«Árbol», el poemario que reúne todas las voces Reviewed by Momizat on . Rating: 0
You Are Here: Home » Lecturas » «Árbol», el poemario que reúne todas las voces

«Árbol», el poemario que reúne todas las voces

LINOSHKA BERBERENA VÁZQUEZ «Árbol» de Carlos Roberto Gómez Beras cuenta con treinta y cinco poemas, y un total de ochenta y dos páginas, donde la voz poética se pasea entre las ramas de la síntesis para brindarnos página tras página la verdad detrás sus heridas; un total de treinta y tres poemas de tres versos, en los cuales el último verso es siempre una pregunta.

Podría decirse que Árbol (Isla Negra, 2017) es un paradigma en la poesía de Gómez Beras, puesto que contiene ciertas cualidades que lo hacen sobresalir ante los demás libros del poeta. Debemos tomar en cuenta el tamaño peculiar del poemario (6” x 6”), la supuesta simplicidad del título, el hecho de que solo haya un epígrafe antecediendo los textos y la corta extensión del glosario de afectos, sin duda alguna este poemario es una metáfora de síntesis. Anteriormente, en los poemarios Mapa al corazón del hombre y Errata de fe, el autor había dedicado apartados completos a poemas que hacen homenaje a la síntesis; “Pequeños cantos de Yemayá” y “Ocho estudios incompletos”, respectivamente, pero en toda su obra, no existía un libro completamente dedicado a ella.

Cuando escucho la palabra árbol suelo pensar en profundidad, silencio, tranquilidad, grandeza, fuerza, sombra y belleza, siempre con ese tono gris que acompaña a la soledad. El árbol es testigo de un sinnúmero de cambios a largo de los años, este sobrevive todo lo que alguna vez conoció. Carlos Roberto Gómez, con su poemario, transgrede esa visión solitaria y melancólica de la imagen del árbol y le adjudica nuevas significaciones que logran la acumulación de sentidos. En es poemario se observa una voz lírica en busca de sí misma, con un tono existencialista que a veces raya en la tristeza y otras en el goce. Podría afirmarse que en Árbol se reúnen todas las voces, todos los latidos y todas las esperanzas y convicciones de un hablante que se oculta bajo el misterio de la retórica.

En mis investigaciones sobre la poesía de Gómez Beras, he llegado a la conclusión de que ésta es autorreferencial y poema tras poema siempre regresa a sí misma. Por tal razón, no debería sorprendernos que encontremos fragmentos de libros anteriores en el siguiente libro y que la idea que comenzó en un poema, la termine muchos versos después en otro poema. En cuanto a las intertextualidades e intratextualidades deseamos presentar dos ejemplos; el primero lo es el poema “VII” (Árbol): “Luego de mojar mis pies en su tristeza/ el río y yo nunca fuimos los mismos. / ¿Cómo no ahogarnos en el deseo?” (Gómez 25). En este poema se observan dos intertextualidades, la primera con Julia de Burgos y la segunda con Pablo Neruda. En la literatura ciertas palabras quedan ligadas a ciertos autores que a lo largo de su obra le hacen trascender, cuando la voz poética utiliza la palabra “río” en el poema, es inevitable no pensar en Julia de Burgos y en todos los poemas en donde el río fue su acompañante; por eso, cuando el hablante nos dice que el río y él ya no son los mismos, inequívocamente, detrás de esa imagen, vemos a Julia sonriendo. Por otro lado, tenemos el diálogo entre la voz lírica de Árbol y Pablo Neruda, específicamente con el Poema 20. Cuando el autor escribe “nunca fuimos los mismos” se ve manifestada la influencia a ese Neruda que canta en su poema “Nosotros, los de entonces, / ya no somos los mismos”. Esta combinación de intertextualidades en un poema de tan corta extensión, nos deja deja deseando más, cuando nos da un atisbo de la maestría del poeta con la palabra.

Por otra parte, nuestro segundo ejemplo recae en la intratextualidad (el diálogo entre textos del mismo autor). El poema VIII lee: “Veo el árbol de pie e inmóvil / pero nunca los confines de sus raíces. / ¿Alejarnos nos acerca a nuestro regreso?”. Este poema entabla un diálogo con el poema “El encuentro” de Errata de fe cuando la voz poética nos dice: “Alejarnos del deseo nos acerca al encuentro” (28). Estos poemas a primera vista parecen estar en dos extremos significativos totalmente opuestos, pero no es así. El hablante lírico del poemario anterior se sentencia a sí mismo junto con el oyente poético y utiliza ese verso como el efecto, pero en Árbol, aquella posibilidad va cambiando sus tonalidades y apunta a ser una verdad absoluta.

Otra singularidad que presenta este nuevo poemario es la incorporación del arte plástico. Es inevitable hojear las páginas del libro y no notar que cada poema es acompañado por una rama, imágenes. según los créditos del libro, de la autoría de José María Seibó. Ahora bien, ¿qué intenta el poeta con la integración de estas imágenes? Entendemos que las ramas aspiran a conectar un poema con otro, provocando una sensación de continuidad. La poesía no solo es el manejo de la palabra, sino también la construcción de un entorno capaz de elevar el mensaje y de trastocar al lector. Por eso, cada rama es una extensión del poema, un verso, que se alarga hacia dentro o hacia arriba, al igual que la biología del árbol común. El poeta no se equivoca, al seleccionar esa cita de Octavio Paz que antecede los poemas “Creció en mi frente un árbol. / Creció hacia dentro.” Y así se crece infinitamente el poemario y se hace parte de cada uno de nosotros, con esa aparente simplicidad que dice más de lo que calla.

“La síntesis no es menos o poco, la síntesis es todo con nada”, nos dice el poeta en la contraportada del poemario, dejando claro el propósito fundamental de Árbol. Lo maravilloso de la poesía y la literatura es que a través de ella todo se conecta, todo se entreteje, por lo que cuando el poeta habla de síntesis es necesario hablar de la pluralidad de sentidos. La polisemia se define como “para un nombre más de un sentido” (4) y entendemos que en ella descansa la clave de la síntesis. Cuando una palabra es utilizada con el sentido de otras se va creando un aglomerado de significaciones que le permiten al autor sugerir algo sin tener que decirlo o mostrarnos el gran secreto de la vida con palabras. Por eso, cuando el poeta escribe “Árbol”, sintetiza todas las posibles significaciones de la palabra y lo que era una raíz, ahora puede ser “la espada húmeda que regresa a su funda” (21).

Otra de las posibles interpretaciones para la síntesis del poemario es el silencio y esas entrelíneas e intertextos que están ahí y a veces no somos capaces de ver. Alguien me dijo que “el silencio es el lenguaje de Dios” y en el poemario las voces líricas se pasean entre el silencio infinito y el ruido invisible del viento.

En conclusión, Árbol es ese golpe inesperado que nos muestra el universo y nos lleva lentamente por aquellos caminos que no nos atrevemos a caminar solos.

_________________________________

LINOSHKA BERBERENA VÁQUEZ (Las Piedras, PR). Posee una maestría en Literatura Puertorriqueña del Centro de Estudios de Puerto Rico y el Caribe, Viejo San Juan, donde actualmente completa su doctorado en Literatura Puertorriqueña. Es miembro fundador de el Círculo Literario Vértigo de la UPR en Humacaco.

© 2011 Media Isla. Todos los derechos reservados

Scroll to top