes decirme lo que desees, porque este es el final de mi discurso personal, nada crítico, menos interesado. Te toca a ti.

_____________________

MARIO DE SAN JUAN (San Juan de la Maguana, 1955), poeta, narrador y activista cultural; entre sus libros destacan: Azar de la lluvia (1996), El fantasma de Alma Rosa (2016) y La esperanza es de color azul (2017)

[i] Rodríguez Soriano, René. “Sade”,  El nombre olvidado, Ediciones Callejón, San Juan, Puerto Rico, 2015, pág. 11.

[ii] Mi comentario a La radio y otros boleros: cuento por cuento, Visiones de orilla [Estudios, apuntes y testimonios en torno a la obra de René Rodríguez Soriano], editor Carlos X. Ardavín Trabanco, Ministerio de Cultura, Santo Domingo, República Dominicana, pág. 193, 2013.


Comments (2)

  • Mery Sananes

    Habiendo escrito una nota sobre El nombre olvidado, me detengo en este trabajo de Mario San Juan, y debo reconocer que se trata de un acercamiento original y de mucho interés. Más que aproximarse a la obra como un simple lector, establece un diálogo con RRS, para poder acercarse a las infinitas y múltiples vías que tiene el autor de expresar el amor, como un verdadero acto litúrgico: cuando se consuma, cuando no se alcanza, cuando es fugaz como un rayo, cuando se marcha y ya no es posible retener, salvo con esa palabra-espejo que es el olvido.

    Y considero que lo importante de este trabajo de San Juan es que al abrir ese diálogo con el autor, en cada uno de los trece personajes o los nombres que jamás RRS habrá de olvidar, puede descubrir con mayor soltura, imaginación y creatividad, lo que es el camino recorrido del olvido a que se ve sometido el autor y que él convierte, con la magia de su escritura, en una memoria inescapable.

    Vale la pena su lectura para enamorarse más de ese nombre olvidado que en RRS se multiplica y extiende a toda su obra.

  • PILAR ROMANO

    En “El nombre olvidado” la singularidad creativa y el vuelo literario de René Rodríguez Soriano rescatan 13 nombres de mujer, que traen memorias intensas volcadas en textos de gran belleza, transitando por ese territorio habitado por la narrativa y la poesía en el que René suele moverse; historias que en algún momento se pliegan sobre sí mismas y arrojan luz sobre la verdad disimulada, dándole sentido a lugares, momentos y vínculos que no se muestran pero se palpan, que es el lugar de la literatura.
    En esta nota, Mario San Juan se aproxima con gran destreza y perspicacia a ese territorio delineado por René y para cada nombre tiene una visión literaria que expone de manera
    admirable, .

Leave a Comment

© 2011 Media Isla. Todos los derechos reservados

Scroll to top