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Un libro para leer y compartir lecturas y asombros


A D E L A N T O [mediaisla] mediaisla editores acaba de lanzar “Letras vueltas”, un volumen conformado por un conjunto de ensayos breves y lecturas de textos de los que René Rodríguez Soriano publicara en la sección homónima que durante algunos años mantuvo en nuestras páginas. 

El libro, que recoge un selecto número de notas y reseñas sobre libros y autores constituye una especie de abrebocas para abismar a otros lectores a bucear en las páginas de más de un autor de los tantos que desfilan por sus páginas. Variada es la invención, la búsqueda, como variados son los temas, los autores y los títulos reseñados, y a veces evocados en estos singulares comentarios que René Rodríguez Soriano ha logrado congregar en su nuevo libro.

Sobre el mismo, en nota editorial, destaca el académico Santiago Daydí-Tolson:

Si escribir es un arte, leer no lo es menos. Estas Letras vueltas —y acertadamente revueltas— son otra prueba del talento literario de alguien que, como René Rodríguez Soriano, autor de estos variados textos de lectura, se desempeña como lector y escritor excelente. Mucho más que un crítico peinado a la moda pasajera, el lector que estas notas escribe es un artista desmelenado: apasionado, gustoso y auténticamente sensible a las delicias y aciertos de los textos literarios más variados que caen en sus manos. Quien lee sus acertados comentarios no puede sino sentirse convocado a leer también los títulos que ha seleccionado de entre sus vastas lecturas de café. Priman en su interés las letras dominicanas y la pasión adolorida y los esfuerzos que éstas representan en la formulación de un ser nacional. Poemarios, colecciones de cuentos y novelas son el material de lectura admirada que se comparte en admirable estilo y aguda mirada de reconocimiento. No hay en estas páginas una línea que no exprese, con la pericia del escritor de hermosa voz motivadora, el entusiasmo del auténtico lector, el que entiende a fondo.

He aquí, como muestra, algunas de las notas contenidas en las páginas de Letras vueltas:

Escribir para dejar de escribir

Be a voice, not an echo!
Albert Einstein

En cada línea, en cada verso, Felipe García Quintero reniega de su condición. Cincela las palabras con objetos punzantes que perforan el soporte en el que pastan y al que jamás se amoldan. Escribe para dejar de escribir, dice más de una vez en El pastor nocturno, antología personal que agrupa textos escritos entre los años 1999 a 2011, un libro sobrio y sosegado que nos sitúa ante una poesía trascendente y madura:

…un niño ciego escribe el nombre de su padre en mi piel y luego lo apuñala hasta el cansancio. (60)

Sin dar vueltas alrededor de la noria, viaja a lo medular; taladra, urde, trama andamios, puentes, continentes y aldeas llenos de contenidos. Penetra en lo oscuro y lo desgarra, muestra el camino y, aunque es pastor, no guía:

No soy más que un árbol en el bosque de la intemperie (60).

En su voz, ya lo lleva advertido, canta un pájaro muerto. Escribe para dejar de escribir:

el que dejó su pala cerca del sueño, busca en las manos la tierra de su sombra (38).

Lo sabe de antemano, piensa largo y tendido antes de plantar un horcón o iniciar cualquier lance: escribe para dejar de escribir. Y realiza muy contadas concesiones; no teme al qué dirán ni le determina. Pero escribe, y cómo lo hace, cómo oficia con rigor y cadencia, con una sintaxis recogida, madurada y perfecta; escribe a mano suelta, textos tan curtidos de soledad y luz capaces de incendiar a viva voz la lámpara del Diógenes de Atenas.

La felicidad de un hombre triste está en su silencio (17).

El cuaderno del mundo  

No vas tú por el río:
Es el río el que anda
Ángel González

Escribo como quien dibuja en la oscuridad, dice Paulina Vinderman en su Cuaderno de dibujo. Y lo hace, afirma más adelante, con su caligrafía de antes, muda como un pez. Y vuela, digo-leo yo que invento, vuelo o nado entre los árboles pelados, oculto como un ángel secreto. Invento, también dibujo, un mundo, un aeroplano, un navío de baja eslora. Soy un lector disperso, mudo de asombros. Me invento:

Una nobleza
Una cautela
Un hogar en la infancia del mundo (47)

Sigo leyendo-oyéndome en las páginas del libro. Este cuaderno es como un río, como aquél de Ángel González. Detrás de mí, dentro de mí, sacudiéndome, vienen los versos. En todos los colores, dibujados, temblando como peces:

Ah, dibujar el torpe pequeño pez
de color ceniciento
es la pobre inmortalidad de mi taza de sueños (67).

Es la vasija llena de memoria, el agua de resistencia, la poesía aquella de la cual me hablara alguna vez frente a un café. Ese lugar donde sucede lo imposible. La poesía —recuerdo sus palabras— es una aventura en el corazón del lenguaje (la sangre del idioma). Un relámpago de percepción para aprehender el mundo:

El mundo es sólo la sombra del mundo,
y mis pies cuatro alas (55).

Volar, volar, perderse entre los trazos que se esparcen, toman forma, se agigantan. El poema:

Todo lo que vemos es pasado.
Hacen falta respuestas
para las adivinanzas de la vida (67).

Es un cuaderno sencillo, de esos de antes, ya lo dijo. Y en él, a través de él, Paulina viaja con un poema rápido —lo certifica— sobre una blancura que engendra un lenguaje. Un lenguaje que cuestiona y nos hace cómplices de un mundo. No el mundo azul que se percibe a simple vista en los azules de Cézanne. Mas bien el de Cervantes, lleno de matices. Vivo.

Animal de costumbres

En un jardín no se está solo.
Pero, en una casa se está tan solo
que a veces se está perdido.
Margarite Duras

Un animal que fieramente se derrama entre las sábanas y por las escaleras; que punza y lee, diseña, disecciona y administra dócilmente sobas con mentolato y semillas de tua-tua, sabe que además de puertas y ventanas, perfectamente funcionales, una casa es un espacio habitable por esa innominada cosa de la que hablaba Lao-Tse que provoca su efectualidad. Yo no lo sé de cierto, pero Denisse Español sí. Y lo pone en práctica. Articula un espacio muy particular, Una casa en la palma de tu mano. Y la cimenta con palabras, en tierra firme y frente al mar. A su medida, como la Casa tomada del tío Julio. Para que la habite o la abandone el poema; se retuerza, se angustie. Y se desdibuje en agua y tinta. En ese recinto, cada palabra es una casa, una ventana abierta a más de un horizonte.

Tanta vida en el mar
Y no somos el mar (48)

Plural, llena de ruidos y silencio. También la habita un animal sin nombre, que se retuerce en el poema, terriblemente humano, abierto. Ese poema que, al decir de Rey Andújar, “está siempre en el mar, en el aire o en la cárcel de sal”. Un libro para habitarlo en esa parte donde late lo esencial, el animal cotidiano.

Letras vueltas, el nuevo libro de René Rodríguez Soriano, como su título lo indica es un viaje fascinante por el mundo de las letras, de la literatura. No es un libro de crítica; es la aventura de un lector que, sin poses y sin recurrir a interminables listados de fórmulas y términos académicos, comparte sus hallazgos, sus asombros.

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RENÉ RODRIGUEZ SORIANO, escritor.


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