El nombre olvidado, inclemente recorrido por los acantilados del amor Reviewed by Momizat on . Rating: 0
You Are Here: Home » Imaginerías » El nombre olvidado, inclemente recorrido por los acantilados del amor

El nombre olvidado, inclemente recorrido por los acantilados del amor

MERY SANANES [mediaisla] En este libro, en particular, cada historia delinea un rastro de la historia política dominicana, que él expande sin esfuerzo alguno a la Plaza Tahir o a cualquier otra parte del planeta. Este nombre olvidado es una memoria tatuada en la piel de los días, un recorrido inclemente por los acantilados del amor. 

La aventura de leer a René

Siempre es una aventura leer a René. Asomarnos a El nombre olvidado (Hilo de plata ediciones, Medellín, 2018), como a cualquiera de sus obras, es como amarizar en un lago donde podemos nadar hasta sus infinitas orillas, o quedarnos detenidos en una de sus tardes, buscando aquella historia que también pertenece a nuestros olvidos o a nuestras memorias destejidas.

Al leer nos encontramos hablando un lenguaje que no conocíamos pero que suena como si fuese nuestra lengua materna. Como colocarle nombres a esos sinsentidos que se nos atraviesan en la víspera de un sueño que concluye en una noche de insomnio. La sorpresa y el asombro siempre es un bajel en el cual quisiéramos ser tripulantes.

A veces queda uno tan enredado en las palabras, en la lluvia, en las memorias, en las imágenes que nos miraron una sola vez, o en aquellas que imaginamos prendidos de un solar o una ventana, que las nuestras se deshilan en esos gestos que sólo los dedos pueden construir sobre una caricia.

Los escritos de René tienen ese ritmo que pone uno a andar. Y uno a la final no sabe si era nuestro el ojo frente al mar, o nuestro el desgarramiento sobre una línea divisoria invisible pero inmensa como una muralla. 

Trece historias en las cuales lo único ausente es el olvido

Este libro cuenta trece historias en las cuales el olvido es lo único ausente. René va en persecución de sus memorias, que más que narraciones son instantes que dejan huellas tan hondas, que el rostro siguiente no las ha de borrar. Hay en todo este hermoso entramado una búsqueda que no tiene fin, pero que se va construyendo de escenas capaces de coparlo todo. 

Todas las historias construyen un amor de plenitudes

A la final poco importa cuál de esos rostros se quedó dibujado en sus pupilas, o en sus dedos. Todas ellas construyen un amor de plenitudes, que René se lleva en sus alforjas como el más preciado historial de su vivir. Y por esas mismas razones o sinrazones cada una de esas aventuras inconclusas agrega una inequívoca individualidad que René sólo sabrá explicar a través de ese torbellino de adjetivos y gerundios que dan cuenta de su estremecimiento, su sed y su indeclinable pasión por los escarpados pasajes del amor.

Y es ese ritmo cadencioso el que nos envuelve en una historia que hacemos nuestra, sin saber si quedamos habitando el mar que le cabía a Helga en sus ojos, o en el regazo de Sara con sus manos llenas del dulzor de los tomates que ella deshijaba, o en el frío de ese charco caudaloso en el cual René aprendió a nadar, sobre los mágicos hombros de su padre y el incierto lugar de lo desconocido. 

Coser con hilos de agua una travesía sin olvido

René Rodríguez Soriano

Uno sigue una trama que no lo es, un camino que se corta una y otra vez, pero que va dejando sus huellas sobre el aire y la respiración. Y uno se pregunta si ese nombre olvidado no es el nuestro o el de aquel que nunca dejamos ir aunque jamás hubiese llegado. Uno se introduce entre esas navegaciones tratando de coser con hilos de agua, una travesía sin olvido. Y a la final René borda sobre el océano una memoria que jamás se escapará de los horcones y celosías de sus días sin sol.

RRS tiene la virtud de ir siempre cabalgando, a rienda suelta, sobre un mundo que él construye de tanto hurgar sobre una realidad que hace fugaz todo instante supremo. Y su escritura es el ejercicio de labrar ambos, con desmesura y fervorosa conmoción. Trazos sueltos, afirma, prosa menor que ni siquiera aspira a nadar en la otra orilla. Tenues apuntes que quizás a más tardar mañana, borren las aguas del olvido. 

Persistente tarea de la memoria

Y sin embargo toda su obra es una afanosa y persistente tarea de la memoria. De cada fugacidad retiene una historia que al sujetarla entre sus dedos, se enraíza en el aire como un canto que ya nadie va a olvidar y que él va leyendo sobre la piel y el escampado.

El nombre olvidado es el hechizo, a pesar de las despedidas. El bebedizo de aromas que se mastica para que el beso se siembre en sus ojos. Y el expediente a la futilidad de un corazón que no tiene ya espacios en un mundo desguarnecido y furioso.

Un rito para que dejen de llover olvidos

Lo suyo es sorpresa y asombro. Nada es lo que a primera vista parece. Ni el olvido ni el nombre. “Hay un pájaro dentro de la lluvia. Y mojado como un pez trata de asirse con su pico a la ramita seca que pretende llevar a su nido.” Y su palabra es un rito para que dejen de llover olvidos.

Insiste: es un viaje sin visa por los senderos del sueño y los cuerpos desplazándose, despiertos, a toda vela, para que el lector se encuentre o desencuentre. René deja las coordenadas de su travesía pero sólo el lector descifrará si llegará al puerto previsto o si su aventura recorrerá el olvido para alcanzar la cima de un nombre indeleblemente sellado a su destino. Con René se recorre ese ático donde aflora, febril y lúcida, la vastedad de un mundo que se niega y reafirma a cada golpe de página. 

El asombroso misterio de las tardes sin fondo

Dice René: la soledad es un territorio vasto y pleno de matices que sólo podemos ver los que aprendemos a descifrar los códigos y símbolos que adornan las paredes de las tardes sin fondo. Y nos entrega la clave para descifrarlo: siempre he sido el mismo, el mismo solitario que entre libros, música, placas y películas he vivido en todos los lugares y todos los momentos con la misma intensidad y el mismo ritmo.

Y es en medio de esas tardes sin fondo que se van fraguando sus historias. ¿Cómo puede René, si no es en esos parajes, convertir una negra cabellera en un pasto preferido para perdidas flores del naranjo? ¿Escuchar en una voz el resonar de un arroyuelo o los primarios cantos con los que lo arrullaba su mamá? 

René conoce su geografía como si nunca hubiese salido de ella

Pero no nos equivoquemos con René. En cada uno de sus libros, ya sea en sus poemas o narraciones géneros que él no le gusta delimitar hay una realidad que lo define sin cercarlo. René es un hombre de su tierra, de sus yaguarales, de los huertos de flores de su madre, de Manuelico y el río donde su padre le enseñó a nadar. Conoce su geografía como si nunca hubiese salido de ella. Desde allí construye su universo, De allí parte y allí regresa siempre.

Y no hay rostro ni amores ni mirada que pueda hacerlo desprender de sus  raíces. Al referirse a Juana dice: entré sin contratiempos a un mundo que desde siempre había sido mi mundo. ¿Cómo había podido durar tanto tiempo lejos de mis orígenes, de mí mismo?  

Un deslave de aguas transparentes

En este libro, en particular, cada historia delinea un rastro de la historia política dominicana, que él expande sin esfuerzo alguno a la Plaza Tahir o a cualquier otra parte del planeta. Conoce bien el mal de su tiempo y tiene plena conciencia de su impacto en una sociedad que carece de rumbo y porvenir. Y de alguna manera esa conciencia le permite desarrollar sentidos que se prolongan en instantes inéditos. Allí le brota la poesía como si fuese un deslave de aguas transparentes.

Refiriéndose a Isabel, René dice: me cortó, dejándome en la boca podridas las palabras y en todo el cuerpo un dolor ciego y una afasia de música y de lirios. Solo, desde entonces, soy, apenas, un desolado transeúnte de amor con aleteos que acaricia en sus recuerdos, aterida de dolor y frío, una bandera hecha jirones de ternura y el marrón de unos zapatos que calzarán por siempre los pies de la huella zurda y mansa que eternamente he de seguir por los zaguanes de la tarde. 

La palabra: un aluvión sin mesura ni estatuto

Allí se desata la palabra como un aluvión que no tiene mesura ni estatuto. Migra como los pájaros de un rostro a otro desbordando una caligrafía capaz de sentir que el amor es una bicicleta, un auto veloz que puede estar en cualquier parte y que el paisaje es tan de instantes, como respirar o partir y después saber que en la distancia alguien habrá de leerlo y escribirle mientras sueña o viaja lejos de él.

Nada es lo que parece, dice de pronto. Ni siquiera el pájaro a su canto, mientras observa las manos de Keiko despejando la niebla, lavando la llovizna. Su voz convertida en un rumor de quena inca capaz de salvarlo del estío y las cuadriculadas componendas de políticos, urbanistas y burócratas burdos mal pagados.

A la hora de describir ese instante único y lúcido RRS hace uso de todo su arsenal de sensaciones. Y el lector se embebe tanto en ese derroche lírico que busca en su memoria lo que pudo haber olvidado para traerlo de nuevo al revuelo de un palomar enardecido. 

Una sola historia para mil rostros o un solo rostro para todas las historias

Una sola historia para mil rostros o un solo rostro para todas las historias. Poco importa. RR tiende un lienzo con todos los colores, aromas y ausencias del amor. Y el lector elige cuál será la suya. Pero nadie podrá quedarse al margen de esa tempestad de seducciones.

Este nombre olvidado es una memoria tatuada en la piel de los días, un recorrido inclemente por los acantilados del amor.

________________

MERY SANANES (Caracas, Venezuela, 1942) Licenciatura en Letras, Doctorado en Ciencias Sociales, Profesor Titular de la Universidad Central de Venezuela. Docente-Investigador desde 1966. Entre sus libros publicados destacan: Tiempo de guerra (1968-1974), Walt Whitman, poeta de los tiempos que vendrán (1973), La trampa-engaño de la cultura. Aproximación a Luis Mariano Rivera (2006) y Palabras conjugadas (2016)

© 2011 Media Isla. Todos los derechos reservados

Scroll to top