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Carlos Hernández: El corazón de Voltaire de Luis López Nieves o cuando el autor subvierte la historia y la novela negra

RUBÉN DARÍO JAIMES [mediaisla] La novela histórica no representa para América Latina una moda literaria coyuntural, como alguna vez se pensó, así como el barroco no es un movimiento artístico para los latinoamericanos sino una sensibilidad que se lleva en la piel.

La obra de Luis López Nieves ha logrado vencer el aislamiento de la literatura puertorriqueña que se ha señalado insistentemente. Bien sea por una encubierta política neocolonial o por la simple dinámica editorial, fuera de la isla la exuberante escritura boricua se reduce al conocimiento de contados nombres y obras de algunos autores de culto. Condición más que injusta, porque no rinde cuenta del vigor literario de la isla, plena de maravillosas propuestas. Este narrador ha consolidado su visibilidad en el campo literario, en sus expresiones física y digital, tanto por la dimensión de su narrativa —que ha sido convalidada por numerosos estudios académicos— como por el éxito editorial dentro y fuera de las fronteras de Puerto Rico, amén de haber recibido el Premio Nacional de Literatura dos veces, en los años 2000 y 2005; motivos todos que convalidan la pertinencia de un interesante objeto de estudio. Combinar esa riqueza literaria, que cautiva la labor del pensamiento riguroso de la crítica, con la virtud de divertir y entretener a amplias franjas de lectores en la mejor tradición literaria constituye un imponente reto de reflexión.

Carlos Hernández ha aceptado el desafío de abordar el estudio de la novela El corazón de Voltaire (2005) teniendo presente la compleja labor por desarrollar, si se toma en cuenta la característica disruptiva del narrador estudiado, quien bajo su marca de autor entra y sale del sistema literario puertorriqueño a su gusto y capricho. Desde su ingreso por la puerta grande en la literatura insular con su relato Seva en 1983, Luis López Nieves se ha caracterizado por cultivar una propuesta literaria que, manteniéndose dentro de las prácticas discursivas de Puerto Rico, también se atreve a lanzar líneas de fuga para buscar nuevos lenguajes y propuestas. «La historia trocada», como marca distintiva de su proyecto literario, comienza con el suceso cultural de esa primera obra, Seva; continúa en su tercer libro de cuentos, La verdadera muerte de Juan Ponce de León (2000), el cual le vale su primer Premio Nacional de Literatura ese año; lo acompaña en su primera novela El corazón de Voltaire, escrita totalmente valiéndose de la interface de los correos electrónicos, por la que le confieren el segundo Premio Nacional; y se proyecta a su siguiente novela El silencio de Galileo (2009). Estos dos últimos libros son importantes éxitos editoriales en Latinoamérica y Europa, motivo por el cual no sería una sorpresa que las versiones cinematográficas se realizaran en el corto plazo.

La mirada acuciosa de Carlos Hernández, dado su conocimiento en las áreas de la historia y de la literatura, le permite afrontar precisamente la mixtura de una narración que transita esa fisura entre la ficción y el acontecimiento histórico. Tal como lo expresa el crítico, Luis López Nieves hace confluir en su novela a Voltaire, el gran personaje del siglo xviii, con la sensibilidad del Romanticismo, y logra en el acto de escritura poner en revisión el propio subgénero de la novela negra. En este estudio literario se aprovecha la riqueza de la propuesta narrativa de largo aliento para plantearse el análisis de la ficción historicista y de la variante del canon de la novelística policial; y de la representación del espíritu de la época a partir de una lectura dialogada de un corpus de obras puertorriqueñas, caribeñas y latinoamericanas, a saber: La renuncia del héroe Baltasar (1974) de Edgardo Rodríguez Juliá, El siglo de las luces (1962) de Alejo Carpentier y de Del amor y otros demonios (1994) de Gabriel García Márquez. De esta manera asume internarse en los problemas inherentes a las relaciones siempre promiscuas entre la historia y la literatura.

Uno de los aspectos de mayor relevancia de este estudio literario radica en atreverse a afrontar el reto de plantear la discusión de una novela histórica, género que en esencia resulta polémico de entrada. Para muchos escritores y críticos no existe la novela histórica, incluso esta negación puede provenir de narradores latinoamericanos que cultivan el género y de estudiosos de la literatura caribeña, un ámbito donde el asunto de la representación del ayer resulta cardinal. Para el caso específico de Puerto Rico, el tema del pasado está cruzado transversalmente por el problema de la identidad. Por ejemplo, en el Seminario de Literatura Latinoamericana: diálogo con la historia, en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven 2012), celebrado en Caracas entre los días 14 al 16 de marzo de 2012, que contó con la asistencia por videoconferencia del escritor Napoleón Baccino Ponce de León, y con la participación in situ de personalidades de la dimensión de Miguel Barnet, Emilio Jorge Rodríguez y Juan Goytisolo, entre otros, casi había un consenso en negar la existencia del género literario de la novela histórica, asumiendo que los narradores simplemente escriben novelas, independientemente de la época y de los personajes representados en la obra.

No satisfecho con haber abordado el estudio de un género polémico en sí mismo, como es el de la novela histórica, Carlos Hernández problematiza muy acertadamente el subgénero de la novela negra. Habíamos dicho que Luis López Nieves gusta de romper los moldes, debemos agregar que al incursionar en el subgénero de la novela policial ahora subvierte sus parámetros y crea una novela negra donde no existe crimen ni sangre, pero sí un enigma por resolver que compromete la memoria nacional francesa, todo salpicado adecuadamente por el exquisito humor que pone en entredicho las relaciones del poder entre la ciencia, la política y la religión.

El crítico principia su análisis con el tema de la textura de la novela histórica, el foco primigenio que causa inquietud en el lector lego y en el especialista también, porque la representación del pasado guarda las claves para la comprensión de los hechos en su proyección al presente. Trae a la discusión el concepto de fictohistoria de Mariano Martín Rodríguez para bregar con la incertidumbre propiciada por la narración de quien se preocupa por la confluencia del tiempo y la escritura, haciendo énfasis en la multitud más que en las individualidades. De allí, el estudio de la configuración de los personajes ligados a la indagación del gran misterio, los profesionales de la historia y de la ciencia, orientados a develar una preocupante verdad: la veracidad del corazón de Voltaire que el público venera en la Biblioteca de París.

Si los personajes de El corazón de Voltaire son preclaros investigadores de la historia y de la genética, quienes actúan cuales detectives del nuevo milenio para verificar la autenticidad de la reliquia histórica que se guarda en dicha biblioteca, Carlos Hernández también personifica el riguroso exégeta literario que cumple con el deber de desenmascarar el modus operandi del subversor de la historia y del canon de la novela negra. Como si se tratara de una venganza textual —muy merecida, hay que acotar— el crítico se apropia de los testimonios, las teorías y las herramientas metodológicas de los críticos literarios y los entrevistadores para poder desentrañar desde su perspectiva las interrogantes de una nueva fechoría escritural de Luis López Nieves.

En el Capítulo I. “Orígenes de la novela Negra en El corazón de Voltaire”, Carlos Hernández brinda un recorrido por el proceso de gestación y desarrollo de este subgénero con la intención de proveer al lector de una base sólida para poder comprender luego la discusión de los estudiosos de Luis López Nieves, quienes han registrado sus acercamientos a su obra como novela negra. Así mismo, resulta enriquecedor entrar en el diálogo con fuentes de autoridad propuesto en estas páginas, como si participáramos en un exquisito chat de la crítica literaria, puntualizando sobre los aspectos cardinales para la lectura profunda de la obra. Carlos Hernández parte de cinco de las diez características propuestas por Mariano Sánchez Soler en el texto “Cómo se escribe una novela negra. ¿Se puede freír un huevo sin romperlo?”, y desde ese punto desgrana progresivamente los componentes del artefacto literario novedoso.

Las primeras pesquisas establecen así el retrato hablado del canon de la novela negra, para lo cual hace un boceto de los orígenes del subgénero, prefigurado por Edgar Allan Poe como un desplazamiento del mundo representado, ya no del mundo burgués sino de los problemas más obscuros y cercanos de la conflictiva realidad social. Carlos Hernández traza una diacronía del género, desde sus orígenes anglosajones hasta los cercanos referentes en la literatura boricua. Las aproximaciones de Wilfredo Mattos Cintrón y José Ángel Rosado, entre otros, al estudio del panorama puertorriqueño develan las conexiones interesantes de los relatos con elementos como el tratamiento del tema de la criminalización del independentismo en la isla, entendiendo que Luis López Nieves forma parte del campo literario insular.

La rigurosidad, que en los personajes novelescos es obsesiva, en Carlos Hernández adquiere el cariz de un lector meticuloso que va guiando en el camino a su compañero de lectura ideal. En el Capítulo II: “Asuntos de los correos electrónicos: Estrategias narrativas en la novela El corazón de Voltaire, el doble”, puede el lector desentrañar la madeja de relaciones de poder que el intercambio de correspondencia digital plantea como eje ordenador de la trama. Bien señala que la novela es prácticamente una puesta en escena de la heurística histórica en la mejor tradición de Leopoldo Von Ranke, del pensamiento positivista que indaga, experimenta y comprueba con los datos una hipótesis dada. Así, el laberinto narrativo propuesto por Luis López Nieves en la obra, que desconcierta y se reorienta a cada momento, exige del lector desenrollar un ovillo auspicioso que permita desentrañar las tensiones del relato: la oposición de la Iglesia versus el Estado, los manejos de la política y la diplomacia, las complejidades de las relaciones entre la orden benedictina dentro del aparato burocrático eclesiástico, la presunción histórica de una verdad absoluta, las infidencias de «la pedante comunidad universitaria», la incursión de la mujer en ámbitos reservados tradicionalmente a los hombres o vedados para ella, entre otras, pero hilvanadas con la fluidez e inmediatez del lenguaje digital de los correos electrónicos. Mayor agudeza del análisis se alcanza cuando el crítico constata que la novela plantea el juego de las dos mitades, los dobles que intercambian personalidad, que es en definitiva la operativización de la ley del juego de los opuestos en el discurso literario. Bajo esta mirada, Carlos Hernández logra descubrir las estrategias narrativas empleadas para la construcción de una novela negra exagerada y carnavalesca. Acercamiento sesudo que reconoce y disfruta del humor de la novela.

El estudio del Capítulo III: “El corazón de Voltaire, ante el crisol de la crítica” se fundamenta en la teoría de la recepción de Hans Robert Jauss y Wolfgang Iser, asumiendo en la lectura la mirada del genetista que busca no el adn del famoso corazón sino la gestación y desarrollo de las lecturas que hicieron los críticos y la prensa de esta novela histórica y negra. Al realizar una revisión de la bibliografía crítica se recorre desde la primera mención de El corazón de Voltaire en 2005 en El Espectador, marcada por el signo editorial de la razón del mercado, pasando por la avalancha de materiales del 2006, hasta llegar a las últimas publicaciones del medio académico de primer orden. Carlos Hernández logra sintetizar opiniones agudas provenientes de Chile, Venezuela, Colombia, México, República Dominicana, Estados Unidos, Cuba y Guatemala para puntualizar los hitos del camino que configuran una lectura colectiva, una percepción del impacto cultural de la obra. De esta forma se integra en un capítulo la mirada de conjunto y trasciende los hallazgos parciales para concretar una síntesis particular.

La problematización de la ficción historicista o de la fictohistoria es tratada en el Capítulo IV: “Historia y Literatura: el siglo de las luces en el vecindario narrativo caribeño y latinoamericano”. La incorporación al corpus de una referencia importante y emblemática en Puerto Rico, como es el caso de Edgardo Rodríguez Juliá, fortalece la integración de un primer núcleo de estudio en el contexto enunciativo de la novela histórica boricua. Al poner sobre la mesa la novela La renuncia del héroe Baltasar, el corpus propuesto configura un primer ejercicio de cotejo para el análisis. Carlos Hernández entiende que, para leer la representación de la sensibilidad propia del siglo xviii en la novela de Luis López Nieves, resulta propicio establecer parangones con diversas propuestas que coincidan en el universo ficcionalizado, valga decir, que permitan abordar otros referentes de la época. Luego, incorporará en el diálogo de representaciones El siglo de las Luces, de Alejo Carpentier, para establecer un segundo círculo expansivo del universo narrativo, buscando en el gesto la percepción regional caribeña del referente literario, aguzando el oído del crítico dispuesto a escuchar los mensajes de las estructuras profundas de esta novelística. Finalmente, haciendo énfasis en su condición continental latinoamericana más que en su condición costeña y caribeña colombiana, se completa el concierto de voces con Del amor y otros demonios de Gabriel García Márquez. El tránsito del análisis de lo particular de El corazón de Voltaire, incluyendo progresivamente los campos de lo insular, lo regional y lo continental permite la lectura a partir de núcleos significativos en diálogo, y desde este procedimiento se lee el imaginario del Siglo de las Luces en el Caribe. El ejercicio de una intuición investigativa brillante y audaz resulta ser acertado y efectivo.

El análisis de las instancias narrativas pone al descubierto la trama de relaciones entre lo político, lo erótico y lo racial en esta novelística histórica. La complejidad de un siglo visto desde los relatos de una comunidad espiritual de la escritura ficcional historicista coloca en el primer plano la problematización de nuestras sociedades en tanto que son víctimas de la modernidad y de la postmodernidad.

Al proseguir con el análisis, el Capítulo V: “Convergencias: la ruptura de lo oculto en tres novelas: La renuncia del héroe Baltasar, Del amor y otros demonios y El corazón de Voltaire y la presencia del doble como eje de la diégesis novelada”, la lente se focaliza en los personajes como entidades discursivas cargadas de la significación cultural representada en el referente literario. El asunto del doble y la renuncia aclaran las estrategias de reafirmación cultural frente a las instancias de poder derivadas de nuestra historia. La alteridad y el cambio de roles desequilibran el estado de cosas y pone al descubierto las contradicciones de nuestra configuración cultural. La decantación de los resortes ideológicos que se leen en el proceso de permutación de identidades en las obras estudiadas permiten el acceso a la cosmovisión del otro: Voltaire presenciando las materializaciones de la Revolución Francesa al cambiar roles con el Fraile Gustave de Tamerville y recluirse en un convento; Baltasar Montañés transmutando su herencia cimarrona al aceptar una boda con una blanca criolla y renunciando a los proyectos políticos del Obispo Larra; un Víctor Hugues camaleónico para aprovechar los acontecimientos; y Sierva María, quien «oscila entre dos planos, el oscuro mundo de los blancos y el luminoso claro mundo de los negros». Traiciones, renuncias, alteridades son vectores de una sociedad convulsionada por los cambios drásticos de un siglo como representación ideológica y no como lapso de la historia.

Carlos Hernández, luego de ampliar el rango de la mirada sobre los universos narrativos para, de esta forma, poder realizar una lectura de El corazón de Voltaire en contexto, reajusta la lente de análisis para focalizar dentro de la novela los componentes del relato sobre el emblemático personaje de la Ilustración. En el Capítulo vi: “Análisis narratológico de orden y duración de Gérard Genette en El corazón de Voltaire de Luis López”, concentra el estudio en la obra a partir del estructuralismo a fin de llegar a la síntesis del análisis del tiempo como unidad narrativa.

La coherencia intratextual pareciera exigirle al crítico la demostración de su pericia en el rastreo riguroso de las pistas que ha dejado en la novela ese narrador corruptor de géneros literarios. Fiel a su formación en las lides de la investigación histórica y en consonancia con su labor como estudioso de la literatura, Carlos Hernández estaba predestinado por el rigor metodológico a utilizar una concepción formalista de análisis literario, como la propuesta por Gérard Genette.

Esta perspectiva de análisis resulta altamente productiva para desentrañar la madeja de relaciones que se establecen en el relato, por efecto de la convergencia de historias que se sucede a partir del uso del correo electrónico como formato articulante de la novela. Evidentemente que lo novedoso del contrato de lectura requería apropiarse de una herramienta metodológica que develara los secretos escondidos en la obra. Conceptos como prolepsis, anisincronía, anacronía, analepsis, elipsis e isocronía, entre otras, son aplicados a El corazón de Voltaire. Guarda el crítico la gentileza de realizar una explicación sucinta y clara de la terminología para garantizar el acompañamiento del lector en el análisis. Las categorías de orden, duración y frecuencia marcan la pertinencia del análisis. La importancia del tiempo y su manejo como ejes del desarrollo de El corazón de Voltaire son sopesados a partir de los conceptos muy pertinentes de Gérard Genette.

Doscientos años de una suplantación del gran personaje es develado imaginativa y detectivescamente por un genetista de profesión que actúa como un sabueso de la verdad, una verdad que amenaza el pundonor nacional francés y que despliega las dinámicas siempre tensas entre la política, la religión y la ciencia, todo ello encausado a través del medio contemporáneo de los correos electrónicos. Tal es el reto de análisis aceptado por Carlos Hernández para entender y explicarnos la astucia del narrador que se atreve nuevamente a trocar la historia para obligarnos a repensar nuestra realidad. Conciliar dentro de sí su meticulosa formación como historiador con la sagacidad requerida al crítico literario fue, luego de reflexionarlo no pocas veces, una exigencia para poder construir un modelo de análisis que permitiera profundizar en una lectura contextualizada y en diálogo, que atendiera a los requerimientos de la Academia y que fuese al mismo tiempo un interesantísimo acercamiento de la novela al lector potencial.

La novela histórica no representa para América Latina una moda literaria coyuntural, como alguna vez se pensó, así como el barroco no es un movimiento artístico para los latinoamericanos sino una sensibilidad que se lleva en la piel. Por eso, este apasionante estudio realizado por Carlos Hernández constituye una exquisita invitación a disfrutar de la reflexión sobre una novela que atrapa con maña narrativa. Ambos textos son, en estricto sentido, isométricos en agudeza, amenidad, belleza y originalidad. Extraordinarios puentes para cruzarlos con una sonrisa en el rostro al tiempo que meditamos sobre la compleja conformación histórica y cultural caribeña.

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RUBÉN DARÍO JAIMES [Caracas, 1964]. Crítico literario que ha centrado su interés en literatura caribeña, especialmente puertorriqueña. Tiene publicados los estudios literarios: El imaginario del muy diablejo (2007), La historia desde el capricho o los caprichos de la historia (2011) y El delicioso arte de trocar la historia (2018).

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