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Que todo siga bien, no te pierdas, abrazo Esteban…


RENÉ RODRÍGUEZ SORIANO [mediaisla] Un año después y a sus 88, ligero de equipaje y después de haber dictado su postrer poema a Victoria, el palabrista, salió a matear junto a su par Jorge Luis Borges, seguramente convencido de que “cada vez Quevedo es más de estos días”.

Junio otra vez nos agranda los gestos, nos abrevia el barrio; es cada vez más junio, menos más; se lleva entre sus aspas los abrazos, los asombros y los adioses. Apenas hace un año, Esteban Peicovich autorizó la publicación de su magistral entrevista a Jorge Luis Borges en nuestras páginas con estas palabras:

Salud, René:

Sí, mudarse de casa es como mudarse de piel:  un incordio. Aunque también resurrección para octogenarios como yo. Continuamos siendo avaros y vanos animales recolectores. No te das idea la media biblioteca que doné, regalé, ultimé. Pero ahora ando más libre y listo a cumplir con tu pedido. Apruebo, claro está, publiques la entrevista a J. L. Borges. Y también te van adjuntas tres fotografías para graficarla.

Con mi abrazo, claro.

Esteban

Para leer la entrevista Jorge Luis Borges: el único niño que fue octogenario

 

Esta semana, un año después y a sus 88, ligero de equipaje y después de haber dictado su postrer poema a Victoria, el palabrista, salió a matear junto a su par Jorge Luis Borges, seguramente convencido de que “cada vez Quevedo es más de estos días”. En su memoria, reproducimos el poema “Curriculum”.

 

Curriculum 

Nací (es un decir).
Guardo entre gasas mi único cadáver,
aquel cordón umbilical que ella mantuvo
en escondite de múltiple avaricia
hasta dármelo a la edad de mis sesenta.

Tozudo soy como una rosa.
Y sucesivo como las hormigas.
Lento, hasta ser todo invierno.
Y dulce hasta mis huesos.

Fui una sólida monja hasta ser padre.

A mi primera hija se la robé a su madre
un día en que el amor andaba
de animal aturdido dando tumbos
casi de farra loca por la casa
y lo atrapamos.

Tengo otra hija con la cabeza revuelta
por los pájaros.
Tres hijos del otro lado del océano,
dos nietos que por dudar de mi existencia
me llaman Sebastián,
y una madre que resiste riendo
la inundación y el tiempo.

De mis cuatro esposas,
la primera se ahogó en sus propios ojos,
la segunda fundó una maternidad,
la tercera regresó a su sitio natural
de un cuadro de Filippo Lippi
y la cuarta me arropa y alimenta
y con cuchillo de azúcar
hace de mí dos hombres que la aman.

Por mi árbol genealógico ha descendido
tanta gente que me hace ruido dentro.
Desde el minero empaquetador de azúcar
que me trajo
hasta Vidriera, el licenciado.
(a pleno día se me ve la noche.)

Por la palabra, al artefacto que soy
le fue dada la rosa en consideración
el cordero en cuidado
y el silencio de Dios en cautiverio.

Silaba a silaba, comparto el gineceo
de las palabras que me aman.

Un mujerío que teje/desteje como Safo
mi inconcluso diccionario perplejo.

Se presentan, ahora, asuntos nuevos
Del girasol se fuga el amarillo.

Llaman a la puerta. Es la humedad.

Ni el licor de lo eterno, ni Scherezade,
ni la picadura súbita del pezón más colibrí
pueden hacer que reviva lo que olvido.

Veré de poner música esta noche
no vaya a ser que tope con un golpe
de dados y mi azar no lo sepa.

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ESTEBAN PEICOVICH [Zárate, Buenos Aires, 1930-2018]. Autodidacta. Poeta. Periodista. De pesador de chilled y frozen beef en el frigorífico de La Plata (12 años) pasó a redactor, columnista y crítico de cine en Clarín. Como enviado de este periódico al extranjero recibió el Premio Nacional Kraft al mejor periodista de diarios de 1963. En 1964 pasó a ser Secretario de redacción de La Razón, dirigida por Felix Laiño. En 1965 Juan Domingo Perón le concede cuatro entrevistas (las primeras en sus 10 años de exilio) que reunirá en el libro Hola Perón. Al año siguiente redactará Historia viva, registro del acontecer periodístico argentino desde 1816 a 1966. Este libro tuvo una tirada de 700.000 ejemplares y acompañó la edición de La Razón del Sesquicentenario, el 9 de julio de 1966. También dirigió los suplementos culturales y la revista semanal Ciencia viva..

Entre 1974 y 1988 vivió en Madrid y recorrió el mundo como corresponsal para diversos medios de Argentina y España. A su regreso al país fue presentador de programas de televisión (Sin verso) y de radio (Noche Abierta y Los Palabristas) 750 audiciones de este último, junto con 200 de sus entrevistas culturales, integran desde 2007 la “Fonoteca Literaria “Los Palabristas” de Esteban Peicovich”, de la Biblioteca Evans de la Universidad A&M Brian, Houston, de EE.UU.

Su obra literaria y periodistica incluye: Palabra limpia de mí (1960), La vida continúa (1963), Hola Perón (1965), Historia viva (1966), Introducción al camelo (1970), La poetisa analfabeta (1974), Reportaje al futuro (1974, España), El último Perón (1975,), Borges, el palabrista (1980), Instrucciones al pavo real (1993), La bañera azul (1995), Poemas plagiados (2000), Gente bastante inquieta (2001), Así nos fue (2002), El Palabrista (2005), El ocaso de Perón (2007) (http://www.peicovich.com/)


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