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Lo Real, lo Simbólico y el Tiempo en la narratividad de Rubén Sánchez Feliz

CLARIBEL DÍAZ [mediaisla] El manejo del tiempo en «Ya nunca será como antes» responde a la estructura particular que se fundamenta en esa suerte de superposición que planteamos al principio. Así surgen diferentes historias dentro de cada historia, como pequeñas ventanas que permiten mirar…

La superposición de planos, simultáneos o paralelos, en el entramado de estas complejas, aunque aparentemente sencillas historias, caracteriza la narratividad de Rubén Sánchez Feliz en Ya nunca será como antes (Editora Nacional, Santo Domingo, 2013).

Ciertamente, el texto integra un conjunto de unidades narrativas que demuestran su complejidad en la medida que se experimenta la incertidumbre que propician o se advierte la diversidad de salidas posibles o imposibles ante cada una de sus situaciones. Estas narraciones, en principio, acercan al lector a una vertiente ligera de la realidad, pero —al tiempo que se desarrollan— lo enfrentan a una categoría de lo creado en donde subyace lo innombrable, terrible o absurdo. No en vano ni inocentemente, la obra inicia evocando la experiencia intertextual de Albert Camus La Peste (Camus, 1947), novela enmarcada dentro de la corriente existencialista y la filosofía del absurdo, en la que el símbolo constituido por una ciudad plagada de ratas muertas viene a representar y a elaborar, desde el arte, el tema de las condiciones terribles y aparentemente inexplicables implicadas en el núcleo de la existencia humana.

A partir de ahí́, en Ya nunca será como antes, un factor con carácter de leitmotiv habrá́ de presentar su recurrencia y el fenómeno que desde esta reiteración se produce determinará la realización de lo pre-sentido. El recorrido explicito desde la estética de Albert Camus volviendo implícitamente a Sigmund Freud, por el tratamiento de lo psicológico, proponen un llamado a la subjetividad que definitivamente marca la complicación que aquí́ destacamos. Nos encontramos con múltiples escenarios siempre por revelarse en un más allá́ propuesto por una escritura que no termina en el borde de lo presentado o narrado, sino que se expande hacia los diferentes niveles de su superposición mientras el tiempo se apodera de los amenazantes recorridos que se eslabonan por sus súbitas pendientes.

La trama de cada cuento en Ya nunca será́ como antes, paradójicamente, mantiene su pacto con los demás a través de un orden vinculado a lo no-sensato. Cada texto posee un final abierto que remite a lo insospechado o al revés, a lo sospechado tal vez, pero nunca a lo dicho mediante la consistentemente sostenida intensidad de la narración. La dinámica en los momentos de mayor tensión estará constituida por algún factor ligado a la angustia, a lo siniestro, se podría decir según el texto freudiano de 1919 que lleva dicho nombre. Con ese trabajo, así́ como con el titulado “Más allá del principio del placer”[1], Freud nos permite entender por qué las situaciones dolorosas y destructivas para el sujeto, no sólo se instauran, sino que se repiten como si las mismas implicaran un placer que Jacques Lacan va a trabajar como goce.

Aquí, precisamente, se puede establecer el puente entre la teoría sobre el Inconsciente del Psicoanálisis y las conceptualizaciones de los filósofos del Absurdo. Ambos, ofrecen amparo teórico a los fenómenos irracionales y sorprendentes presentes en las acciones del ser humano. Destacamos el elemento de tensión generado por lo siniestro[2] como lo que sostiene la atención del lector hasta el desenlace en la obra de Sánchez Feliz. Lo que acecha, lo amenazante, lo inesperado, irrumpe en un abrir no alcanzado aún por la palabra, esto es, desde el interior de lo Real, experiencia que no puede ser elaborada o acuñada por medio del lenguaje; es lo que no puede ser nombrado: “lo Real es lo que es estrictamente impensable”[3]…. Precisamente, por su incapacidad de permitir la representación que el llamado registro simbólico sí permite, lo Real propicia el trauma, esa marca o brecha ligada a lo indecible dispuesta a transmitir una extenuante secuela de inquietud mediante su compulsiva repetición[4]:

Retomo la lectura.  Los olores de Oran se mezclan con los de la clínica. La separación me duele. Tanto y más que a los personajes de ese mundo muerto y pestífero como una rata. Siento en carne propia el aislamiento, la soledad punzante que ahora me niego a aceptar. Pienso en Carmen y en Gabriela. En Carmen que acaso entró distraída a mi despacho. Dejó el celular sobre el escritorio cuando le enviaron el mensaje. La curiosidad me empujó a tomar el teléfono. Fue como tropezar con una rata muerta: “Anoche estuviste estupenda, querida”, le escribió alguien.  Ella casi colapsó cuando la enrostré… (16).

La marca de lo siniestro, según las teorizaciones de Freud, se encuentra realmente ligada a lo cotidiano, a lo claramente visible o acostumbrado. El carácter de lo ominoso aparece en eso que altera el ritmo de los eventos, aunque dentro de lo que acontece de manera ordinaria, no necesariamente en lo fuera de lo común o extraordinario, ni en lo que entendemos como propio del horror. Este aspecto es destacable en el cuento que aquí le da nombre al texto total en tanto lo que se empieza a narrar está en esa categoría de lo que se cuenta con la calidad de la sencillez, de lo que parece inofensivo. No es en la palabra sino en el entre-abrir, en el vuelco posible, en donde en realidad aparece lo terrible. Así, de manera sencilla, un hombre atiende un proceso médico ordinario o de rutina y en el curso de este surge la brecha, la línea por donde se quiebra el discurso y por donde aparece el acontecimiento lanzado por el flashback que también habrá de partir la historia en múltiples subdivisiones a nivel de lecturas o impresiones. El anterior, así como el siguiente, es de los escenarios representativos de esos momentos del texto abiertos a dichas interpretaciones. Desde ahí sabremos si se nos quiere anunciar que algo relacionado con lo nefasto puede acontecer aunque nunca sea ciertamente expresado. Y es así también como lo dice el autor:

es más o menos lo mismo que usted dice de las anestesias, cualquier cosa puede pasar(14).

El evento contiene el sesgo de ese componente insospechado del que hablamos y por tanto de lo inagotable:

La anestesista llama mi nombre.  Es una mujer joven y flaca, con una bata larga. Me incorporo. La sigo hacia el fondo de un pasillo. Entro a una estancia con muchos aparatos y pantallas. En el fondo hay un ventanal. Se pueden ver los edificios de Manhattan.

—Deje el libro sobre la mesa; acuéstese ahí —ordena, señalando una camilla; me coloca un protector en la boca y me dice que me relaje, que tendré sueño, que todo estará bien. Me puya el antebrazo y poco después no sé de mí… (17) 

En lo siniestro puede ubicarse el goce. Elaborado por Jacques Lacan (6), este concepto dentro de la teoría psicoanalítica conlleva una persistencia de recorrido doloroso, angustiante, funesto.  Estos últimos calificativos son también, precisamente, los que Freud asocia a la condición de lo siniestro u ominoso, al tiempo que sitúa el fenómeno dentro del dominio de la Estética por el factor atrayente que posee. La formulación de Freud nos lleva directo al ámbito de lo creativo; con su velo de misterio, lo siniestro oculta tanto como revela un contenido de determinado o más bien indeterminado origen, el cual aporta a lo artístico un rasgo fundamental. De lo que se trata es de que el espacio que se entreabre para decir y no decir, para proponer un entre-dicho, si así podemos llamarlo, vendría entonces a ser el lugar en donde se produce el placer del texto (Barthes). Precisamente, en el cierre y/o en la apertura subsiguiente se encontraría ese más allá de lo contado que determina la expectativa del receptor.

El manejo del tiempo en Ya nunca será como antes responde a la estructura particular que se fundamenta en esa suerte de superposición que planteamos al principio. Así surgen diferentes historias dentro de cada historia, como pequeñas ventanas que permiten mirar hacia el pasado o hacia el porvenir de los implicados, ya sea por un flashback que atraviesa la sensibilidad del narrador o por el recuerdo contado por algún interlocutor que contribuye a la continuidad de lo múltiple. Con todo esto, Sánchez Feliz construye diestramente esa cualidad de lo terrible ya anunciado por esos pequeños motivos que contribuyen con la amenaza o manifestación de lo Real. Así, tiempo y espacio en la narración aparecen no sólo densos y tensos, sino también condensados tanto como cargados de sentido y llenos de interrogantes:

No sé por qué, pero no puedo evitar pensar en algo tan drástico como la muerte. Medito y de mi cabeza surge la última imagen que tengo de él: lo veo perplejo, contrariado, sentado a mi lado en la oficina del Seguro Social, preguntándome si falta mucho para que lo llamen; y está incomodo, alterna poses en el sillón, y sus ojos me miran otra vez y murmura y me llaman… (25)      

Ya al momento del desenlace, dentro de ese tiempo pleno de multiplicidad, el final o cierre habrá de ser ocupado no sólo por lo indeterminado o abierto sino por la marca de eternidad a la que está ligado el Ya nunca será como antes. Después de la experiencia de lo ominoso, inefable o terrible, todo habrá avanzado por rumbos indescriptibles y aquí, sólo el mito o la imaginación podrán situar lo que viene, lo que vendrá o lo que será. En esto radica la unidad que integra estas historias; la tensión que ellas generan se percibe con la sensación de gravedad de que tras cada evento o sub-evento (refiriéndonos a esas pequeñas o incisas historias) ya nada será igual, nada podrá ser vivido ni encauzado por las vías de una esperada linealidad.  Después de los mismos, como el hilo que conduce a lo poético, a lo dramático, a lo mágico, a lo artístico y como bien lo destaca nuestro autor, ya nunca será como antes

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CLARIBEL DÍAZ (Santo Domingo, RD, 1963). Poeta, ensayista, psicóloga clínica y educadora dominicana. Reside en Nueva York desde 1996. Posee trayectoria de psicoterapeuta y docente universitaria. Tiene publicados los poemarios: Ser del silencio/Being of Silence (edición bilingüe 2003) y Orbita de la inquietud (2010).

[1] Freud, Sigmund: Más allá del principio del placer (1920), en Obras Completas, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 1981.

[2] 3-Freud, Sigmund: Lo siniestro (1919) en Obras Completas, Madrid, Editorial Biblioteca Nueva, 1981.

[3] Lacan, Jacques: RSI (Real, Simbólico e Imaginario), en El seminario, Libro 22, /1974) Versión Crítica, Escuela Freudiana, Buenos, Aires. 1989.

[4] Lacan, Jacques: Aun, (1972) en El seminario, Libro 20, Paidós, Paidós, 9na reimpresión del 2008.

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