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El color de la pasión en la narrativa de René Rodríguez Soriano

PILAR ROMANO [mediaisla] La prosa alcanza una temperatura sugestiva, que nunca molesta, una textura por la que se transita con ansiedad y placer, que nos instala a veces en momentos de sorpresa, de nostalgia y de poesía. 

A veces pienso que los personajes y los hechos, ficticios o reales (siempre las vivencias y los seres reales se filtran en lo que un autor cuenta), han estado donde sea sólo para esperar a que René escriba historias sobre ellos. Esa impresión me provoca la narrativa de Rodríguez Soriano y también, por supuesto, El nombre olvidado.

Complejidad y simpleza, esa es la paradoja con la que parece disfrutar el autor, sobre todo en la estructura del libro y también en cada uno de los cuentos, todos enredados a los seres más complicados de la creación: los del género femenino. A cada cuento, en concordancia con la protagonista, le ha dado por título un nombre femenil. Y creo que nos deja adivinar, como lectores, cuál es el olvidado.

Los cuentos transcurren todos por senderos distintos y seductores, que no temen aproximarse al laberinto y sorprender con la capacidad lúcida del narrador para conducirnos diestramente a la salida, al final, que tiene casi siempre el color de la pasión. En el medio, lugares, tiempos y figuras descritos con la clara singularidad creativa de René, que nos instala en medio de ellos a partir de detalles que pocos escritores ven o logran insertar tan caprichosos y a la vez oportunos… 

Y mientras más camino y miro y entreveo por los portales, entretenido en los escudos, las losas y la caligrafía con las que fueron plasmados los nombres de las calles en las esquinas zumban en mis oídos versos y melodías que lavan y restañan las heridas, los desplantes, los miedos y el hastío….

Isabel, con sus mal contadas once pecas en el brazo izquierdo, entró una tarde con una faldita blanca o crema que hacía juego con el body beige…

La prosa alcanza una temperatura sugestiva, que nunca molesta, una textura por la que se transita con ansiedad y placer, que nos instala a veces en momentos de sorpresa, de nostalgia y de poesía.

Los encuentros y desencuentros del narrador con las casi todas mujeres que dan nombre a los cuentos de este libro, generalmente en el marco de su labor como publicista, apuntan a reconstruir relaciones desde la memoria, en un espacio creativo muy amplio en cuanto a motivaciones, implicancias, secuelas; con diálogos explícitos y diálogos interiores que denotan una sensibilidad que no se queda en cuestiones abstractas, sino que se hace tangible hasta contagiar al lector…

La secuencia de los textos le da al libro un ritmo zigzagueante, pero sin trampas, como el de sombras que se recortan armoniosamente en el fuego de la memoria. 

De pronto se me olvidan las historias y un flujo de recuerdos se ensopan con la lluvia de la tarde, no entiendo, ni me importa un carajo entender ni el pan viejo, la salsa artificial o la comida gringa, la goma de mascar y puaf…

Es más que interesante, enriquecedor y entretenido conocer a través de la lectura a estas criaturas a las que René Rodríguez Soriano les ha puesto nombre de mujer.

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PILAR ROMANO, oriunda de Corrientes, Argentina, poeta y narradora, entre sus libros publicados destacan: inocencia plenaria (2001), La plaza de los naranjos (2002) y Extraño barco de papel (200), entre otros.

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