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Puertas y ventanas

La ventanita | La podredumbre que dejan las dictaduras | Richard Sennett: “Para Trump el Estado es como un látigo para castigar a diferentes grupos sociales” | Nueva edición de Muestra gratis | A propósito de Kabul… | Nuevos títulos en el catálogo de mediaisla editores | Esteban Peicovich: el periodista que nunca abandonó la poesía | Cuál es el animal más misterioso de la literatura | Leer para ver | Segundo Congreso Crítico De Literatura Dominicana, del 7 al 9 de agosto | Lo que el diván le debe a la filosofía | Crítica a la crítica: itinerario crítico de la literatura dominicana | Pensar más acá del Bien y del Mal | República Dominicana y Puerto Rico son… | Viaje a la ciudad borrada | Entre dos vías truncadas | Gilberto Gil: “Los músicos nos vendimos en parte al mercado” | Contradicciones de amor y sexo | Días y música | Unidas contra “El orden divino” | La ducha de modernidad de ‘Psicosis’ | Flecos y flequillos de Philip Roth | Yo, Sontag | El cuento clásico de la semana | No hay luz sin sombra. 

La podredumbre que dejan las dictaduras

Marcela Said ilustra en ‘Los perros’ la relación entre un extorturador y la hija de un preboste de la corte de Pinochet.

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Ella es hija de una familia adinerada que afianzó su ascendiente social y su fortuna durante la dictadura de Pinochet. Él es un profesor de hípica, exmilitar investigado por torturas durante la época oscura de Chile. Son diferentes caras, ramificaciones del fascismo, los apoyos que necesita un gobierno totalitario para mantenerse en el poder. Y esa fauna que se alimenta de la podredumbre dedica la chilena Marcela Said (Santiago de Chile, 1972) su nueva película, Los perros, estrenada en la Semana de la Crítica de Cannes y ganadora en San Sebastián del premio Horizontes Latinos.

Said lleva años realizando un cine “arriesgado”, tanto en ficción como en documentales. “Me gustan los desafíos cuando hago cine”. Así ha ilustrado la dictadura pinochetista, el poder del Opus Dei en su país natal, el desamparo de los mapuches… Cuando estaba filmando El Mocito, sobre un chaval que servía café a los militares en mitad de las sesiones de tortura, la cineasta conoció a Juan Morales Salgado, excoronel que entonces impartía clases de equitación. Said se apuntó con una ulterior intención: indagar en interior de aquel monstruo. Así nació Los perros, otro reflejo del gran momento que vive el cine chileno, que refleja la dualidad que vive su sociedad. Por un lado, una efervescente cinematografía, encabezada por Pablo Larraín o Sebastián Lelio, por otro, varias capas de la población aún ancladas en su instante más oscuro.

“Creo que Chile no se ha recuperado aún de Pinochet. Debes ver más allá y entender la dictadura como un sistema donde no solo se vulneran los derechos del ser humano, sino que además aprovecha el terror para imponer un sistema económico, neoliberal, que transformó mi país incluyendo variables como el individualismo exacerbado y el consumismo desatado. Y hoy vas a Santiago y ves una ciudad limpia, con autos nuevos, y se te escapa que eso es de unos pocos, que se quedaron con toda la plata, porque saquearon el país. El resto vive mal con varios trabajos y créditos”.

Esa clase media es “la que lucha por sacar adelante Chile y realizar cambios profundos para obtener una educación gratuita, un acceso al sistema de salud más justo”. Said apunta: “Recuerda que aún nos regimos por la Constitución de Pinochet”. Así que la cineasta no cree que haya un equilibrio: “Mi balance es más catastrófico. No creo que haya dos Chiles, sino que el pinochetismo ganó, impuso su sistema neoliberal, y el otro Chile aún grita porque se le haga caso”. Siga leyendo La podredumbre

Richard Sennett: “Para Trump el Estado es como un látigo para castigar a diferentes grupos sociales”

Uno de los pensadores más lúcidos de la actualidad está de visita en la Argentina hasta mañana. Invitado por la Fundación Medifé, esta tarde a las seis Richard Sennett (Chicago, 1943) dará una conferencia en el auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, donde será distinguido con el título de Doctor Honoris Causa, el segundo que cosecha en este viaje. El primero fue otorgado anteayer por la Universidad Nacional de Córdoba. En la capital cordobesa, Sennett participó del Tercer Congreso de Vivienda y Ciudad. Más de mil quinientas personas se inscribieron para escuchar en Buenos Aires al autor de Juntos. Rituales, placeres y política de la cooperación y La corrosión del carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo. En esta ocasión, además, el pensador de las urbes fue nombrado ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires.

Graduado en la Universidad de Chicago y doctorado en Harvard, Sennett da clases de sociología en la London School of Economics y en la New York University. Suele visitar la Argentina con frecuencia. Su esposa, la prestigiosa filósofa y socióloga Saskia Sassen , que vivió en el país hasta 1950, viajó con él a la ciudad de Córdoba para dar una conferencia. “Con ella hablamos más de comida que de nuestros proyectos”, dice Sennett en broma. El autor de ensayos clave para la comprensión de la vida urbana bajo el imperio del capitalismo fue alumno de Hannah Arendt y amigo de Michel Foucault. Sin embargo, antes de dedicarse a la vida académica, se consagró como chelista. “La música me proveyó de disciplina”, asegura.

A partir de Carne y piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental (su fabuloso conjunto de ensayos sobre modos de habitar las ciudades de Occidente a lo largo de los siglos, publicado en 1994), se interesó por las formas civilizatorias y sus enemigos. Actualmente, el capitalismo financiero es objeto de sus críticas, pero también la inercia de las izquierdas, ocupadas en diagnosticar lo que a todas luces es evidente, y el individualismo exacerbado por las empresas tecnológicas. Todos los ensayos de Sennett están traducidos al español, pero no así sus tres novelas, de las que él rescata solo la primera, de 1982. Amena y erudita, su obra aborda de manera provocadora e incisiva el presente del trabajo, la familia y las clases sociales en el mundo contemporáneo.

-¿Qué son las “ciudades abiertas”?

-En verdad, la idea básica es tratar de responder el interrogante sobre el modo en que se pueden construir ciudades en donde las personas de distintas procedencias, clases, religiones y razas interactúen mejor entre ellas. Queremos construir ciudades más cosmopolitas, en el sentido de que las personas estén más conscientes y predispuestas para convivir con personas diferentes. También es una búsqueda de alternativas para lidiar con los problemas a los que nos enfrentamos en el presente, como el cambio climático o el abuso de la tecnología. Trato de conectar estos dos conceptos a través de lo técnico y de lo sociológico. 

-¿Están dadas las condiciones políticas para que sean construidas ciudades así?

-No. La respuesta al capitalismo es el socialismo. Sería inmodesto pensar que un arquitecto o un planificador urbano puedan construir soluciones para salir del capitalismo. Para eso está la política. A veces los arquitectos o los planificadores urbanos son poco modestos y piensan que con sus grandes ideas van a encontrar soluciones para los problemas políticos. Sin embargo, si hay un movimiento para romper con el orden existente, se requiere saber lo que se necesita. El concepto de ciudad abierta es más bien un ensayo sobre cómo construiríamos una ciudad así si pudiéramos hacerlo. Es un ejercicio del pensamiento. La política necesita de la política. Crear la imagen de una ciudad abierta nos ayuda a pensar en respuestas. Siga leyendo Richard Sennett

Nueva edición de Muestra gratis

Una nueva edición del emblemático libro de René Rodríguez Soriano que en los ochenta quedó como finalista del Concurso de Poesía Casa de la Américas en Cuba, acaba de ser lanzado bajo el sello Cielonaranja.

Sobre el libro destaca el editor:

«La publicación de Muestra gratis en 1986 fue todo un fenómeno editorial. Al fin teníamos una novedosa propuesta de leer nuestra cotidianidad, aparte de disponer de un libro hermosamente editado. Con esta obra accedíamos a nuevos rumores urbanos, unos donde el sujeto sencillamente se deslizaba sin estar pendiente de vértigos, puntos centrales, llamados, “compromisos”.

» En aquellos mediados de los años 80 la poesía dominicana todavía estaba marcada por ese exceso de ello: parecía como si tras cada posicionamiento en el espacio hubiese la obligación de referirse a un punto, a un ser social, de corresponderse con algo, de tener que estar amparado bajo un manto. La nueva poesía dominicana no la tenía fácil. René Rodríguez Soriano era más que un ave rara en aquel contexto. Si generacionalmente era más de los 70 que de los 80, en su actuar poético la balanza se inclinaba más a la segunda sensibilidad.

» Los años 70 estaban todavía marcados por las luchas sociales de los años 60 y por el estado bonapartista que Joaquín Balaguer había instaurado en 1966 y que se extendería por 12 años. Ante noches clausuradas por el terrorismo nocturno y cambios que debían producirse como si Faetón robara su mítico carro de fuego, ¿qué podía hacer el poeta que no fuera estar pendiente del afuera, de lo social, de la cosa pública?

» René, sin embargo, supo afirmarse, plantando cara a los decires entonces instalados en el inconsciente social, plantando y planteando su yo, como el otro René, el del Risco, fallecido en 1972 y que nos había dejado una obra luminosa, El viento frío (1967)». El libro está disponible en formato papel en el siguiente enlace Muestra gratis

A propósito de Kabul… 

Steve Chapman, que escribió esta semana un artículo para el Chicago Tribune, definía el informe del gobierno estadounidense sobre la guerra en Afganistán como una “crónica de la inutilidad”. El informe del “Inspector General Especial para la Reconstrucción de Afganistán” dice que EE. UU. gastó enormes sumas “intentando conseguir avances rápidos” en la estabilización regional, aunque no consiguió más que “exacerbar los conflictos, favorecer la corrupción e impulsar el apoyo a los insurgentes”.

“En resumen”, dice Chapman, que el gobierno de EE. UU. “empeoró las cosas en vez de mejorarlas”.

Aunque, ciertamente, quienes sí han conseguido ganancias han sido los fabricantes de armas. De media, durante el primer año de Trump en el poder, el Pentágono arrojó 121 bombas al día sobre Afganistán. Se ha estimado que la cifra total de armas –misiles, bombas…- utilizadas durante el mes de mayo de este año en Afganistán, tanto por la aviación tripulada como no tripulada, es de alrededor de 2.339. Los especuladores de la guerra imponen terribles realidades y vanas perspectivas, pero los Voluntarios Afganos por la Paz (VAP) no han renunciado a mejorar su país. En recientes visitas a Kabul, hemos escuchado sus opiniones sobre cómo conseguir la paz en un país devastado económicamente, donde el empleo que proporcionan los diversos señores de la guerra, incluidos EE. UU. y los ejércitos afganos, es la única vía que tienen muchas familias para poner pan sobre la mesa. Hakim, que es el mentor de los VAP, nos asegura que una paz duradera debe implicar la creación de empleo e ingresos para que puedan tener esperanzas en crear una comunidad sostenible. Inspirados por los llamamientos a la autosuficiencia de Mohnadas Gandhi y el ejemplo de su aliado pastún, Badshah Khan, se resisten a la guerra fomentando la educación y creando cooperativas locales. Siga leyendo A propósito de Kabul

Nuevos títulos en el catálogo de mediaisla editores

La reacción Phillips de Máximo Vega, Parcela 40 de Mery Sananes, Rancia humedad del vinagre de Jimmy Valdez, El canon horizontal de Miguel Ángel y Letras vueltas de René Rodríguez Soriano, son algunas de las nuevas propuestas de lectura que pone a disposición este verano mediaisla editores.   

Libros que van del relato al poema, del ensayo a la lectura breve y sosegada con el propósito de ofrecer a los lectores ese abanico de posibilidades que ha sido el norte de este proyecto hermano que naciera allá por 2008 con el lanzamiento de nuestro primer volumen, Extraño barco de papel de la argentina Pilar Romano, en el 2008.

La reacción Phillips es el nuevo libro de cuentos del santiaguero Máximo Vega, en esta nueva entrega, como ya es habitual en su narrativa, nos encontramos con una serie de personajes e historias que de tan humanas y cercanas nos dan la impresión de que realmente somos testigos de excepción que, sin lugar a duda alguna, estamos allí en el momento y el lugar que los hechos que se cuentan suceden. 

“La reacción Phillips constituye una galería de espejos rotos, sucios, tapados a posta; espejos a los cuales la prosa equilibrada y sobria del narrador vira de revés para mostrarnos que, detrás del azogue o el barniz, late la ciudad real; no el espejismo o el recuerdo que lucimos en el selfie; pieza por pieza, constituye un conjunto de imágenes perfectamente sincronizadas que nos permiten ver y oír esa realidad borgeana que normalmente queremos traslapar”. 

Por su parte, El canon horizontal de Miguel Ángel Fornerín, más que un conjunto de ensayos empeñados en apreciaciones coyunturales sobre la producción textual de dominicanos y puertorriqueños disecciona y compara, traza un mapa claro y definido de rutas alternas para el estudio y disfrute de una literatura plena en voces y afluencias. Hurga en los elementos productivos de los textos, su teoría, sus logros formales y en la expresión de una poética del decir a fin de encontrar el sentido. Es decir, una síntesis entre sentir el arte y conocer sus diversas manifestaciones, la verdadera estética.

Miguel Ángel Fornerín, Doctor en Literatura de Puerto Rico y el Caribe; catedrático de la Universidad de Puerto Rico en Cayey y profesor del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Ganador del Premio Nacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña con los libros: La escritura de Pedro Mir (1995) y Los letrados y la nación dominicana (2014).

Jimmy Valdez es de esos poetas que en cada línea deja rastros de sangre sobre el papel; se desgarra la piel y escribe, late, vive y perdura en cada verso, en cada respiración. En Rancia humedad del vinagre, su nueva propuesta, el poeta nos reta desde la página y nos invita a escribir, a manosear el poema, la poesía. Nos dice:

“Escriba poesía. Sea rudo con ella. Acuchille con el filo, las estrías, la rota argamasa del ladrillo. De pedradas, abaláncese a toda costa. Asuste usted con el cuerpo. Que el grito suicida del vikingo penetre la piel detrás de los muros. No se ambicione, no pretenda espectáculo, jamás inicie la conjura oronda y fría del autoengaño (no acepte los halagos, ni las palmadas en el hombro), solo mate, ataque, busque el corazón enemigo en cada mordida quiebra patas que lance al mundo. He aquí la apuesta por un nuevo cultivo. ¡He aquí mi ser posado sobre un camión, con miedo espectral, cuidando no cometer otro error, otro crimen, otra estupidez de heridas tan profundas! Todo puede desaparecer con un botón, me digo. ¡No importa el tamaño del botón!”

Parcela 40 de Mery Sananes, más que un libro de poesía constituye todo un ceremonial; un canto celebratorio a la mama (así, sin tilde) lleno de lucidez, dolor y los mejores sentimientos del universo; el canto de una hija que no escatima sujetos ni predicados para nombrar el amor con todas las palabras de su nombre. Un libro singular, entrañable, como sólo pueden serlo aquellos que dejan huellas imborrables.

Mery Sananes [Caracas, Venezuela, 1942]. Licenciatura en Letras, Doctorado en Ciencias Sociales, Profesor Titular de la Universidad Central de Venezuela. Docente-Investigador desde 1966. Coordinadora de la Cátedra Pío Tamayo. Entre sus libros publicados destacan: Tiempo de guerra (1968-1974), Walt Whitman, poeta de los tiempos que vendrán (1973), Palabras conjugadas (2016) y Memoria de hombres y pájaros (2017).

Finalmente, Letras vueltas de René Rodríguez Soriano, como su título lo indica es un viaje fascinante por el mundo de las letras, de la literatura. No es un libro de crítica; es la aventura de un lector que, sin poses y sin recurrir a interminables listados de fórmulas y términos académicos, comparte sus hallazgos, sus asombros.

En este volumen, como ya se lo propusiera en su entrañable Tientos y trotes (2011), Rodríguez Soriano ofrece a sus lectores un extraordinario mapa de viajes por el mundo de los libros. Notas, reseñas, lecturas y un diálogo permanente con el placer de leer y leerse en cada página. Letras vueltas, sin más, un libro para leer y compartir lecturas y asombros. Para adquirir cualquiera de los libros basta un click sobre el título de su interés La reacción Phillips, Rancia humedad del vinagre, Letras vueltas, El canon horizontal y Parcela 40. 

Esteban Peicovich: el periodista que nunca abandonó la poesía

En una ocasión contó que había sido su padre, un inmigrante croata, el que lo había hecho descubrir los resortes de la función poética del lenguaje. “¡Qué mujer saludable!”, había dicho el padre al futuro escritor y cronista para darle a entender que aquella señora era alguien a quien le daba mucho gusto saludar. De adulto, el periodista y poeta Esteban Peicovich usó esos juegos y ambigüedades verbales para componer Poemas plagiados, su libro de poesía más experimental, publicado en el año 2000 por el sello Bajo la Luna. Anteayer, a los 88 años, falleció Peicovich. Había nacido en Zárate el 22 de diciembre de 1929, pero a los pocos años su familia se mudó a Berisso, localidad presente en sus crónicas y poemas.

De chico, Peicovich trabajó en frigoríficos de la zona sur, sin que eso le hiciera perder nunca su afición por la lectura y la escritura. Muy joven, comenzó a colaborar en el diario El Día, referente de la prensa gráfica en la ciudad de La Plata, con viñetas y breves textos narrativos. A continuación, pasó a trabajar en Clarín, donde se desempeñó como redactor, columnista y crítico de cine. En 1963, recibió el premio nacional Kraft al mejor periodista de diarios. A partir de 1965 trabajó en la época de oro de La Razón; de esa época provienen sus célebres entrevistas con el expresidente Juan Domingo Perón, exiliado en España (reunidas en el volumen Hola Perón). Fueron las primeras que el político argentino concedió a un periodista luego de diez años de silencio. Para La Razón, Peicovich dirigió suplementos culturales y la revista semanal Ciencia Viva, orientada a la divulgación científica en los tempranos años 70. A partir de 1974, se instaló en Madrid.

Regresó a la Argentina en 1988. Entre 1995 y 2008 integró el equipo periodístico de LA NACION, donde hizo entrevistas a personalidades de la cultura y la sociedad argentina, además de publicar una columna memorable, “La Semana”, donde analizaba sucesos de la política nacional con el humor y la agudeza que caracterizaban su escritura.

Fue autor de quince libros, entre ellos un best seller: El Palabrista. Borges visto y leído, que reúne sus entrevistas y narra encuentros con el autor de Ficciones, además de recopilar un centenar de declaraciones del escritor argentino. Constanza Brunet, editora de Marea, contó a LA NACION que este año se publicará un audiolibro de ese título. También habrá una nueva edición de la otra gran obra periodística de Peicovich, El ocaso de Perón, con entrevistas al líder político y a otras figuras de su entorno. “Esteban iba a escribir un nuevo epílogo, pero sus problemas de salud se lo impidieron. Aunque quedaron varios proyectos pendientes, confiamos en publicar una selección de sus columnas. Fue una persona lúcida, de una gran dulzura.Siga leyendo Esteban Peichovich

Cuál es el animal más misterioso de la literatura

Fascinante recorrido por la historia del gato en la ficción y en la sociedad, El tigre en la casa de Carl Van Vechten es también una colección de chismes, prejuicios y hallazgos.

Todo lo que siempre quiso saber sobre el gato, nunca se molestó en averiguar y le encantará aprender, se encuentra en el libro El tigre en la casa. Una historia cultural del gato, escrito por Carl Van Vechten en 1920 y publicado este año por primera vez en castellano.

Este autor de Iowa, más bien ignoto para el público de nuestro país, fue todo un personaje en la Nueva York de su tiempo. Novelista, ensayista, fotógrafo y mecenas de artistas negros durante el llamado “Renacimiento de Harlem”, fue además un redactor compulsivo de cartas, una prominente personalidad cultural, albacea de Gertrude Stein y, también, amante de los gatos. A ellos les consagró su séptimo libro, con doble dedicatoria: a la escritora y sufragista Edna Kenton, y a su gata Feathers, una cría cuando Van Vechten comenzó el proyecto y una inminente madre cuando lo terminó. “Mientras he estado escribiendo, Feathers ha experimentado la dentición, el amor y ahora pronto la maternidad”, observó. “Me hace sentir muy pequeño, muy poco importante. Lo que yo he hecho en catorce meses es casi nada comparado con lo que ella ha hecho”.

Organizado en trece partes –posible gesto de sorna hacia quienes se espantan ante ese guarismo como se espantan ante los felinos negros–, El tigre en la casa hace un recorrido delicioso por el lugar del gato en la cultura, dejando en claro desde un principio que al gato mismo le interesa muy poco esa cultura. “No llama al humano ‘animal inferior’, aunque sin duda lo ve así”, intuye Van Vechten.

La primera parte, “Contra el prejuicio popular”, es un alegato no tanto en favor del gato como en contra de las mentes superficiales que han sido capaces de reducirlo a la antípoda del perro, o a un rosario de apelativos trillados como “traidor”, “veleidoso”, “falso” o “individualista”. “Cada gato difiere en tantas formas como sea posible de cualquier otro gato en particular”, leemos. “Sí puede decirse que son todos soberanos, y la mayoría apasionados y místicos”.

En “Sobre sus rasgos”, Van Vechten entra de lleno en el análisis de esa soberanía que, incluso en los claustros científicos, ha sido interpretada como una manifestación de imbecilidad; como si la preferencia del gato por mantenerse al margen de la acción humana se debiera a cierta incapacidad natural para hacer inferencias o a una inhabilidad nata para seguir instrucciones: “La mayoría de los académicos juzga la inteligencia de un animal por su susceptibilidad a la disciplina, es decir, por su capacidad relativa de convertirse voluntariamente en nuestro esclavo”, dispara el autor. “En este tipo de competencia, por supuesto que el perro y el caballo se llevan todos los honores. No creo que porque el gato se rehúse a aceptar el yugo se pueda probar que es un animal sin inteligencia, más bien lo contrario: es demasiado inteligente para andar haciendo trabajo pesado o bufonadas”. Siga leyendo Todo gato es político

Leer para ver

La literatura ha construido una ciudad universal con pedazos del Marrakech de Elias Canetti, el París de Benjamin, el México de Gruzinski o Los Ángeles de Mike Davis.

No entiende lo que ve desde el coche: en Bab-el-Khemis, en Marrakech, un camello corre sobre tres patas, atada al cuerpo la cuarta. Elias Canetti mira a los camellos. Tienen cara, todos parecen el mismo y todos son diferentes. Parecen viejas damas inglesas aburridas en torno al té, y Canetti descubre a alguno que le recuerda a un pariente próximo. Las ciudades que nos son extrañas se convierten en ocasión de encuentros imprevistos. Estoy en 1954, en Las voces de Marrakesh, que Canetti publicó en 1968: leer es un modo sedentario de asomarse a otros sitios y otras épocas, incluso del futuro.

Cuando el viajero no sabe el idioma del lugar, necesita, desamparado, un mediador, un guía. Mira sin entender a los mendigos ciegos, que murmuran en común su letanía pedigüeña. No se despega del morabito masticador de monedas, intentando adivinar la lógica de lo que hace, y de pronto se da cuenta de que el más observado de los presentes en la escena es él, “criatura asombrosa a quien había que explicárselo todo”. Pero lo atraen sin necesidad de intermediarios las mercancías expuestas en los zocos, presididas por una danza de carteras exhibicionistas de su promesa de prosperidad, y el poder de fascinación de los cuenteros callejeros: sin entender lo que dicen, Canetti se confiesa tan encantado como el resto del público. Viajaba con un equipo de cineastas británicos.

Ahora vuelo a 1971, a Los Ángeles del arquitecto Reyner Banham, pope del pop inglés en los años cincuenta del pasado siglo, amigo de la tecnología, la ciencia-ficción, la publicidad, el mercado de usar y tirar, Estados Unidos. En Los Ángeles, “fábrica de los sueños de Occidente”, lo esperaba “una arquitectura del instante en una ciudad al instante”, muchos estilos distintos, copiados, importados, explotados, abandonados en el espacio que abarca la memoria de una persona. Si los cuenteros de Marrakech encantaron a Canetti, a Banham lo embrujó la floración pop de las arquitecturas efímeras: fachadas comerciales, autopistas, construcciones inexistentes para quienes sólo atienden a obras firmadas y fieles a algún estilo catalogado. Hasta en la hamburguesa intuyó una arquitectura fantástica, “apoteosis simbólica”: en una ciudad en la que la movilidad desplaza a la monumentalidad, el que corre puede comerse su hamburguesa con una mano. Pero, si parara y la pusiera en un plato, la carne, la guarnición y las salsas compondrían un bodegón, una obra de arte visual, gastronomía decorativa. Siga leyendo Leer

Segundo Congreso Crítico De Literatura Dominicana, del 7 al 9 de agosto

Del 7 al 9 de agosto próximo será celebrado el Segundo Congreso Crítico de Literatura Dominicana, dedicado a Marcio Veloz Maggiolo, gloria de las letras nacionales. La actividad, que cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura de la República Dominicana, tendrá lugar en los salones de la Biblioteca Nacional con la presencia de más de 30 invitados dominicanos y 10 invitados internacionales.

Los expositores internacionales invitados vienen de España, Bélgica, Puerto Rico, Estados Unidos e Italia.

El objetivo principal del evento es analizar el estado de situación de la literatura dominicana al 2018, ponderando críticamente en cada uno de los géneros literarios qué ha ocurrido desde la celebración del Primero Congreso Crítico de Literatura Dominicana que se llevó a cabo del 23 al 25 de julio de 1993 en el antiguo hotel Cervantes de Gascue.

Las actas de aquel Congreso fueron publicadas en 1994 en la Editora de Colores y la obra estuvo al cuidado de Diógenes Céspedes, Soledad Álvarez y Pedro Vergés.

El primer congreso contó con el apoyo de varias instituciones entre las que cabe mencionar la Fundación Brugal, la Universidad Central del Este, el Centro Cultural Hispánico, La Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña, la Casa del Escritor Dominicano, la Fundación García Arévalo, la Fundación Cultural Dominicana, la Unión Latina, la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la Casa de la Identidad Caribeña y la Unión de Escritores Dominicanos.

Lo que el diván le debe a la filosofía

Gorog valora los aportes desde Nietzsche hasta Kierkegaard con los que Freud y Lacan construyeron las categorías clave de la teoría analítica.

Lacan no existe, quería decir, sin la filosofía, las mujeres y los locos y, debería agregar, sin los lingüistas, sin Durkheim, sin Marcel Mauss, el “padre de la antropología francesa”, y los poetas, Mallarmé, Breton, Dalí. Él mismo escribió: “No superamos a Descartes, Kant, Marx, Hegel y algunos más, dado que ellos indican la dirección de una investigación, una orientación real. Tampoco superamos a Freud. Tampoco juzgamos –¿con qué interés?– su dimensión, el resultado. Nos servimos de eso. Nos desplazamos en el interior. Nos guiamos por lo que ellos nos han dado como direcciones. Lo que yo les doy aquí es un intento de articular la esencia de una experiencia que ha estado guiada por Freud. De ninguna manera es una tentativa de magnificar o de resumir a Freud.” (…) El psicoanálisis ha criticado a menudo la filosofía que a menudo le vino bien, y sin embargo, no hubiera existido sin la filosofía.

Si subsistiera una duda sobre esta cuestión de las relaciones de Lacan y la filosofía, acordémonos de que Lacan decía en Momento de concluir: “Lo que hice allí…” “es filosofía”. “…es filosofía que manejé como pude siguiendo la corriente, si puedo decirlo así, la corriente que resulta de la filosofía de Freud.” Frege, Wittgenstein, y después Gödel con sus teoremas de incompletud y los 4 “imposibles”: incertidumbre, indemostrable, incompletud, inconsistencia, serán quienes le permitirán avanzar en particular sobre la cuestión de los sexos. Es por lo que pienso verdaderamente que Lacan no existiría sin la filosofía. (…) Sabemos que Freud, si hubiera asistido a los cursos de Brentano, hubiera huido de la filosofía y conocemos su confesión: “Me he negado el eminente placer de leer las obras de Nietzsche con la intención deliberada de no dejarme obstaculizar, en la elaboración de las impresiones recibidas en psicoanálisis, por ninguna clase de ideas anticipatorias. Nietzsche, filósofo cuyas adivinaciones e intuiciones concuerdan a menudo de la forma más asombrosa con los resultados laboriosamente adquiridos del psicoanálisis, fue durante mucho tiempo evitado por mí debido a esa razón.”

Lacan no dejó de ser médico, aun siendo un fuerte crítico de la medicina y la psiquiatría. Es cierto que Galeno, la mayor figura de la medicina antigua después de Hipócrates y quien inspiró la práctica médica durante catorce siglos, escribió en su tratado Del uso de las partes que “el médico, en su mejor expresión, es también un filósofo”, donde esta palabra no se limita al sentido tardío de filosofía de la naturaleza, idea justa a pesar del número de errores detectados en Galeno.

Michel Foucault retoma este punto recordando que era una época en que psicoanálisis y medicina eran “mia chora” (un solo y mismo campo). Es bien conocido que Lacan, a los quince años, colocó en la pared de su habitación un gráfico en colores de la Éticade Baruch Spinoza, el “príncipe de los filósofos”, como le decía Deleuze. Ya ven ustedes la variedad de verdades que evoco y espero, más que el eclecticismo, defender también el neologismo lacaniano, el de la “varidad”. Siga leyendo Lo que el diván le debe. 

Crítica a la crítica: itinerario crítico de la literatura dominicana

Los debates sobre la epistemología científica que se suscitaron a fines del siglo XIX dieron nuevas aperturas a las consideraciones sobre saberes y ciencias. Sin ir muy lejos, Nietzsche, Freud y Marx: los maestros de la sospecha, según Ricoeur, dieron una vuelta a libro de la vida que permitió una nueva forma de ver, desde la representación escrita, la fábula que era el mundo heredado de la filosofía griega, del racionalismo francés… Una nueva manera de leer buscaba la forma de imponerse frente a una selva de discursos provenientes de distintas tradiciones de pensamiento.

La polémica de lo objetivo y lo subjetivo se encontraba en primer orden. El giro de las ciencias puras parecía como el modelo y, tal vez, como el único saber legítimo. Todos proponían algo nuevo, sin mucho margen para la novedad. La física parecía inamovible, pero cambiaría su mirada del mundo con la teoría de la relatividad. Pero en la literatura como el arte y el saber es de otra extensión. Viene de antiguas tradiciones. Heredera de la retórica griega y romana, es retomada por el romanticismo que busca una nueva manera de conocer, presentar y representar las lecturas. El estudio de los textos literarios se desplaza a distintas formas: desde el intento de buscar el espíritu de un pueblo, de encontrar la individualidad del autor y del héroe, la expresión de dioses… lo literario fue de la retórica a la hermenéutica, del historicismo, al nacionalismo, de la filosofía metafísica a la psicología de los personajes.

Posiblemente la psicología abre demasiado la comprensión literaria hacia la subjetividad, al irracionalismo. La lectura del texto fue más hacia el contexto, a un mundo de afuera. La estilística buscaba en una balbuceante lingüística de la palabra dar una objetividad al discurso literario. Los modelos científicos, sobre todo los provenientes de las ciencias naturales, influyeron de tal manera, que aparece en Alemania y Rusia la idea de estudiar la literatura desde la forma. En Italia la tradición romántica, la filosofía neokantiana, las ideas historicistas y esteticista de Croce comienzan a ser cuestionadas. Los intentos de un formalismo en la investigación literaria en Rusia (Vladimir Propp, 1928), va a terminar perseguidos por una identificación del texto literario con el contexto social del que se derivará, entonces el realismo socialista, una teoría que ve la literatura unida a los procesos de lucha de las clases sociales. El formalismo pasará a buscar en una crítica de estructura, funcionalista, su reconvención a una crítica objetivista, en la que se estudie lo que está dentro del texto y se aleja de los contextos.

Si las tradiciones de estudios textuales son conflictivas y permanentes en la Italia de entreguerras, también lo son de su propia factura en la tradición inglesa más dada a los estudios clásicos unidos a la retórica. Pero en el caso de Francia con su apego al romanticismo y a las tradiciones historicistas, estilísticas (Boileau), hay también unos cambios hacia la objetividad en el método de análisis literario. Y para ello me interesa detenerme en el artículo de Gérard Genette que fuera una comunicación a “Los caminos actuales de la crítica” (1966) y reproducido en “Figures II” (1966), titulado “Raison de la critique pure”. Siga leyendo Crítica a la crítica

 Pensar más acá del Bien y del Mal

Hannah Arendt entendía que muchas veces la literatura puede –o puede mejor– aquello que el pensamiento político no puede. O puede malamente. Por suerte para nosotros, sus lectores, la propia Arendt no dejaba sin embargo a la literatura hablar sin más por ella misma respecto de aquello que el pensamiento político no puede asir. Sus anotaciones sobre aquellos textos literarios ampliaban siempre el alcance, traduciéndolo de alguna manera al lenguaje del pensamiento político, de aquello que la literatura nos permite vislumbrar.

En Sobre la revolución Hannah Arendt se detiene precisamente en uno de aquellos textos, el Billy Budd de Herman Melville, y pone a contribución ese relato para reflexionar, en este caso, sobre la cuestión de los absolutos en política -en particular, aquí, sobre el problema del Bien absoluto, o el bien elemental.

La acción del Billy Budd transcurre en el verano de 1797, en el contexto de las guerras navales entre Gran Bretaña, la Francia napoleónica y España. Melville nos introduce la figura de Billy Budd: un marinero joven y apuesto de unos veinte años, de cuna desconocida, cuyo único defecto es la tartamudez, y que trabaja en un buque mercante que lleva por nombre The rights of man (Los derechos del hombre). En una leva militar forzosa Billy es escogido sin hesitación por el teniente de un buque de guerra, para gran desazón del capitán del “Rights of man”, quien explica que desde la llegada de Billy a su barco no ha habido más peleas, todos trabajan bien, reina la armonía, etcétera. Este primer episodio concluye con la imagen en la que, al despedir a sus antiguos compañeros desde el puente del Bellipotent, Billy se despide también del barco, gritando “Adiós también para tí, Viejo Derechos del hombre”.

En la despedida de Billy a los derechos del hombre no hemos de leer ninguna ironía; Billy, advierte Melville, no solo desconoce las reglas del decoro sino que carece de todo uso de la sátira o del doble sentido. “Sin ser un filósofo, y sin saberlo, era como los animales casi un fatalista”. Siga leyendo Pensar más acá 

República Dominicana y Puerto Rico son…

Puerto Rico y la República Dominicana, dos países del Caribe, que además de su proximidad geográfica, comparten preocupaciones similares que se atienden desde la literatura. Los innumerables vínculos entre ambas islas mediante su producción literaria, se posaron sobre dos alas nuevas que nos remiten a los versos de Lola Rodríguez de Tió en referencia a Cuba y la menor de las Antillas Mayores.

República Dominicana y Puerto Rico son… fue el título de la actividad en la que se presentó el número 29 de Cuadernos de Poética, revista dirigida por el doctor Diógenes Céspedes, además del texto Para leer a René Rodríguez Soriano (sin maestro), de Miguel Ángel Fornerín.

De acuerdo con la profesora Aida L. Carrero Vélez, del Departamento de Estudios Hispánicos (ESHI), la jornada estaba pautada para el pasado semestre y tuvo que posponerse hasta el siguiente, debido al huracán María.

“Entendemos que es un encuentro necesario. Deseamos despertar en los asistentes el valor de la escritura de René Rodríguez Soriano, como también de otros autores dominicanos”, afirmó la catedrática y maestra de ceremonias.

Tras 17 años sin publicarse, se retomó nuevamente el proyecto, con el ejemplar número 29 de la revista Cuadernos de poética, dirigida por Céspedes. La amplitud de temas que incorpora en sus 232 páginas va desde artículos sobre literatura, historia de la República Dominicana y teoría literaria, entre otros.

“Esta es la segunda época de la revista, se dedica al estudio de la literatura, de la poesía, del lenguaje, y al mismo tiempo, de la historia. Si hay una conexión entre literatura e historia, y viceversa, eso es lo que nosotros estudiamos en ella y le damos prioridad y cabida a todos los ensayos de los escritores latinoamericanos, caribeños, norteamericanos, europeos. La misma se publica en varios idiomas, y está indexada”, sostuvo el profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Siga leyendo República Dominica y Puerto Rico

Viaje a la ciudad borrada 

Caminar ahora por Varsovia es estremecerse con la certeza de estar pisando encima de un gran cementerio sepultado.

En una calle de Varsovia, un letrero en polaco e inglés atraviesa en diagonal la acera. Sería fácil no reparar en él, ir distraído y pisarlo sin darse cuenta. Indica el punto exacto donde comenzaba uno de los muros del gueto. No hay ninguna indicación más, ni un rastro de algo. Es una calle tranquila en la mañana del sábado, en la ciudad agrisada por la llovizna. Hay edificios modernos con zonas verdes, sin nada en particular, a unos minutos de distancia de la ciudad antigua. Al frente se abre una amplitud limitada a lo lejos por las obligatorias torres de cristal que ya no faltan nunca en el horizonte de ninguna ciudad, y por el volumen macizo, arcaico, visualmente despótico del Palacio de la Cultura y la Ciencia, regalo de la Unión Soviética al fraternal pueblo polaco y a la ciudad de Varsovia con motivo del 70º cumpleaños de Stalin.

En Varsovia la historia es unas veces invisible y otras muy visible. Varsovia es la capital universal de la ausencia. El amigo español que me hace de guía esta mañana señala con la mano extendida los confines de lo que fue el gueto. Después de la llovizna ha vuelto a salir el sol y en el aire fresco y muy limpio es más difícil imaginar lo que no está, y más aún el horror que terminó en una ausencia tan definitiva. El presente es esta mañana de nuevo soleada, esta ciudad de centros comerciales y letreros de marcas que abren paréntesis de familiaridad en lo indescifrable de los mensajes públicos. El pasado es un blanco y negro de imágenes documentales y fotografías, un gris de cenizas de incendios y de llanuras y acantilados de escombros. En algunos paneles informativos, en cruces de avenidas céntricas, hay fotos ampliadas de esos mismos lugares en los años veinte del siglo pasado, en los años treinta, la breve edad de oro de Varsovia, quizá la edad de oro de las metrópolis más resplandecientes de la Europa Central, Berlín, Budapest, Bucarest, Viena, con su modernidad recién inaugurada de letreros luminosos de cines y cafés, las mujeres que por primera vez paseaban solas y soberanas por las calles, la racionalidad de los tranvías eléctricos, las avenidas amplias, las viviendas con ventanas grandes y cuarto de baño. Varsovia resaltaba más por la rapidez de su crecimiento, que se correspondía con la euforia colectiva de la independencia recién ganada de Polonia. Los libros de fotografías que se regalan al visitante cuentan una historia que dura apenas 20 años, y que termina de golpe en las primeras semanas de septiembre de 1939, cuando los aviones de guerra alemanes bombardearon sin tregua la ciudad, poniendo en práctica y ampliando una estrategia ensayada muy poco antes en los bombardeos de ciudades españolas inermes, Gernika, Barcelona, Madrid. Casi 30.000 personas murieron en esas semanas de la guerra. Los aviones bombardeaban y ametrallaban los trenes cargados de fugitivos que salían de la ciudad, las columnas de coches y de gente por las carreteras.

Eso mismo ocurría en otros lugares de Europa. Lo singular de Varsovia fue la escala metódica de un castigo que aspiraba no ya al sometimiento, sino a la completa desaparición, a borrar literalmente del mapa a una ciudad de 1.300.000 habitantes. Caminar ahora por ella es estremecerse a cada momento con la certeza de estar pisando encima de una gran cementerio sepultado, de esa llanura lunar de ruinas que se ve en las fotos de 1943, después de la aniquilación del gueto, o las de 1944, cuando tras el aplastamiento de la sublevación vino la orden dictada por Hitler de destruir toda la ciudad, sin dejar nada en pie, y de matar sin excepción a todos sus habitantes. Siga leyendo Viaje a la ciudad

Entre dos vías truncadas

 Rafael Rojas brinda un notable ensayo sobre el fracaso de los socialismos chileno y cubano, que dividieron a los intelectuales latinoamericanos entre 1959 y 1973.

Entre 1959 y 1973, los intelectuales latinoamericanos se debatieron entre dos socialismos que se prometían diferentes al de Europa del Este: el de la vía cubana surgido de las armas y el de la vía chilena salido de las urnas. Entre esas dos fechas, y entre esos dos modelos, se planta La polis literaria. El boom, la Revolución y otras polémicas de la Guerra Fría. En este libro, el ensayista cubano Rafael Rojas aborda un panorama poliédrico en el que literatura, política, revolución, guerrilla, militarismo o democracia chocan sin contemplaciones. La polis literaria constata, además, la manera en que se truncaron esas dos vías al socialismo. En un caso, por el giro soviético de la revolución cubana. En otro, por el desenlace norteamericano de la vía chilena. En el primero, con la implantación estructural del neoestalinismo posterior al deshielo de Jruschov. En el segundo, con la implantación del neoliberalismo por medio del golpe de Estado contra Salvador Allende. En ambos, la deriva autoritaria se ocupó de sofocar cualquier intento de un socialismo original y democrático en esa zona caliente de la Guerra Fría.

Esas sacudidas políticas alimentaron las querellas literarias en la América Latina de entonces, con sus intentos de validar un canon regional o la aparición de una pléyade de revistas y plataformas culturales cuyo espíritu crítico y tensión ideológica podrían hoy sonrojarnos.

Nada más empezar su ensayo, Rojas matiza las dos obsesiones fundacionales de esas polémicas. Aquella según la cual el boom fue una creación de la revolución cubana desde la revista Casa de las Américas para expandir su hegemonía cultural, con Roberto Fernández Retamar al timón. Y aquella que enfatizaba, desde el bando contrario, que fue una reacción a esa revolución vehiculada por la revista Mundo Nuevo, con Carlos Fuentes o Emir Rodríguez Monegal a la cabeza. Desmantelada esta dualidad, el libro se lanza a “rearmar el concepto de revolución en algunos de los novelistas protagónicos del boom”.

A partir de aquí, una batalla por la ciudad letrada entre Mundo Nuevo y Casa de las Américas, Calibán y Ariel, Fernández Retamar y Rodríguez Monegal. Entre un canon esbozado por este último con sus “cuatro máquinas de novelar” —Julio Cortázar, Vargas Llosa, Carlos Fuentes y García Márquez— y otro canon dispuesto por Ángel Rama que sumaba a José Revueltas, David Viñas o Salvador Garmendía. Debates que, desde luego, no olían a incienso sino a pólvora. Debates en cuyos alrededores abundó la sangre y se prodigó el plomo. Siga leyendo Entre dos vías

Gilberto Gil: “Los músicos nos vendimos en parte al mercado”

Hubo un tiempo en que Gilberto Gil (Salvador de Bahia, 1942) fue optimista. Incluso en los años en que compartió cárcel en Brasil con Caetano Veloso, aquellos sesenta en los que ambos fraguaban el tropicalismo jugándose el pellejo frente a la dictadura que vino tras el golpe militar de 1964. Incluso durante el exilio al que se vio forzado después en Londres, Gil sonreía con esperanza al futuro mientras protagonizaba la revolución social de las costumbres, acordeón y guitarra en mano, junto a miembros de grupos como Pink Floyd o Yes. Entonces logró colarse en los ambientes del pop hippie británico y participaba con sus rulos y su sonrisa sambera en festivales como los de la isla de Wight o recibía invitaciones para el cartel de Montreaux, en Suiza.

En aquellos setenta era feliz. Contagiaba y almacenaba una experiencia global que le llevaría a ser ministro de cultura en el Gobierno de Lula entre 2003 y 2008. También entonces, Gilberto Gil creía que se podían transformar directamente las cosas. Ahora no. Ahora lo duda. Ahora, con 55 años de carrera a las espaldas y una larga trayectoria política dentro de la izquierda y el ecologismo, se confiesa pesimista. “Vivimos un retroceso, en estos momentos es cuando necesitamos más que nunca salir a cantar”, asegura.

Lo dice por teléfono desde Rusia, donde se desplazó a ver algunos partidos de su selección con en el Mundial antes de viajar a Madrid (Sala Riviera), Barcelona (Festival Cruilla) y al Pirineos Sur, los días 3, 13 y 21 de julio, para rememorar uno de sus discos fundamentales 40 años después de su aparición: Refavela. “Aquel disco pertenece a un momento en que probábamos fusiones y establecíamos relaciones hasta entonces desconocidas entre Brasil, África, Jamaica, el Caribe… Eso que hora es natural, pero entonces no”. Entonces nacía aquello. La búsqueda, el mestizaje teñido de mensaje político que conformó el movimiento creado por Gil, Veloso, Maria Bethânia, Gal Costa, Gilberto Gil, Tom Zé… Aquello que luego marcó la senda a músicos de todo el mundo entre raíces de samba y hermanamientos africanos y americanos, sin renunciar al rock y al pop. La leyenda del tropicalismo. Siga leyendo Gilberto Gil

Contradicciones de amor y sexo 

Pocas veces se ha retratado de forma más exhaustiva una tarde y noche de bodas que en la novela de Ian McEwan Chesil Beach. Con todo lo que ello implica, en una pareja virgen, desplegando sus tentáculos, amargos y tiernos, románticos y prácticos, tanto hacia el pasado como hacia el más inmediato presente y a sus consecuencias en el futuro. Dos páginas completas para narrar un beso, los movimientos de labios y lenguas, de mentes, el brío, la inquietud, la claustrofobia. Una página entera para los pensamientos del peligro de llegada a la meta demasiado pronta. Los prolegómenos, el acto; el triunfo o el fracaso.

No es fácil trasladar la prosa literaria de McEwan a prosa cinematográfica. Y, sin embargo, En la playa de Chesil es una película notable hasta casi su desenlace. Lo han logrado el propio McEwan, adaptador de su novela, ya con experiencia, tanto en la traslación de obras propias (El inocente) como en la escritura de libretos originales (La comida del labrador, El buen hijo), y Dominic Cooke, reputado director de teatro, que debuta en el cine a los 51 años tras realizar tres episodios de la magnífica serie de televisión The Hollow Crown.

Al igual que en la novela, la noche de bodas sirve de hilo conductor para ir conformando el retrato de dos seres que, básicamente, se aman, aunque a veces no sepan cómo hacerlo. Y en una época con demasiados inconvenientes, presiones, subterfugios, lo que lleva a la novela, y a la película, a una serie de maravillosas contradicciones, a una amplia gama de grises en ambos personajes. El choque interior entre el amor y la aversión; el júbilo y el asco; el picor, el gusto y el dolor. Con una base explícita, relatada en un párrafo del libro, que se interpone entre ellos: “Su personalidad y su pasado respectivos, su ignorancia y temor, su timidez, su aprensión, la falta de un derecho o de experiencia o de desenvoltura, la parte final de una prohibición religiosa, su condición de ingleses y su clase social, y la historia misma”. Nada menos. Siga leyendo Contradicciones de amor

Días y música

Localmente somos receptivos de todo lo que suena en la música a nivel global. Pero nuestro país también ha sido por muchas décadas un gran productor de música para el mundo, siendo el merengue y la bachata determinantes, sobre todo dentro del mercado de la música latina.

Últimamente alineándose hacia el género urbano, a esta dinámica también se están integrando poco a poco otros géneros, los cuales se están dando a conocer desde una escena emergente que se conoce como: música alternativa.

Sonidos del jazz, canción de autor, folklore, tropical, rock, todo se amalgama dentro de un colectivo que se está dando a conocer mediante el boca a boca, las redes sociales y las plataformas digitales. Ya se habla de un movimiento musical alternativo, pero realmente es todo un colectivo de personas creativas que creen en la música dominicana desde su gran diversidad.

La variedad se hace norma dentro de esta escena, encontrándose artistas y agrupaciones muy diversos entre sí como Xiomara Fortuna, Riccie Oriach, Gran Poder de Diosa, La Marimba, Vic Contreras, Concón Quemao, La Gran Mawón, Nikola, Carolina Camacho, MULA, entre otras. Éstas se van posicionando dentro y fuera del país como representantes de lo nuestro más autóctono y a la vez más universal. Siga leyendo Días y música

Unidas contra “El orden divino”

Hay determinados temas en los que la democracia debe hacerse a un lado. No hay muchos, pero sí unos pocos. Si, por ejemplo, se convocara un referéndum sobre la esclavitud, el resultado sería moralmente irrelevante. Ni siquiera un 99% de votos a favor podría justificarla. De igual forma, resulta inconcebible plantear un plebiscito en el que los hombres decidan sobre el derecho de las mujeres al voto, y sin embargo eso es lo que ocurrió en Suiza en 1971. No es una errata: 1971. Ayer, como quien dice. Hasta entonces las mujeres no pudieron votar en el país donde todo se decide votando.

El sufragio femenino dependía de los gobiernos cantonales hasta esa fecha, en la que se impuso a nivel federal tras el referéndum, pero hubo algunos territorios especialmente contumaces: habría que esperar hasta 1990 para que el cantón de Appenzell Rodas Interiores (de habla alemana y religión católica) permitiera a las mujeres ejercer el voto en los asuntos locales. Y no lo hizo por voluntad propia, tuvo que ser el Tribunal Federal el que los obligara a terminar con aquel sinsentido. “Es un problema de ética, de pura ética, reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos”, decía Clara Campoamor en 1931. “Solo aquel que no considera a la mujer ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y el ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre”.

La cineasta Petra Volpe narra la emancipación de las mujeres suizas en la película El orden divino y uno de sus aciertos es contar esta gran historia en minúsculas, desde la perspectiva de una ama de casa que un buen día decide que aquello tenía que terminar y se pone a la cabeza de la reivindicación en su pequeño pueblo. Nora (un personaje al que la actriz alemana Marie Leuenberger aporta una luz fascinante) está aburrida de pasar la aspiradora y lavar calcetines. Quiere trabajar fuera de casa, pero ni su marido (con buen fondo pero educado en el patriarcado más estricto) ni su suegro (el gran tirano de la familia) se lo permiten. Siga leyendo Unidas

La ducha de modernidad de ‘Psicosis’

Un documental analiza la secuencia clave de ‘Psicosis’, de Alfred Hitchcock, tres minutos rodados durante una semana que su director calificó de “cine puro”.

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“El argumento me importaba poco”, le contó Alfred Hitchcock a François Truffaut. “Lo que me importaba es que la unión de los trozos de la película, la fotografía, la banda sonora y todo lo que es puramente técnico podían hacer gritar a los espectadores. Lo que ha emocionado al público es cine puro”. Entre noviembre de 1959 y febrero de 1960, Hitchcock dirigió Psicosis. Venía de filmar Vértigo y Con la muerte en los talones, palabras mayores, películas con tecnicolor y estrellas. Y de repente se embarcó en Psicosis, un largometraje en blanco y negro, en que la estrella de más renombre del reparto –Janet Leigh– era asesinada en el minuto 40, para desconcierto de la audiencia, y un trabajo que su mismo creador confiesa dirigió “como un telefilme”. Entonces, ¿por qué Alfred Hitchcock, en su mejor momento profesional, se lanzó a Psicosis? Por la secuencia de la ducha, por ese “cine puro”.

El documental 78/52. La escena que cambió el cine, de Alexandre O. Philippe, ahonda en esas 78 tomas de cámara y 52 fragmentos de celuloide que apenas sobrepasan los tres minutos de duración, pero que efectivamente cambiaron el séptimo arte y lo impulsaron a la modernidad. Durante una semana, Hitchcock filmó esa secuencia siguiendo el story board dibujado por el genio de los títulos de crédito Saul Bass. “Pero no lo hizo exactamente como estaba previsto, lo que confirma que Hitchcock es el padre de la secuencia”, cuenta Philippe, que presentó el documental en el festival de Sitges, y que se ha rodado en blanco y negro como la original (Hitchcock lo hizo así para que no fuera muy sanguinolenta). El documentalista, experto en filmes sobre cine, revela multitud de secretos al público de esa semana de rodaje: el laborioso trabajo de los técnicos de sonido, que encontraron la mejor reproducción del estallido seco de las cuchilladas clavando las armas blancas… en melones (“Es mi descubrimiento favorito”, confiesa el documentalista); la gran cantidad de planos filmados al revés que componen la secuencia (como el cuchillo entrando en el estómago de la protagonista); que otros muchos momentos se registraron a cámara lenta para que no se rodara más cuerpo del estrictamente aprobado por la censura (lo curioso es que en la copia final no se modificó esa velocidad); la chapuza con la que se resolvió los últimos segundo, el uso de sirope de chocolate para sustituir a la sangre… “Me encantan los detalles y deconstruir el objeto de estudio, y obviamente la secuencia de la ducha encaja perfectamente en mi deseo”, cuenta Philippe. “Está llena de detalles que la convierten en una especie de muñeca rusa, con detalles que esconden otros detalles. He estado tres años con este documental, y creo que haré una segunda parte”. Siga leyendo La ducha

Flecos y flequillos de Philip Roth

Había reconocido que los escritores no se jubilan, sino que se vuelven locos. Meticuloso. Excepto durante un período de tiempo en los años 60 en el que no sabía de qué escribir, Philip Roth (Newark, Nueva Jersey; 1933) siempre ha publicado un libro cada dos años, preparado su trabajo con una gran investigación hecha a través de la lectura siempre de diez libros y promocionado sus novelas de forma cuidadosa con entrevistas siempre a las mejores publicaciones, en las que siempre se encargaba de hablar bien de sus queridos amigos.

Desde que dejó de escribir ficción en 2010 (aunque lo anunció en 2012), se siguen con sigilo los pasos del autor estadounidense, que en sus primeros años en el oficio se gritaba a sí mismo al mirarse al espejo: “¡Ataca! ¡Ataca! ¡Ataca!” y después se ponía a escribir. Unas palabras que han sustentado su escritura durante más de medio siglo, y es lo que hace su jubilación más alarmante para la clase intelectual estadounidense, sobre todo la neoyorquina.

Agitador de la conciencia de Estados Unidos. Explorador de la identidad judía. Terapeuta de sí mismo a través de sus personajes autobiográficos. A veces dio la sensación de que el país nunca se recuperaría de las controversias que abordaba en sus textos. Tradiciones, costumbres, puritanismo, sexo, sociedad, sueño americano. Tampoco su comunidad judía. Ni siquiera él, que durante un tiempo sólo parecía querer estar en su casa de Connecticut. Entonces, sólo utilizaba su apartamento del Upper West Side, barrio tradicional de los judíos artistas, de manera temporal. En la actualidad, sí vive allí de forma permanente. Pero procura no bajar de la calle 72. Siga leyendo Flecos y flequillos

Yo, Sontag

Provienen del pasado pero parecen proyectarse con nitidez hacia el futuro. Incisivos, experimentales, teóricos, adelantados y brillantes: así son los relatos breves de Declaración: Cuentos reunidos de Susan Sontag, edición en castellano que contiene todos los textos de Yo, etcétera, de 1978, y una serie de piezas sueltas –hasta ahora no reunidas en libro– incluyendo “Descripción (de una descripción)” que aquí se reproduce. Un abordaje a la potencia intelectual de Susan Sontag cuando estaba en su apogeo, pero también un feliz reencuentro con un eslabón perdido de la mejor narrativa norteamericana.

Resulta apropiado que la versión local de estos cuentos reunidos de Susan Sontag (Nueva York 1933-2004) haya optado por reproducir la portada de la edición inglesa y no la de la norteamericana. La inglesa –colores mustios, abstracción pura– se oculta tras el detalle de un cuadro de Howard Hodkin titulado “Artificial Flowers”. La norteamericana –tanto más atractiva y seductora– ofrece en cambio una fotografía en blanco y negro perfectamente definida de esa mujer, en el momento más deslumbrante de su vida y carrera, sonriendo tan satisfecha de ser quien es y con toda una biblioteca cuidándole las espaldas. Pero, claro, el lector mira esa foto y ya todo esta perdido. O encontrado. Y se dice: “Ah, estos son los relatos de la Sontag” cuando lo cierto es que esta es la Sontag de los relatos. Que no es otra que la misma Sontag de siempre. Es decir: la Sontag de las ideas, de las buenas ideas.

Dos textos de Declaración: Cuentos reunidos de Susan Sontag

Y el título original de Declaración –Debriefing– suele ser el término utilizado por las agencias de inteligencia cuando uno de sus miembros, de regreso de una misión fallida o no, es encerrado en un cuarto hermético para informar de lo que ha sucedido o de lo que nunca pasó. Y algo parecido hace Sontag aquí con el género cuento: rinde cuentas, propone su versión del asunto, ofrece diferentes hipótesis alrededor de un modelo. Y lo hace con ojo clínico y fría mirada. En realidad más C.S.I. que C.I.A.: Susan Sontag, forense agente de inteligencia, con ese aire de que les conviene escuchar/leer lo que tengo para contarles.

Así Declaración –que da refugio al I, etcetera de 1978 en su totalidad añadiendo piezas sueltas incluyendo cuatro que no figuran en el modelo USA/UK, a destacar entre ellas “Descripción (de una descripción)”– es una especie de formidable informe a una academia que, por momentos, parece buscar con desesperación de alumna estrella la mejor calificación por lograr un gran cuento dentro de una gran tradición. Un cuento, digamos, clásicamente vanguardista como “Babilonia revisitada” de Fitzgerald, o “Colinas como elefantes blancos” de Hemingway, o “Para Esmé, con amor y sordidez” de Salinger o “El marido rural” de Cheever. Pero no apelando al sentimiento puro de hombres sensibles sino a una dicción precisa y cerebral que bien podría ser la de HAL 9000 en 2001: Odisea del espacio justo antes de ya saben qué. Siga leyendo Yo, Sontag

El cuento clásico de la semana

Incluimos el cuento clásico de la semana, seleccionado por Luis López Nieves. En la popa hay un cuerpo reclinado, de René Marqués (1919-1979), un autor fundamental de la literatura puertorriqueña del siglo XX. Algunas de sus obras más conocidas son la novela La víspera del hombre y las obras de teatro La carreta y Los soles truncos, al igual que varios cuentos destacados. Pulse sobre el título para leer el cuento en Ciudad Seva.

No hay luz sin sombra

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