Bailando por Espacios Latentes de Ana Baer Carrillo Reviewed by Momizat on . Rating: 0
You Are Here: Home » Visiones » Bailando por Espacios Latentes de Ana Baer Carrillo

Bailando por Espacios Latentes de Ana Baer Carrillo

REBECCA BOWMAN [mediaisla] Espacios Latentes/Latent Spaces es una instalación, a mi parecer, sobre la mujer, sobre nuestro lugar en la naturaleza, nuestra postura ante el mundo y ante nosotras mismas.

Ana Baer Carrillo ofreció al público en su instalación Espacios Latentes/Latent Spaces, abierta al público en Texas State Galleries en los meses de octubre y noviembre de 2018, la oportunidad de experimentar su obra que combina las tradiciones de la danza en sitio especifico y la video danza.  Tuve el placer de visitar la instalación yo sola y luego volverla a visitar durante una presentación que ofreció Baer Carrillo en la que nos explicó algo de su proceso. En otra ocasión pude pasar una hora en las dos galerías en donde se exponía para lograr así comprenderla más.

Si seguimos el proceso por el que se crea una danza, por lo general comienza con la composición de una pieza musical, de esta música surge la coreografía, los bailarines ensayan sus pasos y luego el productor y director eligen el escenario en el que la danza se presentará. Diseñadores decoran e iluminan ese escenario, viene el público, comienza la función. La danza existe en un tiempo y lugar particular para jamás reproducirse después, no al menos en su especificidad, pero la forma general de la danza es premeditada, pensada, rara vez improvisada, y el espacio en el que se hace la función puede variar.

En estas obras, Baer Carrillo y sus colaboradores hacen el proceso al revés. Lo primero que se escoge es el sitio, el bailarín o bailarines responden al lugar en ese momento específico en el que están allí para crear la danza, Baer Carrillo filma el acontecimiento, interactuando con los bailarines, participando en la creación. Después, de todo lo filmado, Baer Carrillo teje una sola pieza editada y entonces el compositor entra a crear música que refleja lo que ve en la pantalla.

Ahora bien, con el apoyo de Texas State Galleries y con la colaboración de otros artistas, Baer Carrillo ha llevado el proceso aún más allá, pues ha tomado estas video danzas que tienen su origen en diferentes lugares del mundo, cada una distinta, cada una con su diferente historia, y las ha colocado en un solo sitio para que sean experimentadas como piezas individuales pero también en conjunto como un todo. Las piezas son incompletas, pues pueden continuar evolucionando, puede ser que se creen o agreguen nuevas obras, el proceso es abierto, expansivo, inclusivo.

La instalación se exhibe en dos galerías, pero con una abertura entre las dos lo suficientemente grande para que se pueda ver parte de lo que sucede en la otra sala. En Galería 1, hallamos videos que exploran “ambientes extremos”, lo desnudo de Islandia, una selva tupida de Morelia, un brezal ondulante en Yorkshire, y sin embargo en todos estos lugares encontramos lo universal y una indagación del hombre en la naturaleza. En Galería 2 pensamos en “identidad, las raíces, la casa”. Se exhiben dos piezas filmadas en sitios de construcción, en lo que era, y en lo que será una casa; una video danza es sardónica, la otra, conmovedora. Baer Carrillo y sus colaboradores exploran la casa ya sea en su proceso de creación y mantenimiento o en ese triste tiempo en el que la casa y la familia empiezan a caer en un estado de lento deterioro, y en esta última video danza indagan en lo inevitable del paso del tiempo, los cambios que tienen que ocurrir, y cómo debemos confrontar esos hechos.

En toda la instalación vemos pares, tríos y bailarines solitarios, y las relaciones entre estos cuerpos danzantes, la manera en que interactúan en el tiempo y el espacio, las tensiones entre ellos, nos conmueven.  El incorporar en una sola exhibición estas situaciones, el estar solo o interactuar con una o dos personas, situaciones que son las más frecuentes en nuestras vidas, hace surgir una interrogación. ¿Cómo interactuamos con los demás? ¿Cómo interactuamos con el espacio que habitamos?

Todas las danzas varían según el bailarín y el lugar. Se observa una casi reacción a la gravedad, entre ellos mismos; es el cuerpo que piensa y no el cerebro. Estos son, supongo yo, rapsodias, y como tales, activan otra parte de nuestro ser.

¿Y la música? Cada pieza tiene su propia música, pero cuando éstas se combinan se escuchan como en una nueva composición. La música lleva dentro de sí los sonidos de la Tierra y algo estridente que comunica una sensación de ansiedad. Su fuente es electrónica pero un elemento mayor suena como la voz humana. Escuchamos la música antes de entrar al espacio de la galería. Nos llama y nos induce a entrar.

Mirando primero a la Galería 1, las diferencias entre las danzas son notables. Una mujer baila sobre arena en lugares rocosos pero abiertos, dos mujeres se abren paso poco a poco en un espacio restringido por vegetación densa, otras siguen caminos predeterminados. Las huellas de una mujer se hunden en la tierra, ella traza una línea en la arena, hace su marca. En otros videos, las mujeres parecen ser parte del ambiente o bien limitadas por ello.

En Parakata la video danza filmada en Morelia entre enjambres de mariposas monarcas, en un paisaje enredado, las mujeres vestidas en metros de seda color carmesí parecen ser ellas mismas mariposas o las dos alas de un solo insecto. Las mujeres aletean sus amplias faldas. En general sus movimientos son gráciles, pero a veces sus manos se mueven en gestos reflexivos y erráticos que nos recuerdan a las patas de un insecto, a sus antenas. El par, aun cuando jala la una a la otra o se abrazan, rara vez se miran y sus rostros no muestran emoción. Estas dos mujeres parecen reaccionar más a las cosas de su alrededor, al sol sobre su piel, a la luz que filtra por las hojas, que a sí mismas. Parecen más insectos que seres humanos, operando con su sistema automático involuntario.

Este es el video más estático. Los pasos de las mujeres son tentativos, como si el suelo no las permitiera moverse. Se quedan en una sola área, como un insecto posado, descansando sobre una ramita después de un largo vuelo, y la cámara también es más quieta, absorbiendo el escenario. Las mariposas monarcas viajan lejos, pero aquí, en este santuario, tan numerosas que asombran, han pausado para tomar el sol, para hallar alimento antes de continuar. Uno no es muy consciente del movimiento de la cámara o el papel de Baer Carrillo como cinematógrafa en esta video danza. Quizá tiene que quedarse quieta para no asustar a sus sujetos y hacerlos volar.

Otra video danza, Wild-er-ness comienza su filmación desde muy arriba y poco a poco se mueve hacia abajo hacia dos mujeres en un páramo de Yorkshire quienes acostadas forman una sola figura blanca sobre lo verde. Se mueven, se levantan, haciendo movimientos que parecen ser predeterminados. Otra vez sube la cámara, las bailarinas dejan el marco, caminando en distintas direcciones. Se enfoca en las matas de césped, las flores silvestres, la textura de la tela de los vestidos, diáfana pero en crudo. Estas dos mujeres sí interactúan, son seres humanos puestos en un cierto tiempo. Caminan sobre una vereda que ya se les preparó. Algunas de las tomas me recuerdan a unos cuadros de Monet, Caminata del acantilado en Pourville, Mujer con sombrilla, quizá por la forma en que las figuras se destacan sobre el paisaje. Las mujeres parecen imitarse una a la otra, como si siguieran cierta tradición. Estas dos, vestidas en una ropa más fijada en un tiempo, podrían estar vivas o ser fantasmas. Parecieran ser hermanas. En un momento corren, ellas también sienten la naturaleza y comulgan con ella, pero sus movimientos se restringen por sus faldas largas y nuestra mirada se empaña con la niebla y la distancia creada cuando la cámara, fijada a un dron, alcanza el cielo. Hay tomas desde más lejos y las facciones de las mujeres no entran en enfoque; su ropa es más llamativa que sus rostros. Estamos conscientes del movimiento de la cámara, sentimos a Baer Carrillo bailar mientras capta la escena, el dron que vuela hace lo mismo y lo hace con frecuencia.

La danza de la mujer en WECreateICE, filmada en lugares en Islandia, es la más atlética. Ella avienta arena, hace su marca, gira. No le molesta el frío, sus manos abiertas como para empujar el aire, sentirlo por completo, acariciarlo. Esta danza a mi parecer es la más llena de esperanza entre todas las danzas. Vemos el paisaje amargo, el pueblito de pesca, la niebla descender la helada pared del acantilado, bloques de hielo en un mar gélido, rocas negras con forma geométrica, un mar cuyas olas curiosamente, extrañamente, retroceden, y no obstante la mujer, impávida, baila con alegría.

Todas las bailarinas en el salón que explora la naturaleza en algún momento de su baile se acuestan sobre la tierra, aunque la mujer en Islandia parece carecer de un buen lugar para hacerlo, siendo tan rocosa e inusitada la superficie casi angular que se le ha dado, y a pesar de esto ella tuerce su cuerpo sobre las piedras como si no le dolieran. En su video hay la sorpresa de las tomas de aguas termales, el vapor entre el frío, la arena rugosa que uno esperara en un desierto. Es un lugar que sería inhóspito si no fuera por el espíritu de esta mujer y, uno lo siente, si no fuera por el espíritu de sus ancestros cuyas fotografías aparecen en la filmación. Ella revolotea por el frío, se mueve como una culebra sobre la arena, salta y gira, sus movimientos muchas veces parecen ser diagonales. Ella arrastra sus pies por la arena, camina sobre paisajes solitarios con pasos fuertes y determinados. En su soledad no conoce el peligro, se mueve sin temor sobre el mundo. La imagen vibra y tiembla, se pone nítida. Los colores alegres de los pocos edificios, las barcas de pescar, las ovejas que pastan y los patos muestran que se ha hecho una vida aquí.

Uno siente que estas danzas están bien fundamentadas y ancladas, aun cuando la bailarina brinca, gira o es más ligera que el aire, jala la gravedad, la Tierra reclama. Hay cuento, hay historia, hay un contexto desde el cual irrumpe el movimiento.

Los vestidos por su largura y su estilo refieren a otros siglos, la ropa de la filmación en Islandia es moderna. Este contraste entre lo que pudieran haber sido las posibilidades de las mujeres en el pasado y lo que podemos hacer nosotras ahora es patente. La yuxtaposición, el hecho de tenerlas en la misma galería nos hace pensar en el paso del tiempo, en cómo han cambiado los papeles de la mujer, y la danza de la película de Islandia parece menos restringida, más abierta al mundo que las bailarinas situadas en Morelia y en Yorkshire, y sin embargo aún en la danza más moderna aparecen antiguas fotografías de familia, imágenes que nos recuerdan a la época de las mujeres sobre el brezal, introduciendo así un elemento sobre el paso del tiempo y el cambio.

En cuanto al arreglo de la Galería 1, muros opuestos llevan el video de Islandia y el de las dos mujeres en el páramo, en la pared entre estos dos muros, aparecen tres proyecciones más pequeñas de cada video danza, de manera de que estamos más conscientes de sus contrastes y similitudes. En frente de la proyección de las mujeres en el brezal, esparcida en un patrón sobre el piso que se ondula como el agua, que desde lejos parece ser un estanque espumoso o las alas de algún insecto, encontramos lo que aparenta ser los dos vestidos usados en la pieza filmada sobre el páramo. El mismo video que se proyecta en la pared se proyecta sobre esta superficie ondulada, y aquí las mujeres parecen más espectrales.

En la Galería 2 se exhiben dos video danzas. En homemaker en una serie de seis televisores de pantalla llana podemos observar bailarinas con disfraces sardónicos y lúdicos, un tocado egipcio, un yelmo, un corpiño con cubresenos irónicamente puntiagudos, desplazándose en grupos o sola por la estructura de madera de una casa en construcción. Estas bailarinas se mueven afanosamente por la casa a medio construir, limpiando, utilizando herramientas de construcción, cuidando la casa, edificándola, pero de una manera burlona que parece señalar lo triste y sin significado de los quehaceres domésticos con que llenamos nuestros días así como lo obsesivo e inútil de limpiar un sitio abierto a la tierra y al polvo. Los pasillos angostos y corredores obstruidos hacen que las danzas salgan sin gracia, y hay una energía que está llena de codos y patadas bruscas, movimientos que se sienten incómodos, erráticos y apretados. Estas son danzas que en su significancia y falta de belleza rebosan arte. Delante de los televisores se halla una tina que aparece en el video, misma que en un momento una bailarina ocupó, en la casa no terminada, que aún está construyéndose, aún limpiándose. En una superficie concava dentro de la tina en el piso de la galería se proyecta homemaker. 

En shift, la video danza con el hilo narrativo más notable, filmada en una casa condenada, una rota e inclinada en la que se ve más la estructura de madera que muros completos, observamos a una mujer con su hijo ya mayor. Vemos a la mujer y al hijo incómodos ya que él ya no cabe en sus rodillas, ya que no pueden existir ya en el mismo sillón. La vemos abrazarlo, detenerlo; lo vemos retirarse, regresar a ella, y actuar de una manera resignada y ambivalente. A veces parecen enlazados, otras veces, su mano lo detiene. En una escena la mujer lo carga, simulando La Piedad de Miguel Ángel, luego las figuras se ponen al revés. Vemos a la mujer tratando de mantener la puerta cerrada mientras él intenta salir. Esta es una miseria de la cual no pueden escapar. Entonces aparece una joven que entra de un lado de la pantalla mientras la madre y el hijo se acurrucan en el sillón. La joven lo empuja suavemente con su cabeza y lo induce a que venga con ella aún mientras la madre intenta empujarlo alejándola de su hijo, y entonces los dos jóvenes bailan de una manera que muestra un acercamiento y cierta ambivalencia pero finalmente la formación de una pareja, un baile de mucha alegría. En un momento el hijo y la joven se abrazan, sus cuerpos en el sillón sobre el cuerpo de la mujer mayor y con un gesto repetido, leve y molesto, casi un tic nervioso la madre trata de romper la atmósfera amorosa. Sentimos su pérdida, la ambivalencia del hijo hacia su madre, queriéndola, pero deseando algo más. La pareja baila de nuevo y, yuxtapuesta, en la otra pantalla, la mujer está de pie, sola, descorazonada. Confundida, abraza el respaldo del sillón vacío. La cámara se detiene largo rato en su rostro, en su parar fuera de la casa que se inclina, ella misma inclinada, derrotada. Esta danza es expresión, es la manera en que los cuerpos responden uno al otro y a la gravedad, la emoción se muestra en los rostros pero también en las posturas de los bailarines. La energía de la mujer, la manera en que se sienta en el sillón, su derrota se comunica corporalmente. La capacidad de esta bailarina de proyectar lo que siente es asombrante. La ropa que se usa en esta pieza la sitúa en la modernidad pero la historia es milenaria e inevitable.

Hay una parte de Espacios Latentes/Latent Spaces que causa cierta confusión. En la sección de la instalación en donde se exhibe shift, tres sillones parecen invitar al espectador a sentarse ya bien en cualquier de los dos sillones que tienen una cámara delante para así grabar su propio baile o bien en otro sillón sin cámara para simplemente hacer un baile en respuesta a la película que acaba de ver. Pero cuando uno se acerca más a los sillones, no resulta tan claro lo que conviene hacer o incluso si está permitido sentarse. Y es aún más confuso porque en el monitor de una de las cámaras se ve la imagen de la mujer derrotada sentada en el sillón, en el otro monitor se ve el sillón con la mujer ausente y finalmente, al extremo derecho, se nos confronta un espacio sin tripié cerca, con solamente el sillón vacío. Este estira y afloja entre un espacio que parece invitar y al mismo tiempo no da la plena bienvenida al visitante pone al espectador en un estado de ambivalencia similar al que se dibuja en shift.  Asimismo, si leemos los sillones de izquierda a derecha, la paulatina desaparición de la mujer, en la que desaparece tanto que la grabación y aún el instrumento de su registro también desaparecen, da una sensación de pathos y terror.

Esta instalación es, para mí como escritora, bastante diferente a mi propio medio. Hay narrativa en estas video danzas, sobre todo la que más me conmovió, shift, pero la narrativa es sin palabras, uno tiene que adivinar; la historia no es completa ni precisa, es más ambigua. Uno siente y lo que siente no siempre es traducible en palabras, lo que significa que puede que exprese aquellas cosas que no pueden expresarse verbalmente, que podemos entrar en nuevos territorios, esos espacios intersticiales entre un vocablo y otro. Y el título de la pieza, Espacios Latentes/Latent Spaces parece indicar algunas partes de nuestro mundo que todavía no han nacido o que han quedado sin descubrir, ese pulso bajo la superficie, ya bien en nuestro espacio físico o en nosotros mismos. 

Espacios Latentes/Latent Spaces es una instalación, a mi parecer, sobre la mujer, sobre nuestro lugar en la naturaleza, nuestra postura ante el mundo y ante nosotras mismas. El único bailarín varón aparece como hijo, como amante, pero, según yo, no tiene un papel céntrico en la pieza, pues esto le pertenece a la madre quien debe aprender a dejar ir a su hijo y a soportar la pérdida.

La manera en que las piezas se filmaron es algo diferente a la tradición de filmar danza cuando uno ve los cuerpos desde lejos, enmarcados por el arco del proscenio, como un cuadro con figuras que se mueven. Aquí, por el contrario, se nos muestran fragmentos del cuerpo, los bailarines en diferentes ángulos; dos tomas yuxtaponen diferentes danzantes bailando al mismo tiempo. Esto nos da un elemento similar al de punto de vista en narrativa, pero nuevamente, este punto de vista no depende de ni se restringe por palabras.

Pasar tiempo en las galerías nos hace cuestionar nuestra posición como observadores. Escuchamos la música la cual también crea una reacción de tal suerte que uno casi se inclina a bailar al mismo tiempo junto con los danzantes en la pantalla. Por lo tanto, así como los bailarines exploran un lugar y tiempo específico en el que se encuentran y así como Baer Carrillo hace su propia y constante exploración, a nosotros como observadores se nos invita a responder a esta instalación, rodeados de música y en un espacio lo suficientemente amplio como para impulsarnos a mover.

Estas son historias sin palabras, movimiento que entonces crea música, se trata de un nuevo género y anticipo que muchas más exploraciones surgirán. El hecho de que la tierra rara vez tenga la planitud de un escenario, de que el suelo bajo nuestros pies pueda ceder en cualquier momento, de que haya más de lo aleatorio en la atmósfera, la temperatura, el viento, las formas que cambian en el ambiente, una mayor falta de control, esta variabilidad aumentada de un sitio natural da más para que pueda responder un bailarín, y el uso de la cámara para seguir a voluntad, para enmarcar la danza, fragmentar el cuerpo o verlo desde lejos, para elegir filmar solamente algunos bailarines, a filmar solamente a las personas mientras se mueven o virar el lente para capturar lo que está alrededor hace del cinematógrafo, en este caso, a Baer Carrillo, un danzante también, y el público a medida que se mueve de un lugar a otro y responde a las video danzas que pasan en los muros, en la superficie cóncava en una tina, en la tela ondulada en el piso, también hacen un baile que es específico a este tiempo, este lugar: San Marcos, Texas en otoño de 2018.

____________________

REBECCA BOWMAN [Los Ángeles, CA]. Ha publicado varios libros incluyendo Los ciclos íntimosLa vida paralela, Horas de visita y Portentos de otros tiempos. Sus cuentos y poemas se han incluido en antologías y sus obras de teatro se han puesto en escena varias veces; escribe literatura infantil.

#latentspacesart @txstgalleries

GALERIA 1

Wild-er-ness, 2017 – en desarrollo

Directores: Ana Baer Carrillo y Heike Salzer; Bailarinas: Michelle Nance, Heike Salzer; Diseño Textil: Robert Burton; Música Original: Richard D. Hall; Operador de Dron/Segunda Cámara: Ian Bailey y TJ Simon; Fotografía Fija: Jessica Beer; Filmado y editado por Ana Baer Carrillo. Producido por WECreateProductions*

WECreateICE, 2016 – en desarrollo

Directores: Ana Baer Carrillo y Heike Salzer; Bailarina: Heike Salzer; Diseño de Vestuario: Ana Baer Carrillo y Heike Salzer; Locaciones y Logística: Ingi Jensson; Fotografía Fija: Ingi Jensson; Filmado y editado por Ana Baer Carrillo y Heike Salzer. Producido por WECreateProductions

Parakata, 2018 – en desarrollo

Director: Ana Baer Carrillo; Bailarinas: Rocio Luna, Natalia Reza; Diseño de Vestuario: Ana Baer Carrillo y Rocio Luna; Música Original: Omar Soriano; Logística y Fotografía Fija: Gerardo Avila; Filmado y editado por Ana Baer Carrillo. Produced por Baer Productions

GALERIA  2

shift, 2018 – en desarrollo

Director: Ana Baer Carrillo; Bailarines: Pat Stone, Brandon Gonzalez, Nan Simms; Música Original: Richard D. Hall; Filmado y editado por Ana Baer Carrillo; Producido por Baer Productions

homemaker, 2017 – en desarrollo

Director: Ana Baer Carrillo; Bailarín: Michelle Nance: Música Original y Edición de Audio: Richard D. Hall; Filmado y editado por Ana Baer Carrillo; Producido por Baer Productions

*WECreateProductions es una compañía transcontinental de las artistas de video danza Ana Baer y Heike Salzer. Entregadas a la exploración de posibilidades de tecnología digital en servicio a la creación colectiva de arte, producen obras interdisciplinarias de sitio específico, inspiradas en su fascinación compartida por los paisajes extremos, el lugar y las narrativas de sitio.

© 2011 Media Isla. Todos los derechos reservados

Scroll to top